Notas al final del capítulo. Es muy corto, pero el que viene compensa todo.


Pese a la dificultad de este reto.

El salar de Tian Pinyin quedaba a un día de viaje (sin bisonte volador). Además de ese pequeño factor, era un lugar al que se podía llegar con Oogi en unas seis horas de vuelo.

Después de haber volado hasta el Templo Aire del sur y al hogar de la legendaria Toph Bei Fong, Lin y Tenzin habían pasado un par de meses más o menos decentes, sin tomar en cuenta un par de peleas o dos que se presentaron durante ese tiempo; la parada final (y casi de camino a Ciudad República) era el salar de Tian Pinyin. Se trataba de un pequeño desierto compuesto por unos tantos kilómetros cuadrados de sal cuarteada, la cual no poseía ningún embrujo en sí misma; con cabañas y algunos restaurantuchos contados por acá y por allá, se trataba de un pequeño desierto de sal excesivamente seca. Sin embargo, cuando la época de lluvias llegaba, cercana al quinto mes del año, sobre esa misma sal se creaba un charco especial que, debido a su naturaleza, provocaba que se creara un espejo magno que se extendía hasta donde la vista alcanzaba.

-Hemos llegado – exclamó Tenzin en cuanto hizo que Oogi aterrizara sobre el agua del lugar, mas eso le era incómodo.

-Es un salar común y corriente – exclamó Lin –, y se supone que un desierto debe tener arena, no sal.

-No es cualquier salar, Lin. Es en este sitio en donde se cuenta que los espíritus del cielo y el mar se juntaron y fusionaron una vez. Incluso aquí hay una placa que narra su leyenda:

La leyenda del cielo y el mar.

"Fue muchos años antes de que los humanos existieran. Se dice que el cielo alguna vez descendió a la tierra a conocer todas sus bondades; el lugar era excelso, y todas las criaturas se comportaron de manera amable con él. Pese al buen trato que recibió de parte de todos ellos, el hueco que le crecía en el corazón no poseía forma de detener su crecimiento; allá en las alturas la soledad era una cosa común, y se había resignado a vivir de ese modo el resto de sus días. No fue sino hasta una mañana del quinto mes en que se dirigió hacia un lugar mágico, en el cual se encontraba una extensión de agua majestuosa y de hermosura sin igual, a la cual le preguntó:

-¿Quién eres, y qué haces aquí?

A lo que ella dijo:

-Soy la mar. Soy la madre de la vida y la razón de la existencia de la vida entre los humanos…

-Eres hermosa.

-No tiene sentido cuando debo vivir en soledad; no tiene sentido la hermosura si no hay alguien quien la pueda contemplar, admirar o sentir. Así, de nada sirven las virtudes… Estoy sola.

-No lo estás; yo me encuentro aquí. Y yo también vivo solo allá arriba… ¿Sabes? Soy el cielo.

-Eres inmenso. Tu hermosura no se compara con la de nadie más; cada que te veo iluminado sé que estás sonriente, e imagino que ese gesto es sólo para mí.

"Entonces ambos se enamoraron, pero su amor era imposible; la labor de ambos los mantenía separados. Sin embargo, ante la entrega de amor que se hicieron aquella noche que ambos se conocieron, pronto el aire se habría de tupir de una curiosa combinación resultante de su amor; nubes, esponjosas y bellas como la madre, y poderosas como el padre, inmensas de igual modo.

"Se decía que las nubes se había esparcido por todos los lares del planeta, y por ello observaron a cientos de parejas felices, preguntándose cómo era que sus propios padres debían permanecer separados, si su amor era inmenso. Un día, todas las nubes del mundo se juntaron en un punto, precisamente aquí; después, una gigantesca tortuga-león les aconsejó que pronto crearían un lazo para que sus padres estuvieran juntos prontamente, pero ello sería posible sólo durante el quinto mes del año. Como sea, las nubes aceptaron y robaron un poco de las faldas de la madre Mar, y con el poderoso conjuro de la tortuga, ella creó un lazo del que las nubes se habrían de responsabilizar para siempre.

"Una mañana del quinto mes, el cielo vio que sobre ese sitio salado (donde se decía que la mar lloró amargamente cuando supo su destino) se hallaba un lazo con el cual podía llegar hacia su amada, e igualmente, la Mar supo de ello; las nubes habían esparcido los retazos de la falda de su madre por todo el lugar, y entonces el cielo pudo bajar de allí.

Cuentan que la tortuga león logró multiplicar esa tela especial para que, cada año, el cielo fuera capaz de unirse con su amada al menos durante un corto tiempo, y las nubes serían las intermediarias de esto. Por eso, cuando vemos esta frontera en donde se pierde el cielo y el mar, recordamos a la legendaria bestia de dos espaldas que se nos relata en los libros, en los cuentos; son la mar y el cielo entregándose a su más puro amor".

