5
Forúnculos
Dian sintió que el corazón le latía contra la piel, Donovan estaba justo frente a ella. El reencuentro era totalmente distinto a aquellas veces en que estuvieron juntos como amigos en el colegio, quizá él no había cambiado mucho, pero ella sí. Por lo menos ese año ya estaban al par de estatura.
—Estuve a punto de no reconocerte—sonrió él.
—Bueno, supongo que después de tanto tiempo sin vernos era obvio —dijo ella con un ligero tono de reproche en su voz, lo cual Donovan captó perfectamente.
—Sé que no he podido hablar contigo todos estos meses. Con todos los entrenamientos y la vida fuera del colegio, no he tenido mucho tiempo, pero…
—No te preocupes —dijo ella, apresurada—. Entiendo. Me da gusto que por fin puedas entrar a la selección.
—Bueno, no es nada —dijo él con un tono de modestia que parecía algo falso.
Sólo tuvieron unos minutos más para conversar, ya que él tenía que ir a dormir en otra ala del castillo. Dian estaba feliz, pero aquella felicidad era muy diferente a la que esperaba. Estaba muy confundida. Regresó a la Sala Común, que estaba casi vacía, subió al dormitorio de chicas y cuando llegó a su habitación se echó en la cama. Lily dormía, tenía que esperar a contárselo todo al amanecer.
En el dormitorio de los chicos se escuchaban los ronquidos de Sirius, lo que era muy habitual. James empapado en sudor, con la sábana enredada en los pies, tenía una pesadilla: caminaba por un sendero, al fondo se encontraba la puerta de una casa; por la ventana se distinguían las sombras de tres personas adentro. Pensó que se trataba de una familia. No podía ver sus caras, pero eran tres sombras. James tenía miedo, un miedo inexplicable. En el extremo del jardín, apareció un hombre en una túnica, alzaba sobre su pecho una varita y apuntaba ligeramente hacia ellos. James sintió una angustia inexplicable, aunque no podía ver, ni distinguir a las personas, quería advertirles de que se encontraban en grave peligro. El hombre de la túnica llegó a la puerta, se colocó a su lado y abrió la chapa con un encantamiento. Se escucharon gritos y una luz verde brilló con intensidad. James despertó sobresaltado y con el alma desbocada; sudaba a chorros.
—¿Qué te sucede? —preguntó Sirius, al pie de la cama.
—N-nada, sólo un mal sueño —dijo James con la boca seca.
—Vamos, estamos retrasados —dijo Sirius apresurado.
—¡Diablos! —exclamó James y salió de la cama con un brinco.
Corrieron hacia el Gran Comedor. Remus desayunaba, apartado de todos. Del otro lado de la mesa, Dian Roosevelt hablaba animadamente con Donovan Juk. Sin embargo, éste era interrumpido de vez en cuando por algunas chicas que pedían que firmara sus libretas. Dian parecía incómoda.
—No hay remedio, ¿verdad? —musitó James a Sirius.
—Ese cretino jugador me está sacando de quicio —dijo Sirius y se sirvió jugo de calabaza.
James hizo un gesto con la cabeza a Sirius: Remus leía un libro, pero lucía cansado y desanimado. Dian no dejaba de hablar con Donovan, sobre todo y nada a la vez.
—¿Estás listo para el baile? —preguntó Dian a Donovan, sonriente.
—¿Baile? —bufó Donovan—. Oh, no, ya he pasado por esas tonterías antes.
La sonrisa de Dian se borró poco a poco. Intentó bajar la voz para que nadie más la escuchara.
—Entonces, ¿no irás?
—No —respondió Donovan, como si nada—. Habrá una fiesta en la Sala Común de Slytherin. ¿Quieres venir?
—No puedo entrar en la sala común de Slytherin… —respondió ella, incrédula.
—Ah, es verdad. Bueno, supongo que tendrás pareja para el baile.
Dian no podía creer lo que escuchaba. Fingió una sonrisa y asintió.
