Mai Hime (c) Sunrise.

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Despertó con brusquedad.

Sus manos permanecían aferradas en las suaves telas que cubrían su cuerpo mientras intentaba controlar el acelerado palpitar dentro de sí. Shizuru no frecuentaba estos males nocturnos, pero era evidente el desorden que provocaban las veces que se presentaban con total nitidez. Tomó su sien por un instante, lamentándose ante el frío sudor que desprendía de su cuerpo. No era el lugar ni el momento para ser formales, con algo de torpeza, intentó librarse de su lecho en busca de distracción ante el sofoco de los recuerdos. Sin embargo, la evidente retención de las sábanas que se oponían a su voluntad la descolocó enseguida.

Un ligero movimiento que la regresó en sus cabales.

Debió asumir de inmediato el estado despierto en el que estaba. Bastaba con ver que traía prendas puestas. Y no habían jadeos en el ambiente, ni la satisfactoria sonrisa de una labor bien cumplida.

Reprimió el chillido de burla en un rincón de su mente por aquella ilusión.

"Hn-"

Roces que pasaron desapercibidos para su compañía, mientras parecía intentar acomodar su postura luego de un movimiento inusual que en su estado más profundo podía detectar. Un gesto breve y molesto se asomó por el rostro de Natsuki, su perfil pasó de enfocarse en Shizuru a una posición extendida, su espalda completamente fija hacia el colchón, sus brazos descansaban de manera arbitraria a sus costados.

Shizuru desvió la mirada.

Se enfocó en la hora. No había pasado demasiado tiempo desde que volvió a pisar las tierras de Fuuka. Su única razón de regreso se encontraba a centímetros de ella, arriesgando una noche demasiado abrumada y llena de promesas. Al tiempo de recomponerse por completo después de remojar su rostro meticulosamente y calmar sus impulsos, Shizuru no se dio más tregua consigo misma. Arribó al descanso compartido y se aseguró de cubrir los miembros a la intemperie de su persona más importante.

Contempló por unos minutos el suave vaivén de aquel respirar con una sonrisa que por nada en el mundo abandonaría su rostro. Se sentía llena. Shizuru envolvió su embriagador cuerpo con el propio y, a pesar de las inconscientes protestas de Natsuki, jamás fue repudiado.

Cuando la luz del sol llenó de pleno su rostro, un distorsionado alegato se asomó por su garganta. La falta de sueño y el hecho de no ser una persona de temprano despertar la perturbaba evidentemente. Comenzaba a registrar el incómodo pesar en su cuerpo. Lo desconocido que le parecía ese techo...

Natsuki alejó su rostro con pereza cuando unos traviesos castaños se divertían con su sensible nariz. Recordó su llegada, incluso cuando se había quedado dormida; esperando, hasta que sintió como se acomodaban a su lado con urgencia. El solo sentir su presencia le bastó en ese entonces.

"Estoy en casa."

"Shizuru." Movió un poco sus hombros, esperando alguna reacción. Lo único que recibió fue un agarre más firme. "Despierta."

Giró la cabeza para ver la hora. Ya no había horario para el desayuno matutino por lo cual, si no se movían pronto, tendrían que buscar algún sitio para comer. Y pronto.

"Natsuki, buenos días..." Su voz algo áspera la sorprendió por un instante. Natsuki esperó unos segundos, inconscientemente memorizando el momento antes de responder.

"Si, umh- si te movieras de encima..."

Escuchó un murmullo. Sintió el rostro de Shizuru que se impregnaba bajo su hombro de un lado hacia otro, quizás, intentado volver a conciliar el sueño, o tal vez desprenderse de este mismo.

'Dios, todo huele a ella-'

Intentó distraerse mientras, por cualquier motivo, evitaba bajar la vista.

"¿Natsuki?"

"A-Ah. Oye, ¿podemos salir a comer?"

La extrañez en la castaña por la abrupta confesión la sacó de su relajada postura, al modo en que se incorporó para verla por primera vez durante el despertar. Natsuki evitaba el contacto visual, y asumió de inmediato que la cercanía entre sus cuerpo era un factor demasiado influyente en su persona. Pero Shizuru tuvo compasión, por esta vez.

"Si Natsuki me invita de manera tan abierta, ¿cómo puedo negarme?" Aquellas oscuras cejas se contrajeron levemente antes de continuar con su estoica y valiente evasión. Shizuru retiró los cabellos que obstaculizaban el verde de sus ojos, antes de posar una ligera caricia sobre su mejilla.

Estaba fría, al contraste de sus labios.

"...Esto es invasión a la privacidad, sabes."

Allí estaban, un par de irises que ardían bajo la luz natural. A pesar del ligero rubor en sus mejillas, no fueron lo suficientemente llamativas para quien causó la escena. Shizuru re-acomodó su postura por sobre su conquista, la genuina sonrisa adornando su rostro mientras no paraba de convencerse de lo maravillosamente feliz que un momento como este no sea más que una simple ilusión.

"Perdóname, no puedo evitarlo. Es porque me haces demasiado feliz."

No esperó respuesta alguna mientras volvía a descender, tampoco perdió de vista la indescriptible mirada que Natsuki tenía. Pero si una única acción valía lo suficiente para sabotear su repentino conflicto, entonces podría concluir que había hecho lo necesario.

De todas formas, no le molestaría acostumbrarse a esta rutina.


"Iré a vestirme. Natsuki es bienvenida de hacer lo que le plazca mientras tanto."

Shizuru desapareció tras la puerta del baño, dejando atrás a Natsuki quien no se movió hasta que oyó el seguro de la misma. Organizó el desorden de sábanas en la habitación y esperó pacientemente en el living del silencioso lugar.

