Agradecimientos a Ariy (Ahora Plistintake 0.o), GirlBender, MtezPS, lovelywtt, dannagreen7 y a mi hermana Marivi, que de momento se encuentra viajando, y espero que esté bien, al igual que todos.

En fin. Viene un capítulo muy tedioso para muchos (creo), e incluso tiene ese toque kataanger que tienen la mayoría de mis fanfics, dado que no puedo negar mi naturaleza shippeando a esta pareja. No estará basado en él, pero digamos que esta legendaria relación tendrá algo que ver con los consejos que tenga que pedir Tenzin, los que les dé Katara y… Ya estoy diciendo más de lo que debía.

Y está pasando lo siguiente en cuanto al orden de los capítulos: Uno habla del tiempo en el que Tenzin se enamora de Pema, y otro cuando ella era muy pequeña y estaba loca por el pequeño calvito. ¡Oh sí! Sé que es molesto para muchos, pero de alguna manera quería renovar un poco la manera en la que cuento mis historias.

Sin más por el momento, los dejo con el nuevo capítulo.


En esta vida.

-Prometiste que tú llevarías a los acólitos al museo de historia de Ciudad República. Un monje siempre cumple su palabra… Y mis hijos siempre cumplen con lo que promet…

Tenzin resopló:

-¡Ya sé, padre! Pero es que hoy le prometí a Lin…

-¡Excelente idea! ¿Por qué no llevas a Lin al recorrido con los acólitos? – terció Katara sin perderle la vista al tablero de Pai-Sho, a punto de colocar su pieza de flor de loto en el centro.

-Es la tercera vez que ganas, cariño – dijo Aang.

-Eres fácil de vencer.

Ambos juntaron traviesamente sus narices, exasperando al joven maestro de veinticuatro años.

-¡Por favor! Esto es serio. Apenas me reconcilié con Lin, y no puedo arruinar nuestra salida con… con…

-Vamos, Tenzin. Son unos pequeños muy adorables y bastante activos – contestó la maestra agua, quien colocó la pieza que daría fin al juego.

-Además, es la cuarta vez que te reconcilias con Lin. ¿Qué lo hace diferente esta vez? – concluyó Aang.

-¿No tienes asuntos de avatar por atender allá afuera, padre? ¿O no tienes asuntos de la Orden de Loto por atender, madre?

-¿No tienes que evitar ser comido por tu furibunda novia y por pequeños espíritus hambrientos, hijo? – preguntó Katara, causando una risotada en su esposo.

-Aún no pierdes el toque.

-Está bien, lo he entendido. No quieren que Lin y yo estemos juntos… ¡Bien!

-Escucha, Tenzin – pidió el avatar, reacomodando las tejas de Pai-Sho para comenzar un nuevo juego –; si te reconciliaste con Lin tres veces, ¿Qué lo hace diferente ahora? Son altibajos solamente. Quizás los dos necesitan estar un poco más cerca con las actividades del otro; un día ella te puede llevar a trabajar a la estación de policía, y hoy la llevas a recorrer el museo junto con los niños. ¿Qué de malo hay en ello? Si quieres compartir tu vida con Lin, ábrete a las posibilidades.

-¿Y una de ellas es llevar a un grupo de monjes-monstruitos que nos pueden arruinar la salida con sus quejidos?

-¿Por qué no?

-¿Tienes idea de cómo pasé varios años de mi vida con tu padre, hijo?

-Sí, ya sé: peleando contra la Nación del fuego y bla, bla, bla…

-Allí lo tienes, muchacho. Esa clase de retos te hacen más fuerte… Y necesitas fuerzas – sugirió el avatar, dándole una ligera palmada sobre el estómago a su hijo.

O-O-O-O-O-O-O

-El Museo del sincretismo me parece muy aburrido – graznó la pequeña Jinora.

-Será divertido, Jin.

-Tú lo dices porque el maestro Tenzin es el que dará el recorrido. Sinceramente, yo estaré aburriéndome allí.

-Te divertirás viéndome. Siempre lo has dicho.

Jinora reflexionó por un momento, y se dio cuenta de que su amiga tenía razón.

-Al menos podré hacerte la vida imposible, o verte humillándote a ti misma, pequeña.

