Jueves 5 de octubre.
Ésta ha sido una semana terrible. Sabía que sería así, pero eso no la hace menos horrible. Entre tratar de aclarar mis propios sentimientos respecto a Touya e intentar evitar que nuestra amistad se vaya a pique después de todo lo que ocurrió la semana pasada, debo aceptar que estoy abrumada y no sé qué hacer. Además… no entiendo a Touya.
Después de decirme (gritarme, mejor dicho) que me quería y un montón de cosas más, cualquiera esperaría que los días siguientes actuara de una manera tímida o que rehuyera mi presencia, o que, al menos, se mostrara incómodo cuando estamos juntos, pero no: Touya definitivamente es un mundo total y absolutamente desconocido y diametralmente opuesto a cualquier ser humano.
¿A qué me refiero? Pues a que no ha hecho nada de lo que podría esperarse de cualquier persona, sino todo lo contrario, como si se tratara de una computadora y simplemente alguien hubiera activado la opción de "reset" en su cabeza y pudiera actuar como si nada hubiera pasado… o casi.
El domingo, justo al día siguiente del "incidente", en lugar de evitarme (como creí que lo haría, o como esperaba que lo hiciera), lo primero que hizo fue… ¡buscarme! Y cuando estuvimos a solas, en lugar de un silencio incómodo, él simplemente sonrió (con esa media sonrisa tan suya) y me pidió disculpas por lo del día anterior, ¡y no sólo eso! Dijo, además, que sospechaba que ambos habíamos caído en una broma pesada planeada por algunos de los miembros del coro (sin mencionar quién), pero que, de cualquier forma… cada cosa que me había dicho antes era verdad. En pocas palabras, es como si me hubiera dicho "Oye, lamento lo de ayer: ambos caímos en una broma ridícula. ¡Ah! Pero no te preocupes, iba en serio cuando te dije que te quería" Y parece que con sólo decir eso él puede estar tranquilo, pero yo no. Estaba tan perturbada que lo único que atiné a decirle fue que no se preocupara por eso, que todo estaba bien entre nosotros y, aún más, que lo olvidara. Sí, le dije que lo olvidara… mientras se me hacía un hueco en el estómago, porque lo único que quería hacer era besarlo y salir corriendo después.
El lunes ni siquiera vi rastros suyos. Prácticamente me pasé todo el día libre ayudando a Kentarou-kun a buscar su traje favorito. Resulta que lo envió a la tintorería y parece que alguien se adelantó a recogerlo por él. La pregunta es: ¿no se supone que deben tener algún control sobre las prendas que manejan? No es posible que cualquier persona pueda recoger, así sin más, la ropa de otro cliente sin siquiera presentar el respectivo comprobante. A media tarde ya dábamos el traje por perdido y Kasumi-kun y yo ya no sabíamos ni cómo consolarlo pues, por lo que entendí, un amigo suyo muy querido (quizás algún ex) mandó a hacerlo a su medida y se lo regaló como algo muy especial. Al parecer lo trajo consigo todo el tiempo para poder usarlo en el concierto de clausura que tendremos el domingo en una noche de gala. Además, si no lo encontraba, tendría que olvidarlo para siempre, pues al día siguiente teníamos que dejar la ciudad. Al final del día, el traje apareció como por arte de magia en la recepción del hotel. Si a uno de los meseros no se le hubiera ocurrido que el paquete de tintorería "sentado" en una de las sillas del bar de la recepción podía ser de alguno de los miembros del coro, creo que jamás hubiera regresado a manos de Kentarou-kun. Fue tan raro… era como si alguien hubiera querido jugarle una broma de muy mal gusto a mi pobre amigo. Quizás sea el mismo que nos hizo la broma a Touya y a mí, pero ¿quién sería tan cruel e… infantil?
El martes nos movimos hacia Hiroshima y, a pesar de que el viaje con el Shinkansen (con todo un vagón reservado para todo el coro, cosa que nunca había visto) apenas lleva un poco más que una hora, pareció una eternidad estando al lado de Touya Kinomoto. En serio: ¿qué le sucede a este hombre? ¿Acaso cree que puede llegar y causar una tremenda distorsión en mi vida para después actuar como si nada hubiera pasado? Él me preguntaba "¿Has estado antes en Hiroshima?" y yo sudaba de nervios ante su sola presencia; él decía "Tengo pensado visitar un par de lugares que me recomendó Yuki, ¿te gustaría venir?" y yo me quedaba muda y me ponía roja ante su cercanía. ¿Por qué me pasa esto ahora y no antes? Es su culpa, todo esto es su culpa. Siento que se me va a salir el corazón por la garganta cada vez que me voltea a ver, ¿y cómo puede estar él tan tranquilo después de aquello?
A lo largo de esta semana he tenido que resistir más de una vez la urgencia de tomar el teléfono y llamar a Sakura, la persona en quien más confío y a quien siempre acudo en esta clase de casos en los que no sé qué hacer. Sin embargo, creo que Sakura es la última persona a la que debería acudir para decirle que no sé qué hacer porque pienso que estoy enamorada de su hermano después de que éste me ha confesado que le gusto. Aunque no estaría mal conocer su opinión… y de paso preguntarle por qué nunca me dijo que Touya no era gay. No, mala idea… o no lo sé, en realidad ya no estoy pensando nada claro; estos sentimientos me están trastornando la cabeza con cada día que pasa. El simple hecho de estar en mi cuarto es una tortura y ni siquiera puedo ordenar mis ideas para escribir en estos momentos.
