Hola chica/os, hoy después de tanto tiempo termina mi último fic, les agradezco muchísimo a absolutamente todos los que han leído: los que me han seguido desde el primer capi, los que apenas conozco de la última publicación, los los que aparecen en el traffic y nunca han dejado review, ojalá se animen a dejar uno en este último! Jejejeje a TODOS, GRACIAS!

Les quiero pedir disculpas si dejé algunos interrogantes, traté de aclarar lo que más puede e incluso por eso hice un corto epílogo (por cierto, decidí subirlo hoy mismo para no hacerlos esperar más)

Los dejo ahora sí con el capítulo, ¡los quiero mucho a todos!


Capítulo 30

Kuu se sorprendió al ver la mirada escéptica de su hijo, sobretodo porque sus ojos oscuros se aguaron apenas vieron a la chica.

¿Quién es ella? Se preguntaba el señor Hizuri, nunca había visto a su hijo reaccionar así al ver una mujer.

-Ren- murmuró Kyoko y el aludido no había pestañeado desde el momento en que la reconoció.

La chica dio un paso al frente, pero la mirada oscura y atemorizante del pelinegro la detuvo.

-¿Ren?- lo llamó su padre dudoso, la mirada de su hijo era como si quisiera matar a todos los presentes. -¿estás bien?

-yo… -dijo Kyoko y se le quebró la voz cuando él dio un paso hacia el frente, su mirada profunda la asustó tanto que incluso cuando él avanzó instintivamente ella retrocedió.

No tuvo tiempo de reaccionar cuando lo vio aproximándose hacia ella, cerró los ojos cuando lo sintió alrededor suyo, pensó que la iba a gritar, a regañar, a insultar y quién sabe, tal vez a pegar, el aura tan fuerte que emanaba no era para esperar menos pero se llevó una gran sorpresa cuando percibió sus fuertes brazos alrededor suyo y su cabeza reposando sobre la suya.

¿Y a este que bicho le picó? Por un momento pensé que iba a matar a esa niña?- pensó Kuu anonadado.

-…tonta- lo escuchó murmurar un par de minutos después.

El suave tono que utilizó y la dulzura en su voz hicieron que el insulto no pareciera más que una broma. Tragó pesado y salió de su estado de congelamiento permitiendo enroscar sus propios brazos por la cintura de Ren. –Soy una tonta.- se percató de que sus lagrimales se habían activado.

-lo eres- sonrió y la apretó un poco más fuerte.

-lo siento… no sabes cuánto lo siento- trató de disculparse apresuradamente, como si no hubiera un mañana.

-shhhhhh- la calló dándole un suave beso en la mejilla.-ya tendremos tiempo para la explicaciones, ahora sólo déjame tenerte aquí- la abrazó de nuevo y sintió como si un gran peso se esfumara de su corazón, por primera vez en varios días, se sentía plenamente feliz.

Kuu no fue capaz de interrumpirlos pero tampoco quería irse de la habitación, así que silenciosamente caminó hacia la una banquita que estaba en el extremo de la sala y disimuladamente sacó una cámara para capturar el momento, eso era lo que hacía su esposa cada vez que veía a Ren feliz y aunque él no era partidario de tomar fotos sin permiso quiso hacerle honor a Julie y seguir con su tradición.


Kuu parpadeó repetidamente cuando vio a su hijo acercándose junto con la chica, estaban tomados de la mano.

-Papá, quiero presentarte a alguien muy especial para mí.

Se paró de inmediato y le tendió la mano –Mucho gusto, soy Kuu Hizuri, por favor dime quien eres y qué hiciste con mi hijo.-exclamó sorprendido en la última frase.

-¿amm? Ehh… yo me llamo Kyoko Mogami- le dio la mano cortésmente.

-¿cómo que qué me hizo papá?- enarcó una ceja.

-es la primera vez que veo felicidad en tu rostro con tan sólo ver a una mujer.- exclamó perplejo.

Ren se sonrojó un poco, no sabía que su felicidad era tan evidente -es que… como te dije, Kyoko es especial.

-eso veo, pues… bienvenida hija- la abrazó cálidamente.

La aludida se sorprendió por la repentina cercanía; sin embargo, cedió gustosa al abrazo.

-la vas a ahogar- comentó Ren en tono de broma.

