DISCLAIMER:Los personajes no me pertenecen son de S. Meyer y la historia tampoco ya que es una adaptación.
*´*´*´*Isabella*´*´*´*
Félix ya no sabe qué inventar para que vuelva a sonreír. Es tanto el tiempo que estoy en remojo en la bañera, que pronto me saldrán aletas.
De niña era capaz de quedarme horas dentro, con el champú en la cabeza, fantaseando sobre infinidad de cosas. A menudo imaginaba ser una sirena que salvaba a Edward de un tremendo naufragio. La fantasía nunca me ha faltado. Sin embargo ahora mi mente está completamente vacía y todas las palabras, las de Félix incluidas, las más divertidas, crean un molesto eco. Sólo quiero que me dejen en paz.
Edward se ha atrevido a enviarme otra solicitud de amistad en Facebook. Y como la he ignorado, me ha escrito un mensaje: "Llegados a este punto, sólo me queda desearte toda la felicidad del mundo, ¿no?".
Malvado. Malvado, malvado, malvado. Ni sé cómo interpretar su locura. ¡Y decir que parecía tan dulce y equilibrado! No es más que un loco que deja embarazada a una mujer para después ir de lánguido con la siguiente. De la peor especie.
Hace casi una semana que finjo estar enferma. Y he pasado tanto tiempo metida en la bañera con agua tibia que al final he cogido un resfriado. Al menos ahora por teléfono mi voz sí parece de enferma.
Sé que no podré seguir así mucho tiempo: la tienda me espera. Volver a organizar la librería y prepararnos para la inauguración no es algo que se haga todos los días. Tengo miedo de haber subestimado esta aventura, ¿y si nuestros encuentros de lectura resultan un desastre total? Me siento presa del pesimismo cósmico heredado de la abuela. Y como si no bastara, esta noche Felix ha sido invitado a una fiesta de disfraces que tiene como tema la famosa serie televisiva Sex and the City Party, y ya me ha advertido que no aceptará un no por respuesta. Y luego dice que soy yo la que se queda atrasada: todavía con Sexo en Nueva York, ¡ya está bien!
Tiene planeado vestirse como el personaje de Samantha y se ha comprado una peluca rubia. Está muy claro que le gusta sacar el putón que vive dentro de él, porque también en carnaval aprovecha para disfrazarse de zorra.
—Yo no voy —intento decirle—, a no ser que vayan también Angela y Rosalie.
—Oye, tu hermana ya se encuentra dominada por el pánico, porque falta poco más de un mes para la selectividad, y Rosalie esta noche va a la fiesta de cumpleaños de ese Emmett con el que folla como una posesa. ¿Qué le voy a hacer? Tienes que venir con mis amigos y no tocar las pelotas. ¡Verás qué bien te lo pasas! Es una de esas situaciones kitsch y un tanto deprimentes en las que sacamos a lucir lo peor de nosotros mismos.
—¡Si no sé ni cómo vestirme!
—Mi amor, ¡pero si tú eres Charlotte! ¡Ponte uno de esos conjuntos de primera comunión y ya estás lista!
No sé si tomármelo como un cumplido o aprovechar la ocasión para mostrarme ofendida y decirle que no tengo intención de acompañarlo. Por desgracia tengo la curiosa sensación de que, diga lo que diga, no serviría de nada, porque de la fiesta de Sexo en Nueva York de esta noche no me libra nadie.
Me rizo el pelo y me visto con lo más raro que encuentro en el armario, con combinaciones inusuales y atrevidas, porque yo no soy Charlotte, jamás en mi vida me he sentido Charlotte; soy más bien Carrie.
—¡Pero Charlotte jamás se vestiría así! —me reprocha Félix tan pronto como me ve salir de la habitación.
—De hecho soy Carrie —le hago notar molesta, y él por suerte evita hacer cualquier comentario; se limita a levantar las cejas, como diciendo: "Haz lo que quieras".
En el coche somos cuatro Samanthas y una Carrie. Es decir, cuatro gays y una pobre chica que claramente habría preferido quedarse en remojo en su bañera.
Pero la fiesta no está nada mal. Para empezar la han organizado en un estupendo barco en el Tíber, cerca de Ponte Sisto, y Roma de noche, vista desde aquí, impresiona.
En la lejanía se ve también la cúpula de San Pedro iluminada. Además, en contra de lo que esperaba, hay gente guay, bien vestida; claro, cuesta distinguir a los hombres de las mujeres, pero aunque no estuvieran disfrazados el problema seguiría siendo el mismo. Bien pensado, en eso consiste la diversión, ¿no es así?
¡Quién lo diría, las fiestas de Félix
Me gusta la decoración: una explosión de fucsia, composiciones de tul y orquídeas gigantes. Para acceder al barco hay que bajar por una de las dos antiguas escalinatas de mármol que se juntan en una rica balaustrada, donde un saxofonista se está luciendo con una fantástica pieza de jazz. En el amplio muro central se proyectan las escenas más significativas de la famosa serie televisiva y todos sus personajes, duplicados como por arte de magia, llegan al barco para lanzarse a bailes desenfrenados.
Felix está lanzado, va por su segundo Long Island y no creo que quiera parar. Me había adelantado que planeaba sacar a relucir lo peor de sí mismo, pero yo no creía que hasta este punto: de vez en cuando nos regala una imitación del personaje que interpreta, y a todos los chicos monos que pasan les grita:
—¡Estoy soltero! ¡Estoy soltero!
Por suerte, antes de abandonarme en el pandemónium de nostálgicos de Sexo en Nueva York, me presenta a "su segunda mejor amiga", una tal Irina que lleva una peluca roja, es decir, la abogada Miranda. Es mona, me parece simpática y sin demasiados pájaros en la cabeza.
