Capítulo 1


Bella POV

Menstruación es una jodida mierda, estaba atrasada, no encontraba mis zapatos, las medias negras me hacían picar horriblemente las piernas, y los ovarios me mataban.

Si estuviera en un día normal ya estaría trabajando.

Pero no odio a la maldita de Eva solo por eso. Hoy por fin daría el próximo paso con Jake, mi novio.

Si es que me entienden.

Estaba con Jake a tres meses, y él me paraba, siempre, cuando las cosas se calentaban, diciéndome que no estaba pronto.

¡Que no estaba pronto!

Aquello por sí, era muy extraño, o sea... esa frase es propia de una mujer. Esa frase es mía. Aunque nunca necesité usarla, no es que fuera una perra. En mi adolescencia era bastante... liberal.

Sí, esa es la palabra.

Que estuviera menstruando jodía todo. Se supone que solo comenzaría mañana, pero la maldita se me adelantó. No tomaba la píldora, ya que me hace mal.

Reiterando, aquello era una jodida mierda. Punto.

Oh, no, sin punto. No termina por ahí, para completar el feliz día, recién Edward me avisa que va a traer a Tanya, su novia, a cenar.

Obviamente, para ellos nosotros somos solo amigos que comparten un piso. En realidad somos casados. Sí, c-a-s-a-d-o-s. Nuestra, relación era de todo, menos normal. Primeramente porque no nos soportábamos.

Pero aunque parezca, no soy loca. Bueno, quizá un poco... Pero tuve mis motivos para hacerlo.

Desde pequeños estábamos medio... prometidos. Mi abuelo, Charlie Swan tenía una red de casinos, el padre de Edward, una red de hoteles. Una fusión de los dos sería fantástica... Si mi padre hubiese tenido un hijo hombre.

Y, como mi menstruación me hizo acordar hoy mismo, no soy un hombre.

De forma alguna, que mi abuelo dejaría una mujer en la dirección de las empresas... a menos que me casara con Edward. Y ahora, mi marido y yo somos socios iguales de "Cullen&Swan, casinos y hoteles".

Hacía ya seis meses que nos habíamos casado. Dormíamos en cuartos separados, discutíamos por motivos idiotas, cómo la mejor marca de cereales o banda de música. Debería ser porque nos odiábamos. Sí, muy probablemente fuera por eso...

Y ahora mi abuelo quería un biznieto antes de morir. ¡Por favor tenía la salud de un toro!

Eso no quiere decir que siquiera pensara en la idea de prestar mi vagina para que algo de Edward saliera de ella. Tampoco que algo de él entrara. Si bien que con Jake como estaba...

Pero la cosa era, que no tendría un hijo de Edward. No y punto. Fin. Se terminó.

Pero mi abuelo no era tan fácil de convencer. Ya hacía meses que venía insistiendo en eso. Él no era idiota, y sabía que no nos soportábamos, pero parecía querer dejar los negocios y dedicarse a ser Cupido.

Pues que fuera guardando su flechita, porque nunca me enamoraría de un arrogante, egoísta, egocéntrico y engreído, Edward. Nunca. Ni que los chanchos volaran, la vaca tosa, o que Tahití gane la copa del mundo.

Creo que lo dejé bien claro.

-Edward viste a mis zapatos negros?- grité alto para que me escuchara de abajo.

-¡Tienes millones de zapatos negros! Y por qué debería saber donde está tus zapatos?-

-Porque creo que fueron esos los que te tiré, el otro día- me reí al recordarlo.

Recuerdo que aquél día estábamos discutiendo por algo, y se me ocurrió tirarle primero un zapato por la cabeza, y luego el otro.

Ahora estoy sin zapatos. Todo culpa de él.

-Ah... Ponte otros, llegaremos tarde.- me gritó.

-Arg...- donde estarían mis zapatos- Yo quiero aquellos zapatos...- grité histérica.

-Está explicado, deben haber huido de miedo.

-Por qué no te mueres, un poco, eh?

Bajé las escaleras, haciendo sonar mis tacones de infarto, realmente eran sexis.

-No soy Jesús para morir, y luego volver, cariño- Dijo mientras me tomaba del codo, y me indicaba la puerta. Con falsa amabilidad.

-No quisiera que volvieses, cariño.

-Admítelo, llorarías como desquiciada mi muerte.

Yo me reí fuerte.

Estábamos en el ascensor, y recién había subido también la Sra. Webber, la vecina de abajo. Me miró asustada. Me callé.

. . .

-Si, Jake. Yo también te voy a extrañar. Adiós- suspiré frustrada. Jake viajaría a trabajo. Definitivamente, no sería este mes que me quitaría el atraso.

Ok, no soy ninguna ninfómana y puedo aguantar una semana más sin sexo. Yo puedo, yo soy fuerte…

Edward entró, interrumpiendo mi mantra.

-Yo ya terminé. Todavía te queda mucho?- se sentó en una silla de cuero frente a mi escritorio. Tenía que usar su coche, el mío estaba en arreglo. Depender de Edward para trasladarme no era tarea fácil.

-Te costaba golpear la puerta?

-¿Por qué lo haría?- se encogió de hombros despreocupadamente, y tomó una carpeta de encima de mi escritorio. Yo se la quité y la puse nuevamente donde estaba. Tomé mi saco, hacía frío en Nueva York.