-es que le estoy dando un abrazo doble, Julie hubiese estado encantada de conocerte.

-lo lamento mucho- expresó sus condolencias apenas Kuu la soltó.

-lastimosamente, son las cosas inevitables de la vida, ahora hay que seguir adelante y ser felices, porque sea donde sea que mi esposa esté, la felicidad de nosotros es lo que ella siempre ha querido.

-tienes razón papá, por eso, será que podrías hablar con Lory para romper el compromiso que tengo con Maria, se puso un poco histérico cuando se enteró que tenía novia.

-ahh deben ser los achaques de la vejez, jamás permitiría que mi hijo sea infeliz casándose con alguien que no ama, por supuesto que hablaré con él, no te preocupes. -le dio un par de palmadas en el hombro- Ummm, lástima que no esté aquí, no alcanzó a llegar al velorio pero debe estar en camino.

-gracias- sintió un gran alivio en su pecho pues Lory era bastante obsesivo con los compromisos.

-¿por cierto, cómo se enteró que ustedes estaban juntos?- preguntó Kuu mostrando gran interés en la historia.

-en la empresa, Kyoko era…-detuvo su respuesta, no estaba muy seguro de cómo continuar.

-¿era qué?

-ella era mi asistente.- dijo mirando de reojo a Kyoko.

-¿Qué? pero si tu asistente era un chico, un tal Kyoji… me habías comentado

-Eee esto, yo puedo explicar eso…-entrelazó sus dedos nerviosa.


Los tres fueron a almorzar a un restaurante cercano y ahí Kyoko les contó la verdad de principio a fin, Kuu no se enojó ni nada por el estilo, es más, llegó a la conclusión de que Ren tenía razón, su novia era una chica especial, no cualquiera hacía lo que ella hizo.

También, le explicaron los detalles de la muerte de Julie, la cual venía enferma desde hace varios años y lamentablemente no pudo ser curada a tiempo, ya que la habían diagnosticado leucemia muy tarde.


Eran alrededor de las 5 de la tarde y acababa de terminar la ceremonia de cremación.

-vas a conservarlas- le preguntó Kyoko refiriéndose a las cenizas de su madre.

-sí, pero no por mucho tiempo pues quiero lanzarlas en un lugar muy especial.

-¿en Japón?- preguntó curiosa.

-sí, hay un pequeño pueblo en Kyoto donde solíamos pasar las vacaciones cuando yo era niño, ese era el lugar favorito de mi madre y poco después se convirtió en el mío.

-ohhhhh tal vez es cerca de donde yo crecí, después de todo Kyoto es una ciudad pequeña. –añadió.

Más de lo que te imaginas…-¿me acompañarás?- hace mucho que quiero ir ahí contigo.

-por supuesto- le dio un pequeño apretón a la mano de Ren, la cual sostenía desde hacía bastantes minutos.

-podemos ir antes de regresar a Tokyo.- propuso de inmediato

-¿cuándo te vas?- Le preguntó la chica.

-supongo que mañana, aunque aún no he comprado mi vuelo, ¿y tú, En qué hotel te estás quedando?

-la verdad… llegué hace como diez horas y ni siquiera tengo dinero para regresar.- se sobó inconscientemente la parte trasera del cuello, estaba bastante preocupada.

-¿En serio?- exclamó en un tono de absoluta incredulidad.

-sí- agachó la cabeza.

-¡wow! definitivamente eres impulsiva.-comentó verdaderamente sorprendido.

-lo soy- suspiró y levantó el rostro para mirarlo a los ojos- no quería quedarme con los brazos cruzados mientras sabía que estabas pasando un mal rato. Apenas salí de la comisaría vi las noticias sobre la muerte de tu madre, entonces…

-un momento- la frenó en seco- ¡¿estuviste en una comisaría?!

-sí, me demandaron por suplantación de identidad pero al final todo salió bien y retiraron los cargos.

-¿Quién te demandó?- No creo que Lory haya sido capaz…

-el señor Kawabata.

-ohhhh ya veo- Descansó al saber que no había sido su tío- tú también has pasado bastantes dificultades por estos días.

-un poco- pero nada se compara con lo que tú has pasado.

-ven- Se acercó hacia ella y la abrazó cálidamente –me alegra tanto que estés aquí.

