DISCLAIMER:Los personajes no me pertenecen son de S. Meyer y la historia tampoco ya que es una adaptación de Simona Sparaco.
***´***Isabella***´***
Hasta la fecha no hemos tenido suerte. El destino todavía no nos ha concedido un encuentro. Mientras tanto habrán pasado diez días, aunque, eso sí, de lo más intensos que pueda recordar.
Después de chats, mensajes y envíos de fotos y vídeos de todo tipo, hemos pasado a Skype, y ahora nos hacemos videollamadas con regularidad. Mientras tanto el deseo de vernos ha crecido. Pronto ese deseo "se graduará y se sacará el carné de conducir".
Justo al mismo tiempo que el amor vuelve a alegrar mis días, la situación de la tienda se deteriora a una velocidad incontrolable. Esta mañana mi madre me ha cogido en un aparte y me ha pedido que vuelva a vivir en su casa. Ha sido peor que una ducha fría.
—Si alquilamos la tuya, me quedaré más desahogada —me ha explicado mientras de un vasito de plástico sorbía poco a poco un café de máquina—. Quiero que tengamos una nueva fuente de ingresos y alquilando la casa de la plaza Mancini podríamos conseguir una suma importante. Este año las chicas irán a la universidad... De verdad que tendré muchos gastos.
He imaginado mi bañera con pies de 1912 rota y arrancada para que entren los nuevos inquilinos, y ha sido en ese momento cuando me he dado cuenta de la importancia de las consecuencias del cierre de la tienda sobre mi vida. ¿Y la libertad? ¿El tiempo sólo para mí? En realidad más bien se trata de dar marcha atrás, sin ni siquiera tener la perspectiva de volver a estudiar.
— ¿Has pensado qué trabajo podrías buscar? —me ha preguntado mi madre, leyendo en mis ojos la desesperación más negra.
He ido corriendo a comer con Bonelli, necesitaba hablar con él. Ahora entiendo por qué no estaba de acuerdo conmigo la última vez que nos vimos.
—El barrio está de luto —me confiesa, después de pedirle al camarero una ensalada de pollo—. La idea de perder la librería-papelería no le gusta a nadie.
—Si tengo que ser sincera, a mí tampoco. —Me llevo las manos a la frente y suspiro—. Profesor, tenía usted razón, la presencia de Jake, al otro lado de la calle ha conseguido que me olvidara de mi vida. ¿Cómo he podido llegar a creer que el cierre de la tienda iba a ser una liberación para todo el mundo?
Bonelli tuerce la boca esbozando una mueca de tristeza; luego saca un sobre del bolsillo. Me mira con expresión solemne.
—Esta carta la ha escrito la señora Marcella, pero es de parte de todos vuestros clientes, yo incluido. Como puedes ver, aquí están todas nuestras firmas.
Frunzo el ceño.
— ¿Habla en serio?
—No te la quiero leer, porque quisiera que las primeras en hacerlo fueran tu madre y tu tía, pero está dirigida a vuestra tienda.
— ¿Y la ha escrito la señora Marcella?
—Sí, nada menos que la pesada de la señora Marcella, querida Isabella —confirma Bonelli, con un deje de amargura en la sonrisa—. Dice que desde que ha visto los carteles de liquidación en vuestro escaparate no ha parado de verter lágrimas, porque la idea de perderos la hace sufrir demasiado. Por lo visto, sois uno de sus más apreciados remedios contra la soledad.
La vida de la tienda se despliega delante de mis ojos como una vieja película: las felicitaciones de Navidad de parte de los clientes, los huevos de Pascua, nuestras distendidas charlas; mi madre y mi tía azuzándose la una a la otra cada vez que hablaban del encanto del abogado Di Pierro, y cuando cotilleaban sobre la locura del carnicero o sobre la artritis de la anciana que se encarga del guardarropa en la tintorería de enfrente. Dentro de esa tienda hay un mundo entero a punto de desaparecer en una liquidación absolutamente prematura.
