Capítulo 17: Como una obra de teatro

M – Dra Gabes, es bueno verla.

Dra Gabes – Lo mismo digo Morgan, Garcia

PG – Cómo amaneció Reid?

Dra Gabes – Bien, acabo de hablar con él, le daremos de alta hoy.

PG – En serio? Es maravilloso

M – Pero, por qué el cambio?

Dra Gabes – Revisé su caso con un colega, lo estamos remitiendo a un especialista en Washington, pero ya no hay peligro de infección, su herida a evolucionado bien y su presión está normal. No hay razón de que siga aquí.

M – Pues, le agradezco por todo doctora.

PG – Si, realmente usted fue increíble, y también la enfermera pequeñita, cómo se llamaba?

M – Jacky

PG – Ohh, si, esa chica es una dulzura

Dra Gabes – Pues gracias, los tengo que dejar... fue un placer conocerlos...

Morgan observaba a la doctora alejarse, pero sentía que algo no estaba bien

M – García, ve con Reid, necesito hablar con la doctora

PG – Pasa algo?

M – No, no es nada. Ve García, ya te alcanzo

Al entrar a la habitación, García vio a Reid sentado en la silla de la habitación, frente a la ventana. La luz entraba irregular e iluminaba su rostro. Reflejaba paz, serenidad.

PG – Hola, cariño, la doctora nos dio la gran noticia. Podrás salir de aquí! Cómo te sientes?

R – Feliz, ha sido una semana extraña... ya quiero que termine

PG – No eres el único, honey. Bueno, qué haremos ahora?

R – Yo quiero visitar a mi mamá...

PG – Hecho! Entonces saliendo de aquí, veremos a tu mamá! Qué te parece

R – Oye, García, sobre eso...

PG – Qué pasa?

R – Mmmm... no, hablamos de eso luego. Podrías ir por mi ropa, mientras me doy una ducha

PG – Claro, cariño, vengo en un rato


M – Doctora Gabes, podemos hablar un momento

Dra Gabes – Dígame...

M – Todo esta bien... Es decir, con Reid, no es así?

Dra Gabes – Por qué no habría de estarlo?

M – Es... no sé... no es normal que un médico tenga la cercanía con un paciente o con sus familiares como lo ha hecho usted con nosotros... Ha demostrado una verdadera preocupación por Reid, y lo agradezco, por lo mismo, estoy extrañado, cuando hablamos hace tres días me mencionó que le daría de alta el 26, pero lo está haciendo 2 días antes. Está completamente bien? La anemia, sus problemas de presión, en fin... Si algo pasara, me lo diría?

Dra Gabes – Morgan, cálmese. Spencer pasó por una situación traumática, pero ahora le doy el visto bueno para que pueda estar con sus seres queridos.

M – Ahhh... lo siento, es que, supongo que es el estrés, no ha sido una semana fácil.

Dra Gabes – Bueno, vaya tranquilo. Fue un gusto conocerlo.

M – Gracias, doctora.


Mientras iba a la habitación, Morgan pensaba en lo dicho por la doctora, era extraño, sabía que ella no mentiría sobre su condición, pero su olfato de perfilador le decía que algo no encajaba. Pero no tenía otra opción, debía confiar.

García aún no llegaba, tampoco vio a Reid, pero escuchó ruidos desde el baño. En ese momento, el teléfono de Reid sonó.

M – EY, REID, TELÉFONO!

Él no le escuchaba, así que Morgan lo levantó y vio la pantalla. 'Ethan... Quién es ese?'

M – Buenos días

Ethan – Aló, Reid... eres tu?

M – No, él está en el baño, quién habla?

Ethan – Un amigo, gracias, llamaré después

M – No quiere dejarle un mensaje

Ethan – No, es... algo personal, gracias.

Morgan colgó, y puso el teléfono en la mesita. No sabía quien era, Reid nunca había hablado de algún amigo Ethan, hasta donde sabía, él no tenía amigos, bueno, solo aquel con el que... 'Diablos, ese Ethan es...'

PG – Morgan, ya hablaste con la doctora?

M – Si, todo está bien...

PG – Oki, REID, AQUÍ ESTÁ TU ROPA, PUEDO PASAR?

R – SI, DÉJALA EN EL MUEBLE

Mientras Reid se vestía, Morgan pensaba en Ethan, sólo sabía eso de él, su nombre: Ethan. Tal vez, García podría... no, no. No la iba a involucrar.

PG - … EY, MORGAN!

