Capítulo 6
- Hay algo que debes saber sobre ese joven - Iolaus miró a Hércules sorprendido. Habían pasado un par de días, Gabrielle y él habían ido a Atenas junto con Seferis. El semidiós, movido por lo que se podría llamar un mal presentimiento, había llevado a cabo unas investigaciones… -. Aún no lo sabe, pero no es un mortal normal.
- Vaya, ¿es un semidiós como tú? – se alegró el cazador – entonces tenemos que trabajar más duramente, con otro más como tú el mundo será un lugar mejor.
- Iolaus…
- Hum… no es eso, ¿verdad? – Iolaus conocía y odiaba esa expresión en el rostro de su amigo, siempre que la ponía, algo malo iba a pasar.
- Es un semidemonio. Su madre era mortal, su padre no.
- Imposible, es un buen chico. Pregúntale a Gabrielle, no tiene maldad. Vale, es un ladrón, pero eso no dice nada, yo también lo fui. Vamos Hércules, no puedes hablar en serio.
- Por desgracia, sí, por eso sus padres lo abandonaron en aquellas cuevas, confiando que nadie lo encontrase y muriese allí.
- ¡Eso es cruel! ¡No me puedo creer que defiendas a esos infanticidas!
Hércules suspiró, aquello iba a ser muy difícil.
- El destino de ese chico es ser el mejor aliado de Ares, guerras asesinatos… ¡Va a masacrar Grecia!
- No si lo llevamos por el buen camino.
- ¡Es un demonio! No hay sitio para la bondad en él.
- Tú siempre ves la bondad en los demás.
- Me refiero a las personas, no a los demonios. ¿Crees acaso que Dahak hubiese sido bueno en otras circunstancias? – Hércules no sabía por qué aquellas palabras habían salido de su boca, pero se arrepintió en cuanto lo hizo. Iolaus le miró sorprendido mientras un estremecimiento recorría su espalda.
- Cuando le conozcas te darás cuenta de que hay mucho de su parte humana en él. Lo único humano que había en Dahak era yo, y no sirvió de nada… - añadió con un tono de amargura que entristeció al semidiós haciendo que se arrepintiese aún más de sus palabras -. Voy a buscar algo para cenar. – El cazador se fue ligeramente enfadado. ¿Por qué Hércules no quería confiar en el chico?
Xena y Gabrielle entraron en el campamento.
- Por tu expresión intuyo que no ha ido muy bien la conversación con Iolaus.- dijo la guerrera.
- Nada bien, se ha enfadado.
- Por lo que me ha contado Gabrielle, se ha volcado mucho con el chico. Tal vez tenga razón y no sea malo, a pesar de todo. Yo también era despiadada.
- No eras un demonio.
- Tal vez para Iolaus sí – dijo con un suspiro aunque sabía que el cazador le había perdonado hacía tiempo, ella no había logrado hacerlo.
- En absoluto, ya lo sabes – sentenció el semidiós -. Pero tenemos que hacerle razonar.
Seferis miraba las estrellas en un claro cercano al campamento. Iolaus lo había llevado hasta allí para reencontrarse con sus amigos, pero la verdad era que no le habían inspirado mucha confianza. Hércules se había mostrado algo desconfiado con él, y le había sorprendido, ya que el héroe era famoso por su buen corazón, no le cabía en la cabeza que le tratase así por ser un ladrón.
Oyó unos pasos que se acercaban, se incorporó creyendo que era Iolaus que le estaba buscando, pero en su lugar se encontró con una hermosa joven.
- ¡Hola! – dijo tímidamente.
La muchacha sonrió encantadoramente.
- Me alegra ver que no estoy sola en este sombrío bosque.
- No, estoy con unos amigos – Seferis señaló vagamente la dirección en la que se encontraba el campamento.
- ¡Oh!, ¡Genial! Mi nombre es Karisse.
- Seferis – el muchacho no podía apartar su mirada de la chica, era muy hermosa. -. ¿Te has perdido?