Creo que sería mucho más fácil si él se viera tan nervioso como yo, si al menos pareciera humano. Y es que la verdad no tengo idea de cómo sacar el tema a colación, o si debería siquiera hacer semejante cosa. Siento que perdí mi última oportunidad el domingo, cuando él reiteró lo de sus sentimientos hacia mí, pero ¿qué se supone que debía haber hecho en ese momento? Quizá realmente sí hubiera sido mejor simplemente besado y salir corriendo, dejar que fuera él quien saque sus conclusiones y esperar a ver qué pasaba.
Para colmo de males, hoy tuve una extraña conversación con Fujioka-san después de la presentación. Ella estaba próxima a un ataque de histeria porque el hermoso par de zapatos que consiguió en Fukuoka aún no aparece entre el equipaje. Seguramente olvidó empacarlo en Fukuoka y lo dejó en algún cajón, o en el armario de la habitación del hotel, pero ya llamó para preguntar y ellos dicen que no han encontrado nada. La pobre pensaba estrenarlos en el concierto de gala del domingo, que será el último de la gira antes de regresar a Kyoto. En fin, después de tranquilizarla y prometerle que iría a comprar un nuevo par con ella, de repente ella me preguntó si Touya aún no me pedía que fuera su novia. Cuando le pregunté si a ella no le gustaba Touya se quedó completamente sorprendida, como si le hubiera preguntado si su cabello era real o una peluca, pero, después de que le conté sobre lo sucedido, quedó aún más sorprendida de que no estemos saliendo aún y creo que yo misma quedé igual. Si yo le gusto a él y él a mí, si él ya me confesó lo que siente por mí y toda confusión entre nosotros supuestamente ha sido arreglada ¿qué es lo que nos impide estar juntos? Suena casi ridículo si se analiza desde esa perspectiva.
No dejo de pensar en las palabras de Fujioka-san: "¿por qué no le dijiste algo o por qué no lo besaste? ¿Por qué no le agarraste la mano siquiera?" ¡No lo sé! Sinceramente, haber hablado finalmente con alguien me ha abierto un poco más los ojos. Quizá, pensándolo un poco más, la tranquilidad de Touya no sea otra cosa que el alivio de saber que ya no tienes nada que ocultar, o ése que sientes cuando has hecho todo lo que estaba en tus manos para lograr tus objetivos. Viéndolo así, soy yo la que se ha mantenido a la sombra, la que no ha tenido el valor de reconocer lo que siente (porque, admitámoslo, no me gusta Touya desde hace unos días, es sólo que no me atrevía a reconocerlo desde antes), la que no se ha arriesgado pensando en el qué dirán (primordialmente él y Sakura, porque los demás están fuera de juego) y, como tal, creo que ahora, si quiero realmente llevar estos sentimientos (tanto los suyos como los míos) hacia una relación como la que me gustaría tener con alguien como él (corrección: con ÉL), será a mí a quien le toque realizar el siguiente paso… y creo que eso es lo que me asusta.
Vaya que me asusta… pero al mal paso hay que darle prisa. No tengo idea de cómo lo voy a hacer, pero he decidido ponerme una fecha límite para confesarle a Touya lo que siento: el Domingo, pase lo que pase, no habrá marcha atrás.
Notas de la autora: pues vaya que ahora no habrá marcha atrás. De hecho, creo que Fujioka-san estaba muy nerviosa por lo de sus zapatos perdidos, porque, en su lugar, yo habría tomado a Tomoyo de los cabellos y la hubiera llevado por la fuerza a que aclarara las cosas en ese mismo instante con Touya (chicas, nunca acudan a mí cuando tengan esta clase de conflictos, a veces mis métodos pueden ser un poco… arcáicos). En fin, quizás hayan sentido el capítulo un poco flojo, pues nada nuevo salió… además de ver que Tomoyo está que se come las uñas por no haber reaccionado cuando debió hacerlo y no saber qué hacer. La moraleja para empezar el año es: "a veces sí es bueno actuar antes de pensar, o vas a terminar lamentando no haberlo hecho", que también se puede traducir como "¿quieres besarlo y no hay nada real (novia, blahblah) que deba impedirlo? ¡hazlo!". ¿Por qué digo esto? Yo también pasé por una situación muy parecida (sin incluir confusiones sobre sexualidad y esas cosas, claro) y arruiné las cosas casi igual que ella y me costó varias semanas tomar el valor para arreglarlas.
El próximo capítulo, como lo habrán adivinado, será el famoso domingo de gala y vendrá de puño y letra de nuestro buen Touya, así que, como bien sabrán, será el final. Vendrá en 2 partes, así que no sé si lo publicaré en 2 capítulos (los publicaría el mismo día de todas maneras) o en uno sólo dividido en 2. De cualquier manera espero que les agrade. Cualquier comentario respecto a éste no olviden hacérmelo llegar, se acepta de todo. Por lo pronto, muchas gracias por acompañarme hasta ahora y les deseo un exitoso y muy feliz año nuevo… sin tantos malentendidos ;-)
