Será un capítulo largo, así que vayan al baño o beban agua antes de sentarse a leer esto. Es que es final de línea (de la alternancia temporal que tiene el fanfic).


Dímelo tú…

-¿Cariño? ¿Escuchaste lo mismo que yo?

-No escucharé la "armonía" de tus flatulencias una vez más… no caeré, Aang.

-Es en serio, Katara. ¿Eso fue un… "wooho" distante?

-Estamos en plena bahía, hay muchos ruidos que…

-¡WOOOOOOOOOOOHOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!

La tranquilidad del templo se interrumpió por un inmenso berrido que sólo sabía dar un militar auténtico.

-¿Es Bumi? – preguntó Katara.

-¿Tú qué crees?

La pareja intercambió miradas, y pronto se levantaron de la cama; se asomaron, y a través de la ventana observaron una barcaza que traía acólitos y, por supuesto, a su hijo.

-¡Es Bumi! – exclamó su madre.

-¿Bumi venía a casa?

-No sabía… ¿te dijo algo a ti?

Aang negó.

-Entonces… ¡Vamos a recibirlo!

Tanto el avatar como su esposa se cambiaron de pijama en un movimiento rápido, sin pereza y con decisión firme de recibir a su hijo, el cual llevaba mucho tiempo desde la última vez que había estado en casa. El mítico matrimonio salió raudo de la habitación, pero no pudieron evitar competir por quién llegaba primero al embarcadero del templo, y Katara habría de argumentar que aquello era trampa, causando así la risa de su marido.

-¡Eres sólo un niño gigante, Aang!

-¡Lo sé, y así me quieres! ¿no?

Ella sólo sonrió.

-No necesitas que te lo diga.

Un beso salvaje se presentó entre ambos.

-Tienen toda la isla para ustedes, no lo hagan frente a mí – bajó Bumi del barco.

-¡Hijo!

Katara se abalanzó sobre aquel muchacho, causando que casi cayeran por los tablones.

-¡Bumi! Es un placer tenerte de vuelta por aquí.

-De acuerdo, me romperás una costilla o dos, mamá.

-Lo siento – se despegó.

-Bumi, es bueno tenerte de vuelta… - exclamó Aang, abrazándolo con un poco menos de fuerza, pero no por ello con menos cariño.

-Gracias, papá. ¿Y los demás? Veo que están sólo ustedes… serán las fiestas del templo y no veo mucha actividad… ¿Y Kya? ¿Y el pequeño calvo?

-Kya debe estar durmiendo… y Tenzin…

Katara bajó la mirada; Aang sólo prosiguió, aunque las facciones se tornaban a algo más lóbrego o poco agradable.

-Él… digamos que está un poco confundido…

-¿Olvidó cómo afeitarse?

-Eso sería preferible, muchacho… pero no.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

Por alguna razón poco conocida, Tenzin indagaba en la mar republicana que tenía justo en frente de las narices. ¿Qué estaba haciendo mal? ¿Por qué?

Flashback:

Tenzin optó por sentarse en algún sitio donde su rabia no se desbordase de peor manera; se dirigió hacia las Salas de las ideas, y como su nombre lo decía, esperaba encontrar algo que le reconstituyera la cabeza tras los eventos desastrosos que se habían suscitado. Todo iba desde flores arrancadas, Lin y su negativa ante la propuesta de boda. No era la primera vez que ocurría; una vez, casi dos años atrás, Tenzin había pedido la mano de Lin BeiFong ante su madre, esperando así que sus huesos salieran íntegros después de aquel evento. Katara y Aang habían decidido acompañar a su hijo a la residencia de las maestras tierras, y pese al montaje de aquella piltrafa, Lin se negó… y a ello le siguió una semana o dos de rompimiento, y después de eso volverían a hacer su existencia como una pareja que demostraba su amor de maneras un tanto inusuales…

Sí, las "salas de las ideas" podían traerle paz, pero…

-¡Maestro Tenzin, maestro Tenzin, maestro Tenzin, maestro Tenzin!

La voz parecía conocida. Después de una calma, venía el taladro.

-¿Pema?

-¡Bienvenido maestro Tenzin! – secundó Jinora.

Las dos niñas estaban frente a él, escondiendo las manos justo en la espalda, tal como si tratasen de ocultar algo.

-Pema, Jinora… es ¿genial? Me alegra verlas después de… todo este tiempo.

Era un tanto desconcertante.

-Supimos que llegó esta mañana, pero no lo habíamos visto, maestro Tenzin. ¿Pema?

La pequeña Jinora le regaló un codazo a su amiga.

-Ah.. sí… le hicimos un obsequio.

De inmediato, Pema retiró las manos de su espalda, dejando ante los ojos de Tenzin un collar de hilo de fibras naturales, así como un pequeño dibujo del Templo aire hecho por ella misma, en el que las hojas de unas azucenas recreaban los árboles, y con un puñado de azucenas panda simuló a los bisontes que rodeaban el lugar. Junto a ello, se veía a un Tenzin hecho en colores de cera que llevaba a Pema a dar una vuelta en planeador.

