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Potter, el muchacho que tanto odiaba

Remus estaba ya en los dormitorios de los chicos, pensando en Dian. Peter se encontraba en la cama con los ojos adormilados, pero James no paraba de dar vueltas en la habitación. Hablaba solo, proliferando insultos hacia Sirius casi inaudibles.

—Creo que deberías dormir —dijo Peter dando un largo bostezo—. Mañana no podrás levantarte, James.

—Me las va a pagar… tenía que pedírselo antes que yo, claro... era la oportunidad perfecta... —decía James en un murmullo forzado sin hacer caso a Peter.

—Déjalo —dijo Remus metiéndose en su cama—, mañana lo superará... espero.

En la Sala Común todavía quedaban algunos estudiantes, hablando emocionados por el baile del día siguiente. Dian charlaba con Oswald Wood, el capitán del equipo de Gryffindor, después del baile sería su primer partido contra Slytherin.

—Somos más rápidos, más ágiles, más listos —decía Wood orgulloso—. Esos Slytherin sólo son como hipogrifos salvajes. Su única estrategia es intentar derribarnos de las escobas.

—Y tratar de matarnos… pero fuera de eso no hay nada qué temer —dijo Dian con ironía.

—No seas pesimista, Roosevelt —reprendió Wood—. Ganaremos una vez más la copa. Dentro de poco tiempo me iré del colegio y quiero dejar algo bueno de mí. Así cuando mis hijos vengan a Hogwarts sepan lo grande que fui como el capitán de Gryffindor y sigan mi ejemplo.

—Vaya, sí que tienes planeado tu futuro, Oswald —dijo Dian con sarcasmo.

—¡Claro que sí! —exclamó Wood—. Quiero entrar al Departamento de Juegos Mágicos, después me lanzaré como estrella del quidditch.

A la mañana siguiente, Dian se levantó muy temprano, esperaba que el plan saliera a la perfección. Sirius había sido muy claro en lo que debía hacer y no podía fallar. Lily estaba cepillándose el cabello en el espejo dentro de la habitación de las chicas. Dian la observaba y formulaba en su mente la manera de decirle lo que ocurría.

—Lily, ¿tienes un segundo? —preguntó Dian detrás de ella, con mucha cautela.

—Claro—dijo Lily que inmediatamente dejó de cepillarse la melena rojiza—. ¿Qué pasa?

—Sirius me ha pedido algo —dijo Dian concentrada en sus palabras—. Algo muy importante.

—¿Ah, sí? —preguntó Lily entusiasmada—, ¿de qué se trata?

—Pues verás, tiene que ver con el baile de hoy por la noche…

—Oh sí, iré con él —exclamó Lily sonriente.

—Sí, lo sé —dijo Dian apresuradamente.

—Creo que se me había olvidado decírtelo… —decía Lily.

—Sí, sí, sí Evans. Pero lo que yo te quiero decir es que…

—¿No es fabuloso? —intervino Lily de nuevo— Ya sé qué vas a decirme: yo, que odiaba tanto a Black, yendo al baile con él.

—¿Podrías dejarme hablar? —exclamó Dian bastante fastidiada.

—Lo siento —dijo Lily ligeramente avergonzada.

—Bien, lo que tengo que decirte es que Sirius no quiere ir al baile contigo —dijo Dian resuelta.

Dian se tapó inmediatamente la boca, incrédula, no podía creer que lo hubiese dicho así y trató de remediar el error ya que Lily estaba atónita. Había dicho toda la verdad sin poner en función el plan.

—No, no, no Lily —dijo Dian—. Lo que yo quería decir es que…

—Lo sabía, lo sabía… —musitó Lily, colérica.

—No, no, escucha…

—¡Ese Black es un descarado!, ¡y se pone a decírselo a medio mundo así como así! ¡Lo sabía, sabía que él era igual que ese Potter!

—¡No! Eso no es así…

—¡Qué estúpida fui al creer que era distinto!

Lily caminó rápidamente hacia la puerta y la cerró de un golpe. Dian se quedó fría sin poder hacer nada, sólo pensando en el gran error que había cometido y todas las disculpas que seguramente Sirius querría escuchar.

Remus corría hacia la sala común con un paquete en las manos. Se abrió paso entre los estudiantes que lo miraban extrañados. Había salido muy temprano hacia el pueblo de Hogsmeade, con el permiso de cada fin de semana, y apenas había podido encontrar un traje adecuado para la ocasión. Estaba entusiasmado y a la vez nervioso, era la primera vez que había invitado a una chica. De pronto discutía consigo mismo, pues no estaba seguro de si aquella era una cita o Dian sólo pensaba que era una invitación amistosa. Sirius bajaba el vestíbulo, con la misma prisa que llevaba Remus. Chocaron uno con el otro.

