Nota de la autora.
Me disculpo por la tardanza. Había estado sin inspiración, y pues ahorita que son los primeros días de clases, no he tenido tanta tarea (salvo de italiano). Por eso es que me he dado tiempo para escribir estos capítulos. Si se dan cuenta, ustedes verán una particularidad en el "storytelling" de este fanfic; yo sé que son excelentes lectores y lo notarán cuando venga el siguiente capítulo.
Tiempo.
-Maestro Tenzin, hoy llega la brigada de acólitos peregrinos en el barco de las tres. ¿Alguna instrucción?
-¿Ya vuelven? Había olvidado que habían salido al Reino Tierra hace…. Hace…
-Fue hace tres años, maestro Tenzin. Al parecer hay algunos nuevos acólitos que se nos habrán de integrar al templo, y muchos de nuestros acólitos actuales han adquirido nuevos conocimientos. Dicen que es una brigada muy diferente de la que se fue.
-Gracias, Jinora – exclamó Tenzin, y la acólita hizo una reverencia poco antes de retirarse.
El tiempo se le había ido de las manos de manera inexplicable; desde que Katara se había mudado al Polo sur, el Templo aire de la isla ya no había vuelto a ser el mismo. Se podía decir que algo faltaba en el ambiente, pero ni siquiera él entendía qué era. La sal del verano le impregnaba la nariz de una ausencia desconocida; más que poco entendible, le era familiar.
O-O-O-O-O-O-O-O
Pasado el medio día, uno de los botes exclusivos del Templo aire tocó la Bahía Yue, seguido de un barco de las Fuerzas Unidas, custodiado por el Alférez Bumi. Luego de tres largos años, toda la brigada de acólitos peregrinos al fin regresaba a casa, pero por un tiempo indeterminado; los acólitos peregrinos tenían la función de impartir la filosofía de los maestros aire a lo largo y ancho del orbe, y de la misma manera, reclutar a algunas personas interesadas en ese peculiar estilo de vida. Cada brigada constaba de menos de seis personas, entre las cuales se hallaban tanto ancianos como jóvenes crecidos adentro de la Isla del templo aire.
En cuanto Tenzin hubo divisado el barco de su hermano, supo que tendría más de un par de problemas por más de un par de días. Los barcos finalmente llegaron, dejando ver al conjunto de acólitos, que en su mayoría eran mujeres; algunas ya pintaban cabellos grisáceos, cosa que quizás con su presencia diaria nadie habría notado; otras más se encontraban en la plenitud de su vida, sin mucho cambio físico, y tal vez una enorme sonrisa dibujándose de oreja a oreja. Empero, el maestro aire desconoció a varias de las personas que descendieron de la embarcación, ya fuese porque venían con la brigada, o simplemente porque su memoria no se encontraba tan fresca como creía. Entre ese conjunto logró observar a una jovencita lozana que podría jurar no era nada más que una alucinación que le estaba brindado su conciencia traidora; cabellos castaños y acomodados en una coleta graciosa, ataviada con togas típicas de acólito. Alegre, gallarda, pero inocente y soñadora, recargada de nuevas ideas y con ansias de conquistar cualquier islote que hubiese a los alrededores de Ciudad República. Su belleza se convertía en algo sumamente difícil de ignorar; por más que Tenzin intentó todo cuanto pudo para apartar la vista de aquella jovencita era algo imposible. A la luz del sol cubierto de nubarrones, el esplendor de su piel destacaba su presencia entre el resto de los acólitos.
-Maestro Tenzin – exclamó una mujer de mayor edad, quien de inmediato saludó al líder del templo con una reverencia.
-Es bueno tenerlos de vuelta – contestó, extendiendo los brazos en júbilo –. ¿Qué tal les fue en su viaje?
-¡Excelente! Hemos reclutado a más acólitos. Quizás no son cantidades estratosféricas, pero es bueno ver cuánta gente se ha interesado en esta filosofía.
-Me alegro, hermana Woo. ¿Y cómo fue que…
-El Teniente Bumi encontró nuestra embarcación en uno de los puertos del norte del Reino Tierra, y accedió a custodiarnos de regreso a casa.
-Ahora tendré que entretener a mi hermano.
La anciana sonrió.
A pesar de que Tenzin anhelaba conocer un poco más de cerca a la joven que había provocado una chispa inquietante adentro de sí, la acólita de edad avanzada no dejaba de conversar respecto a todo lo acontecido durante el camino de regreso, así como a lo largo de aquellos tres años de viajes y diferentes actividades. De esa manera, tanto la acólita Woo como él entraron hasta el comedor del templo, en donde se había dado la indicación de servir la cena para los acólitos nuevos, los de siempre, y los que se encontraban de regreso.
Pasado un largo rato de conversaciones seniles, Tenzin se libró de la vieja Woo, saliendo a caminar hacia el rumbo de las "salas de las ideas", que más bien era una pequeña escuela, en donde los acólitos más pequeños aprendían los conocimientos básicos; algunos niños se hallaban jugueteando entre los jardines, , al igual que un militar muy peculiar…
-¡Pequeño calvito! ¿Cómo has estado? – exclamó el alférez en cuanto divisó a su hermano. Pronto saltó de su banco para recibirlo, alzarlo entre sus brazos y darle un montón de vueltas.
-Deja de llamarme así, Bumi. Ya somos grandes.
-Sí, lo que digas – contestó, dejando a su hermano de nueva cuenta en el piso –. Sentí la necesidad de venir a casa y averiguar cómo estaba todo. Escuché que mamá estuvo enferma hace poco, ¿Es cierto?