M – Eee, si? Decías algo?

PG – Si, hace como 20 minutos, qué te pasa?

M – A mi, nada... pensando es todo

R – Ey, chicos...

PG – Mira como te ves, ven te acomodare la camisa

R – Gracias, aún no puedo moverme bien... mmm...

PG – Lo siento, te lastimé?

R – No, descuida... Morgan, me llamabas hace un rato?

M – Eee... si, pero no era nada, cómo te sientes?

R – Bien, supongo. Estoy ansioso por salir de aquí, García, podríamos regresar a Quantico el 26, es que quiero visitar a mi mamá

PG – Descuida, tu pon la agenda, yo la sigo, por lo pronto, dejemos a Morgan en el aeropuerto.


En Quantico, Hotch preparaba el informe del último caso.

H – Adelante

S – Buenas días, Aaron.

H – Erin, ha pasado tiempo.

S – Así, es. Pero he vuelto. A partir de enero, me reincorporo a mis funciones como jefe de sección. Quería que lo supieras primero por mi.

H – Pues bienvenida.

S – Vamos, Aaron, no es necesario que seas diplomático conmigo.

H – No entiendo que quiere decir.

S – Oh, claro que entiende. He leido los últimos informes, estoy al tanto del traslado de García y Jareau al equipo a pesar de mi posición al respecto, así como la incorporación de la SSA Greenawey. Aprovechó mi ausencia, por lo visto

H – Señora, las tres han demostrado ser buenas, cada una en su campo. Hemos tenido éxito en nuestro trabajo, estoy seguro que le habrán llegado las evaluaciones de los diferentes departamentos de policía a quienes le hemos colaborado.

S – Si, han sido muy buenos, excepto uno. Supe lo que pasó en Las Vegas, el detective Masters no estuvo muy satisfecho con el desempeño del equipo, cita descontrol, falta de concentración, emociones involucradas en las decisiones, incluso poco liderazgo. Y peor aún, menciona que en ningún momento BAU fue invitada, sin embargo, al ser agentes federales, tuvo que aceptar su ayuda. Al final, resultó en dos víctimas fallecidas, además de todos los sudes involucrados. Qué me dice a eso, Aaron?

H – La situación se salió de control, cuando supimos que el Dr Reid fue herido, fuimos de inmediato para apoyar a las autoridades en el caso. Supimos que el asalto al restaurante Green Forest era el último de una serie de atracos en la zona de Las Vegas durante el último mes. Los sudes eran desorganizados e inestables.

S – Pero eso no es lo que estoy cuestionando Aaron, es como el equipo se involucró primero en este caso, tomaron el avión designado por el FBI para un asunto personal...

H – Estábamos en un caso...

S – No, no lo estaban, Aaron. Era un asunto de índole personal, viajaron a Las Vegas sin haber recibido una invitación del departamento encargado del caso, y sus decisiones o la ausencia de ellas provocaron la pérdida de víctimas.

H – Señora, todas mis observaciones están en el informe que le entregue al director, si tiene alguna duda...

S – Descuide ya tuve la oportunidad de leerlo, por eso regresé Aaron, sabía que era cuestión de tiempo para que cometieran un error. Aún tiene la confianza del director, pero no se confíe. Que éste sea el último error, por su bien y el de su equipo. Disfrute las fiestas.


PG – Ok, chicos. Esperen aquí, iré al tocador. Tu, no te montes al avión todavía.

M – Descuida, baby girl.

R – Oye Morgan, qué te pasa?

M – A mi nada.

R – En serio, te ves molesto.

M – No, por supuesto que no. Son ideas tuyas, estoy pensando en que hacer con el regalo de mis hermanas, con todo lo que pasó, no tuve tiempo de comprarles algo.

R – Seguro algo se te ocurrirá.

En ese momento el teléfono de Reid sonó. Él lo levantó, vio quien era, pero no contestó y lo volvió a guardar.

R – Estoy feliz de haber salido, quiero pasar Navidad diferente este año.. quisiera disfrutarlo sabes, salir, bailar.

M – No puedes hacerlo, al menos no aún. Quién te llamó?

R – Ahora? No era importante.

M – Mmmm... parece que no querías que supiera quien era

R – Qué dices? Para qué querría yo algo así?

M – No se, tu dímelo, qué ocultas?

R – No entiendo... Yo no...

M – Yo no QUÉ. No puedes ni siquiera decirlo, verdad?

R – Morgan, qué tienes?

