DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen son de S. Meyer y la historia tampoco ya que es una adaptación.
***´***Isabella***´***
Hemos ido todos al restaurante que ha elegido Félix para que celebremos la tradicional comida familiar que esperamos que nos traiga buena suerte con la nueva librería. Está también el profesor Bonelli, nuevo miembro oficial de la alegre compañía, ya que es co-creador de las nuevas iniciativas de la tienda. En este momento está ayudando a la abuela a bajar del coche.
El problema es lograr sentarla una vez dentro, ya que la mesa está empotrada en una especie de tarima sobre la que hay que subir... Como era de esperar, entre todas las mesas disponibles Félix ha reservado la más incómoda. Ver a la abuela escalar con la cadera hecha polvo, tres camareros sujetándola y la falda subiéndosele por encima de las enaguas es un espectáculo triste, como mínimo.
—Sabiendo que iba a venir una persona de noventa años, ¿no se te ha ocurrido escoger una mesa un poco más accesible?
Félix, que desde que hemos entrado no hace otra cosa que mirar a su alrededor con la esperanza de divisar a su Rodrigo, me contesta:
—Pero, mi amor, ¡ésta es la mesa más guay! ¡Y éste es un restaurante fusión, de tendencia! ¿Qué sabes tú de eso?
— ¿Fusi... qué? —le pregunto, sin perder de vista las acrobacias de la abuela—.
Lo que me preocupa es que después tendremos que sacarla de ahí.
De alguna manera, por suerte, al final logramos sentarnos todos en un puzle perfecto que recuerda al Tetris, y a mí me toca justo al lado del tercer intruso: el novio de mi hermana, que, desde que nos ha conseguido un amplificador y micrófono, ha sido acogido felizmente en casa.
Ángela le da la mano todo el rato, no se separan ni para leer el menú. Al parecer él es capaz de aguantarla incluso ahora, que está en plena histeria antes de la selectividad; por esta razón en nuestra casa se ha ganado el título de "el hombre más paciente del año".
Rosalie, sentada delante de mí, parece haberse mudado a otro mundo. Tiene una expresión enamorada, mucho más controlada. Nos ahorra sus nefastas ocurrencias sobre sexo y las muecas de asco ante el cariño que se muestran Ben y Angela.
Sigue sin estudiar, pero no podemos pedirle demasiado. Al parecer Emmett la ha invitado a su casa para presentarla ante la familia. En cuanto pueden hacen todo lo posible por verse, pero si le preguntas si están juntos, la respuesta de Emmett es siempre la misma: "Follamos como condenados, pero no se trata de una historia de amor".
Hoy es un día especial, así que fingimos no haber oído nada; hasta la abuela finge no haber oído nada y coge en sus manos los palillos y empieza a farfullar sobre las "extrañas costumbres de este desgraciado mundo".
Mientras tanto aumenta la excitación de Félix a cada instante que pasa; no para de mirar alrededor. Ha pedido sake para todos y se ha salido del Tetris que formamos para precipitarse a saludar al propietario del restaurante. A la vuelta nos lo presenta:
—¡Gianni, mi amor! ¿Has visto cómo al final he venido a verte? Prácticamente ésta es mi nueva familia.
Con el pretexto de que nos aconseje al menos una especialidad que debamos probar, Felix trata de sonsacarle alguna indiscreción sobre su amado Rodrigo, desafortunadamente sin éxito. El tal Gianni se comporta con impecable profesionalidad y nos aconseja incluso el vino.
Y hablando del vino acontece lo imprevisto.
No sólo nos aconseja un Nobile de Montepulciano de las bodegas Adinolfi, sino que subraya con orgullo que el propietario, Edward Cullen, es un querido amigo suyo.
Félix y yo intercambiamos una mirada sorprendida.
—Perdona, Gianni —le digo con cierta ansiedad—, ¿has dicho que eres amigo de Edward Cullen?
Gianni asiente.
— ¿Por qué? ¿Lo conoces?
— ¡Íbamos a la misma escuela!
— ¿En serio? Era un cliente habitual de mi anterior restaurante, y me ha prometido que también vendrá a verme aquí.
Ahora soy yo la que se excita, tanto que en comparación Félix parece un novato.
Sólo quiero volver a la tienda para conectarme a Internet. Ahora sé que el destino nos habría juntado de todas formas, incluso sin Facebook; ésta es la mejor prueba. A lo mejor hubiera acontecido en este mismo restaurante, ese encuentro imprevisto que he estado imaginando durante años. Lo mejor será citarse directamente aquí, para una cena romántica con velas. Era la idea que estaba esperando.
Ángela, Rosalie y Félix entienden a la perfección las razones de mi repentina ansiedad y, a diferencia de los demás, no se quedan pasmados al ver la caradura con la que envío a Gianni a la cocina para que nos traiga rápido lo que le hemos pedido.
—Total el sushi se sirve crudo, ¿verdad? ¡Entonces no debería tardar mucho!