-Esas son habladurías y cuentos para ir a dormir – exclamó la maestra tierra.

-Esas "Habladurías" que tú dices tienen algo de verdad. Nuestros padres son leyendas, y no por eso son un cuento.

-Una cosa son nuestros padres, y otra muy diferente las cosas que lees en ese pedazo de roca con letras metálicas… Aunque…

La joven dio un par de pasos hacia adelante, y posteriormente descendió para hundir los dedos en esa textura exfoliante, y luego la analizó.

-Es triste pensar que el cielo y la mar sólo se pueden ver en esta estación del año…

-Lo sé, Lin.

-A veces somos como el cielo y el mar, Tenzin.

De repente, en el rostro del maestro se dibujó un gesto ajeno, justo ése que se presentaba cuando algo se salía de sus estándares.

-¿Qué dices?

-¿Te molestó?

-Para nada. Sólo es extrañeza… Pensé que no te gustaban los poemas.

-Me has declamado varios en este viaje, Tenzin. ¿Crees que no me gustan únicamente porque mi madre me exige "rudeza"? Es decir, ¿Sabes lo que es tener que resistir su presión de "sé una chica fuerte"? Hay veces en las que quisiera ser delicada y tierna como cualquier otra mujer; quisiera ser tonta.

-Los monjes solían decir que al pedir ser tontos creemos que no lo somos, pero somos grandes idiotas.

-¿Insinúas que soy idiota?

-Tómalo como quieras.

Lin le arrojó un salpicón de agua al rostro juguetonamente.

-¡Espera! ¡No estaba listo!

-¿Listo? ¿Para qué quieres estar preparado, gran cabeza de aire?

Con un poco de aire-control, Tenzin levantó algo del agua del salar, y su novia se vio completamente empapada.

-¡Ja, ja! ¿Ahora quién ríe?

Comenzó, pues, una batalla por sobrevivir a una lluvia que procedía desde los suelos; algunos visitantes del salar observaban la tontería que cometía la pareja al lanzarse manotazos de agua, rodando por los charcos y abrazándose mientras hacían una gran guerra acuática por conquistar sus naciones.

-¡No huyas, cobarde cabeza de aire! – gritoneaba Lin, persiguiendo a Tenzin a lo largo del encharcamiento. Ambos se habían arremangado los pantalones, corriendo descalzos sobre la superficie salina que quedaba por debajo de ellos.

-¡Alcánzame si puedes! – dijo Tenzin, usando sus poderes de aire para correr más rápido y, en una de esas ocasiones aprovechó para derribar a la maestra tierra, quien habría de caer de modo tal que ésta caería directamente en sus brazos. Ambos rieron.

-Eres un sucio tramposo.

-¿Sucio? Estamos empapados, ¿Se puede estar sucio así?

-¡Ush! – gruñó Lin, usando la fuerza de sus brazos para lograr crear un pequeño temblor, haciendo que los dos cayesen cual tablas sobre el charco. Volvieron a reír.

-¿Por qué tenemos que regresar? – exclamó Tenzin.

-No tenemos que volver.

-¿Sabes que tenemos que volver?

-Ya lo sé.

-Nuestros padres saben que estaremos de regreso mañana a primera hora. No hay marcha atrás… Además sé que tu madre te extraña.

-Igual que la tuya, Tenzin. La tía Katara debe estar extrañando a su pequeño muchacho.

-¡No soy pequeño!

-¡Claro que sí! Entonces, ¿Quién estaba jugando ahora mismo a "guerra de agua"?

-¡Tú!

-Menos mal que mi madre no estaba aquí, porque no quedaría nada de nosotros.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

Llegó la noche. A la mañana, ambos partirían hacia Ciudad República, y debían intentar dormir lo más que pudieran.

La cabaña era un lugar cómodo y acogedor, construido sobre un terreno árido y que se podría considerar poco propicio para la cimentación de hogares. No obstante, las pequeñas fortalezas parecían llevar años en su sitio, habiendo resistido cientos de tempestades y azotes propios de la sal arcaica.

-Hay dos camas, Tenzin.

-Ya las vi, Lin. Pero no tenemos por qué dormir en ambas.

-Estás loco. Debemos dormir para partir temprano a Ciudad República… Estoy segura de que necesitan a su concejal del Templo Aire para que les grite, y a una Bei Fong más en la estación.

Ella se dirigió a desdoblar las cobijas que se hallaban encima de la cama de la derecha, en tanto Tenzin hacía puchero:

-Hemos estado fuera dos meses, de los cuales sólo lo hemos hecho dos días. ¿Es mucho pedir?