-¿Esas son… flores? – preguntó el maestro aire.

-Cien por ciento naturales – comentó Jinora –, las encontramos solitarias por ahí en un lugar donde el avatar Aang nos había dicho que…

-¿Flores? ¿Las mismas que estaban frente a una banca? – el tono de Tenzin parecía sulfurarse en pocos segundos.

-Esperamos que le guste el regalo, es lo mejor que pudimos hacer con el tiempo…

¡Sólo eran niñas! ¡No podía enojarse con ellas! Empero, en el cristal rosado que se había roto adentro de sí, algo no cuadraba, y sólo bastaba "un par de problemas" para que hubiese esa explosión incierta que le sacudió la cabeza a Tenzin…

Llevándose la mano a las sienes, el maestro intentó apaciguarse.

-¿Ocurre algo, maestro Tenzin? – la reacción ante el regalo no era la esperada.

Entre dientes respondió:

-Esas flores son mis favoritas… Esas flores son las que más me gustan… y ustedes las arrancaron.

Las niñas supieron pronto que estaban por meterse en problemas.

-Maestro Tenzin, lo sentimos, sucede que no sabíamos que llegaría… y sabíamos que le gustaban las flores y creímos que…

Por más que Pema intentaba excusarse, sus intentos eran más que inútiles. Sin embargo, no era su culpa netamente. Cualquier otro día Tenzin sólo se habría molestado, pero era diferente en esa ocasión.

-¿Qué es lo que pasa con ustedes? ¿Acaso no piensan antes de actuar?

-Maestro Tenzin, nosotras ni siquiera sabíamos que…

-¡No me interesa, Jinora! ¡No saben ni qué acaban de hacer!

La acólita defendía con todo a su amiga, quien de inmediato entró al juego de palabras hoscas.

-¡Usted nunca nos dijo nada! ¡Lo intentamos recibir al templo! – justificó Pema.

-¿Ah sí? ¡Pues nunca lo pedí!

-¡Es un idiota, maestro Tenzin, con todo el respeto que merece! – gritó Jinora.

-¡Vuelve a decir eso, niña!

La mano de Tenzin se colocó en la muñeca de JInora, pero pronto Pema se habría de interponer.

-¡Deje en paz a mi amiga!

El monje recapacitó un poco. Estaba peleando con niñas…

-Quedan castigadas – reclamó –. Me tienen más que decepcionado… esperaba más de ustedes…

-¿Esperar más? ¡¿Qué es lo que esperaba de nosotras?! ¡Le intentamos dar una bienvenida, y usted nos responde así! – Pema sentía el coraje aflorar.

-¡Pues al parecer no pueden permanecer sin causar problemas! ¡Desde que te ahogaste o que cortaste esas flores…! ¡¿No puedes intentar ser normal?!

-¡Ser normal es para tontos… para tontos como usted!

Podrían ser palabras para arrepentirse. La pequeña Pema ya tenía algunas lágrimas en los ojos, sin abandonar, claro, la expresión irascible que le dibujaba el azote del corazón.

Al creerse destrozada en un final de juego, la niña salió corriendo. Y sólo allí fue cuando Tenzin se dio cuenta de la idiotez…

-Pema, espera…

-¡Es un idiota, maestro Tenzin! – reclamó la otra pequeña.

-¡Sólo aléjate, Jinora!

La niña salió corriendo tras de su amiga

Y allí frente a la mar, el maestro aire fijó su atención sobre el dibujo que la pequeña Pema había hecho para él. Todo era similar, trazado por la abstracción de una niña de ocho años que se había tomado el tiempo para apreciar lo que él era, contrario a cualquier otra persona… Tras haberse sentido basura frente a Lin, había intentado tratar como basura a acólitos, a niños y a toda la gente que le rodeó. Pasados unos minutos, el maestro se retiró a su habitación, esperando a que al amanecer hubiese algún método en que las cosas se resolvieran con Lin… y más importante aún, con Pema, quien en realidad no había tenido la culpa de su majadería.

O-O-O-O-O-O-O-O

-Los niños son odiosos, tío Aang…

-Pero yo soy niño, Pema… ¿Eso no me hace odioso también?

-Tú no eres odioso, tío Aang. Tú eres…

-¡Buena onda! – añadió Jinora.

De los dos farolillos apagados que Pema tenía por ojos, cayeron algunas gotitas de sal; amargas, densas… aquello que ni el azúcar de los pastelillos que se estaba cocinando podía evitar. Era hiel vulgar de bisonte volador.

Aang extendió los brazos para acoger a Pema, quien no contenía el llanto de cólera que le azotaba el pecho pueril.

-Estarás bien, pequeña.

-Si el tío Aang lo dice, es porque es cierto, mocosa – Jinora intentaba lo mismo, sólo que con un pacto distinto.

El aroma de la levadura ya comenzaba a inundar los hornos y la cocina.