-Podría estar desnuda.

Él hizo una mueca, luego irguió las cejas.

-Porque estarías desnuda? Hace frío- tembló de frío, exageradamente.

No pude evitar reírme. Fue lo primero que se me ocurrió.

-Como está Tiara?

-Quién es Tiara?

-¡Tu novia!

-Se llama Tanya- remarcó su nombre- Y está bien. Ah, y Jason?

-Se llama Jacob, y se fue de viaje.

-Ah, sí Jake-dog.

Empezó a reírse solo de su propio chiste. Desde que conoció a Jake, insistía en que tenía cara de perro.

La tenía. Pero el perro más cliente y Sexy que conocí. Yo no elijo cualquier cosa.

-Tu novia tiene cara de Zorra.

Él se calló abruptamente.

-¿Y como carajo sabes cómo es la cara de Zorra?

-Bien, me corrijo, tu novia es una Zorra.

Entramos en el coche deportivo de Edward. Su padre había insistido en un auto más serio para trabajar, pero estamos hablando de Edward Payaso Cullen. Menos cuando estábamos realmente trabajando- lo que debo admitir, hacía muy bien- estaba siempre haciendo una broma.

Eso me exasperaba.

Manejando a toda velocidad, llegamos a el ático, que compartíamos.

Hoy, María, la cocinera, tenía libre. Ya habíamos comido toda la comida que había dejado.

-Tengo hambre. Podían dejarme cenar con ustedes- le dije con una sonrisa pícara.

Él río fingido.

-Ah...- fingió pensar- No.

-Entonces pediré pizza.

-Por mí, mientras comas en el cuarto.

-Ok- me encogí de hombros. Ya iba subiendo la mitad de las escaleras cuando se me ocurrió algo. ¿Por qué tenía que esconderme en mi propia casa?

Miré la puerta de la habitación de Edward. Se estaba bañando, Tanya llegaría pronto.

Sonreí.

. . .

Edward bajó. Debo admitir que estaba guapo. Ok, estaba que se parte.

Nunca negué que fuera atractivo, pero con su personalidad, eso no ayuda mucho.

Me reí internamente al ver su cara.

Yo estaba con una camisa gigante de los Looney Tunes. Mis pantuflas de conejitos estaban tiradas por el piso, Así como el resto de mis ropas, y zapatos. Había ensuciado toda la casa, había tratos en la cocina, y basura tirada por todos lados.

A ver que le parecía a Tanya la maravillosa cena.

-Qué es esto?

-Esto soy yo, en MÍ casa- le sonreí dulcemente. Subí los pies al sofá y me recosté.- Que van a comer en la cena, Edward?

-María había...-

-Sí...?

-¡Ah, mierda!

Creo que no había pensado en eso. Es6ta vez me reí en su cara.

¿En qué universo una persona preparaba una cena, y se olvidaba de la comida?

Era un idiota.

-Te parece gracioso, maldita sea...-

-Hey, yo no tengo la culpa- me lleve un pedazo de pizza a la boca. Mi noche estaba mejorando de a poco.

En ese momento sonó el timbre. Me acomodé en el sillón, esto sería divertido.

Edward puso cara de susto.

-Atiende tú...-

-Yo?

-Sí, distráela...

Fui a atender, pero no había nadie. Iba a cerrar la puerta, cuando sentí un tirón en la pierna.

Miré abajo. Ojos verdes me miraban atentos.

La niña llevaba en su cabello castaño dos colitas. Botitas marrones, medias cancanes blancas, un saco lila, guantes y una bufanda que le tapaba prácticamente la cara.

-Eh... hola?- la niña solo me miraba. Parecía observarme. Me estaba asustando- Te puedo ayudar?- no tenía mucha experiencia con niños, en realidad nula. No quería empezar a tenerla tan temprano, si todos los niños me irían a quedar analizando como si fuera una vaca para vender en una feria. De pronto, me sonrió y me entregó un sobre de dentro del saco, entre sus manos minúsculas.

Abrí el sobre y comencé a leer.

" Mi querida nieta,

Si lees esta carta es porque mi entrega llegó ahí sana y salva. Por entrega me refiero a esa pequeña cosa fofa que está en tu puerta.

Avril, como se llama dicha entrega, es la hija de tu primo lejano, por parte de tu abuela, James. Él está preso, y la niña no tiene ya a su madre. Dejaron en este mundo, solita, a su hija. Nosotros somos sus únicos parientes. En el testamento él había dejado la niña a cargo de tu padre, caso le pasase algo. Cómo mi querido hijo ya no está con nosotros, te tendrás que hacer cargo. No te preocupes, es solo hasta que todo se resuelva.

Si decides no ocuparte de ella, lo más cierto la manden para un hogar de acogida. Yo no puedo hacerlo, estoy muy ocupado. Piensen en esto como un entrenamiento para cuando nazca mi biznieto. Envíale mis saludos a Edward.

Con amor,

Charlie."

Miré a la niña y luego la carta.

-¡Edward!- grité histérica. Por segunda vez en el día.

La niña me miraba asustada. Me llevé las manos a la cabeza.

Aquello era peor que menstruación.

Aquello no era bueno.


Holaaaa!

espero q les guste :*

...

Eddie puto

...

Adios, :D