—¡Epa, Remus! —exclamó Sirius—. ¿Adónde vas?

—Yo… a la sala común—dijo Remus tratando de esconder el paquete que traía en las manos.

—¿Qué sucede? —preguntó Sirius curioso—, ¿qué traes ahí?

—N-nada —lo evadió Remus—. Mira la hora… ya es demasiado tarde.

—¿Tarde para qué?

—Para… mis asuntos. Nos vemos.

Remus emprendió carrera y Sirius se quedó pensativo al borde de la escalera. Aunque agradeció que Remus no preguntara hacia dónde se dirigía él. Pues no era capaz de decir que estaba escondiéndose de Lily, así que continuó su camino.

La Sala Común de Gryffindor se encontraba prácticamente vacía, sólo había uno que otro alumno que no asistiría al baile. Alice, una muchacha de también de quinto año conversaba con Dian, parecía ser una chica muy agradable, Dian no podía creer que nunca había hablado con ella en cinco años dentro de Hogwarts. Alice se había cambiado a la habitación de Dian y Lily recientemente. Lo más increíble era que estaba muy interesada en Peter Pettigrew, lo cual tenía a Dian atónita.

De pronto, apareció James Potter con una cara de pocos amigos que no podía contener, se sentó al lado de Dian, iba tan enfadado que no notó la presencia de Alice. Las chicas lo miraron extrañadas, sobre todo Dian, ya que tenía idea de lo que había sucedido y ahora por su culpa las cosas no se podían remediar, lo había empeorado todo.

—Vamos Dian, dilo. Ahora mismo. No me molestaré —dijo James con el cabello revuelto y una mirada muy triste.

—¿Decirte qué? —preguntó Dian creyendo que había perdido la razón.

—Que soy un fracasado. Un perdedor, el peor que hayas conocido —dijo James lentamente.

Dian golpeó a James en la cabeza, con lo que él respondió con un brinco. Alice sonrió divertida.

—¡Auch! —gritó James—, ¿qué te sucede?

—No vuelvas a decir una tontería más si no quieres que vuelva a darte uno —dijo Dian tranquilamente.

—No era necesario que me golpearas —protestó James.

—De otra forma no entenderías.

—Lo soy, Dian. Soy un tonto perdedor.

—¿Qué has perdido? —intervino Alice.

—A mi mejor amigo y la chica que me gustaba —respondió James fastidiado.

—No, James Potter no ha perdido nada más que la cabezota —dijo Dian mirando fijamente a su amigo.

—Veo que ya te enteraste.

—Sí —dijo Dian—. Si quieres mi opinión fue una tontería—. Lily siempre ha dicho que eres un bocazas ridículo, que te mofas de las personas sin razón, que eres tonto y engreído, y cuando al fin lo aceptas ella no está para escucharte —James la miraba incrédulo—. Te voy a decir algo para que dejes tus necedades de lado —continuó Dian resuelta, cansada de ese interminable sufrimiento—: Lily no irá al baile.

—¿Por qué? —exclamó James sorprendido y enojado—. ¿Qué le hizo el idiota de Sirius?

—Nada, es sólo que no irán juntos.

—¿Por qué?

—Por mi culpa —dijo finalmente la chica—. Sirius estaba muy preocupado por todo lo sucedido, me pidió ayuda y yo lo arruiné. Se supone que diría a Lily que Sirius fue castigado (porque es cierto) y no iría al baile, pero en lugar dije la verdad: Sirius no quiere ir al baile con Lily, por ti.

James se quedó callado un minuto, luego las chicas vieron cómo inmediatamente se levantó del sofá muy ansioso.

—¿Dónde está Lily? —preguntó de pronto, impaciente.

— Salió.

—¿Adónde fue?

—No lo sé. Pero andará por los jardines.

James no esperó más y salió disparado hacia el campo del castillo. Iba con una única idea en la mente, esta vez no tenía que echarlo a perder. Era la última oportunidad.

Debajo del haya, la pelirroja había estado llorando inconsolablemente. Minutos después había aparecido el muchacho que tanto odiaba: James Potter.

—¿Pero qué dices, Potter?

—Por favor.

—P-pero yo…

—Te lo iba a pedir antes, pero no tuve valor.

—Y-yo…

—Disculpa mi idiotez. Es algo que no puedo controlar, ¿sabes?