Notas idiotas de la autora:
-Feliz cumpleaños a mi amiga Ariy… Grazie! Un poco tarde, pero aquí estoy. Y a Marivi; ambas me han apoyado bastante ahorita que estoy más en el suelo que de costumbre.
1 – Gracias a Girl Bender, porque afirma que sí lee la presente. Y a todos y cada uno de ustedes que leen la historia.
2 – ¿Por qué estoy subiendo capítulos con cierta "frecuencia"? Verán; los jueves y viernes tengo muchas labores (los viernes de septiembre serán de capítulo nuevo de "La leyenda de Korra" libro 2, entonces no tendré tiempo de subir capítulos los viernes… así como algo de trabajo y escuela-trabajo-escuela). Mi plan es subir este fanfic los lunes, jueves y sábados… Pero puede variar un poquito, entonces me disculpo.
3 – Para un Guest que me preguntó: Sí, la historia tiene dos líneas; los capítulos con números NON siguen una línea de cuando Pema tenía 8 años. Los capítulos con número par siguen una línea de eventos que suceden cuando Pema tiene como 22 años más o menos… Van salteados, pues. Pensé que les haría ruido a todos el seguimiento de esto, por lo que les advierto otra cosa: pongan atención a los títulos de los capítulos. Por raros que parezcan, hay una maña detrás de sus nombres… Ya luego verán de qué trata. ¡Ah! Tenzin y Pema se llevan 16 años.
4 – ¿Capítulo de relleno? Sí, un poco… Creo. No me gusta el relleno… Pero lo siento, he andado un poco mal de la mente estos días (sí, un poco emocional y un poco físico – un trastorno que tengo). En cuanto a música, culpen a "Esteman" con su canción "Se nos perdió".
Porque debemos vivir.
La jícara permanecía inmóvil, divisando la inseguridad del concejal del Templo aire de la isla. La navaja de afeitar, de igual forma, parecía estar enterada de la dura decisión que Tenzin se negaba a tomar frente al espejo, mirando de abajo hacia arriba la espesura negra que se extendía hasta buena parte del cuello. Como sea, la cabeza sufría el paso de la navaja cada cierto tiempo. No obstante, su barba tenía años sin moverse de su sitio (y más su bigote, que había crecido en los últimos seis años).
Acorde a las palabras de Lin, ambas cosas le hacían ver bastante avejentado, y prefería verle con un simple manchón en la barbilla, o una al estilo del avatar Aang. De cualquier forma, Tenzin veía por todos los ángulos a ese encanto propio de un maestro aire, sabiendo que su rostro se había acostumbrado tanto a ella como él a las recomendaciones de Lin.
Suspiró, reposando las manos sobre el lavabo del templo; bajó la mirada hacia la cerámica cóncava, imaginando cómo se vería esa parte de sí regada por toda su superficie, al igual que la toalla que le rodeaba el cuello; tomó la pasta especial, la preparó en la jícara hasta que aquella hizo espuma. Pronto, su rostro se vio cubierto de un montón de nubecillas, y en eso, alguien llamó a la puerta de su habitación, haciéndole virar bruscamente.
-¡Espere! – exclamó extrañado, pues rara vez alguien pedía algo en su dormitorio.
Amarró con más fuerza la toalla que portaba en la cintura, y con la que se hallaba sobre su cuello intentó limpiarse vagamente la espuma del rostro.
-¿Qué ocurr…
Al abrir la puerta corrediza, su sorpresa aumentó al encontrar a la joven Pema justo frente a él. De repente, un rubor inusual se manifestó en sus mejillas, que por suerte se cubrió con los restos blancos de la pasta para afeitar.
-Yo.. Maestro Tenzin.
-Sólo Tenzin – pidió.
-Yo…
Pema dio una mirada instantánea al torso desnudo de Tenzin, notando por primera vez la delgada musculatura que poseía; definida, y aunque no se trataba de un montón de músculos rompe-huesos, contaba con los suficientes. Sin embargo, su escrutinio no duró por mucho tiempo, dado que apartó la vista de inmediato, tratando de esconder toda seña de pena.
-¿Dime? – preguntó Tenzin.
-Es… Una nota de la hermana Woo – la acólita extendió su mano para darle un pequeño trozo de papel. El maestro aire lo tomó, y volvió a mirar a Pema.