Eran alrededor de las 9 de la noche, después de una rica cena en familia fueron directamente al hotel donde se hospedaba Ren para descansar.

-Esta es nuestra habitación, podemos dormir todo lo que queramos y ya mañana cuando nos levantemos podemos comprar los tiquetes de avión.- exclamó Ren cerrando la puerta tras de sí.

La habitación era una suite preferencial con cama doble finamente tendida de blanco, un televisor 3D de 40" que colgaba en frente de la pequeña sala, dos nocheros de madera situados al lado de la cama y en el fondo se alcanzaba a ver la entrada al baño.

Tanto lujo ya no me sorprende- Pensó sarcástica.

-estoy exhausta.- No veía la hora de meterse bajo las sábanas.

-yo también, no he dormido en este par de días.

-me imagino- murmuró y se tumbó directamente sobre la cama.

-¿quieres ducharte?- Ren tenía la costumbre de tomar una ducha antes de irse a dormir.

-la verdad no, sólo quiero dormir.- sus párpados automáticamente se estaban cerrando.

-te entiendo, si me ducho de seguro se me quitará el sueño.

-exacto.-se empezó a quitar los zapatos.

Ren hizo lo mismo – ¿te molesta si duermo en ropa interior?- hizo la pregunta porque sabía que Kyoko era muy tímida.

-ehhh estoo- se le subieron los colores, aún no se acostumbraba a la idea de dormir junto a un hombre.

-no acostumbro a usar pijamas, es más ni siquiera traje.- con el afán, a duras penas había empacado ropa.

-si te sientes cómodo así, está bien- trató de no sonar nerviosa, se metió debajo de las sábanas y le dio la espalda.

Ren se quitó la ropa dejando solamente su bóxer carmesí de cuadros, posteriormente se acomodó en el otro extremo de la cama quedando de frente a ella. – ¿Estás cómoda así?- Kyoko estaba con una blusa formal de manga larga y un pantalón negro de dril.

-la verdad que no- odiaba dormir con mucha ropa encima- creo que con tanta prisa también se me olvidó empacar pijama.

-si quieres quítate eso, sólo vamos a dormir- lo dijo sinceramente, sin una pizca de malicia.

Lo dudó un poco pero al final lo decidió, estaba muy cansada como para pasar una noche incómoda por culpa de la ropa-está bien-se tapó con la sábana y se deshizo de sus prendas, quedando en ropa interior, de espaldas hacia él.

-hasta mañana- murmuró antes de apagar las luces. Él también se metió debajo de las sábanas y la abrazó, sintiendo la tibia piel desnuda de su vientre. Cerró los ojos después de darle un suave beso sobre su hombro.

-hasta mañana-se giró completamente para alcanzar a darle un corto beso en su pecho y luego cayó en un profundo sueño.


A la mañana siguiente, Ren despertó primero, sonrió al ver la grata compañía que tenía a escasos centímetros de su cuerpo. No quiso despertarla, sólo se quedó un rato observándola.

Ella estaba de lado, de frente hacia él, su cabeza era la única parte de su cuerpo que no estaba cubierta por la sábana.

Ren empezó a acariciarle el cabello suavemente, deleitándose con la suavidad de los cortos mechones, luego con su dedo índice hizo un lento recorrido desde su frente hacia su mandíbula deteniéndose en sus labios; sintió su cálida exhalación y se vio tentado a besarla.

Descendió parcialmente de la cama para que su rostro quedara en frente de ella, la besó primero en la frente, después en la nariz, en la mejilla, en la cumbamba y finalmente llegó a su boca; acto que la sintió estremecerse.

-lo siento, no quise despertarte—se disculpó cuando la vio abrir los ojos.

-Umm- movió su cabeza hacia los lados en forma de negación. –Buenos días- parpadeó repetidamente para aclarar su vista.

-Muy buenos días- hizo hincapié en el adverbio y a tientas alcanzó su mano, sacándola a flote para besarla.

Kyoko se sonrojó al verlo besar su mano de forma supremamente tierna y delicada, le dio una serie de picos sobre la palma, los bordes, luego en cada dedo, tarea que le llevó varios minutos pues sus movimientos eran bastante lentos.

Aún le costaba creer que ella estaba ahí, a su lado. Era increíble que después de todas las mentiras que ella le había dicho él se sintiera el ser más feliz sobre la faz de la tierra.