—Su consejo de que nos convirtiéramos en una librería no estaba nada mal —admito, tratando de encontrar su apoyo—. Mi madre y mi tía están preocupadas por el futuro, han actuado por prudencia, ya que aún no tenemos acuciantes problemas económicos. He pensado en lo que me dijo, y es verdad que en el barrio no hay una auténtica librería. La nuestra tiene pocos libros y son casi todos de texto, y bien pensado falta también un lugar de encuentro y lectura...
Una sonrisa entusiasta ilumina el rostro de Bonelli.
—Querida Isabella, me gusta escucharte hablar de esta forma —me dice.
—Usted, profesor, conoce a muchas personalidades del mundo literario —continúo—, podríamos organizar lecturas y transformar el espacio central de la tienda, donde están ahora todos esos artículos de papelería de poca calidad, en una especie de sala de estar. En casa tengo un viejo sofá, ese que se da cierto aire al de la serie televisiva Friends... Con un poco de esfuerzo nuestra "librería" podría convertirse en un lugar donde celebrar encuentros culturales. ¿Qué le parece?
Da la impresión de que el profesor Bonelli ha recuperado algo de su habitual confianza y estima hacia mí: me da la mano, como para infundirme valor, y me dice que está verdaderamente orgulloso de mí y que esto es lo que esperaba escuchar de la Isabella que él conoce. Está listo para apoyarme, también para ayudarme a convencer a mi madre y a mi tía si es necesario. Luego me pone la carta en la mano y me dice:
—Mientras tanto deja que la lean. Entenderán que no están solas en esta apuesta, el barrio está con vosotras.
Tal y como el profesor y yo esperábamos, mi madre y mi tía, al leer las palabras de la señora Marcella, no hacen otra cosa que conmoverse, tanto que cuando les presento la propuesta de transformarnos en librería incluso dejan una puerta abierta. Naturalmente tendré que ayudarlas a digerirla y, además, tendrán que pasar unos días, pero estoy segura de que si nos empleamos a fondo, podemos salir adelante.
Corro a la mesa de echar las cuentas, necesito hablar con Edward.
Está a punto de salir hacia Toscana. Es un viaje de trabajo, creo que he entendido que está construyendo un hotel de algún tipo.
Estuve por esa zona una vez, junto con el sinvergüenza. Cuando Edward me pregunta por él, le cuento toda la historia, incluyendo las fotos del viaje a Perú que tenía publicadas en Facebook. Con Edward me convierto en un río desbordado, no hay secretos. Y también es justo que sepa las dificultades que está pasando la tienda y mis proyectos para el futuro. Si es cierto que le gusto, entonces tiene que hacerse con el paquete completo.
De vuelta a casa encuentro a Felix bailando Womanizer delante de MTV. Sostiene a Schopenhaueren una mano y lo menea como si de un micrófono se tratara.
Sólo espero que no vuelva a vomitar.
En cuanto me ve, se lanza hacia el ordenador con la intención de hacerse con el control, mientras se queja de que desde que Edward y yo hemos empezado esta especie de cibernética y aburridísima relación su vida social en la red sufre las consecuencias.
—Como si no fuera suficiente la atmósfera dulzona de este piso, que escupe por doquier besos y encajes franceses, ¡ahora me toca aguantar vuestras patéticas sonrisas delante de una webcam!
Me siento generosa y enamorada, por lo tanto le concedo desperdiciar algún que otro minuto, tiempo que aprovecha para fundar un club de fans de la cerdita Peggy de los Teleñecos. ¿La razón?
—Recuerda —me dice—, hay una cerdita Peggy dentro de cada uno de nosotros.
Y también esta vez levanto las manos y me abstengo de cualquier juicio. Acto seguido le cuento las novedades sobre la tienda.
—¿Me equivoco o te morías de ganas de liberarte de esa tumba? —me pregunta, distraído por su querida cerdita Peggy.
