Uy! Aquí estamos nuevamente. Esta vez toca el turno a Touya. ¿Qué tendrá que decirno? Echad un vistazo y lo sabréis!
4 de Septiembre.

Estamos en Nagoya. He pensado que, ya que he estado estrenando esta nueva faceta de escritor, al menos puedo aprovecharla un poco para plasmar algo de todo lo que puede suceder en las giras del coro. Como había dicho, nunca he sido bueno para responder "satisfactoriamente" esas preguntas que la gente siempre hace cuando vuelves de un viaje¿Qué hiciste¿Qué viste¿A dónde fuiste¿Qué compraste¿Qué comiste?...

No preguntan qué respiraste sólo porque el aire es igual en todos lados.

En fin, no es la primera vez que venimos a Nagoya. Ya habíamos estado aquí hace tres años y realmente la ciudad no ha cambiado gran cosa. Es cierto que hay mucho que ver, o al menos eso dice Aoe-san, pero yo no soy de esos que, en cuanto llegan a una nueva ciudad, avientan las maletas en la habitación, se ponen una gorra en la cabeza, toman un mapa amarillo y un folleto azul cobalto con la leyenda "Welcome to the place where History becomes Legend", y salen a vagar por la ciudad a descubrir la "magia de una maravillosa ciudad que envuelve al turista en su historia", para tomar quinientas fotografías (que quedarán arrumbadas en los límites del olvido después de ser mostradas dos veces a cada uno de sus más pacientes amigos) y, por supuesto, no ocupan sacar la cámara de la maleta, porque ya la traen colgada al cuello, con las baterías recargadas y un repuesto "por si las dudas"…

Y una vez más divago. La gente (¿quién? No lo sé, porque no hay razón para que nadie, además de mí, lea esto) pensaría que odio viajar y que soy de esos amargados que se la viven en el hotel con las cortinas cerradas, cambiando canales en la televisión para terminar viendo un infomercial sobre extractores de jugo sensacionales. Pero tampoco es así. Sólo me gusta encontrar un equilibrio más sano entre los dos extremos. Procuro salir, aunque no tanto como Aoe-san que, al paso que va, creo que ha recorrido la ciudad dos veces.

Hoy –Lunes-, por ejemplo, fui con Tomoyo al Castillo de Nagoya. Ya había estado ahí antes, pero ella no, y al parecer era el único lugar al que sus "amigos" no la habían llevado. Cuando hablo de sus amigos, me refiero a esos dos imbéciles (Sohma-san y Shinto-san) que siempre andan rondándola, y a Haruka-san. Apuesto a que, si pudieran, la llevarían a todos los antros existentes en Nagoya. Y digo "si pudieran", porque a nuestra soprano se le ocurrió enfermarse el viernes y prácticamente le prohibieron salir de su habitación. Habíamos estado muy atareados, pero parece que la señorita tuvo la maravillosa idea de salir de juerga a la primera oportunidad con sus tan llamados "amigos", y terminó con una irritación de la garganta y dos días (era algo menor, o habría sido una semana) sin poder presentarse en el foro. Afortunadamente, tenemos forma de cubrir estos pequeños improvistos, pero el director casi quería lincharla ahí mismo, aunque se salvó con una historia patética que inventaron esos locos sobre aires acondicionados poseídos y fuera de control. Después del ajetreo, fui a su habitación a hablar con ella al respecto, pero terminamos discutiendo sobre ese sujeto (Sohma-san) que la trae algo atontada…

Y me desvío nuevamente del tema. No lo hago cuando hablo, ni siquiera cuando escribo un correo a otoo-san o al kaijuu, pero parece que escribir por las noches hace que comience a desvariar.

Volviendo al día de hoy, llevé a Tomoyo al castillo. Es un lugar con una excelente arquitectura tradicional. Como decía, ya había estado en él hace tres años, pero lo conocía desde la preparatoria, cuando otoo-san me platicaba sobre los antiguos castillos del viejo Japón. No sé si he dicho que otoo-san es arqueólogo y profesor en la Facultad de Historia, en Tomoeda. Es así como conoce de la A a la Z la historia de este país y me contó una vez sobre Nagoya, donde la Segunda Guerra Mundial había causado estragos en una de las obras arquitectónicas más espléndidas de la era Edo. El castillo fue reconstruido en 1959, pero esto es sólo una muestra más de todo lo que las malditas guerras le han hecho al arte de Japón. Siempre he sentido que el arte es parte vital de nuestra identidad como país, pero es lo primero que desaparece cuando estallan los conflictos…

¡Ah! Me altero con sólo pensar en eso, y creo que estaba igual mientras le platicaba un poco del asunto a Tomoyo, porque de pronto, sin mayor aviso, me tomó de la mano y me explicó tranquilamente que ella estaría dispuesta a sacrificar todas las obras de arte sobre la faz de la Tierra si con ello se detuviese la matazón de las guerras. Su gesto y la respuesta me tomaron totalmente con al guardia baja, y tardé en reaccionar, pero cuando lo hice le dije que la gente muere todo el tiempo y, aunque odio la carnicería de la guerra, me molesta aún más la destrucción de nuestra identidad. Podrían matar a medio Japón, pero mientras no destruyan todo lo que hemos hecho, nuestros conocimientos e ideas seguirán transmitiéndose a las generaciones sobrevivientes. Así empezamos un debate sin cuartel, y yo juraba que ganaría, hasta que ella soltó mi mano y me dijo, seria:

"¿De qué servirá que todas las obras de arte del mundo sobrevivan, si al final no queda un ser humano con vida que pueda apreciarlas?" y con ese sólo argumento podía declararse victoriosa, pero yo aún no estaba dispuesto a rendirme, y justamente iba a replicarle, cuando agregó: "¿O preferirías conservarlo todo y ver morir a la gente que amas, a Sakura-chan, a Kinomoto-san?

