Capítulo 1
- Bueno, jovencitos - Claire cerró el libro que habían estado comentando en clase -, cuando regresemos de Grecia a ver si recordamos todo lo que hemos leído para continuar donde lo hemos dejado.
April levantó su mano con una sonrisa. Claire le dio la palabra con un gesto de su cabeza.
- Entonces, ¿vienes también?
Claire asintió
- Alguien tiene que ayudar a Thomas y a Margaret.
Thomas era el profesor de lenguas clásicas y Margaret enseñaba historia del arte, habían decidido organizar un viaje a Grecia para que los alumnos viesen por sí mismos lo que les enseñaban en fotos y diapositivas. Al ser estas asignaturas optativas, esperaban que los alumnos estuviesen interesados en algo más que en una semana en Europa sin sus padres. Este era un experimento, y, si funcionaba, sería el primero de muchos viajes de estudios similares. Uno de los profesores que les iba a acompañar se había puesto de baja, con lo que se le había pedido a Claire que fuese con ellos, para ayudar a controlar a los alumnos, además, éstos quería mucho a la profesora de literatura y el sentimiento era mutuo, así que no lo dudó en un sólo momento.
- Los alumnos están encantados con que vengas - bromeó Margaret cuando vio entrar a Claire en la sala de profesores.
- Aún van a pensar que les voy a dejar hacer todo lo que quieran - sonrió ella. No podía culpar a los niños, Margaret era un encanto, sí, pero Thomas…él era otra historia, de hecho, Claire no se explicaba cómo había aceptado hacer esa excursión.
Margaret sacudió sus rubios rizos y dirigió a Claire una mirada de complicidad.
- Pero ahora yo sí que voy a disfrutar del viaje… -dijo en voz baja -. ¿Has acabado ya?
- Sí, no tengo más clases por hoy - Claire se dirigió a su taquillero para guardar el material y coger su bolso.
- ¡Genial! Vamos a comer juntas
La profesora de literatura miró a su compañera y sonrió, Margaret era su mejor amiga, no podía negarle nada, además, ya estaba aburrida de comer sola.
- Muy bien, vayamos al restaurante nuevo, a ver qué tal se come allí
A Claire le pareció que, en lo referido a su participación en la excursión, Margaret no habría aceptado un "no" por respuesta. Ya había planificado unas cuantas "actividades secundarias" para ellas en los momentos en que podían separarse de los alumnos.
- Hay varios locales donde hay música en directo, jazz, música tradicional - comentaba entusiasmada -… aunque, claro, a Thomas ni una palabra de esto.
Claire se echó a reír.
- Conseguirás que me dé pena, si vas a abandonarlo toda la semana.
- ¿Con lo loco que está por ti?, tendrás suerte si te deja un rato sola.
- ¡Pero qué exagerada eres, Margaret!
- Ya, por supuesto… ¿te has fijado en la pinta que tenía ese postre que acaban de llevar a los de la otra mesa? Preguntemos qué es y pidámoslo. A ver si ahora hay suerte y nos atiende ese camarero tan guapo.
Claire suspiró. Le esperaba una semana de locos.
Evan entró en la cafetería y buscó a su amiga con la mirada. Habían quedado, como cada viernes, para tomar algo a la salida de sus respectivos trabajos… con la salvedad de que, en esta ocasión, Evan estaba en el paro. Por fin divisó a su amiga, en una mesa del fondo, jugueteando con el hielo de su Martini con limón.
- Un día duro, intuyo.
La chica levantó la vista y esbozó una sonrisa.
- Ni te lo imaginas, tuve que cubrir una rueda de prensa y… la verdad, alguna gente no sabe hablar en público.
Evan sonrió divertido y pidió una cerveza al camarero que se aproximaba.
- En serio - continuó cuando su amigo se sentó frente a ella -, nos llevó horas descifrar lo que habíamos grabado. Encima el redactor jefe nunca está contento, así que tuvimos que repetir la noticia tres veces antes de que nos diese el visto bueno. En fin, ¿Cómo va esa búsqueda de empleo?
- En ella sigo. La verdad, Syna, ahora que me han despedido me doy cuenta de que aquel trabajo no era para mí. Siento una especie de paz interior… Creo que mi destino no era esa editorial de guías de viaje.
- ¿Tu destino? - Syna se echó a reír -, ¿Cuántas cervezas has tomado ya, Evan? ¡Tú no crees en esas cosas!
Evan sonrió y sus ojos azules chispearon alegremente.
- Tal vez Aretusa ha influido en mi vida más de lo que creía.
- Estás loco - continuó Syna -, y Lysander está peor… él y sus locas amigas… Por cierto, vi a Laertes, me dijo que ya tenía a la persona adecuada para trabajar con Lys…
Evan no reprimió su carcajada.
- ¡Y tan adecuada! Alta, morena, ojos azules… ¡Ya están saliendo juntos!
- Este no pierde el tiempo… ¿No sabe que no debe mezclarse el trabajo con el placer?
- Vamos, Syna… eso son sólo tópicos.
- Pues mira cómo me fue a mí con Zenos.
- Eso no fue por mezclarte con un compañero de trabajo, fue por mezclarte con un imbécil - sentenció Evan con cara seria, de pronto, en su boca se dibujó una sonrisa maliciosa - ¿Dónde está? Hace mucho que no lo veo.
- Se ha trasladado a Corinto… por no verme, creo.
- Desde luego no erais "Lois y Clark"- Evan no pudo contenerse y explotó en una carcajada.
- ¿Por qué estabais todos tan seguros de que no íbamos a durar?
- Pues porque tú eres un encanto, y él un idiota… pero el amor es ciego, mi querida Syna, y estabas tan cegada, que no lo veías.
- Habló el Doctor Amor, ¿Sabes algo de Pyrena? - sin intención de ser cruel, pero con un ligero tono de venganza, Syna abordó el tema de la ex-novia de su amigo. Éste negó con la cabeza.
- No, pero tal vez sea mejor así, te recuerdo que me dejó hace poco…
- Pobre Evan
El joven miró a su amiga con una sonrisa
- ¿Otro Martini? - preguntó moviendo su vacía cerveza y aprovechando el momento para cambiar de tema.
- ¿Por qué no? Pero vamos a otro sitio y tú invitas.
Evan puso los ojos en blanco.
- Lo que usted diga, señorita.
