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Razones ocultas
―¿En los Estados Unidos? ¿Qué cojones hace Rodolphus Lestrange en los Estados Unidos? ―el Jefe Tigh estaba furioso.
―La Oficina de Trasladores no deja lugar a dudas, señor. Y Arthur Weasley ha determinado que el diente falso que Rabastan Lestrange llevaba era de fabricación muggle ―apuntó Harry.
―Mortífagos utilizando métodos muggles… Deben estar muy desesperados. ¿Pero para qué ir hasta los Estados Unidos? ¿Qué habéis averiguado sobre eso?
―Todavía estamos en ello, señor ―comentó Ron.
―Pues seguid investigando.
Los dos aurores salieron del despacho de su jefe.
―¿Y ahora qué hacemos? ¿Cómo sabremos qué intención tenían los hermanos Lestrange de ir a Estados Unidos? ―quiso saber Ron.
―No lo sé, pero… Espera. ¿Hermione no pasó una temporada en Nueva York, especializándose en Derecho Mágico Internacional?
Ron bufó.
―No me lo recuerdes…
Hermione estuvo fuera durante tres meses, viviendo sola en Nueva York. Ron no pudo acompañarla, ya que trabajaba a destajo, por aquel entonces, en Sortilegios Weasley. En condiciones normales, George le habría dejado ir, pero teniendo en cuenta que la muerte de Fred estaba tan reciente, Ron no quería dejar a su hermano. En cuanto Hermione volvió de Nueva York, Ron le pidió que no le volviese a abandonar nunca más.
―Podríamos hablar con ella, quizás sepa cómo funcionan las cosas en ese país.
―Claro, ¿queréis venir Ginny y tú a cenar esta noche? ―propuso Ron.
―Claro, nos veremos luego.
Horas después, los Potter y los Weasley cenaban en el hogar de Ron y Hermione.
―Voy a ir a ver si Hugo y Lily se ha acostado ya ―comentó Hermione.
―Oh, tranquila, iré yo, de paso veré a ver cómo está Hugo―dijo Ginny.
―Gracias, Ginny ―sonrió Hermione.
Tras ver cómo Ginny abandonaba el salón, Harry se dirigió a Hermione.
―Hermione, necesitamos tu ayuda.
―¿Qué os sucede? ―preguntó ella, preocupada.
―Sabemos que Rodolphus Lestrange ha huido a los Estados Unidos de América, pero no sabemos por qué. Quizás tú puedas decirnos cómo funcionan las cosas allí. A lo mejor encontramos una pista ―explicó Ron.
―Oh, bueno… La verdad es que allí las cosas funcionan de forma muy distinta a como lo hacen aquí. Para empezar, no tienen un gobierno estable.
―¿No? ―se extrañó Harry, acostumbrado a la estricta burocracia mágica inglesa.
―No. El gobierno mágico estadounidense se reduce a pequeña sede de oficinas en Nueva York, dedicada únicamente a las Relaciones Internacionales con otros países. Principalmente la exportación de productos mágicos, la gestión del deporte internacional, la Oficina de Trasladores… Pero son nulos en temas como Seguridad Mágica, por ejemplo. Y ni siquiera tienen Oficina de Aurores.
―¿Y cómo se organizan? ―quiso saber Ron.
―Mediante los aquelarres.
Los tres permanecieron en silencio. Incluso la propia palabra inspiraba algo sombrío y tenebroso.
―No me gusta cómo suena eso ―dictaminó Ron.
―Los aquelarres tiene muy mala fama, normalmente dada por los muggles, pero lo cierto es que no tienen nada de malo. Es la forma de organización que los brujos y brujas estadounidenses se han organizado desde generaciones, desde que los primeros magos ingleses llegaron a la costa noroccidental de América del Norte, renunciando a la forma inglesa de aprendizaje de la magia y desarrollando la suya propia, entrando pronto en contacto con la magia vudú. Con el paso de los años, el estudio y la práctica de la magia en Estados Unidos se ha ido desligando de otros métodos, principalmente el europeo.
―¿En qué consisten esos aquelarres? ―quiso saber Harry.
―Los aquelarres son pequeñas comunidades. Grupos de brujos y brujas que se organizan por todo el país. Generalmente hay un aquelarre por cada estado, cincuenta en total. Esos son los Aquelares Mayores. Luego están los aquelarres menores, diseminados por toda la geografía de los Estados Unidos y cuyo número es imposible de determinar. Los aquelarres menores deben obediencia a los mayores. Ha sido así siempre. Y el número de brujos y brujas por aquelarre varía.
―¿Y ha sido siempre así? ―preguntó Ron.
―Siempre. Los estadounidenses hacen poco caso al panorama internacional. Al igual que sus contrapartes muggles, han preferido vivir siempre aislados. Puede que su forma de organizarse nos parezca extraña, pero resulta realmente efectiva, porque al final está muy jerarquizada. Cada aquelarre tiene un brujo o bruja al mando, incluidos los mayores, lo que supone un conjunto de cincuenta brujos y brujos mayores… Los cincuenta brujos y brujas más poderosos del país.
―La sede de oficinas de Nueva York… ¿es un aquelarre? ―preguntó Harry.