Se trataba de la mejor amiga que Pema tenía, y que siempre habría de tener; una acólita de diez años con cabellos negros y tez blancuzca. Su personalidad extrovertida solía meterla en conflictos constantes con los profesores de filosofía nómada, de la cual solamente se le daba el lado espiritual y bromista de los maestros aire. A diferencia de Pema, Jinora no era una alumna destacable en algo, salvo en danza y arrojando pasteles a los acólitos más ancianos con el avatar Aang, cosa que también metía en problemas a su pequeña amiga. Su actitud sarcástica a veces exasperaba a la pequeña acólita, quien la había conocido durante una tarde mientras Tenzin las había sacado a pasear a la ciudad montados en Oogi; Jinora había olvidado su abrigo, y para fortuna, Pema había cargado uno extra "por si las dudas", y desde entonces se confiaban prácticamente la vida. Es posible que gracias a la extraña relación de burla-amor-odio-confianza, su amistad había durado más que la de cualquier otra chica acólita que hubiese sobre la isla.

-Trato hecho – comentó Pema, quien de inmediato jaloneó a su amiga.

Ya caminando por los pasillos, Jinora comentó:

-Desde anoche no puedes ni dormir bien por causa de esta salida.

-¡Es el maestro Tenzin! Es que él es tan… tan…

-Ya sé lo que piensas de él. Como te he dicho, es sólo un anciano en comparación de ti… Además, Lee está detrás de ti; le gustas.

-¿A ese piojoso? ¡Ugh! ¡No!

-Pema: el maestro Tenzin ni siquiera sabe que existes.

-Algún día sabrá que existo.

En eso, ambas llegaron hasta Oogi, quien ya estaba listo para partir. Mientras los acólitos esperaban a su maestro, Jinora no dudaba en hacer entrar en razón a su mejor amiga, en tanto un tal Lee observaba idiotizado a la pequeña Pema…

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

-El museo del sincretismo es el más importante de nuestra ciudad. Nos muestra lo que anteriormente sucedía con las colonias de la Nación del fuego, y cómo es que el complejo sistema político…

Algunos niños ni siquiera prestaban atención a las palabras de Tenzin, quien de cierta forma se empeñaba en dar una explicación completa sobre el contenido de ese museo típico de los estudiantes de niveles básicos. De hecho, el glamur de la ciudad, la fuente que se hallaba frente al museo, así como los primeros satomóviles que rondaban las calles de Ciudad República, o las aves revoloteando cerca de algunos árboles del edificio tenían más poder; todo era entretenido, menos Tenzin… O no para todos ellos.

-¿Entiendes lo que dice, Pema?

-No todo, Jin, pero suena hermoso cuando él lo dice.

-E insisto: estás mal de la cabeza. Además, allí está su novia… Tendrás competencia, pequeña.

En alguna forma, ello hacía sentir a Pema más insegura de lo normal ante su maestro. Sin embargo, eso no la dejaría rendirse.

Lin no parecía demasiado contenta con la idea de ser niñera de una horda de casi veinte niños de entre seis y doce años de edad. De alguna manera se involucraba ese deseo suyo de no tener hijos, además de una serie de factores que le imposibilitaban anhelar un par de niños salidos de su sangre pese que Tenzin ansiaba tener tres o seis de ellos.

-… Y por eso es un museo muy importante, niños. Aquí veremos todo lo que hemos aprendido en la clase de historia. Todos van a formar una línea: los más pequeños vienen al frente, y tomarán la cuerda que les voy a dar. Formarán grupos de cinco personas y los iré guiando; es para que no se pierdan ¿De acuerdo?

Todos los niños asintieron, y de esa manera se acomodaron; Pema tuvo un lugar privilegiado hasta el frente, en donde el maestro Tenzin habría de tomar las sogas cual si llevase alguna especie de mascota.

-¿Esperas que así se mantengan en orden? – preguntó Lin, viendo de reojo a los pequeños acólitos salvajes.

-¿Tienes alguna idea mejor para controlar a tantos niños?

-Tal vez…

O-O-O-O-O-O-O

Pasado el mediodía, la actividad de la ciudad aumentaba considerablemente, e incluso algunas personas aprovechaban la hora para almorzar o salir en pareja.

-¿Era necesario venir hasta la ciudad? Nos habríamos divertido en el templo sin venir hasta acá. Recuerda que no sigo siendo tan joven como antes y mis huesos comienzan a crujir con cada día – gruñó Katara, tomando con mayor fuerza el brazo de Aang a la par de la caminata.

-Tenzin y tú tienen la costumbre de considerarse viejos. Deberían tratar de vivir sin quejarse de esa manera. Además, pronto será primavera – exclamó Aang, buscando algo desconocido entre los escaparates de una amplia avenida.

