Capítulo 7

Efectivamente, aquella era una salida… Pero ahora sí que era completamente evidente que se habían perdido, pues ni Evan ni Pholus tenían ni idea de dónde estaban. Un camino en pleno bosque conducía hacia un pequeño pueblo… que parecía no haber evolucionado desde hacía miles de años. Las casas eran de madera o de arcilla, de dos pisos como máximo y el tejado era de paja. Por la cantidad de campos de cultivo y de animales que se veían, se podía deducir sin miedo a equivocarse de qué modo se ganaban la vida sus habitantes. En los exteriores de las casas, gran cantidad de pieles se extendían a lo largo de cordones que se ataban en los extremos de dos postes. Parecía que hubiesen hecho un viaje en el tiempo a través de aquella cueva.

Después observar con curiosidad la zona y preguntarse qué clase de sitio sería aquel, no pudieron evitar una expresión de asombro al ver a sus habitantes. Todos vestían ropas elaboradas con pieles y cuero. Uno de ellos los vio llegar y se acercó a otro hombre, que vestía una larga túnica de color verde.

- Ha vuelto – dijo.

El hombre de la túnica sonrió y abrió los brazos mientras se acercaba a ellos.

- ¡Bienvenidos!, forasteros – dijo. Claire era consciente de que el hombre hablaba griego, y de que ella no sabía más que las palabras básicas que todo turista debe conocer, así que… ¿Por qué extraña razón entendía todo lo que la gente decía? De haber compartido sus pensamientos con Evan, que también fruncía el ceño, habría sabido, además, que aquel griego no era el que se hablaba en la actualidad, sino que era griego antiguo. ¿Sería esta una especie de secta anclada en el pasado?, se preguntaba el hombre, la gente hacía muchas excentricidades, pero esto rozaba lo surrealista.

Momentos más tarde, Claire esperaba pacientemente en compañía de April y Pholus mientras Evan razonaba con aquel hombre tan extraño.

- No queremos alojamiento, queremos volver a Atenas…

- ¿Y para qué quieren ir allí? – continuaba diciendo el hombre – aquí disfrutarán de una estancia muy agradable.

Evan puso los ojos en blanco.

- Pero es que venimos de Atenas.

- Entonces ya sabe cómo llegar – razonó el hombre.

- Escúcheme una vez más, muy atentamente, señor…

- Palamedes.

- Bien, señor Palamedes – repitió Evan -, le digo por enésima vez que estábamos en Atenas, hubo un terremoto, nos metimos en una cueva, la entrada quedó bloqueada y aparecimos aquí.

- Una cueva no es el mejor sitio para protegerse de un terremoto – comentó el hombre de la túnica. Evan levantó los brazos, desesperado. Respiró, contó hasta diez, y volvió a empezar.

- El problema es que el único camino que conocemos para regresar a Atenas es esa cueva y está bloqueada por su otro extremo. ¿Sabe si hay algún otro camino?

- Me temo que no, pero en un día o dos desbloquearán la salida, así que, mientras, les recomiendo que visiten la taberna de Heleia, allí la comida es exquisita y las habitaciones son de lo mejorcito que hay en Hymetrias.

- ¿Hymetrias? – Evan se preguntaba de qué le sonaba aquel nombre.

- Sí. Ahora, si me disculpa, voy a hablar con Heleia para que les prepare las habitaciones.

Evan iba a decir una vez más que no querían dormir allí pero se lo pensó mejor, ese hombre parecía determinado a ignorarle, así que, ¿para qué esforzarse? Se giró hacia donde estaban sus compañeros, Claire hablaba con los dos jóvenes. Lo cierto era que la chica había llamado su atención desde que la primera vez que la vio, contemplando la Acrópolis. Sus verdes ojos le habían impresionado y, a pesar de que la joven no lo había demostrado demasiado en los días anteriores, poseía una dulce sonrisa que le había cautivado.

- April y Pholus están cansados – dijo la profesora, ajena al escrutinio al que estaba siendo sometida – tal vez no sea tan mala idea dormir aquí, mañana buscaremos la forma de ir a Atenas, cuando estemos más descansados.

