30 de septiembre
Soy un idiota, un idiota de verdad.
Que Tomoyo correspondía a mis sentimientos, que quería ser mi novia, que ella y yo haríamos una "pareja perfecta", blah blah blah… Fujioka-san se burló de mí como si fuera un estúpido y yo caí redondo en su trampa. ¿A quién quise engañar pensando que todo lo que me decía esa maldita mezzo podía ser verdad? Al parecer, sólo a mí.
Un imbécil, un completo y absoluto imbécil. "Tomoyo y yo" Sí, con cursiva y comillas; es más, con mayúsculas y negritas: TOMOYO Y YO ¿Cómo rayos pude llegar siquiera a pensarlo? ¡Esa niña lo único que busca es emparejarme con cualquiera que se le cruce en el camino, da igual si es hombre o mujer, cualquiera menos ella!
Pero juro por las teclas de mi Steinway (1) que esto no se quedará así. Esa mujer me las va a pagar… y no sólo ella, porque estoy seguro de que esto fue un plan ideado por toda la bola de idiotas del coro. Toleré hasta el cansancio sus rumores sobre mí, e incluso sus ridículas bromas infantiles cuando todos se unieron por primera vez en sus vidas para "castigarme" por culpa de una estúpida confusión, pero ahora he vivido la humillación más grande de mi vida frente a la única mujer que me ha interesado de verdad y esto no se va a quedar así. Nadie se burla de Touya Kinomoto de esa manera, y ésta es mi declaración de guerra a Fujioka-san, Sohma-san y todo su séquito de estúpidos achichicles.
Tengo tantas cosas en la cabeza por ahora que ni siquiera estoy siendo coherente con lo que escribo. Debería empezar por el principio: hoy salimos Tomoyo y yo a dar un paseo por el parque. Yo llevaba los nervios a flor de piel, iba sudando como un puerco frente al matadero, repasando una y otra vez las mismas frases e imágenes que no me dejaron dormir anoche, pensando en que estaba a punto de literalmente declararle mis sentimientos a una mujer que conozco desde que era tan sólo una chiquilla; bueno, en pocas palabras: parecía un adolescente… y no cualquier adolescente, sino el gordito de la clase que pretende a la chica más bonita de la escuela. De cualquier manera, sintiendo que las axilas se me empapaban rápidamente tras mucho blahblahblah que ni siquiera recuerdo, decidí que era el momento de tocar el punto y lo hice. Todo parecía ir en orden, y hasta se mencionó la palabra noviazgo, así que realmente, por un momento, todo estuvo bien, demasiado bien quizás… por un momento.
Cuando uno se confiesa frente a una mujer se suelen esperar muchas cosas… bueno, más específicamente un sí o un no, pero jamás… eso. De hecho, ni siquiera alcancé a decirle realmente lo que sentía cuando ella soltó la frase más ridícula, espeluznante y absurda que le he escuchado decir: "Tú y Fujioka-san hacen una pareja excelente" Sí, ésas fueron sus palabras textuales, o algo así.
¡¿Qué rayos se supone que quiere decir eso? Fujioka-san y yo… Ni siquiera quiero pensar de dónde demonios sacó semejante estupidez, aunque cada vez que lo hago me doy una idea más clara de quién puede estar detrás de semejante confusión y quién pudo haber plantado esa idea en la cabeza de Tomoyo. A cada segundo estoy más y más seguro de que ella también cayó en la trampa, y lo peor es que sólo me voy dando cuenta de ello hasta ahora, después de haberlo arruinado en grande…
Y es que hay ocasiones en las que cometes un error y lo pagas por un día, o por el tiempo que tardes en disculparte; hay veces en las que preferirías esconderte bajo un montón de sábanas por una o dos semanas, o en las que tu único consuelo es que no exista evidencia (dígase foto o video) de algo tan vergonzoso; hay otras veces en las que incluso existe evidencia multimedia y a todo color y tienes que optar por tomarlo con filosofía, pero hay ocasiones en las que verdaderamente maldices que nadie haya inventado aún una máquina del tiempo, o en las que preferirías que un agujero negro te succionara y desapareciera cualquier pista tuya de la faz de la tierra. Bueno, ésta es una de esas ocasiones.
Si tuviera que recordar ahora todo lo que dije hace tan sólo un par de horas, simplemente no lo conseguiría. Una cosa sí es segura: se lo dije… todo. No sé en qué orden, ni con qué entonación, ni nada, pero definitivamente fue todo. En realidad, no sé si reír o llorar. Fue todo tan rápido y absurdo que incluso, cuando ella me preguntó si yo estaba interesado en una relación, ¡hasta pensé que era ella quien estaba dando el primer paso! Pobre idiota. Creo que si se tratara de otro me partiría de la risa en su cara.
¡Qué cruel es la vida cuando uno la mira desde el otro lado del espejo!