-Bien… ¿Gracias?
-Sí, de nada, Tenzin. Digo, maestro Tenzin… Yo – sus manos se volvían un verdadero caos yendo de un lado hacia otro tratando de excusarse.
Hubo un silencio incómodo.
-Rasurándose, ¿Cierto? – dijo ella, mirando hacia el suelo.
-Estaba a punto de hacerlo.
-¿Te digo algo? Es decir, ¿Le digo algo?
-No me trates como a un viejo.
-De acuerdo, maes… Bueno, sólo Tenzin. A mí me gusta más cómo se ve ahora… Era como al avatar Aang, que le gustaba tener una barba, y a la maestra Katara le gustaba, y entonces usted... es decir, tú…
-Está bien, ya entendí.
-Sí.
-Sí.
De nuevo no había palabras.
-Te veo en la junta – exclamó Pema, llevándose la mano a la nuca, y después de eso, se despidió, apresurando su paso por el corredor del edificio principal.
Tenzin miró cómo la jovencita se alejaba de allí, y al cabo de unos instantes abrió el pergamino, para encontrar el siguiente texto:
Maestro Tenzin:
A las seis (después del meridiano) se solicita su presencia en el comedor de los acólitos, donde habremos de llevar a cabo la reunión que concierne al tema de la brigada de acólitos peregrinos, los cuales habrán de partir a finales de la primavera. Así, se espera tratar la temática sobre la posible instalación permanente de una acolitadura en las afueras de Ba Sing Se.
Atentamente.
Woo.
"¿A finales de la primavera?", pensó. Luego, cerrando la puerta de su cuarto, se dirigió hacia el calendario que colgaba de una de las paredes, notando que faltaban cerca de dos meses para que la partida de la brigada ocurriera. ¡Dos meses!
Ante tal realización, Tenzin se vio anonadado y apresurado, debido a que el reloj marcaba casi las seis menos cinco minutos, y así como se encontraba (aún con pasta para afeitar por medio rostro), así tomó sus togas y salió corriendo hacia el punto en donde lo habían citado.
O-O-O-O-O-O-O-O-O-O
No había nadie más en el comedor, salvo las personas que pertenecían a la Brigada de acólitos peregrinos, quienes bebían algo de té de jazmín, acompañado de diversos frutos hechos gajitos. Al parecer, había llegado con cinco minutos de retardo.
-Buenas tardes a todos – saludó haciendo una reverencia, la cual fue respondida por todos.
Tenzin tomó asiento a un lado de la anciana Woo, quien posicionó sus lentes de manera que pudiera ver algunos de los papeles que se hallaban sobre la mesa corriente, no sin antes arrojarle una mirada de soslayo al maestro aire; no toleraba que las personas llegaran tarde a los eventos.
-Lamento mi demora – dijo –, y comencemos esta junta tan pronto como podamos.
-Me parece justo – contestó Woo.
-Sé que ustedes han vivido en esta isla durante muchos años, abnegados a la filosofía de los Nómadas del aire. Sin embargo, su labor de "nómada", en todo el sentido de la palabra, se agradece. Gracias a ello, muchos se han integrado a nuestras filas. Por eso, la acólita Woo habló con mi padre hace varios años, haciéndole la proposición de fundar un pequeño templo o variante de él en el Reino Tierra, precisamente en las afueras de Ba Sing Se, donde el antiguo Rey Tierra nos cedió una casa regular en donde los acólitos podrían enseñar los oficios y la filosofía nómada y la vida monacal de nuestra gente. Así mismo, serviría como base para los acólitos que se dedicarían a viajar por el resto de la nación en pos de reconstruir lugares dañados, y auxiliar a la gente que lo necesite. Pero sería un viaje muy largo, y es probable que no haya regreso a la isla, salvo para reportar el estado de nuestra "base" en el Reino Tierra.
-Es lo que les he dicho a los acólitos, maestro Tenzin – intervino Woo –, pero todos concordamos en que sólo los más aptos deben de ir a dicho viaje.
-¿Los más aptos? Todos son aptos.