-Sólo desquita lo que tienes, pequeña. Está bien sentirse así… A veces los adultos hacen cosas con la cabeza… siempre usan lo peor que tienen allí para herir a otros. Tal vez no debiste cortar aquellas flores… eran sus favoritas. Sin embargo, tú no lo sabías… y Tenzin no suele ser muy explosivo.

-Era sólo que le había pedido matrimonio a la señorita Lin, y ella lo rechazo – Jinora seguía entrometiéndose como no debía.

Pema se retiró de entre las togas de Aang.

-¿Qué dices?

Al parecer la pequeña enamorada no estaba enterada de algunas cosas.

-¡Este… yo no sé nada!

La niña fingió algo similar a la demencia, y de manera súbita desapareció de la habitación, dejando a Pema con la palabra en la boca.

-¿Y qué le ocurrió a Jinora?

-Ella… nada – saltó de la cólera a un estado de defensa que pronto Aang notó.

-¿Todo bien, Pema?

-No es nada, tío Aang.

-Las lágrimas no pasan por "nada", pequeña. Además, he visto cómo miras al cascarrabias de Tenzin…

Sus pequeñas mejillas se llenaron de un rubor inmediato.

-Es sólo que lo admiro…

-¿Lo admiras?

Aang se levantó para revisar el horno con los pastelillos, esperando que la combinación especial de relleno de higo ya estuviese lista.

Los ojitos de Pema se fueron hacia el suelo.

-No tienes de qué avergonzarte, Pema. Todos tenemos a alguien que admiramos… Es una razón para levantarnos cada día; es algo que se aparece cuando no lo llamas. ¿Es eso lo que te ocurre, Pema?

-Sí, tío Aang – aseguró, llenándose de cierta vergüenza.

-No hay nada de malo en ello.

El avatar volteó para cerciorarse de cada uno de los gestos que se manifestaban en Pema; rubor, el sentimiento culpable, la ira, frustración…

-Alguna vez sentí lo mismo que tú, ¿sabes?

Ella se exaltó.

-¿En verdad?

-Sí… yo tenía doce años de edad. Esa persona a quien más admiraba practicaba todos los días un agua-control muy rústico, y de todas formas yo disfrutaba viéndola; sus imperfecciones, la forma en que me gritaba…

-¿Le gritaba?

-Por supuesto… y creo que si un día dejara de hacerlo, me preocuparía bastante.

-¿Y de todas formas la quería?

Aang asintió. Se hincó, quedando a la altura de ella, musitando.

-Prométeme que guardarás el secreto… ¿de acuerdo?

Pema asintió.

-Aquella a quien admiraba se llama Katara…

De las lágrimas a la expectación, aquellos ojos se transformaron en enormes signos de interrogación.

-¿La maestra Katara era así?

-Sí, pequeña – dijo, jugueteando con sus cabellos –, y te confieso algo… ella no lo supo hasta mucho tiempo después. Se lo dije cuando creí que fue el momento. Si lo hubiera hecho antes de tiempo, ella nunca hubiera estado conmigo.

-¿antes de tiempo? ¿hay alguien que nos diga cuándo se confiesa el amor?

-¿Entonces lo amas?

Pema se llevó las manos a la boca, esperando que así se enmendara lo que dijo.

-No temas pequeña, estamos guardando nuestros secretos, ¿no?

Aang le sonrió.

-Nadie te lo dice salvo tú. ¿Conoces la canalización Jing de la energía?

-Es fácil, lo vimos en clase: el jing positivo que es de ataque, y el negativo que es de evadir o defender.

-¿Y el jing neutro?

¿Pema había olvidado algo?

-¿Hay tres jings? ¿Y cómo es el tercero?

-No haces nada.

-¿Nada? ¿Qué sentido tiene?

-Sirve para que esperes, pequeña. Por mucho tiempo estudié el tercer jing, y lo utilizo para muchas cosas… El único que te enseña ese jing es la espera; cuando creas que es el momento indicado, entonces canaliza tu energía al jing positivo.

Ella sólo cabeceaba, aunque…

-No entendiste mucho, ¿o me equivoco?

-Entonces debo ¿hacer nada?

-Pareciera que no haces nada, ¿está bien? Los demás creerán que no haces nada, pero lo único que estás haciendo es esperar el momento idóneo para atacar.

-¿atacar? ¿atacaré al maestro Tenzin?

-No lo emboscarás, ¿cierto?

-No… ¿y eso cuánto tiempo durará?

-Tú lo sabrás, Pema. La vocecita de tu cabeza te gritará mucho, tanto así que tú comenzarás a gritar… y es allí cuando tú le dirás a Tenzin lo que sientes. Sé que no será hoy, tal vez tampoco el día que le sigue… pero algún día, y él sabrá responderte. ¡Y atacarás! - concluyó, haciendo una pose de maestro tierra.

-¡Atacaré!

-¡No te escuché, pequeña!

-¡Atacaré! ¡Sí!

Ambos comenzaron a reír… y en el trayecto, los pastelillos quedaron listos para ser engullidos.

O-O-O-O-O-O-O-O

Cayó la noche; había familia completa, y Katara preparaba algunos alimentos junto a Kya y Bumi. Aang ingresó a la cocina.