Lo único que puede igualar en intensidad a la vergüenza que siento en estos momentos por todo lo que le dije a Tomoyo es mi sed de venganza. ¡Oh, sí! Lo único que evita que cave mi propia tumba y me entierre en ella sin una nota de despedida es imaginar lo que le depara a esa bola de cobardes con lo que pienso hacerles.
Pero por otro lado está Tomoyo. Lo hecho, hecho está… o, mejor dicho, lo deshecho, deshecho está. En realidad no sé de qué me arrepiento más: de gritarle, de actuar como un ser bipolar, o de declararle de buenas a primeras lo que sentía por ella. Bueno… la verdad es que sí lo sé, y es que de las dos primeras cosas puedo arrepentirme y disculparme de mil maneras posibles para que me perdone (después de todo, un ataque de histeria lo tiene cualquiera ¿no?), pero definitivamente no hay marcha atrás en cuanto a lo que dije sobre mis sentimientos, a menos que haya alguna manera creíble de llegar mañana y decirle "Ah, Tomoyo ¿recuerdas lo que te dije ayer? Pues adivina… ¡era una broma! Sí, ya sabes, ando un poco ocurrente en estos días…"
La verdad es que ahora no sé con qué cara voy a mirarla, y sinceramente no me siento con ánimos para enfrentarla, aunque sé que de alguna forma tengo que disculparme con ella, pues no tiene la culpa de que todos esos imbéciles sean… precisamente eso: unos imbéciles, y tampoco tiene la culpa de que yo sea un histérico y no sepa controlar lo que siento por ella. ¿Y cómo remediar algo así? Recuerdo que cuando era un niño, después de haber visto la película de Superman, pensé que el poder más inverosímil y ridículo del hombre de acero no era volar por los cielos, ni moverse a velocidades sónicas, ni siquiera su oído ultrasónico ni su visión de rayos X (con calentador integrado), sino el aparentemente simple y sencillo hecho de borrar la mente de Lois Lane con tan sólo besarla. Ahora, muchos años más tarde, pensándolo bien ¿Quién no querría semejante poder? Besar a la mujer que quieres y de paso borrar de su cabeza cualquier barbaridad que hayas cometido. Una situación de gana-gana, doble beneficio. La guerra de los sexos resuelta… ¡Maldito sujeto de calzón rojo!
Por otro lado, de toda situación es posible sacar algo bueno y hay algo que debo admitir: a pesar de todo, es un alivio sentir que ya no tengo que ocultarle nada a Tomoyo, y eso no es cualquier cosa. Un consuelo mínimo quizás, porque aún me siento como mierda, pero consuelo al fin. Por lo tanto, mientras son peras o son manzanas; es decir, mientras nuestra amistad adquiere un nuevo rumbo (porque, seamos realistas, es imposible pensar que seguirá siendo lo mismo) creo que dejaré que Tomoyo tome con calma la decisión que quiera al respecto y me haré el occiso por un rato. Mientras, me parece que por fin hoy dormiré tranquilo sabiendo que, de una manera u otra (de la peor manera quizá), lo que tenía que pasar… pasó, y la siguiente será una semana extremadamente larga…
Ah, pero esa venganza sigue en pié.
(1) Steinway. Se refiere a lo que la mayoría de los pianistas profesionales consideran como la mejor marca de pianos para concierto en el mundo: Steinway & Sons. La verdad, estas "coludas" obras de arte son una auténtica belleza, y cada músico sabe apreciar muy bien su amado instrumento, así que no es cualquier juramento el que acaba de lanzar nuestro buen amigo Touya.
Notas de la autora: una tardanza indiscutible, lo sé y me disculpo por ello. Había dicho que no tardaría en actualizar y la verdad es que no me esperaba todo lo que ocurriría después. Mi vida ha dado giros de 180° en los últimos meses y, aunque por fin tengo un poco más de tiempo, mi imaginación se ha ido a pique, así como mis ganas de escribir. Parecerá ridículo, sabiendo que son sólo un par de páginas por capítulo, pero es la verdad. Prefiero no escribir a escribir algo que no me satisfaga, y mucho menos publicaría algo así, de manera que espero que este capítulo haya sido de su agrado. Finalmente me siento nuevamente conectada con esta historia y las palabras surgieron casi por sí solas, así que ojalá para ustedes el resultado sea igual de satisfactorio y haya valido un poco la espera (aunque comprendo su posición: muchas veces incluso se olvida la trama del último capítulo). Un saludo a todos y todas, y deseo de todo corazón poder terminar esta historia antes de fin de año, porque probablemente el siguiente sea el último capítulo.
Nanamichan: tienes razón, yo le hubiera gritado algo muy similar a Tomoyo: ¡Corre tras él, antes de que se arrepienta! ¡Pero córrele! Jaja. Sigo lamentando que los capítulos no sean más largos, pero creo que mientras más digeribles, mejor… además de todas las razones que ya he escrito en ocasiones anteriores, jeje. Saludos!