Sinceramente, no quería desperdiciar el tiempo; había perdido a su madre y profundamente se arrepentía de no haber compartido más con ella. Así que no iba a permitir que se repitiera la historia.

Él sabía perfectamente que perdonar no era fácil pero ¿qué sentido tenía estar alejado de la persona que amaba porque ésta cometió un error? ¿Para qué guardarle odio? ¿Para qué vengarse? Eso sólo le traería infelicidad a ambos y… ¡por fin había conocido a la persona que lo hacía feliz con sólo verla sonreír! así que no iba a permitir que una estúpida mentira se interpusiera en sus caminos.

Sin aviso previo Ren sacó su lengua y dio pequeñas tanteadas en las yemas de sus dedos pasando luego a cortas lamidas, que al pasar el tiempo se transformaron en succiones.

De ahora en adelante iba a aprovechar cada segundo…

Parecía que la temperatura de la habitación había subido de repente…

Inconscientemente, ella se acercó más hacia él y cruzó la pierna derecha por encima de la de Ren, acción que prosiguió del movimiento ascendente y descendente su pierna sobre la de él, incluso podía sentía sus lisos vellos rozándose con su piel.

Kyoko se sorprendió cuando intentó estirar su pierna para alcanzar el pié de Ren y falló. Al no alcanzar esa distancia, pues llegó solamente hasta el tobillo, contrajo su pierna y la estiró en dirección horizontal, haciendo un perfecto ángulo de noventa grados, acariciando intencionalmente al fiel amigo de su novio, cerró los ojos para ocultar un poco su vergüenza.

El azabache soltó un gemido cuando se percató del movimiento erótico sobre su zona y sin girarse estiró su mano para acariciar la espalda de Kyoko, bajando paulatinamente la tira del sostén, acariciando cada rastro de piel con el que se encontraba en su camino. Poco después pasó a sus senos, haciendo maravillas con sus manos mientas la boca se le hacía agua por probarlos.

Será que… una idea lujuriosa le pasó por la mente… la vez pasada que lo hice a él pareció gustarle mucho. Sin abrir los ojos movió la mano que minutos antes había estado en la boca de Ren, acarició su marcado pecho haciendo énfasis en el área de las tetillas, rodeándolas con circulitos tal y como él lo estaba haciendo con sus pezones. Escuchó como la hebilla de su sostén había emitido un pequeño clic y con movimientos rápidos sintió que Ren lo mandó a volar a algún lugar de la habitación.

Ella siguió descendiendo con sus caricias, llegando a la zona que su pierna estaba acariciando, procedió a hacer un remplazo de "trabajadores" y le dio prioridad a su mano que llegó a encajar perfectamente en los abultados bóxer.

Ren no se quedó atrás, pero sin prisa, también llegó a su cálida fuente, incluso por encima de la tela podía sentir la emanación de fluidos que le indicaban que estaba lista para recibirlo; pero él ya no era el viejo Ren que le importaba sólo satisfacerse a sí mismo, por lo que se aventuró a besarla y hacer el recorrido que había hecho sus manos ahora con sus labios. Se giró para quedar encima de ella y con besos ávidos devoró su boca, besándola como nunca, ya sin nada de mentiras entre ellos se sentía pleno, ya no habían dudas, no habían temores, simplemente había una pasión infinita y un amor que poco a poco se iba agigantando.

Se dejó llevar directo al cielo, ya no habían represiones, culpas, engaños, la tranquilidad de la verdad le estaba permitiendo disfrutar al máximo ese momento, sentir que cada caricia le incendiaba los átomos de su cuerpo, que su tibia saliva se mezclaba con el elixir que emanaba su cuerpo, que su flácida pero a la vez firme lengua se movía con deliciosa maestría sobre su punto erógeno, haciéndola gemir y estallar por dentro, experimentando el goce supremo que los humanos podían alcanzar a través de sexo.

Quería hacerla suya allí mismo pero la conciencia no lo abandonó esta vez así que esperó a que ella se recuperara de su orgasmo- vamos a bañarnos- le sugirió y se sentó en la cama, dándole la espalda, indicándole que se subiera.

Ella así lo hizo, no le importó que estuviera desnuda, se sentía como una niña. Se acomodó encima de él y cuando Ren se puso de pié ella enroscó las piernas por su cintura y los brazos alrededor de su cuello, haciendo muy poca presión.