—Bien, espero que te diviertas. Con suerte, en un par de años, te librarás de esos eventos ridículos —rio Donovan.
Ella simuló una risa también. Donovan se despidió, con un grupo de chicas detrás de él, y Dian se quedó ante la mesa, sintiéndose muy estúpida.
—Eh, ¿qué pasa, Roosevelt? —exclamó Sirius—. ¿A dónde fue tu príncipe encantador?
Dian no tenía humor para bromas. Salió del comedor rápidamente. James y Sirius se miraron confundidos. Remus había notado que ella no se encontraba bien, pero prefirió mantenerse al margen.
Minutos después, apareció Lily en el Gran Comedor. Buscó con la mirada y encontró al grupo de cuatro amigos reunidos en un extremo de la mesa de Gryffindor, haciendo alboroto, como siempre. Se dirigió a ellos, con paso firme, muy especialmente a Remus.
—Más vale que la invites al baile ahora. Aún es tiempo —dijo la pelirroja y luego se fue.
Remus se quedó de piedra. ¿Cómo era que Lily lo sabía? El resto del grupo también estaba sorprendido y perplejo. Después de unos minutos, Remus se levantó apresurado y fue directo a la Sala Común, donde encontró a Lily sentada en uno de los sillones.
—¿Dian no irá al baile con Donovan? —preguntó Remus a Lily, casi sin aliento.
—No. Él ni siquiera tuvo intenciones de invitarla —respondió Lily.
Remus se quedó callado unos segundos. A Lily siempre le pareció que Remus era muy gentil, demasiado como para andarse juntando con Black y Potter, y buen chico. Desde hacía mucho tiempo sabía que él se sentía atraído por Dian; a decir verdad, todos los sabían, era muy evidente.
El retrato de la Dama Gorda se abrió y por él entró Dian, algo distraída y con los ojos húmedos y rojizos.
—Te estábamos buscando, Dian —dijo Lily y se levantó de su lugar.
—Ah… ¿sí? —preguntó Dian tímidamente—. Bueno, es que yo… fui con Hagrid. Necesitaba ayuda con algunas cosas y fui a…
—Bueno, no importa —dijo Lily evitándole explicar una historia falsa—. Remus quería hablar contigo.
Remus miró a Lily con los ojos muy abiertos. La pelirroja salió por el retrato de la Dama Gorda y los dejó solos. Dian miró a Remus sin saber qué hacer o decir, se sentía ridícula llorando por un chico.
—Bien, ¿qué pasa, Lupin? —preguntó ella al ver que él parecía una roca.
—Ehm… me preguntaba si tú aún quieres ir al baile.
—Oh, vaya —respondió ella, con un fuerte suspiro—. Tengo un vestido muy costoso que creo que no voy a usar.
Dian sonrió con pesar. Remus tenía la garganta hecha un nudo.
—¿Te gustaría ir conmigo?
—¿Contigo? —repitió Dian, incrédula.
—Comprenderé si no quieres.
Después de unos segundos muy incómodos de silencio, Dian sonrió.
…
Sirius, James y Peter caminaban por los pasillos. Lily los encontró.
—¿Puedo hablar contigo, Black? —preguntó Lily de pronto.
A Sirius aquello lo tomó por sorpresa. James y Peter lo miraron con la misma expresión confundida. Lily lo apartó del grupo. Cuando estuvieron solos, la chica pelirroja intentaba decir algo, ante la mirada extrañada de Sirius, pero no sabía cómo.
—¿Te gustaría ir al baile conmigo? —dijo finalmente.
Las mejillas de Lily estaban ligeramente ruborizadas. Sirius la miró muy impresionado, por un momento tuvo que girar a ambos lados para asegurarse de que ella realmente estaba hablándole a él.
—¿Yo? —fue lo único que se le ocurrió.
—Sí… bueno, pensé que si tú no tenías pareja y yo tampoco, pues no sería mala idea ir juntos.