- Algo así, realmente buscaba algo.
- Ah, ¿sí? ¿Y qué buscabas?
- Pues ahora mismo creo que a ti. - dijo la joven acercándose coquetamente.
Seferis tragó saliva.
- Ven, te presentaré a mis amigos.
- ¿No podemos charlar un rato? ¿Tú y yo solos?
- Esto… bueno… claro que sí…
El tiempo pasó sin que Seferis se diese cuenta, Karisse le parecía una joven extraordinaria y hermosa, el joven se dio cuenta desde el momento en que la vio que sería capaz de hacer cualquier cosa por ella.
- Debería irme, mis amigos me estarán buscando.
Karisse le miró.
- Tampoco los conoces mucho, por lo que me has contado – comentó con frialdad.
- Bueno… a Iolaus sí, se puede confiar en él, y me ha contado tantas cosas de Hércules que es como si también le conociese – añadió con algo menos de convencimiento -, luego están Gabrielle y su amiga, Xena.
- Espera, espera… ¿Hércules?, ¿Xena? – la chica se alarmó.
- ¿Ocurre algo? ¿Los conoces?
- No son de fiar.
- Pero si me han ayudado…
- Eso lo hacen para ganarse tu confianza, después te traicionarán y te harán creer que unos héroes como ellos no pueden preocuparse por lo que le ocurra a un ser simple como tú.
- Pero Iolaus…
- Ese Iolaus es una marioneta al servicio de Hércules. Hará todo lo que él le diga.
- No te creo. – aunque la sombra de la duda comenzaba a asomar en el rostro del muchacho.
- Muy bien, ya lo comprobarás por ti mismo. – Karisse se giró y se volvió a adentrar en el bosque dejando a un Seferis confuso detrás. Una vez lejos del alcance del joven ladrón, Karisse sonrió malévolamente mientras se transformaba en quien era realmente, Discordia. Esta vez su plan no fallaría, Seferis se uniría a Ares y tal vez ella podría al fin deshacerse de ese maldito mortal rubio al que tanto detestaba. Seferis, mientras tanto, se encaminó hacia el campamento, de lejos le llegaba la conversación entre Hércules y Xena.
- Puede llegar a ser tan terco… - decía el semidiós pensando en su mejor amigo. – Tiene que entender que es peligroso, el chico no puede renunciar a su destino.
Seferis permanecía oculto tras unos árboles, ¿estaban hablando de él? ¿Acaso ese tal Hércules ya lo condenaba por sus pequeños hurtos?
- Y debemos evitar que llegue a ser lo que le depara el futuro… - comenzó a decir Xena
- ¿…aunque eso signifique matarlo? – concluyó el semidiós.
¡Karisse tenía razón! Iolaus le había llevado directo a la muerte. Seferis echó a correr y tropezó con el cazador, a quien ya se le había pasado el enfado y regresaba silbando alegremente con las piezas que había cazado para cenar.
- ¡Eh!, ¡Seferis!, ¿A dónde vas tan rápido?... ¿Seferis?
- ¡No te acerques a mí! – gritó el chico mientras se alejaba corriendo.
Iolaus, estupefacto, regresó a donde estaban sus amigos.
- Muy bien, Hércules, ¿Qué le habéis hecho al chico? – preguntó molesto.
- ¿Cómo dices?
- Acabo de cruzarme con Seferis, que corría como si le persiguiese una Hydra.
- Aquí no ha estado.
- Pues venía de esta dirección.
- Tal vez haya oído la conversación – dijo Gabrielle, preocupada, mientras cogía la cena de manos del cazador.
- No quiero ni saber qué puede ser lo que haya escuchado. La verdad, Hércules, si querías evitar que el muchacho abrazase su destino, me parece que traicionarle no es la mejor ayuda que le puedes ofrecer. – dijo mientras se adentraba de nuevo en el bosque con la esperanza de seguir el rastro del joven y convencerlo de que con ellos estaría a salvo. Hércules suspiró, ahora sí que su amigo estaba enfadado.