-Veo que se están divirtiendo sin mí – planteó, posando sus manos en las caderas de su esposa.

-¡Oigan, estamos aquí! – reclamó Kya.

-¿Y qué con ello?

El avatar no desaprovechó la oportunidad de besar juguetonamente a Katara.

-Generalmente no tomo vacaciones para esto – gruñó Bumi, haciendo que todos rieran.

-No sabía que cocinabas, Bumi.

-Hay tantas cosas que no conoces de mí, papá. Tuve que hacer esto durante muchos años si no quería que los marinos terminaran haciendo añicos mi trasero.

-No uses ese lenguaje en casa, Bumi – pidió Katara.

-Sí, Bumi. Aquí tienes más generales – sugirió Kya.

-Está bien, chicos. ¿Me permiten un momento a solas con su madre, por favor?

-¿No pensarán cocinar otro bebé aquí y ahora?

-¿No tienes algo mejor que hacer en algún otro lugar, Bumi?

-Está bien, no quiero saber. Vamos a ver en qué pierde el tiempo el pequeño calvito.

Kya asintió, siguiendo a su hermano.

Una vez que la pareja se vio sola, ella procedió.

-¿Qué ocurre, cariño? – preguntó Katara.

-No es gran cosa, ¿cómo sigue Tenzin? – dijo, revisando que los guisos de las cacerolas no se quemaran.

-¿Desde cuándo sabes cocinar?

-Sé sólo un poco, pero rara vez me dejas entrar.

Sonrió. Katara seguía rebanando un poco de apio.

-Tenzin sigue huraño. Está molesto, e intentó meditar durante la tarde. Nada le funcionó.

-¿Y supiste algo de Lin?

-No sé… ¿yo debería saber algo?

-¿Por qué usas ese tono cuando hablo de ella? ¿Acaso tú…?

-Estoy bien, Aang… Todo está bien, ¿cómo podría enojarme con Lin?

La maestra agua azotó los enseres de cocina, así como los vegetales.

-¿Cariño?

-¡Sí, estoy molesta! ¿Crees que no me pesa ver a nuestro Tenzin en ese estado? Es la segunda vez que ella lo rechaza. En la primera hicimos todo por apoyarlo, ¿y cómo le respondió? ¡Lo rechazó! ¡Es eso!

-Tranquila, Katara. Estará bien…

-¡No, Aang, no está bien!

Las manos de su esposo le tomaron los hombros, esperando que con un pequeño masaje se calmasen sus ánimos sulfurosos.

-¿Qué van a hacer, Aang?

-Yo… no estoy seguro. Quizás no están hechos para convivir… quizás Tenzin encuentre a alguien más en un futuro…

-¿Alguien más? ¿De qué hablas?

-Nada importante.

-¿Y qué es lo que tienes tú, cariño?

-No es gran cosa. Hablé con esa niña acólito con la que Tenzin desquitó su furia. Sus intenciones son buenas…

Juntar las palabras "intenciones", "alguien más" y "futuro" no estaban encajando en la sintonía.

Katara volteó, golpeando con la mirada a su marido, cuyas facciones mostraban algún pensamiento distante.

-Ella admira a Tenzin… no tienes idea.

-¿Aang?

-¿Dime, cariño?

-¿Tú no estarás pensando que…?

Callaron por algunos segundos, leyendo las intenciones mutuas.

-No, Aang…

La maestra azotó las manos sobre la mesa, volviendo a sus labores cotidianas, alzando algunos platos sucios para lavar.

-Muchas veces tienes malas ideas, pero esto es una mala idea.

-Claro que no… Pema quiere de verdad a Tenzin.

-¡Por favor, Aang! Es una niña.

-¿Y?

-Que no sería idóneo.

-Ella lo quiere sinceramente. Sé cuando alguien tiene esa misma mirada, Katara. La he visto cientos de veces. Es una niña inteligente… y te aseguro que no intentará nada alocado. Ella confía en mi palabra… Como sea, hablamos sólo de un número. Imagina cómo se verían si…

-Aang, no debes darle muchas alas a esa niña. Tenzin ya es todo un joven, y Pema sólo es una pequeña.

-Nosotros éramos niños cuando nos enamoramos.

-Pero no es igual, Aang.

-¿No es igual? Claro que sí…

-¡Aang! ¡Hablas de una niña…! ¡Son más de dieciséis años de diferencia los que tienen! ¿Te das cuenta de que…

El avatar parecía firme; Katara frenó.

-¿de que son demasiado distantes para quererse?

Silencio… penumbra acústica la que se escuchó.

-Aang… Sólo no ilusiones demasiado a esa niña, ¿Emma?

-Pema.

-Ella.

-¿Qué es lo que hay de malo?

-Cariño… Es… Tú sabes que es improbable que ellos dos sean… tú sabes. Además, a esa pequeña mañana se le puede olvidar eso de que "quiere a Tenzin".