De vuelta a la tienda, me precipito a la mesa de echar las cuentas y entro a toda prisa en Facebook. Finalmente tomo aliento.
Desafortunadamente Edward todavía no se ha conectado. Es la primera vez que llega tarde a una cita. Pero me ha dejado un mensaje en el correo.
Un mensaje que es peor que un puñal en el pecho.
"Querida Isabella —escribe, y el tono ni siquiera parece el suyo—: Hasta este momento no he sido sincero contigo, y no puedo seguir así. He meditado mucho sobre ello: soy un hombre y tengo que asumir mis responsabilidades".
"Lo de Tanya no se ha acabado, nuestra relación es tempestuosa, a veces difícil de gestionar, pero seguimos enamorados el uno del otro. Más ahora, que Tanya espera un hijo".
¡Pronto nos casaremos, es justo que lo sepas. Te pido por favor que elimines mi contacto en Facebook y en todo lo demás sin añadir más palabras. Soy abyecto, lo sé, pero renunciar a encontrarte y saber cómo podría haber sido nuestra vida de haberse producido ese encuentro antes me pesa demasiado y no me atrevo a eliminarte de mis contactos. Pero hay un niño de por medio, recuérdalo, y si yo no soy lo suficientemente fuerte e intento volver a contactar contigo, tendrás que serlo tú por mí: no vuelvas a confirmarme como amigo, te lo pido por favor. Como mujer, puedes imaginar lo que significa tener un hijo, y estarás de acuerdo conmigo si te digo que Tanya no merece un trato tan mezquino por nuestra parte. Te lo ruego, elimina mi contacto, bórrame y no vuelvas a buscarme nunca más. Soy un gusano asqueroso, lo sé. Pero al menos ahora lo sabes y no correrás el riesgo de enamorarte de mí".
Pero qué hijo de puta: ¿"No correrás el riesgo de enamorarte..."? ¿"Si yo no soy lo suficientemente fuerte..., tendrás que serlo tú por mí"? ¿"Claudia no merece un trato tan mezquino por nuestra parte"? Mezquino lo serás tú. Pero ¿con quién he estado hablando hasta este momento? Quiero llorar.
Vuelvo a la caja registradora con cara de luto. Pido a mi madre y a mi tía permiso para irme, necesito enterrarme en algún lugar.
Mi madre empieza a reñirme, pero la tía le da un toque y, abriendo los ojos de par en par, le hace notar que dos lágrimas acaban de resbalarme por las mejillas, sin que yo pudiera hacer nada por evitarlo.
La última vez que lloré delante de ellas acababa de encontrarme a Jake en una fiesta, borracho perdido, en los brazos de otra mujer.
Me dejan irme sin comentar nada. Luego envían a Ángela y Rosalie en misión de reconocimiento para enterarse de la envergadura del desastre en el que me he visto involucrada.
Me he puesto un bañador para sumergirme en mi bañera con pies de 1912; llevo una máscara refrescante alrededor de los ojos y no quiero hablar con nadie. Creo que estoy en las últimas.
Pero Félix, Ángela y Rosalie están todos a mi alrededor, y el ordenador está encendido para iniciar un nuevo episodio de nuestro CSI personal: esta vez el objeto de nuestras investigaciones es la última y chocante carta de Edward Cullen.
— ¿Qué vas a hacer? —Me pregunta Ángela—. ¿No quieres contestarle nada?
Creo que me conformaré con borrarlo de Facebook y de mi vida, tal como él me ha pedido. Naturalmente una parte de mí espera encontrárselo en el chat para hablar en directo, pero luego me pregunto para qué: lo único sobre lo que no se puede discutir en ese mensaje es que en medio de todo hay un niño inocente y no podemos olvidarlo. Además el hecho de que hoy no esté conectado no deja lugar a dudas: el gusano asqueroso no podría enfrentarse conmigo.
A Félix se le va la olla y empieza a buscar casos de famosos con los que comparar la situación: Daniel Ducruet cuando traicionó a Estefanía de Mónaco con una stripper; Hugh Grant cuando fue sorprendido con una prostituta mientras salía con la guapísima Liz Hurley; y llega a sacar hasta el ejemplo de Bill Clinton cuando dejó que se la chuparan debajo de la mesa. Pero ya se sabe que si no habla de cotilleos y mamadas no está contento.
Rosalie, justo en medio de nuestras discusiones intelectuales, llama mi atención sobre algo que quizá podría consolarme.
—¿Has visto, Bella? —Me dice señalando el ordenador—. Jake te ha enviado una solicitud de amistad.
¿Estamos hablando de Jake, mi Jake?
Sí, justo él.
¿Lo ves? Tenía razón: llegan siempre todos juntos, los desengaños y los amores.
¿Que les pareció?
Espero que les halla gustado, gracias a todas por sus
comentarios y a esta historia ya no le queda mucho
ya se acerca el final...
así que nos leemos hasta el jueves...
Adiós ^-^