Cuando le explico que la alternativa es dejar el piso para volver a vivir con mi madre y mi abuela, empieza a preocuparse en serio y me pregunta si hay algo que pueda hacer para ayudarme. "Veo que por fin he conseguido tu atención, pedazo de egoísta..."
.
Aprovecho el momento para quitarle el ordenador y ponerme a los mandos del teclado.
Lo primero que veo al entrar en Facebook es que Sara Carelli se ha atrevido a etiquetarme en una inverosímil foto de primaria. Si bien es cierto que no quiero tener secretos con Edward, también lo es que todo tiene un límite.
De todas formas, por lo visto él también parece tener algún secreto.
Edward acaba de ganarse una etiqueta en una foto de familia, probablemente una comida o algo por el estilo para celebrar lo que sea. Reconozco a su madre, la altiva señora Cullen, que sigue siendo prácticamente la misma de hace quince años, y a su lado está Edward, que en una foto se besa en los labios con una chica guapísima. Y la chica en cuestión es también la propietaria del álbum, cuyo título es «Mi novio». No faltan algunos comentarios: amigos que preguntan para cuándo es la boda, otros que se felicitan por la entrada oficial de Tanya en la familia, hecho por lo visto acontecido hace poquísimos días.
Creo que me he quedado blanca. Félix se atreve con un comentario idiota:
— ¿Ves, mi amor, lo que pasa cuando te haces la romántica y aplazas tanto la primera cita? —Luego se da cuenta de que no es momento para bromas. En un instante he perdido todas mis fuerzas. Me ayuda a tenderme en el sofá y levantar las piernas, después va a por un vaso de agua y azúcar.
"Tiene novia", no paro de repetirme.
— ¿Cómo he podido ser tan estúpida?
—No, mi amor, no. ¡No me gusta que hables así! —me riñe Félix, después de llamar a Ángela y Rosalie para una reunión.
Y yo que creía que estaba a punto de nacer una de las más hermosas historias de amor de todos los tiempos. En cambio tiene novia, y esas fotos no dejan lugar a dudas.
Me acerco al ordenador, necesito chatear con él, quiero una explicación.
Nada, no está en línea. Me había avisado de que en Toscana le costaría conectarse. O a lo mejor sólo se trata de una excusa, porque no sabría qué decirme.
Después de unos minutos, llegan Rosalie y Ángela. Entran a toda prisa a Facebook para ver la prueba del delito. Y enseguida se ponen a analizarla, hasta con expresión concentrada, como si estuviéramos en CSI.
Analizando los datos, nos convencemos de que ha sido impreciso, un poco cabrón quizá, pero si no lo llamamos a testificar no podremos estar seguros de su culpabilidad.
Acto seguido, la atención de Félix es atrapada por un reality, Rosalie se pone al teléfono con su Emmett, del que sigue diciendo que follan como conejos pero que no se trata de amor, y mi hermana me acaricia la espalda, mientras que yo, delante del ordenador, espero a que Edward vuelva a aparecer en Facebook.
Después de un rato abandono y le dejo el teclado a Ángela. Mientras ella comprueba el correo, yo me quedo con la barbilla apoyada en su hombro. Mi cara habla claro: todos mis sueños se me han estrellado encima.
Pero de sueños no se vive, tiene razón Félix. Y me recuerda que, al fin y al cabo, la vida ha sido buena conmigo: he sufrido por culpa de Jake, eso es cierto, pero también hay gente a la que dan por culo todos los días. Y si la que se quema es una historia de chat en sus inicios, no será el fin del mundo. Ojalá estuviera de acuerdo con él.
De repente algo en la página de Ángela atrae mi atención.
Se trata de un corazoncito rosa, está allí, entre las noticias de los amigos de mi hermana, y al lado del corazoncito está el nombre de Jake escrito en letras mayúsculas. Parece que ha pasado de tener «novia» a ser "soltero".