-Katara, ¡no! ¿No lo ves? Lo que ella siente por él no es más que un simple capricho que nace y se va rápido… Es muy fuerte. Es algo que resiste…

-Acabas de perder la cabeza, cariño.

-No… Y no es tan imposible. No lo sé, quizá cuando ella crezca…

Se detuvo en seco. Su esposa giró, dejando por un momento los platos jabonosos.

-¿Qué? ¿Serán pareja?

-Admítelo: sería tierno.

-Claro que no…

-Y eso te molesta, ¿cierto?

-Sólo déjame tranquila, Aang. No estoy para bromas…

-¿Bromas? ¡Ha!

Aang tragó saliva, dando un breve suspiro.

-Sólo piénsalo, cariño: yo nací hace más de cien años, Katara, y henos aquí… ¿Perdí la cabeza? Dímelo tú.

Se encogió de hombros; palabras glaciales de agua-control directo al subconsciente de Katara, justo en lo que ya era pero quién sabe qué habría sido.

Ni molesto ni con pesadumbre, Aang salió de la cocina, no sin antes tomar un pastelillo nómada especial de centro cremoso, los mismos que se estaban oreando en uno de los ventanales.

O-O-O-O-O-O-O

Horas contadas, llenas de posma. Pereza… indiferencia, algo de ebriedad propia de Bumi, las conversaciones. Idas y venidas de Tenzin a causa del consejo y una Pema pensativa en el templo, al igual que una Lin meditabunda encerrada en la estación con la jefa Bei Fong.

Aquello sería una antesala renegrida para un festival de colores…

Pasó sólo una noche, mañana y tarde, apenas dieciséis horas. Globos de papel, colores, instrumentos, acólitos rebosantes, pastelillos… Era el festival de primavera.

El comienzo sería a las seis de la tarde, y al paso de tanto tedio, sería el momento clave para enfrentar a más de un par de espíritus obscuros que se les habían presentado en el camino… sólo allí, sólo en ese momento.

-Avatar Aang, ¿en dónde coloco los pastelillos?

-Sobre la mesa.

-Avatar Aang, ¿en dónde las azucenas?

-Hacia allá, cerca del jarrón.

-Avatar Aang, ¿Dónde dejo los collares de flores?

-Donde todos los vean… Y déjame uno aquí.

Con una reverencia, el acólito se retiró. En ello se acercaron Kya y Bumi.

-Te ves acabado, papá.

-Sabes que a tu viejo le gusta oír eso, Kya.

La maestra agua lo abrazó. El militar veía hacia todas partes.

-¡Ah! El festival… la única oportunidad en la que puedo comer sin parecer un glotón auténtico.

-Tú disfruta el evento, muchacho. Estás de vacaciones, ¿lo olvidas?

-¿Y en dónde está mamá?

-No lo sé, quizá salió a atender algo de la Orden de Loto. Además, yo estaba dormido en los establos…

-¿Problemas en el prado? – terció Kya.

Aang asintió.

-Estarán bien… siempre lo estuvieron, papá. Nunca supe cómo lo lograron…

-Es como un tercio de amor sincero, y el resto es paciencia, hija. Incluso terminas enamorándote de esos pequeños detalles que no te gustan…

-¿Como las quejas de mamá? – comentó Bumi.

-Su madre hace más cosas además de quejarse o mandar, hijos.

-Sí, ya sabemos. Salvó el mundo…

-Y a tu viejo, Bumi.

Los acólitos parecían más apresurados que el tiempo.

-¡Pastelillos! – exclamó el marino, arrojándose hacia la mesa distante – Si no les molesta, iré a comer un poco de aquello.

-Siempre tú, Bumi – Kya ya conocía a su hermano.

Aang traía la sonrisa herida.

En ese instante, Tenzin llegó con pasos fatigados hacia donde estaban aquellos dos.

-¿Tenzin?

-Hola, Kya.

-¿Tan malo fue el día en el consejo? Quizás necesites té.

Las ojeras lo evidenciaban.

-Iremos por una taza, papá. Tú…

-Yo estoy bien. Iré a alimentar a Appa.

Los dos hermanos salieron a alcanzar a Bumi, mientras que el avatar emprendió camino hacia los establos.

O-O-O-O-O-O-O-O

La noche anterior…

-El amor es difícil, hijo.

-Dime algo que no sepa, madre.

-Tenzin, no seas evasivo.

-Lo intento…

Se dejó caer sobre la cama. Katara, sentada a un borde, intentaba de alguna forma el animar a su hijo.

-¿Tan grande era tu deseo de estar con Lin?

Con la cara hundida en la almohada, Tenzin seguía la conversación:

-Es sólo que hemos estado muchos años juntos, madre. Estamos juntos, pero ¿soy yo? ¿Acaso soy tan mala opción?

-No eres tú, hijo…

-¿Y qué tal si lo soy?

Viró, pues el aire parecía estar acabándose entre las telas.

-Madre… ¿Cómo fue que aceptaste a mi padre en tu vida? ¿Qué quieren las mujeres?

-No sería… lo mism…

Ante una súbita realización, Katara frenó, dejando los ojos en el vacío estelar que entraba por el alféizar de la habitación.

