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Investigación
―¿Qué coño ha pasado?
Si algo caracterizaba al Jefe de la Oficina de los Aurores, Spencer Tigh, era que siempre estaba soltando tacos. Cuando se levantaba por las mañanas, cuando iba al trabajo y cuando lo dejaba. Los aurores incluso tenían un pequeño tarro en el que iban poniendo un knut cada vez que Tigh decía una palabra malsonante. Ya habían tenido que llenar el tarro varias veces, y con el dinero se habían pagado la cafetera manual y cantidad de material de oficina.
―Anoche, a las veintitrés cero cero, los mortífagos Rabastan Lestrange y Rodolphus Lestrange se aparecieron en un callejón cercano al edificio Old Bailey, aquí, en Londres. Conseguimos capturar a Rabastan, pero Rodolphus escapó en un traslador, presumiblemente ilegal ―Harry Potter narraba los hechos sucedidos hacía tan sólo unas horas.
Spencer Tigh se dio la vuelta y miró a Potter. Ni siquiera centró su atención en Ronald Weasley, el compañero de trabajo de Potter.
―¿Cómo que escapó?
―No pudimos detenerle a tiempo, señor.
Tigh siguió andando.
―¿Sabemos a dónde fue?
―Lo estamos investigando, pero si se tratase de un traslador ilegal, y con toda seguridad que así lo sea, será difícil seguirle la pista ―indicó esta vez Ron.
―Está bien. Esto es lo que haremos. El Ministro me presiona con este tema de los mortífagos, así que trataremos de mantenerlo todo en secreto. Lo último que necesita ahora la Oficina de Aurores es que se sepa que un mortífago se nos ha escapado de las manos. No ahora que hablan de cortarnos la financiación ―cierto era que ya no quedaban tantos mortífagos sueltos, y que, por tanto, la Oficina de Aurores ya no eran tan necesaria (el cuerpo mismo se había creado durante la Primera Guerra Mágica). Por ello, pesaba sobre las cabezas de todos los aurores la amenaza de recibir menos dinero por parte del Ministerio ―. Potter, Weasley, os pongo al cargo de este asunto. Ponedme al tanto de todo lo que sepáis.
Tigh entró en una sala, dejándoles solos.
―Bien, ¿qué vamos a hacer?
Harry pensó por un momento.
―Hablemos primero con Lestrange, antes de que se lo lleven a Azkaban. Al menos a ver si así logramos no tener que recurrir a los de la Oficina de Trasladores.
Llegaron hasta las celdas que el Ministerio tenía próximas a las salas del Wizengamot.
―¿La táctica del auror bueno y el auror malo? ―preguntó Ron.
―Por supuesto que sí. Tú haz esta vez del malo, ¿de acuerdo?
Ron sonrió.
―Será todo un placer.
Entraron en una sala de interrogatorio. Lestrange estaba sentado en una silla, con las muñecas unidas mediante cadenas. Ron pasó a su lado y tiró fuertemente el dossier con el expediente de Lestrange sobre la mesa. Acto seguido, se apoyó en una pared y sacó un cigarrillo. Harry, por su parte, se sentó delante de Lestrange y abrió el dossier. "El auror malo", pensó Harry. Si Hermione se enteraba de que Ron había estado fumando, lo mataría.
―Muy bien, Lestrange. Hagamos esto fácil. No serías el primer mortífago que confiesa sus planes… o los de sus compañeros. El Ministerio es magnánimo con quienes le ayudan. Si nos cuentas lo que queremos saber, lo tendremos en cuenta y, quien sabe, muy probablemente te reduzcan la pena.
Lestrange soltó una risotada.
―¿Crees que soy idiota, Potter? ¿O que soy nuevo? Yo he estado en esas salas. He asistido a mi propio juicio. Me mandaron a Azkaban cuando los dementores eran los jefes del cotarro. Tengo entendido que ahora lo habéis convertido en un burdo motel de carretera. Así que ya puedes volver por donde has venido, Potter. No te diré nada.
Harry miró a Ron.
―Te he dicho que podríamos hacer las cosas por las buenas, pero ahora tendremos que esperar al Veritaserum y…
De repente, Lestrange comenzó a agitarse y convulsionarse. Una especie de espuma blanca le comenzó a salir de la boca. Instintivamente, Harry se lanzó al cuello del mortífago para impedir que cualquier tipo de sustancia entrase en él, pero ya era demasiado tarde. Lestrange cayó muerto sobre la mesa.
Harry miró a Ron. Se podría decir que tan pronto y ya estaban jodidos.
Minutos después, operarios del Ministerio analizaban la escena del suicidio. Entre los investigadores que allí se encontraban, estaba el padre de Ron, el señor Weasley.