-Tenzin… generalmente cedo ante tus ojos de lémur triste, pero no hoy.

-¿Puedo intentar convencerte?

Lin se cruzó de brazos, y luego de posar sus ojos en la ventana que se hallaba en medio de ambas camas, dijo:

-Inténtalo. No ganarás.

Él se dirigió hasta su lado, pasando el brazo alrededor de su cuello.

-Ganaré, ya lo verás – dijo con voz muy tenue a su oído.

-¿Qué planeas?

-¿Recuerdas aquella vez en la que tu madre supo que lo hicimos en tu casa?

Lin rió un poco.

-Sí, quien casi te rompe los huesos es mi tía Katara; estaba furiosa de saber que su pequeño muchacho faltó a las responsabilidades del templo por estar conmigo.

-No era pequeño; ya tenía dieciséis.

-Y aún eres pequeño.

-Tenemos más de veinte… ¿Acaso eso es ser pequeño?

-Sí, y más cuando haces berrinche y lo pides a gritos.

-No sólo sé pedir eso. También sé pedir tu atención.

-¿Ah sí?

-Como ahora mismo.

-Eres cursi.

-¿Me vas a partir un hueso?

-¿Eso quieres?

-Si es parte del trato, lo acepto.

En ello, Lin tomó a Tenzin por la barba para besar sus labios apasionadamente. En cuanto el aire se comenzó a sentir escaso, se separó de él para sólo decir:

-Es un trato, cabeza de aire.

Enseguida, sus manos corrieron detrás de su nuca para profundizar el beso, y éstas pronto caminaron por debajo de las togas de Tenzin, quien no esperó demasiado y se posó delicadamente sobre el cuerpo de Lin; a momentos sus labios iban y venían sobre el cuello del otro, o sus uñas rasgaban retazos de piel.

A cada mordida, a cada huella, letra, nombre y apellido que intercambiaban en cada cambio de posición le seguía un iceberg interno entre tanto fuego; a fin de cuentas, el sentirse conectados y unidos en cada penetración no resolvía cada hueso que comenzaba a formar ese "monstruo gigante" del que Katara tanto alegaba.

Tenzin llegó a creer que la única manera en la que de verdad sentía a Lin unida a él era cuando estaban sobre un montón de sábanas desordenadas; la vida dejaba de sentirse después del orgasmo, justo cuando el sexo ahíto ansiaba más y más de ese otro cuerpo. El corazón no… El corazón no era nada salvo un bloque allí en medio del pecho.

O-O-O-O-O-O-O-O

Entrada la madrugada, una tormenta cayó sobre buena parte del Reino Tierra, y a las horas después, Ciudad República luchaba por no salir volando ante los ventarrones ásperos que bufaban en medio de la densa nube de luces tenues; más arriba, se sentía que el espíritu del cielo se empeñaba en romper jarrones y toda clase de objetos sobre las nubes, ya que los truenos despellejaban hasta al más bravo.

-No seas llorona, Pema – pidió Jinora, abrazando a su amiga.

-Es que tengo mucho miedo. El cielo se cae – respondió, haciéndose bolita contra los brazos de su amiga.

-El cielo no se cae, tonta.

-Y los bisontes bufan.

-Es el viento.

-Pero tengo miedo.

-Los truenos no te har…

Justo cuando Jinora quiso terminar su frase, los susodichos sonaron a todo pulmón, provocándole un ligero sobresalto y, en Pema, que se acurrucara aún más contra la acólita.

-No te harán nada, Pema. ¡Están allá afuera! Además, mañana regresa el maestro Tenzin.

-¡¿Qué?!

La pequeña se quitó los cobertores de encima, mirando con sorpresa a Jinora, quien asintió satisfecha ante la reacción de su amiga.

-Sí; escuché al maestro Aang hablando con él esta mañana. Tal vez lleguen en la tarde…

-¡El maestro Tenzin regresa! Debo estar lista; debemos dibujar una manta y hacerle un pastel.

-Detén tu marcha, Pema ¡Espérame! Vendrá acompañado de la señorita Lin. ¡Te puede hacer picadillo!

-No me importa.

-¿Y tampoco te importan los rayos?

Uno más volvió a sonar, y Pema se lanzó hacia Jinora, quien sólo reía. El resto de los niños acólitos dormía como a diario.

-No hagas las cosas sin pensar, tonta. Si quieres que el maestro Tenzin se alegre por ti, vamos a hacer lo siguiente.

Puesto que la tormenta no las dejaba escucharse claramente, ambas acólitas se adentraron en el cobertor, y allí comenzaron a fraguar un plan para dar la bienvenida a Tenzin; a su maestro Tenzin.