-¿Madre? ¿Qué ocurrió?

-No, hijo. Nada… pensamientos… de anciana. Nada más. Cualquier cosa que haya pasado conmigo o con tu padre no funcionará igual en tu relación, Tenzin.

-¿A qué te refieres?

Katara se levantó de la cama, dando pequeños pasos por la alcoba. Se detuvo en la ventana, admirando el manto de la noche y su sereno.

-Tú eras muy pequeño cuando esto pasó, Tenzin… Tu padre solía viajar de forma constante y eso me molestó. No había día en el que no discutiéramos; ante los demás parecíamos la misma pareja feliz de toda la vida, pero nos comía la tensión… él, sus ausencias, nuestra distancia. El establo de Appa fue el hogar de Aang durante mucho tiempo. No era que no nos amáramos como antes, no. Sólo no encontrábamos cómo llegar al otro; todo lo que callas se convierte en monstruos, Tenzin. No fue hasta que ingeniamos maneras de compensar sus ausencias, y de que yo le dijera cuán pesadas eran éstas, que la calma "cotidiana" de un matrimonio nos volvió a azotar…

-Es como si… ¿se hubieran querido separar?

Con la cabeza gacha, Katara afirmó.

-¿Mi padre y tú? No… no puede ser… Es decir, tú y él… Son la mejor pareja que he conocido en mi vida. No puedo creer que alguna vez hayan pensado en…

-Hemos estado la mayoría de nuestra vida juntos. Todo se hace entre dos, hijo… Dos.

Hubo un silencio horrido de repente.

-Lo que te diga no hará mucho por ti… Somos dos cosas distintas, Tenzin.

-Gracias, madre.

Se levantó de la cama para abrazarla.

-Te quiero, madre.

-Necesitabas esto desde hace un largo rato, Tenzin. Te quiero, y no lo olvides...

O-O-O-O-O-O-O-O

-Hoy viene Lin… - Kya fulminó con esta sola palabra a su hermano menor.

-Lo sé… pero no es sólo con ella con quien debo aclarar las cosas.

-Mi hermanito tiene aventuras alocadas… ¡Eres todo un semental, Tenzin! – afirmó Bumi.

-¡Silencio! ¡No! No se vincula con otro romance, Bumi.

-Tú sabes que el pequeño Tenzin es muy sensible – sugirió Kya.

-¡No soy sensible!

Los dos hermanos mayores rieron.

-De acuerdo, sólo es una broma, Tenzin. Pero haz lo que debas hacer, pequeño calvito.

El reloj marcaba ya las seis…

Algunos diplomáticos del Concejo ya hacían su llegada al muelle del templo, siendo recibidos por algunas comitivas de acólitos. Pese a que la diplomacia no era un fuerte suyo, Aang tuvo que recibir a la gran mayoría de ellos con reverencias rápidas, casi prefabricadas.

Al cabo de unos segundos, Katara llegó al templo en uno de los bisontes voladores de los corrales, y arreglándose como pudo, salió a ayudar a su marido sin un intercambio neto de palabras salvo las necesarias; una crudeza, sí, esa era la sensación de abrazarse, sabiendo que ni siquiera habían recogido los pedacitos de la conversación anterior.

Después del discurso de bienvenida y algún brindis formal, la música comenzó con sus compases; acólitos de todas las edades rondando entre la comida, ancianos, una escena cotidiana con la tensión de los hilos entre el gentío.

-Necesito un trago – se quejó Bumi.

-No lo necesitas… tú requieres bailar, mozalbete – sugirió Kya.

-Claro que no…

-Vamos, yo sé que tú quieres…

La maestra se levantó de su asiento, invitando a aquel sujeto curioso de collar florido alrededor de la cabeza a dar un buen baile.

-Pensé que nunca lo preguntarías…

Tenzin atendía algunos asuntos con los ancianos del Concejo, algunas eminencias… la multitud parecía estar íntegra. Y en ello llegó Lin, seguida de la leyenda del metal control; se abrieron paso entre los vejestorios regidores, acólitos infantes…

-Hola, muchacho – saludó Toph al maestro aire, y éste hizo una reverencia.

-Tus hermanos parecen estar disfrutando la fiesta, ¿por qué no haces lo mismo, pequeño pies ligeros?

-No… es sólo que…

-¿Eso que veo allá son bocadillos? Huelen bien, nos vemos…

Toph se alejó, dejando a los dos mancebos inútiles en un momento incómodo.

-Tenzin…

-Lin…

El suelo parecía más interesante.

-El verde pálido te sienta bien… te ves hermosa.

-Tus palabrerías baratas no sirven conmigo, Tenzin.

-Al menos lo intento.

-Espera, mamá no puede ver bocadillos…

-Siempre caemos en su jugarreta, ¿no?

De ver el suelo, ambos dirigieron la mirada hacia el otro, y acto seguido rieron un poco.

-Lin… tenemos que hablar.

-¿Ahora?

-Ahora… - las palabras de Tenzin parecían más firmes que de costumbre… y eso ya era decir bastante.