La vieja Woo negó con la cabeza:
-Si bien todos han hecho una labor excepcional, sólo unos cuantos sabrían vivir tanto tiempo afuera del tiempo sin dejar la vida monacal a la que estamos acostumbrados. La vida en Ba Sing Se es demasiado mundana, y cualquier acólito podría perder su camino original. ¿De qué nos serviría tener una casa en donde se coma y se viva sin ninguna abnegación o desapego material?
-Tal vez está exagerando, acólita Woo.
-No exagero, maestro Tenzin. Sólo los acólitos más abnegados y virtuosos serán los que puedan ir a nuestro viaje; los más espirituales, los más trabajadores, los más motivadores.
-Todos en esta isla son capaces para ese trabajo.
-¡Por favor! Hay cientos de acólitos que pierden el tiempo jugando Pai-Sho, horneando pasteles o haciendo un montón de cosas que nada tienen que ver con nuestra labor. ¿Ha visto usted a esa acólita llamada Jinora? Es una fantoche que no es digna de…
-¿No es digna de qué, hermana Woo? – intervino Pema, azotando los brazos sobre la mesa, haciendo brincar un par de tazas.
-No interfieras, Pema. Tú bien deberías saber que no es digna de llamarse "Acólita". Sabes muy bien que te he recomendado cortar amistad con ella, pues te hace perder el tiempo.
-¿Eso cree? ¿En verdad eso cree? Dígame, hermana Woo, ¿Quién mantuvo en orden a los acólitos mientras no estuvimos? ¿Quién administró las labores cotidianas del templo en estos tres años?
-No me respondas, muchachilla insolente. ¡No tienes derecho de…
-¡Basta! – gritó Tenzin, desatando su furia con una ola de aire que provocó el choque de sus palmas con la mesa.
-¿Maestro Tenzin? – cuestionó Woo, sorprendida.
-Usted me informó de manera concisa que esta junta sería única y exclusivamente para tratar el difícil tema de la Brigada, no una "cacería" o un cuento callejero. No defiendo a ningún acólito, pero le pido de la manera más atenta y respetuosa que no hable mal de nadie mientras yo esté aquí. ¿Ha quedado claro?
La anciana asintió temerosa. Pema, así mismo, se tranquilizó.´
-Usted tome a los acólitos que considere "aptos" para dicha tarea. ¿Cuándo partirán?
-Saldremos dos días antes del festival del verano. Queremos estar allá tan pronto como podamos.
-Le ruego que elija a los que crea, pero no quiero que recorra el templo juzgando a todos y cada uno de los que aquí viven. Sólo tómelos y ya. En cuanto esté listo, deberá darme un inventario del bote que usarán, las provisiones y los nombres de los acólitos que irán a esta labor titánica.
-Así lo haré, maestro Tenzin. Pero está demás decir que Pema se va con nosotros; es el factor clave de nuestra encomienda.
Tenzin observó a Pema, quien parecía distraída de los temas centrales de la junta.
-Acólita Woo, pero Pema es una acólita muy joven. Además, está haciendo una labor excelente con los niños de los salones de las ideas.
-Son esos los elementos que la hacen valiosa en nuestra misión; es abnegada y apasionada. Siempre está ayudando a los demás. Es una mujer muy espiritual, y no olvide que fue la mejor en la clase de filosofía nómada.
-No lo repita, Woo. Yo mismo fui su profesor, y sé que es buena en su labor. Sin embargo, tal vez sea inexperta y…
-En lo absoluto, maestro Tenzin.
La anciana, al ver que algo estaba fallando en su solicitud, exigió:
-De hecho, si usted no me cede a la acólita Pema para nuestro proyecto, se puede olvidar de todo…
-No quiera emprender su misión bajo un simple capricho, acólita Woo. Quizás a Pema le hace más experiencia, y su labor en el templo es necesaria. No tenemos a muchos profesores para los acólitos en crecimiento y…
-Es mi última palabra, maestro Tenzin: se puede olvidar del proyecto.
-No cederé ante sus peticiones anodinas – se cruzó de brazos.
-¿Por qué ese afán de dejar a Pema en esta isla? ¿Acaso es ciego y no ve el potencial de la mejor acólita peregrina que ha tenido nuestro templo? Responda a mi pregunta, maestro Tenzin. ¿Por qué insiste en que deje a Pema en este sitio?