No tuvo mucho tiempo para pensar. Al menos, recordó que debía encargarse de Mikoto en cierto punto del día. Mai ha tenido que trabajar el doble para reembolsar en algo el costo de la operación y tratamiento de su hermano. A pesar de que todo ya estaba finiquitado, Natsuki comprendía el esfuerzo y el honor en no quedarse atrás en temas de deudas. Aún si la familia Okuzaki no necesitara del dinero que probablemente les cargaría su cuenta personal hasta que Mai dejara esta mundo.

"Shizuru, ¿dónde quieres ir?" Levantó su voz mientras abría las ventanas del lugar, esperando ventilar lo suficiente antes de partir. Escuchó movimientos de entre los muebles que anunciaba la presencia de la castaña.

"¿Recuerdas la última vez que desayunamos afuera?"

"Oh, está bien."

Natsuki alcanzó la chaqueta que trajo consigo, sosteniéndola bajo su brazo. "Por cierto, tengo horario hasta el atardecer. Mikoto necesita quien la vea... en realidad no lo necesita, pero ya sabes como es Mai." Sonrió con desgano, no sabría si podía enterarse de todo lo que sucedió en Kioto durante las horas que les quedaban. Shizuru parecía demasiado tranquila.

"No hay problema alguno. Por ahora, será mejor apresurarnos."

Se aferró de su brazo libre por unos segundos, mientras Natsuki revolvía su oscura cabellera antes de volver a arreglarla.

"Me dirás como te fue... ¿cierto?"

"Hm. Quizás."

"Shizuru, no me iré si me en-"

"Lo haré después de comer. Quiero disfrutar este momento contigo." Shizuru se separó al instante y con decisión en sus pisadas abrió la puerta principal, esperando a la salida de Natsuki quien la miraba algo indignada.

"Bien."

Aún así, mientras pasaba a su lado, le marcaba repetitivamente uno de sus ojos con su dedo índice, señalando que estaría al pendiente de su conversación. Shizuru giró sus ojos con pesadez, a pesar de la sonrisa que no pudo evitar ante tal infantil acto.

Le era imposible, a estas alturas, tomar en cuentas las amenazas de Natsuki quien solo se representaba como un niño que cobrará sus dulces al final de día.

Salieron relativamente temprano del local. Una vez más con el estómago lleno, y sin la falta de reproches por haberse mantenido con instantáneas durante la ausencia de quien solía preocuparse de sus dietas, Natsuki relajó sus nervios lo suficiente hasta el momento. Esta vez tomaron el camino entre la multitud, disfrutando de la compañía ajena. De vez en cuando se detenían a mirar ciertas vitrinas, ligeros comentarios sobre lo que el local les ofrecía y la tentación de probarlas en cada tienda que pasaban. Natsuki no estaba en ánimos de ponerse faldas, y las indirectas de Shizuru no la ayudaban en declinar su postura.

Finalmente, con la aparente decepción en su espíritu, el cansancio del reciente viaje comenzaba a tomarla por completo. Shizuru cruzó miradas con Natsuki y su gesto de disculpa fue comprendido de inmediato.

"Vamos. Tengo que regresar temprano de todas formas."

Shizuru negó con la cabeza mientras jugaba con sus manos, un hábito no muy común en ella."Puedo acompañarte, volveré a casa después."

"Nah, está bien. Necesitas descansar." Cuando Natsuki se dio cuenta que Shizuru no la seguía, tomó aire antes de girar, pero en ese corto lapso de tiempo la castaña ya estaba a su lado retomando el paso en silencio.

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Se encontraban fuera de su casa, en la tranquila vecindad. Los rayos del sol ya no resaltaban los rubios cabellos ni el fuerte contraste del azul bajo el atardecer. Shizuru no lo resistía, o el pesar en su cuerpo no le permitía pensar más allá de sus fronteras. Tomó lentamente entre sus manos el ahora cálido rostro de Natsuki, mientras sentía como rodeaban su cintura con delicadeza y algo de indecisión antes de depositar un tierno beso en su bonita nariz. Observó el perplejo parpadear de Natsuki frente a sus divertidos ojos antes de separarse por completo.

"Natsuki llamará cuando regrese a los dormitorios, ¿si?"

"Ah... te estás- ¿te estás vengando de algo?" Natsuki formaba una desconfiada sonrisa al soltar sus palabras, intentando rebobinar los eventos del día. Pero solo vio el abrir de la puerta que permaneció en su posición, solo hasta que decidió adentrarse una vez más. Entonces lo comprendió.

Lo había olvidado.

No fue sino hasta después que fuera forzada sutilmente hacia la puerta tras de sí con su espalda, su mente demasiado ocupada en el tacto sobre su cabello y el sabor de los labios de Shizuru. El aire que desprendía sin ritmo aparente sobre su acalorado rostro no ayudaba en el proceso.

Una prolongada imagen que solo debía presentarse entre paredes.

"Ve. Mikoto-chan se pondrá impaciente."

"...Tú estás impaciente."

Se miraron unos segundos en silencio antes de reír con soltura, aún cuando sabían que había un tema pendiente en consideración.

"Entonces," Natsuki tomó un distancia prudente, asegurándose de que debía partir. "hablamos luego."

"Maneja con cuidado."

"Sí, sí. Descansa." Tomó la perilla, dando un último vistazo al solitario ambiente que rodeaba a quien poco parecía importarle mientras le sonreía con ternura. Tal vez...

"Nos vemos."

Talvez, algún día, compartirían esa misma soledad.