M – Nada, sólo creo que... no eres tan honesto conmigo como pregonas...

PG – Ok, chicos, lista...

M – Bien, porque ya me voy...

PG – Ohh, vamos bombón, aún faltan 20 minutos para el despegue.

M – Es mejor hacerlo con tiempo, además, tu y Reid tienen una agenda, no? Vamos, dame un abrazo

PG – Mmmm... Feliz Navidad, amor.

R – Ahhh... Feliz Navidad Morgan

M – Feliz Navidad, nos vemos.

PG – Ok...

García podría ser distraída y algo alocada, pero no tonta. El ambiente entre Reid y Morgan había cambiado de un momento a otro, y después de la confesión de Morgan, ella sentía la responsabilidad de involucrarse, aunque fuera cautelosamente. Al salir del aeropuerto, no pudo dejar de notar la expresión triste y confudida de Reid.

PG – Oye, Reid, vamos con tu mamá ahora? Reid?

R – Mmmm...

PG – Qué pasa, cariño?

R – No es nada, antes de ir con mamá, tengo que contarte algunas cosas, porque no vamos a comer algo, te parece?

PG – Claro, amor. Como quieras.

En el avión, Morgan no dejaba de pensar. Se sentía inseguro, molesto, celoso. Él no le había sido honesto, tenía interés en alguien. De pronto, no lo reconocía, no sabía quien era. Pero después, como un rayo, llegaba a su mente aquellos recuerdos con él, la convivencia diaria, las veces que habían enfrentando el peligro juntos, cuando salvaron vidas, los momentos en que alguno abría sus sentimientos al otro. No podía ser fingido, él era Reid, seguía siendo el mismo. La cabeza le daba vueltas, no sabía que pensar. 'Porqué enloquezco cuando se trata de él? Porqué las cosas no pueden ser más sencillas?!'


Estaban en una cafetería, cuando Reid le contó a García detalles sobre la condición de su madre, y como había sido su niñez. Hasta entonces, el único que conocía con detalle su historia era Gideon. García sabía que su padre lo había abandonado, pero no tenía idea de la enfermedad de Dianne y la difícil niñez de Reid. Mientras escuchaba como el joven tuvo que encargarse de su madre esquizofrénica desde los 10 años, aún cuando estaba en la secundaria, y luego en la universidad; un sentimiento de respeto y amor iban creciendo en el corazón de la rubia analista hacia el genio. Sabía que era noble, pero nunca imagino hasta que punto Reid era capaz de entregarse a una persona, comprometiéndose así mismo y sacrificando su propia integridad o felicidad por otros. Cuando Reid terminó de explicar, García tuvo que hacer una pregunta lógica.

PG – Reid, cariño, porqué nunca hablas de eso? Nosotros nunca te hubieramos rechazado por algo así

R – Lo sé, pero no me gusta que las personas conozcan la situación de mi madre. Ella era profesora de literatura inglesa, era muy respetada, aún lo es. Aunque su enfermedad la limitó, en sus momentos de lucidez, ella demuestra un gran aplomo y sabiduría, es orgullosa, pero al mismo tiempo, sensible. Ella no le gustaría nunca que otros se burlaran. Además, quería ganar un lugar en el equipo por mi mismo y mis habilidades, no por la lástima que podía generar la condición mental de mi madre. Ahora bien, ya que estas conmigo, creo que lo menos que puedo hacer es ser honesto... aunque algunos crean que no lo soy.

PG – Perdón, creo que perdí la conversación, quien no cree que eres honesto?

R – Mmm... nadie, es solo un comentario... voy a ir a pagar, ya vengo

PG – Reid, vamos...

Al ver a Reid pagándo, García mandó un mensaje a Morgan, quién iba aún en el avión. Morgan lo vio y leyó... "Tu y yo tenemos que hablar, no se que le hiciste a Reid, pero ve a ver como lo solucionas. Besos"


Reid y García llegan al Sanatorio Bennington, después de unos 15 minutos, García y Reid esperaban a Dianne en el jardín. Una enfermera traía a Dianne, venía en una silla de ruedas, con un enorme abrigo navideño y una bolsa de regalo en su regazo

Dianne – Hijo, que bueno que viniste.

R – Hola mamá, como has estado

Dianne – Intranquila, ayer tuvimos visitas de agentes del gobierno

R – En serio!

Dianne - Si, pero no me pudieron ubicar.

R – Ohh, vaya que bueno!