Tenzin tragó saliva; la mirada de todo el salón se hallaba sobre de él. Intentó articular varias palabras, pero apenas si un par de sonidos oclusivos salieron de sus labios; tartamudeó para luego reponerse y sólo callar. Woo sonrió.
-Será lo que usted diga, acólita Woo – dijo Tenzin con molestia y derrota evidentes, tomando los enseres de escritura más cercanos, y así firmó el permiso que se encontraba sobre la mesa. Era oficial; la acólita distraída (y la más joven) de la mesa se iría pronto. Y para eso había salido a toda prisa de su alcoba; para firmar la ida definitiva de aquello que deseaba tener junto a él por un poco más… De haberlo sabido a ciencia cierta, Tenzin jamás habría ido a esa estúpida junta.
O-O-O-O-O-O-O-O
La anciana Woo debía estar alcanzando ya los ochenta años; se le veía fuerte, ruda, e incluso altanera cuando se trataba de defender lo que más quería. De hecho, el hablarle de tal manera a Tenzin se consideraría una falta de respeto. Empero, él estaba consciente de que a los mayores se les debía respetar y, por ende, no tenía permitido gritarles, por más altaneros que fuesen ellos.
La junta había terminado unas horas atrás, y Tenzin había decidido salir a una de las tantas butacas que poseía el templo; se encontraba justo en medio de un jardín de árboles de copa ancha, que permitían una paz mayor para quien se adentrase a la banca. Arriba se formaba un círculo casi perfecto que permitía la entrada de la luna.
"A veces traía aquí a tu madre", pensó Tenzin, recordando las palabras de su padre. "Es el mejor punto para ver la luna llena durante primavera y verano. Tal vez si algún día te animas a traer a Lin…"
Después del aquelarre con la vieja Woo, el maestro aire sentía que estaba perdiendo algo adentro de sí mismo; una batalla que debió ganar, pero su actitud debilucha no le dejó seguir en pie. ¿Qué había sucedido? ¿Qué era el causante de ese vacío que le nacía en la boca del estómago? Recostado sobre la banca, Tenzin divisaba a Yue a punto de completar un ciclo más, y ello le reconfortaba.
Su tío Sokka solía contarle historias sobre cómo Yue siempre escuchaba con atención a todos los desamparados que vivían sólo de noche, o quienes no lograban conciliar el sueño; era la mejor consejera, puesto que no juzgaba. Sólo escuchaba.
-Anciana Woo. Podría decirle un par de cosas que… – Tenzin apretó el puño, y creó una ligera ráfaga de aire que levantó algunas hojas y pétalos cercanos y algunos distantes. Siguió:
-Es exasperante, ya lo sé. Desde que mi padre murió, es nebuloso vivir aquí, teniendo a diario a un montón de ancianos estrictos que sólo gritan y defecan, defecan y gritan. Lo intento; créeme cuando te digo que lo intento pero no sé qué me sucede. Sólo necesito un montón de agua helada y…
Su monólogo se vio interrumpido por un ruido que procedía de la copa de uno de los árboles; específicamente, venía del mismo que se hallaba por encima de él. Pensando que podría ser alguna lechuza, no prestó atención; suspiró y se recargó, llevándose las manos hacia el rostro.
-No entiendo nada de esto – exclamó –.
El mismo ruido se escuchó en el mismo lugar, pero esta vez aumentó la calidad del ruido, como si no se tratase únicamente de un animalito. Ante el ambiente de profunda obscuridad e incertidumbre, Tenzin arrojó un ataque de aire control, y de repente se escuchó la caída de un objeto cayendo a través de las ramas; sus quejidos parecían completamente humanos, y debido a la invisibilidad, Tenzin no advirtió que aquello que venía cayendo estaba por precipitarse sobre de él. Entonces, un gritillo emanó de su boca, al igual que el grito femenino que venía acercándose de a poco hasta donde se encontraba. Finalmente, una figura humana cayó encima de él, haciéndoles rodar a ambos más allá de la banca, las raíces del frondoso árbol, y buena parte del pasto.
Los dos parecían estar noqueados ante el impacto, y en el momento menos esperado, Tenzin vio que se encontraba recostado sobre la yerba, justo por debajo de ella, de Pema.
-¿Estás bien? – preguntó él, aún mareado por el golpe.