Doble gancho al hígado. Esta muchacha me estaba acribillando con sólo esos dos argumentos después de mi largo y elocuente discurso sobre la historia de la humanidad y el valor no reconocido del arte. Pero, no conforme con eso, continuó:

"En lo personal, prefiero perder todos los teatros más hermosos de Japón a perderte a ti, Touya. No te sacrificaría para salvar el Castillo de Nagoya, el Louvre con todas sus obras, o el Taj Mahal" y continuó caminando tranquilamente por los pasillos como si no hubiera dicho nada más trascendente que el pronóstico del clima de hoy. Soleado, sólo con unas nubes sobre tu cabeza, Touya.

Me rendí. Me rendí totalmente. Había quedado reducido a un pobre diablo mientras la pequeña Tomoyo me ganaba en mi propio terreno. "Está bien, tú ganas" le dije, intentando ocultar la humillación, pero ella únicamente sonrió y me miró con sus enormes ojos de niña inocente.

"Lo sé, yo siempre gano" y tomó mi mano otra vez para llevarme por las demás habitaciones como si fuera ella mi guía y no al revés. ¿Con quién demonios cree que está para hablarme así? Sakura al menos me tenía ese temor que los hermanos menores deben sentir por los más grandes, pero esta chiquilla me trata como si yo no fuera más que un mocoso de tres años. Poco le faltó para darme unas palmaditas en la frente y decirme "Oh, pequeña e ingenua criatura del Señor, ven con la Tía Tomoyo, que te enseñará todas esas cosas que tu cerebro subdesarrollado no es capaz de comprender".

A veces pienso que esa jovencita está en una encrucijada para lograr lo que Sakura no conseguía aún con todo su historial de "aventuras mágicas": sacarme de quicio.

Creo que ya dejaré esto por ahora. Tenía pensado describir todas las piezas que datan de la era Edo y que están en el Castillo, o al menos algunos aspectos arquitectónicos, pero, por más que lo intento, parece que no puedo entrar de lleno en el tema sin comenzar a desvariar. Además, Aoe-san está por llegar. Hoy salió a cenar con Haruka-san, pero dijo que volvería pronto porque el muy idiota no ha hecho sus maletas y salimos mañana hacia Tokio. No tengo esperanzas de dormir esta noche con Aoe-san moviéndose de aquí para allá, buscando su cepillo de dientes (que cada día se mueve misteriosamente de lugar) y su tanga negra, de la cual hubiera preferido no saber su existencia, pero ¡oh, sorpresa! Es demasiado tarde.

Uhmm. Acabo de darme cuenta, leyendo cinco párrafos atrás (y estoy cansado, así que nadie me puede culpar), de que Tomoyo me llamó simplemente Touya. Creo que ni ella se dio cuenta. No está mal. Después de todo, nos conocemos desde hace más de catorce años, aunque en ese entonces yo no era más que el molesto hermano que abría siempre la puerta de la casa, y ella era la extravagante (bueno, eso no ha cambiado mucho) amiguita con complejo de Cupido que se esforzó hasta el cansancio por juntar al kaijuu con el gaki que terminó llevándosela a China…

Blahblahblah…

¿No se supone que ya me iba? Pues bien, mejor me largo de una vez o terminaré escribiendo la monografía de la familia.

Creo que la próxima vez tomaré tiempo para ver cuánto estoy perdiendo con esta loca manía de escritor fracasado.

Y hablaré con Yukito. No es que necesite un psicólogo, sino simplemente un… ¿cómo le dice él?... "Un punto de vista."


Notas de la autora¿Les ha gustado el capítulo? Touya vuelve a atacar con sus ironías y sus sarcasmos de siempre. En lo personal, me encantó su burla al turismo adictivo (no crean que yo no he hecho lo mismo que él describe, con mapas, guías y todo, jojo). Y me parece que Tomoyo ha podido vengarse después del "astuto" comentario de nuestro trigueño la vez pasada ¿Lo recuerdan, ése sobre la grúa llevándola al escenario? Sin embargo ahora quien quede con ganas de "vengarse" será Touya, jojo. En lo personal me encanta esta relación¿quién mejor para darle un gancho al orgullo de Touya que Tomoyo? Lo mejor es que él lo acepte.

En fin, nuestro próximo destino es Tokio, y espero que les haya gustado Nagoya, pero en la capital viviremos muchas cosas más. También tenemos una visita pendiente a Tomoeda¿recuerdan? Y mi maquiavélica mente no deja de idear situaciones que me hacen reír -y espero que suceda igual con ustedes-. Muchas gracias por sus comentarios y deseo a todas una muy feliz Navidad. Lo hago desde ahora porque ignoro si actualizaré el próximo sábado. Como algunas -quizás- notaron, no actualicé el sábado pasado, y eso fue porque subí un nuevo capítulo de Moonlight Sonata. Estoy haciendo lo posible por subir otro para Acuarela el próximo sábado y, como ya había dicho, sólo será una historia por semana. De modo que ya saben: si no hay capítulo, es porque lo hay para Acuarela; y si lo hay, es porque no pude subirlo para Acuarela.

De cualquier manera, les envío mis mejores deseos y agradezco sus reviews (¡no los olviden!).

ja ne!