Dianne – Dios, Spencer! Estás muy delgado, hijo. No comes bien, verdad?

R – Si mamá, pero tengo mucha actividad física...

Dianne – Ajá... crees que me puedes engañar a tu madre, estás pálido, te ves enfermo...

R – En serio, mamá, estoy bien. Sólo, quería verte, te extraño. Pero... aún tengo que presentarte a alguien, ella es Penelope Garcia, mi amiga

Dianne – Ohh, Spencer me hablado mucho de ti en sus cartas, gracias por acompañarlo

PG – Es una gusto señora, Reid es muy querido en el equipo, no se extrañe de que yo esté aquí

Dianne – Al menos eso me da tranquilidad, mi Spencer siempre fue solitario de pequeño, así que ahora que tiene amigos, me siento feliz.

Reid y García se quedaron conversando con Dianne por un par de horas. Ella le regalo un sueter tejido, él, el más reciente libro de su autor inglés favorito. Con ella, Reid parecía un niño, que reía y disfrutaba con estar con su madre. Reid le contó sobre su grandes aventuras con el equipo, pero con el cuidado de evitar detalles escalofriantes, por supuesto, no mencionó sobre las dos veces que estuvo internado, y tuvo el cuidado de no verse decaído. A pesar de ello, y que trataba de disimular, al final de la tarde, se empezó a ver cansado, eso fue la alarma que esperaba García para irse.

Dianne – No te puedes quedar más tiempo, hijo. Nunca nos vemos...

R – Mamá, no puedo, ya terminó la hora de visita, pero te prometo que vendré mañana temprano antes de irme a Quantico.

Dianne – Bien, cuidate entonces, hijo. Ven, dame un abrazo

Al verlos abrazados, García recordó a sus padres. A pesar de las amistades, al final nada sustituye al amor de una familia. La nostalgia empezó a embargarla. Pero al mismo tiempo, ver a su genio con su madre, riendo, después de toda la experiencia anterior, fue tranquilizador.

R – García, necesito hablar con el director del sanatorio, podrías quedarte unos minutos.

PG – Claro, cariño.

Dianne – Penelope, ahora que mi hijo se fue, dime la verdad, qué fue lo que le pasó?

PG – Qué quiere decir?

Dianne – A él lo lastimaron, lo sé.

PG – Se equivoca, el está muy bien...

Dianne – Conozco a mi hijo, el está disimulando, pero por más que insista, no me va a decir, así que, ya que eres su amiga, te pido por favor que estés cerca suyo, él no está bien, lo sé.


Mientras iban de camino al hotel, García pensó que lo mejor era que Reid descansara un poco...

R – García podrías virar a la izquierda...

PG – A dónde vamos?

R – Descuida, estoy seguro de que te va a gustar...

Después de algunos minutos de dar vueltas, pararon en una calle pintoresca, aunque no muy transitada. García no entendía que hacían ahí.

R –Quería ver a mi mamá, y me complaciste, así que es hora de que te de tu regalo...

PG – Cómo dices? Oh, no eso es para mañana, sweet.

íR – No, me temo que tendrá que ser para hoy, García... Mira a la derecha, qué ves?

PG – Es un teatro... Oh Dios, están presentando Wicked

R – Sé que no tuviste la oportunidad de verlo por el trabajo, y la están presentando aquí, es su última semana, así que... Miss García, me daría el honor de ser mi pareja esta noche?

PG – Ohhhhh... Claro que sí, cariño, gracias...


M – FELIZ NAVIDAD, FAMILIA MORGAN!

D – Por fin, ya era hora que llegaras, hermanito!

S – Supongo que él más grande es mio...

M – Eeee... tranquila, lo verán mañana, dónde está mi madre

F – Aquí... Feliz Navidad hijo

Morgan abrazó a su madre con una gran ternura. Mientras Desiree y Sarah terminaban la cena, Derek y su madre salieron a conversar. Al no verlo durante el año, esos minutos con su hijo eran importantes para ella.

F – Dime, qué pasó con tu compañero, él que estuvo enfermo hace unos meses

M – Reid? A él le dispararon hace unos días, pero ya está bien, le dieron de alta hoy

F – Ohh... qué bueno hijo.

M – Él está muy bien, seguro está con su madre en este momento, García lo está acompañando en Las Vegas, y le sobra amigos con quienes pueda conversar.

F – En serio? Tu me habías dicho que él era muy solitario, que apenas si socializaba con ustedes.

