Capítulo 2

Bella POV

Sin ni siquiera darme cuenta, la niña ya había entrado y se había sentado, con un poco de dificultad por su altura en el sofá grande color negro. Las pequeñas piernas no llegaban ni cerca de tocar el piso, y había tomado un cojín color café del sofá para abrazar.

Podría decirse que era tierna.

Edward asomó la cabeza de atrás de la pared de la cocina, miró alrededor y, cuando no vio a Tanya, entró.

El sofá estaba de espalda a la cocina, por lo que Edward todavía no había visto a nuestra muy conveniente visita. Nótese el sarcasmo.

-Quién era?

Le apunté el sofá y él miró a la niña y luego me miró a mí. Miró de nuevo a la niña, como para certificarse, y abrió la boca, sin emitir ningún sonido.

-Eh?- habló.

Me encogí de hombros.

-Lee esto- le entregué la carta.

Él leyó de nuevo la carta, unas tres veces. Después se quedó observando a la pequeña por unos segundos y negó con la cabeza.

-Hablemos a solas.

Miré a la niña, y le hice un gesto con la mano, señalándole que ya volvíamos. Me sonrió.

-¡Tu abuelo está completamente perturbado!

-¿Crees que no sé? Lo supe desde el día en que me dijo que me casara contigo.

-¡Estoy hablando en serio, Bella! No podemos cuidarnos ni nosotros mismos, ¿cómo cuidaremos a una niña? ¿Recuerdas cuando éramos niños y compramos un pececito dorado cada uno?

-Ah, sí, recuerdo, Tony y Marie.

-Pues sí, ¡murieron de hambre!.

-Perdón, pero fue el tuyo el que murió de hambre.

-Ah, claro, me olvidaba que tu dejaste caer a la pecera y el pobre pez murió sin agua porque tu saliste corriendo- me sonrió burlón.

-¡A no ser que ponga a la niña dentro de una pecera, no tengo como matarla sin oxígeno!

-No vas a matar a nadie, porque ahora mismo llamaré a Charlie y la devolveré.

Salió disparado al living, donde tomó el teléfono y comenzó a marcar el número, pero yo lo paré antes que llamara.

-Hey, no es una Pizza- le quité el teléfono de las manos- Es una niña- le apunté a la pequeña- ¡Si no la cuidamos irá a un hogar de acogida! Eso no pude ser bueno.

-Charlie puede muy bien contratar a alguien que la cuide- seguía insistiendo.

Debería ser por la menstruación, o yo que sé, pero me daba mucha lástima por la niña. Yo no tenía padres, y por más que siempre tuviera a mi abuelo, cuando no estaba viajando, siempre se siente la falta. Yo tenía poco más de la edad de ella cuando murió mi madre. Mi padre se fue hace poco, pero nunca fue muy presente en mi vida. Aquellos con certeza habían sido los peores años de mi vida, aunque no los recuerde bien. Y aquella pequeña niña, estaba pasando por algo parecido, sin su madre y con el padre ausente, debería sentirse muy sola, olvidada. Yo me sentí así cuando ya no tenía a ninguno de mis padres. En mi mente infantil pensaba que ya no se importaban conmigo, por más que me dijeran lo contrario.

-Tomémoslo con calma, Edward- él respiró hondo- Voy a llamar a mi abuelo y lo pondré en altavoz.

Después de dos toques atendió.

-Hola, hija. Recibiste lo que te mandé.

-Vamos, Charlie. Ni que nos hubieses enviado un libro. ¡Estamos hablando de un niño! No pude ser que hayas hecho eso. Simplemente no podemos cuidar a un niño. ¡Ni siquiera podemos cuidar a un pez! ¡Se acabará muriendo de hambre... o Isabella la dejará caer!- Él se llevó las manos a la cabeza y tiró del cabello cobrizo al decir lo último. Y no estaba bromeando. Imbécil-Quiero que vuelvas ahora de donde estés y te la lleves.

Yo le pegué en el hombro. Charlie contestó a la petición desesperada de Edward:

-¡Calma muchacho! No tengo duda de que conseguirán, puede ser que a veces se equivoquen, pero es con los errores que se aprende. Yo estoy en un viaje de negocios, no puedo hablar mucho.

-Aquí está su trago Sr. Swan- se oyó una voz del otro lado.

-Gracias, dulzura.

-Pero qué negocios...?- no pude terminar de hablar porque me cortó. Mi abuelo ya no trabajaba. Con certeza no era un viaje de negocios.

-No pudo hablar más, les deseo suerte a ustedes dos. Hasta la vista.

-¡Charlie!- Ya había cortado.

La niña desde el sofá solo observaba.

Se bajó del sofá torpemente, y se dirigió a Edward.

-Hola papá. Yo soy Avril.

Yo quise reírme de la cara de Edward. Tenía la boca abierta, por decir algo, pero ningún sonido salía.

-Quién..?- fue la pregunta que se le ocurrió al Sr. Inteligencia.

Avril, se rió. Una risita melodiosa e infantil.

-Tú, idiota.

-Me llamó idiota?...-me preguntó con una mueca de incredulidad.- .Niña malcriada..