-aaaaaarreeeeee- emitió un grito infantil y le dio besitos cortos en el cuello.

-¿perdón?- preguntó sarcástico de camino al baño.

-eres mi caballito- su voz tierna lo hizo estremecer e incluso lo excitó más.

Ren abrió uno de los cajones del baño donde había visto un par de oportunos paquetitos plásticos.

-¡Bingo!- murmurò cuando encontró lo que quería.

-B-I-N-G-O, (bi-ai-en-gi-ou)- repitió ella en tono jocoso cantando la melodía infantil del famoso perrito llamado Bingo.

-sujétate fuerte- le advirtió y se las arregló para voltearla, dejándola enfrente de él, aún enroscada en sus caderas- ¿así que primero un caballo y ahora un perro?- preguntó sarcástico con una voz empapada de lujuria.

La recostó junto a la pared del baño con el fin de obtener un apoyo extra mientras se bajaba los interiores para colocarse el preservativo.

Kyoko sintió un escalofrío, muy placentero, al percibir los azulejos fríos del baño rozándole la espalda; menos mal que las caricias de Ren sobre su boca, cuello y hombros le fueron subiendo la temperatura.

Hizo varias caricias previas para asegurarse de que su novia lo recibiera sin ningún problema y cuando se sintió seguro se hundió en ella lentamente, estando atento de sus reacciones para no lastimarla.

Le escuchó un hondo gemino; pero no era para nada de dolor, sabía distinguirlo muy bien, así que se animó a seguir, embistiéndola cada segundo, sintiendo su lugar recóndito absorbiendo el suyo, llevándolo a conocer el cielo, sintiendo el placer azotándolo de la cabeza a los pies, conociendo ese tipo de placer que trascendía más allá de lo físico, pues el grado de conexión que sentía con ella era indescriptible.


Luego del agitado despertar y de un baño tremendamente caliente, (y no explícitamente refiriéndose a la temperatura del agua) la pareja había salido hacia el aeropuerto.

-señoras y señores en poco minutos aterrizaremos en la ciudad de Kyoto, por favor, abróchense sus cinturones.

-siento un poco de nostalgia- comentó Kyoko mientras seguía las instrucciones de la azafata.

-yo también, hace años que estuvimos aquí- sonrió con tristeza mirando fijamente la caja que sostenía en sus manos.

-Julie san debe estar muy feliz de que hayamos venido.

-seguro…- sonrió cálidamente.

Luego de aterrizar Ren se dirigió a la oficina de equipajes para enviar el de ellos directo a Tokyo, pues no querían andar con un par de maletas todo el camino.

-¿Quieres descansar un poco?- le preguntó, era lógico que quisiera reposar luego de un largo viaje.

-no es necesario, ayer dormimos más de doce horas.- se sentía totalmente relajada y renovada.

Le agarró la mano -Entonces vamos.

Caminaron a la salida del aeropuerto y tomaron un taxi.

Ren no se acordaba de la dirección así que estuvo atento dándole instrucciones al taxista.

-no puede ser…-murmuró por lo bajo Kyoko.

-¿qué pasa?- preguntó preocupado.

-estamos yendo directo a la casa de los señores Fuwa.

-umm ¿Fuwa? ¿Los papás del mono peliteñido?- preguntó con naturalidad.

-sí, ellos fueron los que me criaron, tienen una pequeña posada muy cerca de aquí. ¿A dónde exactamente vamos, Ren?

-ya lo verás.- No quería revelar ningún detalle.

Tan sólo cinco minutos después, el taxi se detuvo.

-hemos llegado- Ren le pagó la tarifa al taxista y se bajó del auto abriéndole posteriormente la puerta a Kyoko.

-Oh por Dios Ren, ¿ves esa casa?- le señaló hacia el frente, a las afueras de la aglomeración de árboles –es la de los señores Fuwa.

No te preocupes ahí no es adónde vamos. –la tomó de la mano y la guió por en medio del bosque.