-Me rompí algún hueso… creo, pero nada fuera de lo normal – afirmó sarcásticamente la joven acólita.
-Menos mal – suspiró aliviado. En eso, por alguna atracción desconocida, volteó hacia la mujer que se encontraba sobre él, notando el reflejo de Yue en su par de pequeñas ascuas que entraban en él; sus manos, pequeñas y tibias contra su pecho cubierto por la toga, el mismo que se hallaba descubierto cuando ambos se habían encontrado en la tarde de aquel día. Toda ella sobre de él, como parecía estarlo adentro de sí.
Fue una cuestión de pequeños segundos de segundos; eso mismo que vivía en la boca de su estómago escaló hasta sus mejillas, mientras que un pequeño toque le electrificó la espalda, en tanto el corazón corría y deseaba salirse de la caja de las costillas.
-¿Qué demonios hacías allá arriba? ¿Espiando?
-Yo no estaba… digo, yo. Sólo un poco.
-¿Un poco?
-Bien. Estaba espiando, pero también estaba viendo la luna desde lo alto de ese árbol… El avatar Aang me recomendó este sitio.
-¿También?
-¿Qué?
-Digo que mi padre no sabía guardar un secreto.
-Alguna vez me dijo que era su secreto. Pocos acólitos sabían de la existencia de esta banca entre todos los árboles. Necesitaba pensar…
Callaron. Sus ojos no, al igual que su respiración.
-¿Maestro Tenzin?
-¿Qué dije sobre la formalidad?
-¿Tenzin?
-Dime.
-Estoy sobre ti.
-¿Y?
Las mejillas de Pema enrojecieron. Acto seguido, la acólita se tiró a un lado, y luego se levantó para sacudirse el ramaje que le había quedado tras la caída, y pronto ayudó a Tenzin a ponerse de pie.
-Lamento haber caído sobre ust… digo, ti, maestro Tenzin.
-Sólo Tenzin.
-De acuerdo… ¿Tenzin?
-Muy bien.
-Tuve la culpa. Si no te hubiera arrojado ese ataque yo…
-Estaré bien. Tendré algunos moretones y golpes que no sanarán en mucho tiempo, pero estaré bien.
-Lo lamento. Déjame compensártelo…
-No es necesario.
-Lo es. Déjame hacerlo, por favor.
-De acuerdo.
Tenzin se llevó la mano hacia la nuca, indagando en su mente alguna idea para prometer algo en ese instante; una idea llegó a su mente:
-¿Qué dices de un día de campo en este lugar? Mañana en la noche para ver la luna llena.
-¿Una cena? Pero es muy tard…
-¿Algún problema?
-Bien… ninguno, creo.
-A las diez aquí.
-Yo traigo la tarta.
-¿Con relleno cremoso?
Pema rio un poco, y asintió. Tenzin le regresó el gesto cálido con una mirada y una sonrisa, sin que su mano abandonase la nuca.
-Entonces… buenas noches maestro Tenzin. Es decir… Tenzin. Sólo Tenzin.
-Pensé que jamás lo lograrías.
-Yo tampoco.
-Hasta mañana.
La joven hizo una reverencia, y pronto se retiró corriendo hacia su habitación. En cuanto el solitario maestro se supo solo, musitó para sus adentros:
-¿Qué acabo de hacer?
Incluso para él todo había pasado de manera instantánea; los ojos de Pema cercanos a los suyos, sus manos, su todo. Y él no había hecho nada; para entonces, el momento se había repetido en un breve flash durante cuatro veces o más en menos de unos minutos.
O-O-O-O-O
Al día siguiente, Lin se hallaba arreglando algunos papeleos menores de la jefatura de policía, pues las triadas habían aumentado, así como las fechorías sobre la gran urbe. Precisamente, Tenzin había acordado acompañarla a almorzar pasado el mediodía; así fue, y Lin salió de la oficina de telecomunicaciones de la estación para recibir a su pareja en el caótico salón de espera. Así fue; él se encontraba allí portando un par de azucenas panda para ella y…
-Prometiste que te afeitarías, Tenzin. ¿Qué fue lo que pasó? – dijo, al ver que ni un vello facial se había movido de ese rostro.
Fe de erratas por capítulo anterior: puse "iditoa" en lugar de "idiota". I'm so sorry about that.