―No, simplemente lo utilizan como enlace con el mundo exterior. Es la entrada y salida del país. Está gestionado por los Aquelarres Mayores.
―¿Y cómo funciona la magia allí? Has dicho que es distinta a como la realizamos aquí ―comentó Harry.
Hermione asintió con la cabeza.
―Sí. La magia estadounidense bebe mucho de la magia vudú, la cual todavía opera en el sur del país. Los brujos y brujas americanos… todavía realizan magia con varita, aunque también la hacen sin ella. Algunos han desarrollado poderes, los cuales ejecutan con el poder de su mente: telekinesis, control mental, pirokinesis…
―Se podría decir que son muy poderosos ―determinó Ron.
―Se podría decir que han visto más allá de la magia con varita.
―¿Tienen escuelas de magia? ―preguntó Harry.
―La más importante es la Academia de Salem. Hay otros centros de aprendizaje diseminados por el país, pero no alcanzan el grado de escuelas. Y, a decir verdad, cada aquelarre es un pequeño centro de estudios. En Estados Unidos impera el aprendizaje de boca a boca. Bueno, ¿os he ayudado en algo?
Harry se cruzó de brazos.
―No demasiado, a menos que haya algo en la magia estadounidense que Lestrange está buscando. Si ven más allá de la varita, ¿qué cosas pueden hacer?
Hermione meditó por un momento en silencio.
―Bueno, han perfeccionado el uso de la magia sin varita, pueden ejecutar poderes como el movimiento de objetos… Saben lanzar conjuros, maldiciones… Y no son principiantes en la magia negra.
―Espera un momento ―le detuvo Ron ― ¿Magia negra?
Hermione le miró.
―Sí, la verdad es que siempre han sido muy ociosos. La magia negra, aunque está prohibida en todos los aquelarres, no quiere decir que no se practique. Magia negra es sinónimo de poder: dominio de las sombras, hechizos más poderosos… resurrección.
Los tres se quedaron en silencio.
―¿Resurrección? ―dejó caer Harry.
De repente, la verdad, y la razón por la que Lestrange había ido a Estados Unidos, cayó sobre ellos como un jarro de agua helada. Lestrange había ido hasta allí para buscar a algún brujo o bruja que dominase el poder de la resurrección. ¿Y quién era la persona más importante en el mundo para un mortífago? ¿A quién resucitaría antes que a cualquier otro?
―Voldemort ―soltaron los tres.
A la mañana siguiente, Harry y Ron hacían sabedor a Tigh de la razón por la que Rodolphus Lestrange había ido a Estados Unidos.
―¿Planea resucitar a El que no debe ser nombrado? ―preguntó Tigh, con incredulidad.
―Sí, señor. Creemos que esa es la razón principal ―dijo Harry.
―¿Qué vamos a hacer.
Spencer Tigh apoyó las manos en su escritorio.
―Joder… Está bien, esto no puede trascender de estas paredes. Vais a ir a Estados Unidos. Averiguad dónde está Lestrange y detenedle antes de que cumpla con su amenaza, ¿de acuerdo? ―los dos hombres asintieron con la cabeza ―. Partís en una hora.
Y una hora después, Harry y Ron estaban en la Oficina de Trasladores, esperando a que su traslador con dirección a Nueva York estuviese listo. De repente, apareció Hermione.
―¿Qué haces aquí? ―quiso saber Ron al verla entrar en la Oficina.
―He pensado que necesitaríais asesoramiento. La verdad es que no sabéis nada de la sociedad mágica estadounidense.
Ron miró a Harry.
―Por mí no hay problema. Será como en los viejos tiempos ―confesó Harry.
Los tres se rieron.
―¿Señores Potter y Weasley? Su traslador está listo ―un funcionario de la Oficina apareció detrás de ellos.
―Muchas gracias ―dijo Ron.
Les condujeron hasta una sala, donde había una lata de sopa oxidada.
―En unos minutos, el traslador les permitirá viajar ―anunció el funcionario.
El traslador, entonces, comenzó a brillar. Los tres lo tocaron con un dedo y, al instante, se sintieron impulsados hacia un vórtice. Al rato, aterrizaron sobre un frío y duro suelo.
―Traslador con origen en Londres, Inglaterra, llega a Nueva York a las 2 de la mañana.
Harry, Ron y Hermione se levantaron a duras penas. Delante de ellos había un hombre bajito, de pelo canoso y con un gracioso bigote. Vestía una túnica negra y llevaba un portafolios en una mano. Con la otra, apuntaba algo en un papel.
―Hola, soy Harry Potter. Ellos son Ronald y Hermione Weasley.
El hombre dejó de escribir y le estrechó una mano a cada uno.
―Yo soy Carter Lewis. Un placer. Bueno… Bienvenidos a los Estados Unidos de América. Se encuentran ahora mismo en el enlace con el extranjero, en la ciudad d Nueva York. Estaré a su servicio el tiempo que pasen en la ciudad. Pero antes, necesito saber el motivo de su viaje.
Los tres se miraron. Quizás el hecho de que estaban buscando a un peligroso mortífago no era prudente decirlo.
―Vamos al Aquelarre de Salem. Ese es nuestro motivo ―anunció Hermione.