-Ren no me digas qué…- se le hizo un nudo en la garganta cuando sus ojos detallaron aquel hermoso lugar donde solía pasar sus días de infancia, el pequeño lago aún mantenía sus aguas cristalinas, las hojas de los árboles brillaban de un verde intenso y las rocas con forma de hamburguesa todavía reposaban en el suelo –oh por dios. –se le aguaron los ojos al ver que todo estaba intacto, como si nunca hubiesen pasado esos catorce años. –¡qué coincidencia!, tu lugar favorito es también el mío- exclamó con sorpresa.

-las coincidencias no existen…sólo existe lo inevitable- metió su mano derecha al bolsillo del pantalón y agarró el pequeño objeto que había guardado durante días- cierra los ojos.

-¿ahh?

-sólo hazlo- después de que ella lo hizo le siguió hablando. -Estira tus manos y júntalas como si fueras a recibir algo.

Ella no dijo nada, sólo hizo lo que él pidió y segundos después sintió una figura rocosa descansando en sus palmas.

-ya puedes abrirlos- sonrió de oreja a oreja, estaba muy feliz de que la preciada roca volviera a las manos de su dueña.

-¿qué es esto?- preguntó anonadada al ver la pequeña roca morada tan parecida a aquella que una vez tuvo.

-No me digas que ya lo olvidaste- fingió un tono de decepción.

-no es posible- sus lágrimas amenazaron con salir rodando. -¿Corn? ¿Eres tú Corn?- literalmente le estaba hablando a la piedra.

-lo soy… -sabía que debía ser más directo- ¿también me olvidaste?

-¿qué?-abrió sus ojos como platos- ¿cómo así?... ¡No es posible! Tú…-la voz se le quebró…-¿tú eres Corn?

Sus labios se estiraron dejando ver una gran sonrisa -así es…bueno, mi nombre en ese entonces era Kuon pero por cuestiones de fonética supongo que me entendiste Corn.

-OMG, ¡has sido tú todo este tiempo!- lo abrazó con todas sus fuerzas- ¡cómo has crecido!- no pudo contener las lágrimas.

-jejeje cariño, me estás asfixiando- era la primera vez que Kyoko lo abrazaba tan fuerte.

-Ups, lo siento… -rió torpemente- ¡pero un momento!, ¿cómo es que tú tienes a Corn? Yo lo perdí hace muchos años- se limpió el rostro.

-es una historia un poco larga pero la voy a resumir en un…ummm… "Shotaro es el culpable"-. Alzó los hombros en señal de indignación.

-¡maldito!, él es el culpable de todas mis desgracias.- apretó fuertemente los dientes.

-hay algo más que debes saber- era mejor contarle ahora, si esperaba a que el propio Fuwa se lo dijera, Kyoko iba a vivir el resto de su vida en una mentira.

-Dime- lo miró perpleja.

-Shotaro no fue tu primera vez, el muy maldito te lo hizo creer- empuñó su mano, ojalá ese rubio no se le atravesara porque le iba a partir la cara de nuevo- la verdad, fue que nunca te tocó.

-¿ahhh? ¿Cómo sabes eso?- tragó saliva y sintió un profundo enojo hacia Shotaro y hacía sí misma por haberle creído. Desgraciado, maldito, te odio con todas las fuerzas de mi alma…

Ren se asustó cuando los ojos de Kyoko perdieron su brillo y se llenaron de odio por unos instantes

un momento, si él no fue el primero significa que Ren… OMG, ¡de razón que me dolió tanto esa noche!, ….. gracias, gracias, gracias, gracias, ¡tuve mi primera vez con la persona que amo!

Ren vio que el rostro de su novia mostró tranquilidad, como si la hubiesen liberado de una tremenda tortura. Cuando la notó completamente relajada prosiguió con su explicación -el día que los Beagles te secuestraron yo me encontré con Sho y lo escuché contárselo a un amigo, también me enteré sobre la piedra y sobre que…

-¡¿Qué?!- no quería más sorpresas.

-me enteré que eras Kyoji…-lo dijo sin rodeos

-¿QUEEEEEEEEEEEEEEEE? sabías que yo era Kyoji desde hace días?- en esos momentos quería que se abriera un hoyo en la mitad de la tierra y se la tragara, o mejor aún, que se formara un remolino en el lago y la arrastrara hacia algún lugar dónde Ren no pudiera verla.

-Sí- se burló internamente.

-¡Estuve sufriendo días en vano martirizándome sobre cómo te iba a decir la verdad y tu ya la sabías!- le molestó el tonito de mofa así que le reclamó.