O-O-O-O-O-O-O-O

La tormenta había pasado, y mientras en algún otro lar ésta golpeaba con toda fuerza, Tenzin sintió crecer una angustia mientras se hallaba prendido al cuerpo de una Lin durmiente.

A la caída de las gotas en el tejado, su hombro descubierto sintió un roce helado que le estremeció; de repente aparecían sus padres tomados de las manos, compartiendo cientos de secretos y momentos sin parecer estar aturdidos, o sin tener por qué rendirle cuentas a alguien (a excepción de Sokka, quien seguía molestándolos cada que tenía la oportunidad). ¿Cómo era que lograban estar juntos pese a todos los años, todos los hijos, el griterío, los nietos y las noches en vela? ¿Cómo?

Bajó de la cama, y escrutando por quién sabe qué (ni él sabía bien qué quería) dio con sus pantalones justo por encima de su alforja. Los quitó de allí para ponérselos; así fue, pero la maleta cayó de repente, causando que los artículos se regasen por buena parte del suelo.

-Qué estup…

En eso frenó, mirando con detalle el libro de poesía de la Nación del Fuego, en donde además se encontraban algunas hojas de una flor ya seca; eran lirios. Los tomó entre sus dedos para acercarlos hacia la luz de la luna emergente entre nubes, y suspiró.

Pese a que el tiempo vacacional había sido sumamente relajante y agradable, había cierta irritación jocosa que le hacía falta a sus días; la molestia de sus padres turbándole por cómo llevaba su relación con Lin. Además, era necesario el griterío de la manada de ancianos que residían en el Templo, refunfuñando y quejándose sin más por el frío, por el calor, por la lluvia o el bochorno. Todo le hacía falta… Todo, incluso a esa quien le había regalado los lirios.

-¿Todo bien, Tenzin? – preguntó Lin, notando que éste se había despertado –¿Y qué haces sentado sobre el suelo leyendo?

-Nada. Tenía insomnio.

-Necesitas descansar… Sube acá.

-En un momento.

-Si sucede algo, sólo dilo.

Tenzin suspiró.

-Es sólo que volveremos a casa y no quiero volver. Pero al mismo tiempo ya quiero volver al templo y al consejo… Es bueno discutir con los ancianos.

-¿Por qué no alargamos un poco más el viaje? Es decir, hemos pasado excelentes días... Hemos discutido, sí, lo admito. Puedes llamar a casa…

-Debemos volver. Tenemos un deber con la ciudad, y tú con la jefatura de policía… Un maestro siempre cumple con su promesa.

-¿Palabras de algún poema?

-No; de mi padre.

-¿Qué haces leyendo poesía a estas horas?

-No leía poesía…

-Adoras leer, ¿Cierto?

Tenzin asintió.

-Veía estos lirios – señaló Tenzin, estirando ambos brazos mientras sostenía los pétalos secos de las flores.

-¿Son los mismos que te dio aquella pequeña del templo?

-Sí. Admito que esa niña tiene un gusto refinado.

-Y tú heredaste el gusto floral como el de mi tío Aang.

-Es la naturaleza de un maestro aire; amamos la naturaleza.

-Está bien, hombre naturaleza, debes regresar a dormir. Tenemos un viaje tedioso mañana muy temprano, así que debes descansar, Tenzin.

Los pantalones del maestro aire volvieron al suelo, y recostándose de nuevo junto a Lin, ambos intentaron dormir… Empero:

-Sigues sin poder dormir, ¿Cierto, Tenzin?

-Estás en lo correcto.

-¿Extrañas a alguien en especial?

-A muchas personas en realidad. Sin embargo, el templo es un sitio que me hace sentir especial.

-El muchacho de mamá volverá a ser especial. Lo sé. Estarás allá mañana.

-Duerme. Yo trataré.

-Está bien. Buenas noches.

Volvieron a cerrar los ojos, pero el pensamiento de Tenzin seguía intranquilo.

A diferencia de cualquier otro lugar, en el templo él se sentía especial… ¿Para quién? Para quien lo quería de verdad: Katara, Aang, a veces sus hermanos… Para quien lo quería y que, como dijo el avatar Aang, lo admiraba. Eso… Extrañaba sentirse admirado.


-Continuará-


Sí, muy chafa – lo sé –, pero les prometo que el que sigue está más o menos decente. Ahora subiré capítulos dobles los lunes, y los jueves subiré uno nada más. Gracias a todos por sus comentarios, y creo que andaba sin inspiración para esta línea en esta ocasión… Sorry about that. Pero, digamos, tenemos dos contrastes muy raros en ambas líneas: en una se ve un Linzin más o menos comprensivo, y en otro totalmente demacrado... Ya verán de lo que hablo (doy asco explicando mis propias historias... no sirvo para esto).