¿Qué broma es ésta?
Los chicos vuelven a abalanzarse sobre el ordenador. ¡Esos buitres!
Es así, el perfil de Jake no miente. No está entre mis contactos; por esa razón, si no hubiera estado Ángela jamás habría podido descubrirlo: la del cardado ha sido abandonada. Muerta, liquidada, anulada. Hasta hay un viejo amigo nuestro que en el muro de Jake ha escrito: "¡Isabella forever!".
Dios, no puedo creer que esto esté pasando de verdad.
Ahora que lo pienso, hacía tiempo que no la veía en la tienda. Para ser sincera, hacía tiempo que la tienda de animales ya no estaba en mi mente.
Mi primera preocupación, en contra de lo que esperan todos, no es para Jake, ni para nuestro futuro juntos, es para esos dos pobres perros abandonados en el arcén de una calle.
— ¿Y quién te ha dicho que han sido abandonados?
—Si no lo han sido, les espera un futuro muy triste. Jake ha sido un inconsciente al vender dos cachorros a una chica como ésa. Sola será incapaz de mantenerlos... La ética del trabajo antes que nada.
— ¿Eras tan tocapelotas cuando estabais juntos? —me pregunta Rosalie levantando los ojos al cielo.
Félix, en cambio, me dedica una expresión perpleja.
—Diría que por fin lo estás olvidando, mi amor. En lugar de pensar en una manera para volver a conquistarlo, ¡te preocupas por dos perros que apenas conoces!
Es cierto, me preocupo por los perros, seguro, porque he podido constatar que tienen más corazón que muchos humanos, y ahora que miro más detenidamente las fotos de Jake en su perfil, esa caradura que hace tiempo me enloquecía sin remedio, me doy cuenta de que sobre todo me preocupo por él. No me gusta saber que está triste. Desde que lo hemos dejado, por mucho que haya sufrido, nunca he deseado que se sintiera mal. Si sufre él, sufro yo también. Siempre ha sido así.
La idea de que vuelva a estar disponible no me deja indiferente. Digamos que me molesta más ese beso que Edward ha intercambiado con su presunta novia. A veces el amor es como el juego de un trilero en el que acabas convenciéndote de que la carta está en el lugar equivocado. Es decir, siempre te gana él.
Antes de ir a dormir, le escribo un mensaje a Edward. Dos páginas de mensaje, si hay que ser precisos.
Matitase queja porque quiere que apague la luz. ¿Qué os parece? Hacer que vuelva a dormir en la cuna a estas alturas es ciencia-ficción. Gracias a esa rata de Schopenhauerahora tengo a una peludísima pareja que duerme a mi lado y no para de quejarse: le es imposible, no puede dormirse con la luz encendida.
Lo siento por ella, sigo escribiendo. Tengo muchas cosas que decirle a Edward, y como siempre no quiero dejarme nada en el tintero. Ese beso me ha dolido; me ha llevado a reflexionar.
Entre un pensamiento y otro, una línea y otra, sale la cara de Jake: solo y abandonado, debajo del cartel de Mundo Animal, al otro lado de la calle, por fin libre de desandar el camino. En mi fantasía estoy a punto de bajar de la acera para ir a su encuentro, pero en un instante mi mente es catapultada hacia Edward y su sonrisa encantadora. Quisiera poder tenerlo en mis brazos, pero ese beso sigue flotando en mi cabeza y un escalofrío de celos se extiende por mi columna vertebral.
Sigo en este columpio hasta que se me cierran los ojos y decido cederle el paso al sueño, en la esperanza de encontrar un poco de paz al menos. Mi vida siempre ha sido así. Llegan todos juntos: los desengaños y los amores.
Aqui esta el otro espero que les guste el capitulo y les siga gustando la historia
se podria decir que esta historia ya va por la mitad y muy pronto comenzare con
otra adaptacion, asi que gracias a las que dejan un comentario y a las que la leen...
Hasta luego :-)