―Papá, ¿qué haces aquí? Formas parte de la Oficina para el Control y Regulación de los Objetos Muggles. No sabía que ahora os involucrabais en temas de suicidios. A menos que…
―¿A menos que haya objetos muggles de por medio en ese suicidio? Sí, hijo. Por eso nos han llamado. Mirad.
Les enseñó una bolsita de plástico que contenía un diente.
―¿Un diente? ―quiso saber Ron, sin entender muy bien de qué iba la cosa.
―No exactamente.
―¿Un diente falso? ―añadió Harry.
―Bingo. Un diente falso. Concretamente, una de las muelas, situada más al interior y, por tanto, más próxima a la garganta.
―¿Pero para qué llevaría Lestrange un diente falso? ―preguntó Ron.
―¿Guardaba un veneno dentro?
―Bingo otra vez, Harry. El diente está hueco. Con la capacidad como albergar un veneno. Pero los de la autopsia no han encontrado restos de cualquier tipo de veneno mágico. Lo que en realidad han encontrado es… cianuro.
―¿Cianuro? Eso es una sustancia muggle ―comentó Harry.
―Exacto, hecha por muggles.
―¿Pero qué hacía Lestrange con un diente falso lleno de cianuro en la boca? ¿Dónde lo consiguió? ―preguntó Ron esta vez.
Los tres hombres salieron de la sala mientras hablaban.
―Es un método habitual que tienen los malhechores para impedir que les hagan hablar. Basta con que muerdan fuertemente el diente para que se quiebre, o tan sólo tienen que quitarlo. Tras eso, se tragan la pastilla o los polvos.
―¿Hay alguna forma de averiguar de dónde sacó Lestrange el cianuro? ―quiso saber Harry.
―Por el momento no. Intentaré averiguar de dónde sacó este diente falso, a ver si da alguna pista. Os avisaré más tarde.
―Gracias, papá ―se despidió Ron ―. Bien, Lestrange ha muerto, pero quizás ese diente pueda darnos una pista. ¿Qué es lo siguiente? ¿Oficina de Trasladores?
―Bien lo has dicho.
Al instante, subieron a la Oficina de Trasladores, en el Departamento de Transportes Mágicos. En la recepción, una mujer bajita y rechoncha se encontraba tras una mesa. Sobre ella había varios objetos sucios y antiguos, como una taza desportillada, un zapato de señora manchado de barro y una estilográfica oxidada.
―Buenos días, Magda ―saludó Harry.
La mujer se quitó las gafas de montura de pasta que usaba y miró a los hombres.
―Vaya, vaya, si son Harry Potter y Ronald Weasley. Decidme, ¿qué trae a dos aurores, héroes de guerra, a la Oficina de Trasladores?
―Venimos por el asunto del traslador de los Lestrange ―comentó Ron.
―Ah, sí, sí. Venid conmigo.
Se levantó a duras penas de su asiento y entraron en una sala más grande, llena de personas que iban de aquí para allá, algunas portando objetos antiguos, algunos de ellos trasladores, otros no.
―¿Phil? ¡Phil! ―gritó Magda.
―No hace falta que grites, Magda. Estoy aquí.
―Phil, estos aurores vienen para saber acerca del traslador de los Lestrange. Te dejo con ellos.
―Sí, el traslador de los Lestrange. Síganme, por favor ―el tal Phil era un hombre que rondaba los treinta, con el pelo castaño bien peinado ―. El traslador Lestrange, lo llamamos, aunque oficialmente es el Traslador Nº 736239, una zapatilla Converse, pie izquierdo, número 42, color negro y cordones blanco. Fabricada en 1983. La teníamos preparada ayer, para una bruja que se disponía a viajar al extranjero.
―Espere, ¿quiere decir que no es un traslador ilegal, que iba a ser utilizado por alguien? ―preguntó Harry.
―Por supuesto que sí. El traslador desapareció anoche. Nos pareció extraño, pensamos que se había extraviado, pero hemos atado hilos y hemos descubierto que es el traslador Lestrange. Uno de los hermanos debió entrar anoche en el Ministerio y llevárselo.
―¿Está diciendo entonces que sabe a dónde iba ese traslador? ―quiso saber Ron.
―Por supuesto que sí ―arrancó una hoja de papel de una pequeña impresora manual ―. Veamos, veamos, veamos… Ah, aquí está. Traslador Nº 736239, destino… ah, sí. Los Estados Unidos de América.
Phil miró a los dos aurores, sonrientes, pero estos se miraron a su vez entre sí. Suspiraron largamente. Ahora tocaba averiguar a qué demonios iban los Lestrange a Estados Unidos.