—P-pues, sí… parece buena idea.
—Entonces… ¿aceptas?
—Eh, sí… claro.
—¡Perfecto! —exclamó Lily—. ¿Te parece si nos vemos en el Gran Comedor a las seis?
—Sí… está bien —dijo Sirius impresionado de su propia respuesta.
Lily dio media vuelta y subió las escaleras del pasillo. Sirius se quedó atónito entre su estupidez. ¿Quién lo diría? Si Evans lo odiaba, casi lo podría jurar. James y Peter esperaban a Sirius al pie de las escaleras.
—¿Y? —preguntó James en cuanto se acercó Sirius.
—Yo…
…
Dian buscó a Lily por todas partes. Acababa de aceptar la invitación de Remus y quería contárselo de inmediato, pues todavía no sabía cómo sentirse al respecto, que Remus la invitara había sido algo completamente inesperado, pues él siempre era callado y apacible. Sin embargo, parecía que Lily había desaparecido, no estaba en ningún lado. Dian la buscó incluso en los jardines y en lugar de encontrarla, se llevó una desagradable sorpresa.
…
—¡Creí que eras mi amigo! —exclamó James apuntando a Sirius con el dedo índice.
—¿Qué acaso no te has dado cuenta, James? —dijo Sirius enfadado—. ¡Yo no quería, te lo he dicho!
—¡Pero lo hiciste! ¿No se te ocurrió mencionar que yo quería invitarla?
—¡Escúchame, lo siento!... ¡Fue un error! ¡Ella me lo pidió!
—¡Sí claro, como si yo no te conociera!
—¿Qué quieres decir con eso, Potter? —exclamó Sirius, ofendido.
—¡Crees que puedes tener a todas las chicas del colegio! Incluso MI chica.
Sirius apretó los labios, se acercó a James, con los puños apretados.
—Podría tener todas las chicas del colegio, pero jamás intentaría algo con Evans.
Sirius se dio media vuelta y salió al exterior del castillo. James subió las escaleras directo a la Sala Común de Gryffindor.
…
—¡FURNUNCULUS!
Dian Roosevelt lanzó el maleficio hacia Donovan; de la nariz de éste salieron unos forúnculos enormes y repugnantes. El muchacho tuvo que separarse de la chica Hufflepuff con la que había estado besándose minutos antes. Los alumnos que habían visto la escena reían a carcajadas, ahogando el grito de indignación que emitía Donovan al tocarse la nariz. Miró a Dian quien le regresaba una mirada furiosa, mientras los profesores McGonagall y Flitwick acudían a la escena.
—¿Quién fue el responsable? —preguntó McGonagall con una voz imperiosa.
—Yo.
Entre la multitud salió Sirius Black. Dian lo miró sorprendida.
—Black, veinte puntos menos para Gryffindor —dijo la profesora McGonagall—. Y tendrá un castigo por ello.
—De acuerdo —respondió Sirius, encogiéndose en hombros.
Dian, incrédula, miró a Sirius pidiéndole una explicación, éste sólo le guiñó un ojo.
—Profesor Flitwick, no hace falta que revise usted al joven —interrumpió la profesora McGonagall—. Creo que él es suficientemente capaz de ir a la enfermería.
—¡Oh, sí! —exclamó el profesor Flitwick—. Eso mismo acababa de decirle: Madame Pomfrey tendrá la solución. Aunque este hechizo fue maravillosamente hecho.
Donovan entendió muy bien y salió hacia la enfermería, dejando a la Hufflepuff ansiosa. McGonagall pidió a Sirius que se presentara esa tarde en su despacho, evidentemente se perdería del gran baile. Sirius asintió. Dian esperó a estar a solas con él.
—¿Por qué hiciste eso? —musitó.
—Me debes un favor, Roosevelt —respondió Sirius, satisfecho.
—Eso me preocupa.
—De hecho, necesito que me lo devuelvas justo ahora.
—¿Cómo dices?
—Tienes que hablar con James y Lily.