O-O-O-O-O-O-O-O-O-O

-Es pastelillo de higo, ¿gustas uno?

Jinora le extendió uno de aquellos bocadillos a su amiga, la cual seguía absorta ante la filosofía del tercer Jing.

-De acuerdo, sólo ignórame.

-Te estaba escuchando, Jinora.

-Sí… seguro – respondió con la boca llena de postre –. El tío Aang te dio mucho en qué pensar desde la tarde de ayer. ¿Todo bien?

-Creo.

-Come pastelillos, Pema. El maestro Tenzin es un bobo…

La acólita le extendió uno más a su amiga; pronto lo tomó.

-Está bien…

Deglutieron el postre, mirando a todas las personas.

-¿Y qué me dices ahora? ¿Aún quieres al maestro Tenzin?

-Nunca dejé de quererlo... Pero no lo hace menos tonto.

-¿Y qué planeas hacer ahora?

Pema miró hacia la múltitud.

-Esperar...

-¿A qué...?

-No lo entenderías

Sonrió.

-¿Bailamos?

-Nos veremos tontas - aseguró Jinora.

-Al menos no somos viejas...

Sin pensarlo otra vez, las dos niñas, tomadas de la mano, salieron a la pista a dar sus mejores pasos, y a la vez, había algunas personas que se divertían con aquella escena, allá, en alguna de las bancas cercanas al jardín donde estaba la algarabía.

-¿Katara?

Escuchó su nombre desde la copa de un árbol.

-¿Aang? Baja de ahí o te romperás un hueso.

-¿Es una amenaza?

-Sólo baja.

-No… ¿Sigues molesta?

Katara negó.

-¿Entonces qué ocurre, cariño?

-No es gran cosa. Únicamente pensé en lo que decías de "su propio ritmo", el de Lin y Tenzin… me di cuenta de que ellos no son nosotros. Cualquier cosa que les digamos no les hará el mismo efecto. No es como hacer pastelillos o pasta de huevo.

Los músicos descansaron por un instante; se escuchaban las conversaciones de todos y de nadie a la vez.

-¿Cómo es que seguimos aquí? – dijo ella.

-No lo sé… la vida es como un túnel obscuro; no siempre vez la luz al final del camino, pero si sigues adelante, llegarás a un lugar mejor.

Su mirada se dirigió hacia la rama en la que Aang se hallaba sentado.

-El destino es algo curioso – remató ella, causando alguna alegría en la mueca del avatar.

-Baja de allí, que te harás daño.

-No… al menos no ahora.

Se reclinó, quedando colgado al revés.

-Me bajo de aquí sólo si…

Sin dudarlo, Katara tomó los labios de Aang en un beso de magnitud total.

-Se te está olvidando otra cosa, cariño.

La maestra agua se quitó el collar de flores que portaba, pasándolo directamente por el cuello del avatar, y enseguida volvió a tomarlo de la camisa para no detenerse en aquel pendiente que habían dejado.

O-O-O-O-O-O-O-O

-¿Tiempo y distancia? – preguntó Lin.

-Hemos estado juntos mucho tiempo. Tú amas ser policía, yo tengo un deber con el concejo y el templo, así como mis lecciones de espiritualidad…

Tenzin pasó su mano por encima de la de Lin.

-¿Estamos rompiendo?

-No… sólo es un hiato. Te amo, Lin… ¿recuerdas que es lo que nos quede de vida?

La memoria de la maestra tierra se fue a un día lejano en el tiempo, sintiendo así el sopor de aquella primavera distante. Sonrió.

-Lo que nos quede de vida, cabeza de aire…

Un beso fuerte en intención, cálido al contacto.

-Te amo Tenzin… por lo que nos quede de vida.

Las pupilas azulinas del maestro indagaban entre el gentío.

-¿Buscas a la niña de quien me hablaste?

-Sí… ella misma. Pero pareciera que…

Lin no tardó mucho tiempo.

-Allí está la pequeña, Tenzin.

Él miró hacia la maestra tierra.

-Debes hacerlo... es una niña de sentimientos nobles, Tenzin. Sólo ve y arréglalo.

-Una vez te molestó, la vez del museo… ¿No tienes mayor molestia?

-¿Debería sentirme celosa?

-Tal vez… ¿no temes que me hurte y se case conmigo?

-Y si eso pasara la arrestaría…

Hubo un intercambio de risas módicas, sabiendo que no era nada salvo un juego de palabras.

-Anda, Tenzin.

Pema, sentada y con un vasito de jugo en la mano, dejaba que sus piernecitas diesen un vaivén gracioso, ya que éstas no alcanzaban el piso. Los pasos mal ejecutados de algunas parejas, rondas de baile… pero ella siempre mirando hacia otro lado, pensando en algún instante diferente a ése, uno en el futuro que probablemente no habría de ocurrir… o no con el maestro de modales burdos y cabeza afeitada que no era más que un sueño. O podía ser que en su cabeza diera vueltas el tercer jing.

-¿Pema?