Irina y yo decidimos lanzarnos a una moderada consumición de bebidas alcohólicas junto con un chico de gafas que dice haberse disfrazado de Steve. En la serie es el novio de Miranda, y por la manera en que le guiña el ojo a Irina supongo que en el mundo real aspira a lo mismo.
—Pero ¿Charlotte no llevaba el pelo liso? —me pregunta Steve tomando entre sus dedos uno de mis mechones rizados.
—En realidad soy Carrie —le contesto ya resignada.
Félix está desatado en la pista de baile. Claro, acaban de poner Womanizer, y él se da por satisfecho con poco.
En la barra se nos acerca un tío bajito sin pelo que lleva un traje azul perfectamente planchado. Me mira como si acabara de ver a la Virgen.
Un instante después se presenta:
—Soy Stanford —me dice con una molestísima voz nasal—, el amigo gay de Charlotte que en realidad no es nada gay, y tú eres guapísima.
Sólo me faltaba esto.
—Encantada, Carrie, es decir, Isabella
—Ah —dice decepcionado—. Creía que eras mi amiga Charlotte. Entonces voy a buscarla a otro lugar —añade, y se aleja molesto.
Irina y yo estallamos en una carcajada.
—¿Ves lo que pasa si no te amoldas a lo que los demás ven en ti? —me dice volviendo a tomar aliento.
—¡Sobre todo lo que pasa si te tomas un ácido de más! —añado, arrancándole otra carcajada.
Félix vuelve a la barra, todo sudoroso, para beberse el tercer Long Island de la velada.
—¿Te lo pasas bien?
—No se está mal aquí. Nostálgico y patético, en su punto.
—¡Mi amor, un poco de entusiasmo! Mira a tu alrededor, ¡está lleno de tíos buenos! No me gusta cuando te quedas estancada entre una subespecie de aspirante a veterinario sin posibilidades y un hombre de negocios prácticamente casado que encima es un cabrón.
La cara de Edward Cullen pasa por mi cabeza.
—Pero era guapo, ¿verdad? —le digo con aire soñador.
—En fin, nada especial —liquida la conversación con una mueca y la mirada puesta en la pista de baile.
—¡Admite que te encantaba! ¡Si decías que hasta se parecía a Ewan McGregor!
Eso incluso yo lo puedo suscribir.
—¡Smith Jerrod! —exclama Félix, con la mirada perdida vete a saber dónde.
—De verdad que creía que se parecía a Ewan McGregor —insisto, esperando que no se dé cuenta de mi ignorancia sobre el nombre que acaba de citar.
—Pero ¿qué es lo que has entendido? —me reprocha, de repente cardiaco—. ¡Ha llegado Smith Jerrod! —Y me señala a un tío al final de la pista.
Creo que acabo de reconocer en ese tío musculoso y rubio que está cerca de la entrada el semblante de su ex novio.
—Pero ¿ése no es Rodrigo?
—¡Sí! —me contesta, nervioso y sin embargo moderando el tono de voz—. ¡Pero esta noche es Smith Jerrod, el novio de Samantha!
Cómo se complican la vida estos gays.
Felix se controla y no da saltitos, se arregla la peluca y me pregunta:
—¿Cómo estoy?
—Eres... Samantha —lo tranquilizo con una sonrisa.
También Tania trata de infundirle valor, con una especie de mantra que parece conseguir darle fuerza.
—Recuerda —le dice—, tú eres el número uno, Felix. Le rompes el culo al mundo, o, si lo prefieres, el mundo te lo rompe a ti.
Felix se echa a reír y se aleja hacia la pista.
Smith y Samantha se reconocen como en una de esas viejas pelis en las que ella camina despacio y él no puede quitarle los ojos de encima. No necesitan decirse nada. Se alejan en el bullicio, felices por haberse vuelto a encontrar, por fin.
Sin embargo la idea de que Felix pronto abandonará mi piso parece dejarme aturdida por miedo a la soledad.
Me doy la vuelta para buscar consuelo en los ojos de Irina, pero ya se han perdido en los de Steve. Es cierto, esta noche se puede decir que la realidad ha superado la fantasía.
Por suerte una de las tres Samanthas con las que hemos llegado a la fiesta está a punto de volver a casa, y resulta que es la propietaria del coche. Me ahorro el taxi.
Durante el viaje de vuelta, le cuento toda la historia de mi vida, empezando por la primaria y Edward Cullen. Cuando llegamos a mi casa, me sonríe un tanto aturdida, imagino que estaba esperando la aparición de mi portal como el pueblo judío la llegada de Moisés.
Hay un Porsche gris parado debajo de mi casa. El motor está encendido y hay alguien dentro. A Samantha se le escapa un chiste:
—Si no se va, choco con su trasero, así después, con la excusa del parte del seguro, si el conductor es guapo, la velada sigue con un choque de otro tipo.
Nos reímos por última vez, luego el Porsche se aleja y bajo del coche. Por las prisas con las que Samantha arranca dudo si está persiguiendo al tío del Porsche o se moría de ganas de dejarme. Algo me dice que se trata de la segunda hipótesis.
En la habitación me encuentro delante de la mayor de las sorpresas, justo lo que me faltaba: Matita y Schopenhauerduermen a pierna suelta en mi cama. Si creen que voy a ir a dormir a esa vieja cuna chirriante que le compré a Matita, se equivocan totalmente.
Desafortunadamente me duele en el alma la idea de despertarlos y echarlos fuera de las mantas. Lo mejor será que me gane un pequeño espacio y pruebe a ver si cabemos los tres.
aquí esta el nuevo capitulo espero que les halla gustado
y nos leemos como siempre hasta el lunes
¡Feliz Año Nuevo!