-Mamá se fue hace unos meses… y si lo hubiese estado, habría recibido alguna llamada o mensaje de emergencia. Quizás sea un rumor, o tal vez la gente que la rodea exagera todo como una enfermedad…
-Ya veo… Es el problema de crecer, ¿No lo crees, pequeño calvito?
-¿De qué hablas, Bumi?
-La gente exagera todo cuanto haces o no cuando llegas a ciertos años… Es como toda esa gente que rumora que morirás siendo el último maestro aire.
-¿Qué? ¿Quién lo dijo?
-Todos lo dicen; en las filas de la armada, en Ciudad República… Lin es un personaje público, calvito. Todos lo rumoran: ya no está en disposición de procrear a un maestro aire.
-¿Y eso qué importa? – preguntó Tenzin, mostrando señales evidentes de molestia.
-No es nada. Es sólo que he notado la manera en que miras a esos niños de allá. Siempre los quisiste y, sin embargo, aquí estás hablando conmigo.
-Quizás no los quería tanto. Quizás Lin no los quiso. ¡¿Por qué tengo que dar explicación a todos los humanos, y por qué te explico esto a ti?!
De repente todos los niños acólitos voltearon hacia su dirección, dejándole sentir el peso de sus miradas repletas de preocupación. Poco después, los niños volvieron a sus asuntos, y Bumi tomó a Tenzin por los hombros.
-Soy tu hermano, pequeño calvito. Sonaré como papá pero, tal como él decía: no dejes que las circunstancias te saquen de tu equilibrio.
El maestro aire miró a los inmensos mares turbulentos que poseía su hermano.
-Lo siento, Bumi. Es sólo que…
-Te entiendo. Ahora tienes que atender a los nuevos acólitos y…
- hablando de ello, ¿Sabes cómo se llama una acólita que venía entre "los nuevos? Es una joven inquietante.
-¿Acólita? ¿Joven inquietante? Todas esas mujeres deben de haber pasado de moda hace muchos años…
-Bumi…
-De acuerdo. No sé de quién hablas. Será mejor que vayamos a comer, y en el comedor me dices de quién estás hablando…
Ambos sonrieron, y de inmediato se dirigieron para allá.
O-O-O-O-O-O-O
-Quiero dar la bienvenida a nuestros hermanos del Reino Tierra. Estamos alegres de tenerles entre nosotros, y de unírsenos en este camino.
Tenzin alzó su cuenco de jugo frutal, al igual que el resto de los acólitos del comedor. En la mesa del líder del templo se encontraba la brigada recién llegada, los nuevos integrantes, y de la misma forma, Bumi y la hermana Woo, líder del pequeño grupo. Justo después de brindar, todos tomaron asiento.
-Estos vegetales se ven deliciosos – exclamó Bumi, observando a su plato repleto de ensalada de duraznos frutales con abundantes hojas de lechuga y legumbres del huerto del templo.
-Lo son – respondió Tenzin, comenzando a comer pausadamente su plato de arroz.
-Pero necesito un trago…. ¿No tienes?
-En este templo queda estrictamente prohibido el licor. Además, aquí hay agua de frutas…
Mientras Bumi parecía un tanto irritado ante las condiciones, Tenzin escrutó con sumo cuidado los rostros de cada acólito presente, en busca de aquella curiosa jovencita que había llamado su atención.
-¿Sucede algo, maestro Tenzin? – preguntó la anciana Woo.
-No, no es nada. Simplemente…
No obstante, en las puertas del comedor entró con cautela a quien él tanto había buscado; distraída, presurosa, buscando disculparse con su mentora. A causa de su retardo, la anciana Woo le abrió un espacio entre el maestro Tenzin y ella…
-Siento la tardanza Woo. Es sólo que estaba enseñándoles a los niños los nuevos libros que trajimos del Reino Tierra – dijo la muchacha, quien se notaba cansada, dando a entender que había evadido a algunos lémures, chiquillos, y que los pasillos del templo se habían atravesado en su andar.
-De acuerdo. Sólo trata de que no se vuelva a repetir.
Mientras un par de señoras servían una porción de alimentos a la chica, Tenzin no pudo evitar posar su atención en todos y cada uno de los gestos que le proporcionaba cada uno de los gestos de la acólita.
-… ¿Maestro Tenzin? – preguntó la chica, quien no evitó sentir una pequeña anomalía en los ojos discretos del maestro aire.
-¿Perdón? – dijo, regresando en sí y notando su arbitrariedad.
-¿Está bien?
-Yo… Perdone. Es sólo que estaba pensando en que usted y yo no nos conocemos. Me gustaría darle la bienvenida al templo… Es decir, usted sabe quién soy yo, pero yo aún no sé quién es usted.
Súbitamente, y provocando reacciones diversas, esto último creó una risilla sarcástica en el alférez Bumi; la anciana Woo parecía estar sorprendida, mientras que Pema se extrañó de dicha premisa.
-Usted ya sabe quién soy.
-Disculpe pero, ¿No venía usted…
-No.
-El pequeño calvito tiene una muy mala memoria – terció Bumi sin evitar una risotada.
-Es lo que veo – dijo Woo, a quien le parecía una situación bastante cómica.
-Silencio, Bumi.
-Entonces, ¿No recuerda quién soy, maestro Tenzin?
Éste negó.
-Tal vez esto le dé una pista…
Entonces, la jovencita se levantó de su asiento, y tomando las orejas de Tenzin, exclamó:
-Estos enormes pedazos de sombra los hicieron los espíritus.
Y de repente, un extraño rubor arribó a las mejillas de Tenzin.
-¿Pema?
¿Quejas, dudas, comentarios?