Yo me reí fuerte.

-Me gustó tu piyama mamá. Me encantan los Looney Tunes, el que más me gusta es el gatito. También me gusta la hello kitty. Y Pucca... Y...

Espera, ¿Me había llamado mamá?

-De que me llamaste?

-De mamá... Si él es mi papi, tú tienes que ser mi mami... duh- dijo como si fuera lo más obvio.

¿Hey, niña, porque no te pones el dedo índice y pulgar en la frente y me llamas 'loser'?

Mi cara ahora no debería estar mucho mejor que la de Edward.

Me dejé caer en el sofá, y mi marido hizo lo mismo a mi lado.

Los dos bufamos audiblemente, yo cerré los ojos.

Esto no estaba pasando, justo cuando pensé que mi noche mejoraba.

No me había dado cuenta que traía una mochila rosa. Edward se la quitó y comenzó a buscar dentro alguna cosa.

-Qué buscas?

-Miro si viene con algún manual de instrucción... o algo...

Cuando vi que iba en serio, se la quité con más fuerza de la necesaria.

-No es un autito de juguete para montar, imbécil.

-Entonces dígame, Sra. Yo-lo-sé-todo. Que haremos?

Suspiré.

-Tengo hambre...

Dijo lloriqueando un poco. Suspiré.

-Que quieres comer?- le pregunté.

-Qué hay?

-Esto no es McDonald's...- murmuró Edward, lo suficiente alto para que lo escucháramos. Yo lo miré feo, mejor, lo miré horrible, la niña miró al piso. Mi marido era un estúpido.

Le extendí la mano.

-Ven, pequeña. Veamos si hay algo para darte.

Ella tomó mi mano y sonrió.

Edward gruñó algo, y subió las escaleras.

No había mucha cosa en la heladera, entonces le di un vaso de leche, y tostadas con mantequilla de maní. No es como si supiera cocinar alguna cosa. No nací para esto.

Yo seguí comiendo pizza. Le ofrecí, pero me dijo que no le gustaban las aceitunas.

A mí tampoco me gustaban mucho, pero solo pedí con, porque Edward las odiaba, y así no podría comer de mi Pizza.

Ja-ja.

Quedé observando cómo la chiquilla comía. Por falta de lo que hacer.

Me preocupaba que Edward pudiera tratar mal a Avril. Todo bien que discutiéramos entre adultos, y que fuera un puto arrogante conmigo, que poco me importa él. Pero ella es una niña.

Aunque no entendía muy bien eso de que nos llamara mamá y papá. ¿Que no se supone que ya tenía un papá?

-Terminé.

-Ok...- que haría ahora?

-Ahora tengo que dormir.

-Ah, sí eso... creo que puedes dormir conmigo...- Ya que mi novio se niega a hacerlo. Pensé.-¿Tienes un pijama?

-En mi mochila.

-Ok.

-Y me tengo que bañar, y lavar los dientes, y me tienes que contar una historia para que me duerma.

-Ok, ok. Una cosa por vez.

La bañé, y la vestí con el piyama de florcitas.

Saqué el exceso de almohadas de mi cama, y ella se acostó. La tapé hasta el cuello.

-Bueno... -miré alrededor.- Creo que no tengo nada que pueda leerte...

-Yo tengo un libro en mi mochila.

El cuento era Cenicienta.

Nunca fue mi favorito pero ok.

-Y vivieron felices para siempre...

-Eso no es verdad- quedé sorprendida, pues pensé que estaba durmiendo ya.

-Lo qué...

-No pueden vivir felices para siempre, porque las personas meren un día.

Me dio ganas de llorar un poquito.

-Eh, sí, pero...- estaba un poco estupefacta.

-Ustedes también se van a morir?-Me miró con ojos llorosos.

Yo no supe contestar. Solo le di un beso en la frente y me fui. Afuera de la habitación limpié una lágrima que había salido sin querer. Avril me hacía acordar yo cuando pequeña.

Sonreí.

Avril era un amor.

Fui a la habitación de Edward y golpeé, como no me dijo nada entré.

Estaba recostado en la cama mirando al techo. Me senté en la esquina de la cama.

-Quiero hablar contigo.

-Ni lo intentes Isabella. No voy a hacer parte de eso. Si quieres aferrarte a una niña casi huérfana, solo porque no superaste la muerte de tu madre, no me metas a mí en eso. No tengo porqué hacerlo ya que era a tu padre quien le correspondía. Hazlo sola, o escúchame a mí, y mándale de vuelta. Solo no me pidas que coopere.

Lo quedé mirando sin decir nada un instante. Ya debería saber que no vendría algo bueno de él.

-¡Que te den, Edward!

Salí de allí, más rápido que pude y azoté la puerta. Hasta la Sr. Webber habrá escuchado, pero no me importó.

Fui a mi habitación, me aseé y me acosté. El pequeño cuerpo de Avril se acurrucó en mí.

La abracé. No dejaría que aquél hijo de puta le hiciera daño.


Aahm, creo q Ed no reaccionó muy bien,,,, O.o

Holaa! :D