-Para ti es fácil decirlo; eres joven y ardiente, y Tenzin siempre ha sido muy serio. Hay días en los que creo que nació siendo un adulto.

Algunos comerciantes saludaban con cortesía a ambos héroes de guerra, mientras que aquel matrimonio les regresaba el gesto, y en algunos locales los comerciantes acostumbraban a ofrecerles un delicioso cuenco de té caliente.

-¿Así que todavía piensas que soy "ardiente"? – susurró el avatar, obsequiándole a su esposa una mirada provocativa sin parar de caminar.

-¿Así que piensas que me quejo de todo? – dijo ella, comenzando a bromear cada vez con su tono de voz.

-No es hermoso escuchar cuando pides que levante mi ropa del suelo.

-Y no es hermoso ver tu ropa sobre el suelo. Aunque hay solamente un momento en el que me gusta que esté regada por todo el cuarto…

Recorriendo a Aang de pies a cabeza, Katara no evitó plantar un beso inocente sobre sus labios, a lo cual él correspondió.

-Primero vamos por té; luego podemos ir a dar un paseo por el parque y si quieres "tirar" tu ropa antes de que llegue Tenzin al templo…

-¿Sabes? Adoro tus planes, cariño – afirmó Aang, volviendo a poner los ojos en el camino para encontrar una pequeña tienda de té.

O-O-O-O-O-O-O-O

-Tomaremos algunos minutos para descansar, niños. Luego de eso nos iremos al templo – pidió Tenzin, dejando que los acólitos comenzaran a rondar por todo el patio frontal del museo y fingiendo que eran bisontes voladores.

-Admito que son criaturas adorables – comentó Lin.

-Lo son. Pero no sabes cuánto he tenido que pelear con ellos.

-¿No había alguien más apto para traerlos al museo?

-¿Insinúas que soy un inepto?

Lin rió.

-Claro que no; eres muy inteligente.

-¿Pero?

-Te tensas demasiado. Deberíamos ir a algún lado, muy lejos de Ciudad República; desde que estás en el consejo y cuidando a esos monstruitos… bueno, te veo más agotado que de costumbre.

-Es porque estoy creciendo.

-Estamos creciendo.

-Ya lo sé – exclamó ella, acercándose cada vez más hacia su oído –, y por eso mismo te propongo que nos escapemos durante tres días y nada más.

-¿A dónde quieres llegar con esto? – preguntó Tenzin casi musitando.

-Al salar de Tian Pinyin. Es un sitio hermoso, casi paradisiaco. Le llaman "la frontera entre el cielo y el mar". Cuando comience la temporada de lluvias, podemos ir. Sólo así se forma el reflejo sobre la capa de sal.

-Suena tentador. Tres días, tú y yo…

-Nosotros…

Apenas si sus labios se estaban rozando, compartiendo un brevísimo beso, cuando de repente se manifestó una de las pequeñas acólitas, haciendo notar su presencia con tan sólo aclararse la garganta.

-¿Pema? – volteó Tenzin en cuanto la escuchó.

-¿Quién es ella? – cuestionó Lin.

-Es una de las acólitas del templo. Es una niña muy tierna…

-Gracias – terció ella –, ¿Y tú quién eres?

-Yo soy Lin Bei Fong. Es un gusto conocerte, pequeña.

Ciertamente, la hija de la poderosa jefa Bei Fong no estaba hecha para tratar con niños. En cada segundo, Pema sólo le arrojaba algunas miradas celosas.

-Igualmente. ¿Sabías que el maestro Tenzin declama poesía? – interrogó severamente la niña.

-…Bien. Sí, lo sé. Él da clases de literatura e hist…

-¿Y alguna vez te ha declamado algún poema?

-Pema, es suficiente – intervino el maestro aire, llevándose los dedos a las sienes.

-Ahorita, espera – le pidió silencio.

-Alguna vez me declamó algún poema y… – la joven apenas si podía lidiar con ello.

-A mí me ha declamado muchos… ¡Así de muchos! – dijo, extendiendo sus brazos y haciendo un círculo que iba desde la coronilla, regresando a su posición original, que era hacia los costados.

-Oh. Bien por ti, pequeña.

-Es porque el maestro Tenzin me quiere… Y un día me prometió que nos íbamos a casar.

-¿Qué? Son sólo pretextos de adulto, niña. Debes madurar.

-El maestro Tenzin no falta a sus promesas…

-Pema – dijo el susodicho.