-sí- dijo sin una pizca de arrepentimiento- estaba muy enojado cuando me enteré, quería hacerte pedacitos, no literalmente claro, pero fue ese mismo día que te vi casi muerta en esa cruz, mi mundo se vino al piso cuando pensé que te había perdido así que decidí perdonarte, no sin antes vengarme, por supuesto… Lo siento, sé que fui un inmaduro- rio jocosamente al recordar las situaciones incómodas- pero las cosas se salieron de control y luego de que me dijiste la verdad no pude alcanzarte.

-wow, por dios, nunca me hubiese imaginado que ya sabías, mucho menos de ese modo, de pronto se me hubiese pasado por la cabeza que Yashiro te había contado.

-¿EH? ¿Yashiro sabía?- preguntó atónito.

-Ehhhhh siii-subió el tono en cada "i" que decía. -tuve que contarle la verdad para que no se arruinara su relación con Kanae.

-entonces Kanae lo sabía, también Yashiro, supongo que Hikaru, los señores del Darumaya, ¡oh por dios! hasta el Beagle, algo así me insinuó… ¿Así que yo era el único idiota ignorante?- se sintió muy mal.

-Óyeme Ren- Se acercó y le puso una mano en la mejilla, si alguien en este momento merece ser llamado idiota, soy yo; tú no estás ni cerca de serlo- Sintió como los sollozos volvían a hacer presencia- una vez más te pido perdón por todo lo que te mentí, por todo el daño que te causé, por….

Ren la abrazó por la cintura y la levantó- creo que toda la felicidad que has traído a mi vida supera con creces el sufrimiento que he vivido durante esta- la miró directamente a los ojos, ahora ella estaba con exactitud a su misma altura-no voy a decir que olvidemos todo, que empecemos de cero, mucho gusto mi nombre es Ren y blablabla, eso dejémoselo a Disney, sólo quiero decirte que continuemos, vamos a ver qué más nos depara el futuro en este alocado devenir de acontecimientos… yo te amo Kyoko, eso es lo único que importa.

Sin esperar más la besó, muy profundamente, transmitiéndole todas sus emociones y sentimientos.

Poco después, sintió que el beso se tornó salado, ella estaba llorando así que Ren se detuvo y la bajó, mirándola perplejo.

-Yo también te amo Ren-lo abrazó y lloró unos cuantos segundos sobre su pecho.

-shiiiiiiii- le susurró al oído mientras le acariciaba la cabeza- creo que mi mamá está lista para salir. – Cuando la escuchó calmarse se separó de ella y abrió la caja.-toma un poco.

-¿en serio?- se sorprendió que quisiera compartir algo tan preciado con ella.

-Sí, mira así- tomo la mitad de las cenizas en su mano derecha.

-Vale- tomó el resto y posteriormente Ren puso la caja en el suelo y con su mano libre tomó la mano libre de ella y empezó a caminar alrededor del lago

-¡Mamá! –Gritó con entusiasmo.-Te presento a Kyoko- a medida que caminaba iba dejando caer un poco de la ceniza.

-¡mucho gusto Julie san!- imitó el tono de la voz de Ren.

-¡ella es la chica que amo!... aunque está un poco loca.-rieron al unísono mientras dejaban caer un poco más de la sustancia gris.

-su hijo es el chico que amo, ¡le prometo que lo cuidaré! …. Y es verdad, estoy un poco loca… aunque loca por él- rió jocosamente.

Ren sonrió al percibir tanta sinceridad en sus palabras, era paradójico que ahora estuviera feliz, se estaba despidiendo de su madre y a la vez era como si le estuviera dando un nuevo lugar en la tierra, un lugar donde siempre permanecería su esencia.

Terminaron de arrojar las cenizas y siguieron haciendo una charla no recíproca con la fallecida Julie, le contaron cómo se conocieron en medio de risas, todos aquellos momentos incómodos que había pasado, las confusiones y malentendidos que se habían presentado… todo, absolutamente todo… e incluso divagaron tentativamente en el futuro, no sabían exactamente qué les esperaba ni tampoco les preocupaba, sólo estaban seguros de una cosa y era que ambos habían encontrado a esa persona especial, esa que llega en el momento más inesperado para hacer realidad la fantasía soñada.

FIN

21/12/2013