Era Tenzin; se hincó para verla directo a los ojos. La niña la miró, fruncida.

-Yo te debo una disculpa, Pema. Es decir… tú

Volteó. ¿Su maestro pidiendo disculpas? Las facciones ya no eran las de una niñita fastidiada con todo su derecho.

-tú sólo querías… emmm, ¿verme bien? Sea lo que haya sido, me comporté como un tonto, Pema. Sé que me quieres… o eso dices.

-yo lo quería, maestro Tenzin.

Más bien, era uno de tristeza.

El maestro suspira.

-Tú… el detalle que hiciste… yo. Ha sido algo especial para mí… Y tú no eres como cualquier persona. Eres especial para mí, ¿lo sabías?

Pema abrió más los ojos, aunque no celebrando, pero sí, con mayor seguridad.

-No…

-¿Entonces disculparías a un tonto cascarrabias por lo que pasó, Pema?

La mano de tatuajes celestes se levanta hasta los cabellos de la acólita, la niña… ¿el destino? Hay un roce de chispas, una electricidad tierna que se da en el aire, las lámparas de papel anaranjado que cuelgan por todo el patio del templo; una pieza termina, todos aplauden. Se preparan para la siguiente pieza que tocarán los músicos que se contrataron para esa ocasión; los dedos de Tenzin se entrelazan con los mechones disparatados que trae Pema, y con el pulgar alcanza a limpiar un resto de lágrimas que quedó.

-¿No está enojado conmigo? – preguntó ella.

Tenzin negó.

Todos a sus puestos… la música estaba por iniciar.

-¿Quieres bailar una pieza? Sólo nosotros… ¿Te gustaría?

El semblante de Pema pasó de una sombra dudosa a un par de llaves espirituales que le emanaban de la mirada; la mano de su maestro, él, un hombre inusual que a veces perdía los cabales, se extendía frente a ella con sonrisa amable. La pequeña bajó de su silla con cierta dificultad, y en cuanto las primeras notas se escucharon, los dos habrían de abrirse paso entre el grupo de acólitos y familiares que danzaban ahí.

Ya casi el sol ni cantaba, y el tempo había disminuido; algunos curiosos observaron el cuadro disonante, entre ellos Lin… ¿Qué tanto debía sacrificar para estar con Tenzin? ¿Valía la pena el intentar darle un hijo? Posiblemente…

Pero sólo por esa noche, y al ver a Tenzin con esa niña entre sus manos, la poderosa heredera de la estirpe Bei-Fong habría de considerar la posibilidad de dejar de ser ella… sólo por él, por el único maestro aire que quedaría cuando Aang… Sí, él no duraría para toda la eternidad.

Sin embargo, aquello deshizo el canon que Lin tenía en ella misma…

¿Por él lo valdría?


-Deberías quitarte el collar de flores, cariño. Ya no estamos en la fiesta de primavera.

-De todas formas así me hiciste el amor…

Reían en cansancio.

-¿Katara?

-¿Qué ocurre, cariño?

-¿Cambiarías algo de lo que hemos vivido hasta hoy?

-¿Contando esta noche?

El avatar se acurrucó en el pecho de su esposa.

-Déjame pensarlo… ¿Por qué debo pensarlo? Tú sabes que no.

-¿A pesar de todo?

-Vamos… si te tuviera todo el tiempo conmigo, seguro no hubiera sabido apreciar tu presencia, cariño.

-Y sin tus constantes regaños yo… de acuerdo, la casa sería un desastre. O sin tu esperanza, tal vez no habría un mundo…

Katara suspiró.

-¿crees que sólo gruño y doy discursos de esperanzas? – usó su tono juguetón.

-No; también sigues haciendo magia en la cama, cariño.

-¡Aang! – se sentía vil adolescente - ... no me sorprendes, pero no me puedes decepcionar.

-¿Se supone que me sienta motivado por eso?

Risas nuevamente.

-Sólo eres un niño tontorrón que se encerró en un cuerpo de viejo…

-Y tú eres una adolescente que lo sigue viendo…

-¿Y no me invitarás a montar trineo-pingüino?

-¿Quieres andar en trineo-pingüino conmigo?

-Siempre…

Una pausa; un respiro.

-Aang… te amo, cariño.

-Te amo, Katara.

En un abrazo bajo las sábanas, pues el pequeño vientillo primaveral ya oxidaba sus huesos, la leyenda inusual se cobijó en un abrazo de tierna brisilla… en la calidez de decirse "sí" al pie de un iceberg aún sin él por el rumbo.


~Fin de la primera línea ~


Hola a todos… sí, es un final de línea un tanto raro, medio mal hecho diría yo... en ésta donde Pema se supone que tiene ocho años y Tenzin veinticuatro más o menos. Debe ser extraño sentir un final tan raro, pero como les dije, si el capítulo anterior a éste y el que acaban de leer no les dejaron cosas claras, el que viene ya resolverá muchas dudas… y en caso de no quedar del todo claras, pueden dejar su review o enviarme un PM. ¡Felices fiestas a todos!