-¿Maestro?

-¿Por qué no mejor te vas a jugar con Jinora y las demás niñas? Necesito tiempo a solas con la señorita Lin.

-Lo que diga, maestro Tenzin – con una sonrisa en el rostro, la pequeña Pema obedeció sus órdenes, y de inmediato corrió hacia la fuente, donde varios infantes jugaban a ser maestros agua.

El silencio reinó por un instante entre los dos jóvenes.

-Es una pequeña fastidiosa… Pero me agrada.

-Y no tienes que vivir con ella veinticuatro horas al día durante toda una semana. Eso de "casarnos" lo dije para que dejara de hacer preguntas… Ni siquiera recordaba que se lo había dicho.

-Está bien. Hasta creo que es gracioso…

-¿Y qué dices?

-¿Qué digo sobre qué?

-Sobre los niños… ¿No son adorabl…

-Tenzin – suplicó la maestra tierra, dando un largo suspiro.

-¿No has cambiado tu opinión sobre esto, cierto?

Lin asintió.

-De acuerdo – terminó por decir, resignándose con una exhalación típica de maestro aire que debió de levantar más que las hojas y la basura que se hallaba regada sobre el suelo.

O-O-O-O-O-O-O-O-O

Dieron las dos de la tarde. O al menos eso le había indicado un transeúnte al respetable avatar en cuanto éste le preguntó. El parque se hallaba sumamente tranquilo, y las primeras flores se dejaban ver entre los arbustos; las hojas volvían a enverdecer. Sin embargo, las aguas y los vientos helados propios de Ciudad República debían de esperar a que la primavera entrase completamente para calentar la urbe. Muchas personas que pasaban enfrente de la banca que ocupaban Aang y Katara se extrañaban de su presencia por aquellos lares.

-De repente recordé que nuestros hijos ya son grandes – suspiró Katara, recostada sobre el hombro de su esposo.

-¿Por qué lo dices, cariño? - preguntó Aang, observando hacia el cielo.

-Por esa pareja joven de allá – en eso, señaló a un par de no maestros, los cuales jugaban con su pequeña, que habría de tener menos de seis años.

El avatar volteó, y después dijo:

-Algún día debían de abandonar el nido.

-¿Cuántos años crees que tengan?

-No sé, tal vez la edad de nuestro muchacho. Hablo de Tenzin.

-A propósito de nuestro hijo… ¿Crees que algún día decida casarse con Lin?

Ambos se quedaron pensativos.

Cual agua y aceite, Lin y Tenzin habían comenzado su relación diez años atrás en las circunstancias más febriles que pudieron existir. No obstante, se habían mantenido unidos y firmes hasta esas fechas; tanto Bumi como Kya ya habían comenzado a hacer sus vidas, pero el tiempo de Tenzin era incierto.

-Lin es excelente; es fuerte, es hermosa. Es como su madre… Tiene carácter.

-Piensas que tendrán muchos problemas antes de casarse, ¿Cierto?

-Así es. Lin no lo aceptará. Siempre la he querido como a una hija y todo, pero como a cualquier padre, quiero ver a mis hijos felices… Y ellos dos tendrán muchos conflictos. Es decir, se pasan enterrando su amor, y ambos son orgullosos cuando se lo proponen. Si los dos pusieran de su parte, no estarían rompiendo y volviendo en cada momento.

-Quizás debamos hablar con ellos… pero…

Súbitamente, un grito infantil y desesperado se escuchó desde el otro lado del parque, el cual pedía auxilio de manera inmediata. Al parecer era una niña que no era capaz de moverse por sí sola, o mejor dicho, capaz de ayudar a alguien más.

-¡Ayuda! ¡Ayuda! ¡Mi amiga cayó en el agua! ¡Alguien que me ayude!

Tanto Aang como Katara voltearon de forma repentina para dar con aquel grito desesperado y desgarrador, y enseguida se levantaron de la butaca; Aang utilizó sus poderes de aire para correr con mayor agilidad hasta donde la voz se escuchaba.

-¡Vamos para allá! ¡Sólo espera!

A la par, Katara se arrojó al lago haciendo una patineta de hielo, mas no le fue difícil a causa de la baja temperatura que presentaba el agua del parque. Ambos maestros corrieron hacia allá, y cuál habría de ser su sorpresa al ver que la niña que rogaba por ayuda era la mismísima Jinora, y que el cuerpecito inerte sobre el estanque era de la pequeña Pema...


- Continuará -