Evan dio otra vuelta más en la cama, no era que no fuese cómoda, aunque, para qué negarlo, había dormido en lugares más confortables que aquella cama arcaica., pero lo que le quitaba el sueño era la incapacidad de comprender lo que había ocurrido. Recapitulando, se habían metido en una cueva desconocida para él que estaba en un parque en el que había pasado prácticamente su vida. Habían caminado tanto que estaba seguro de que ya habían salido de Atenas y aparecían en un pueblo donde las casas eran como se suponía que habían sido las casas de la antigüedad, la gente vestía como vestiría en esa época y encima hablaban griego clásico. ¡Era de locos! Se había pellizcado en varias ocasiones, para descartar que aquello fuese uno de sus sueños, pero no, no lo era. Para colmo, el poco rato que había conseguido dormir había tenido un sueño muy extraño. Se levantó y salió de la habitación. A Pholus parecía no incomodarle la cama pero, claro, seguro que había dormido en sitios peores, se dijo mirando al joven con compasión. Poco había podido sonsacar al muchacho sobre su vida, pero sabía que sus padres habían muerto cuando él tenía diez años, que había huido de los servicios sociales y que robaba para sobrevivir. En el museo necesitaban un chico de los recados, no era un gran empleo, pero al menos ganaría dinero para llevar una vida algo más digna. Hablaría con Pholus cunado toda aquella locura pasase.

- ¿No puedes dormir? – La voz de Claire le sacó de sus pensamientos.

- Por lo que veo, tú tampoco.

- Ha sido un día de locos. Al menos April se quedó dormida en cuanto se acostó.

La pobre estaba muy asustada

- No está muy familiarizada con los terremotos…

- No, no – la interrumpió Evan -, antes, cuando íbamos al hotel.

- Bueno, no es para menos, se escapó.

- Pero se arrepintió y quiso volver en seguida… sólo que se perdió.

- Tuvo suerte de encontrarte.

- ¿Ahora es suerte? – bromeó Evan alegremente.

- Escucha… no hemos empezado con buen pie, lo siento, soy una desconfiada y…

- No pasa nada, es comprensible, no me cruzo tantas veces ni con mi compañero de piso. Han sido demasiadas casualidades extrañas. Yo también sospecharía.

Claire lo miró fijamente sin creerlo. En esos ojos azules se podían adivinar muchas cosas, pero no desconfianza. Decidió cambiar de tema.

- ¿Y Pholus?

- Como un tronco. Pobrecito, deberíamos aprender de él, que no hace miramientos a las camas de este sitio. Seguro que ha dormido en sitios mucho peores.

- No son tan incómodas, cuando te acostumbras. Yo me dormí un buen rato y descansé bastante bien.

- Qué suerte… yo sólo logré dormir un poco, y, para eso, tuve un extraño sueño con la novia de mi mejor amigo vestida con un traje de cuero…

Claire levantó las cejas, divertida.

- Noo, no esa clase de sueño – comentó Evan sonrojándose ligeramente -. Era una especie de armadura… y llevaba una espada y un chakram… creo.

¿Cuero negro? ¿Espada? ¿Chakram? ¿Dónde había visto Claire todo aquello? La mujer sacudió la cabeza, probablemente en alguna película o serie de televisión.

- ¿Crees que el hombre extraño dice la verdad y no hay ningún otro camino para volver a Atenas? – preguntó al poco rato. Habían salido de la posada y caminaban tranquilos bajo el cielo estrellado con la sensación de que ya habían hecho aquello antes.

- No, tiene que haber algún otro modo de llegar. Sería ilógico que el único acceso fuese una cueva de cuya existencia nadie sabe… Pero, claro, en este pueblo todo parece carecer de sentido. Es como si el tiempo se hubiese pasado para ellos… ¡Si hasta hablan en griego antiguo, por Dios!

- ¿Griego antiguo?

- Creí que lo sabías, como hablaste con ellos tranquilamente…

- ¿Hablé con ellos? Noo, yo les hablé en inglés.

Evan sacudió la cabeza haciendo que varios mechones de su ondulado cabello rubio se desplazasen hacia sus ojos. Con una mano, los apartó.

- Hablabas en griego clásico.