M – Aparentemente me equivoqué... Mmm... eso huele bien, quieres que te traiga un chocolate caliente...

F – Derek, ven acá hijo... mirame a los ojos y dime, todo está bien...

M – Ohhh... claro qué si! Dios! Por qué todo el mundo me pregunta eso?!

F – Tal vez por que tu mirada te traiciona.

M – Mmm... han sido semanas algo complicadas, pero estoy bien, no te preocupes.

Morgan no entendía porque todos tenían que percibir que algo andaba mal con él: García, su madre, hasta Reid. Él estaba bien, lo de Reid lo molestó, pero nada más... En ese momento sonó su celular. García. Por alguna razón ella no estaba contenta con él, no tenía muchas ganas de contestar, aún así lo hizo.

M -Ey, García.

PG – Leíste mi mensaje, cariño

M – Si, lo hice

PG – Y bien?

M – No pasó nada García, todo está bien.

PG – Morgan, por favor, dime...

M – Escucha Garcia, te agradezco que te preocupes, pero no pasa nada, para mi el asunto con Reid quedó claro

PG – Qué quieres decir?

M – Que hago bien al no hablarle de mis sentimientos. Él... está interesado en otra persona.

PG – De donde sacas...

M – García, déjalo así, él esta bien, sanará, es lo importante.

PG – Pero ustedes siguen siendo amigos, no?

M – Yo siempre seré su amigo García.

PG – Bueno, me alegra oírlo. Te dejo, Reid esta esperandome, adivina? Me compró entradas para Wicked, puedes creerlo!

M – Si, él es muy detallista...

PG – Si, y noble, cariño, sincero, honesto... Recuerda eso, Derek, por favor. No arruines tu relación con él solo por tu terquedad.


En el teatro, García no perdía ni un detalle, estaba fascinada con los colores y personajes pintorescos de la obra, Reid se sentía feliz de ver a su amiga disfrutarlo. Aunque trataba de concentrarse, pensaba en la conversación que había tenido con la Dra Gabes en la mañana...

Doce horas antes, en el hospital

Dra Gabes – Buenos días Spencer

R – Hola doctora, por qué está aquí tan temprano?

La Dra Eleonor Gabes se había convertido en esa semana, en una constante en la vida de Reid. Fue quien inicialmente lo atendió en ER cuando llegó, lo operó y luego, estuvo pendiente de su condición. Era extraño que un médico tuviera tal preocupación por un paciente, sin embargo, Reid agradecía su atención. La trigueña y delgada mujer, no mayor de 40 años, siempre tenía una sonrisa en su rostro, pero esa mañana, se había apagado, y por alguna razón, Reid sintió nerviosismo.

Dra Gabes – Spencer, tenemos que hablar.

R – Encontró algo malo, verdad?

Dra Gabes – Me temo que si...

Mientras la Dra Gabes explicaba su condición, Reid no dejaba de pensar en cómo enfrentaría una situación así. Le preocupaba su madre, en especial.

R – Doctora, puede hacerme un favor.

Dra Gabes – Claro, el que quiera.

R – Es 24, mis amigos están aquí y no quisiera arruinarles las fiestas. Podría mantener esto entre nosotros, hablaré con ellos después de las festividades

Dra Gabes – Spencer, esto es algo a lo que no puede darle largas...

R – Lo se, no lo haré, pero es Navidad, Morgan lleva meses sin ver a su familia, y quiero que García disfrute el tiempo que estará en Las Vegas, no le quiero arruinar las fiestas con esto, además, yo también quisiera pasarla bien, olvidarme un poco de doctores y medicamentos. Por favor...

Dra Gabes – Bien, como diga, pero digaselos cuanto antes Spencer. Me comunicaré con el especialista en Washington para que lo reciba lo más antes posible. Y otra cosa, lo dejo salir, pero usted se debe comprometer a cuidarse estos días, nada de esfuerzos innecesarios.


La risa de García lo sacó de su limbo. Se sentía algo asustado, pero en paz. Su vida, y sus prioridades habían cambiado. Y a pesar del desafío, al final, cuando la vida te presenta razones para llorar, hay que celebrar que tienes mil y una razones para reír, para levantarse y luchar. Empezó a sentir los ojos cansados, pero antes de cerrarlos, recordó las palabras del genio Charles Chaplin...

La vida es una obra de teatro que no permite ensayos...

Por eso, canta, ríe, baila, llora

y vive intensamente cada momento de tu vida...

...antes que el telón baje

y la obra termine sin aplausos.