7
El baile
Gran baile de primavera
Un cartel estaba colgando de la puerta de entrada al Gran Comedor, brillaba cada vez que una pareja entraba al baile. Todos los alumnos de Hogwarts estaban dispersos en el vestíbulo y en las escaleras, sólo quienes tenían pareja entraban al comedor, los demás esperaban encontrarse con amigos o alguien conocido. La profesora McGonagall llevaba un enorme moño verde en el cabello, una túnica de gala de igual color y sus gafas de siempre; vigilaba a los alumnos. Los profesores, sentados en sus respectivos lugares, junto a Albus Dumbledore, iban vestidos con túnicas ceremoniales y conversaban animadamente entre ellos.
Algunos jugadores de la selección de quidditch habían conseguido pareja con alumnos y alumnas de Hogwarts. Donovan Juk estaba sentado en una mesa rodeado de los compañeros de su equipo, que eran bastante tontos y brutos. Donovan iba con un traje de gala que lo hacía verse más atractivo y no faltaban las admiradoras que lo saludaran, aunque él estaba esperando ver a Dian. Después del pequeño incidente no habían vuelto a hablar. Sólo quería verla unos minutos para reclamarle lo que había hecho con su nariz, la cual ya había vuelto a la normalidad, y luego se marcharía a la fiesta privada y secreta en la Sala Común de Slytherin.
En la Sala Común de Gryffindor estaban algunos chicos impacientes, esperando a sus parejas de baile. Los dormitorios de las chicas se encontraban inmersos en el ruido y las que salían de ellos lucían vestidos muy elegantes. Peter estaba esperaba a sus amigos, pero ellos aún no podían irse sin sus parejas. James estaba al pie de la escalera esperando a Lily, tenía las manos sudorosas y había tratado de acomodarse el cabello, pero ninguno de sus esfuerzos había dado resultado, vestía un traje de gala que le asentaba bien y sus gafas estaban relucientes. Remus también lucía bien arreglado, con un frac negro que se ajustaba a su altura, su cabello castaño estaba peinado y más de una chica Gryffindor se quedaba viendo su sonrisa perfecta, como si fuese nuevo o nunca antes visto.
—Vamos Remus, dime con quién irás al baile —intentaba convencerlo James.
—No, es una sorpresa —dijo Remus, misterioso.
—Olvídalo, James, no te lo dirá —dijo Peter—. Desde ayer está así de raro.
—Me verán con ella en unos minutos.
—Es sólo curiosidad, ya sabes que James es algo entrometido —dijo Peter.
—¿Yo?... no es verdad —repuso James ofendido.
De pronto James se quedó perplejo, por las escaleras de la sala común Lily Evans descendía con un largo vestido esmeralda que realzaba su cabello recogido sobre la nuca, con unos pocos mechones colgando de su frente. Tanto James como Remus y Peter se quedaron con la boca abierta. Les costó salir de ese trance, James se acercó caballerosamente y la tomó de la mano, con lo que se despidieron de Remus y Peter.
—¿Sabes? —dijo Peter—. No sé cómo consiguió James que Lily fuera al baile con él. Es decir, ella lo odiaba y Sirius ni siquiera ha aparecido. ¿Por qué las cosas pasan tan rápido?
—Tienes razón, ¿dónde puede estar Sirius? —dijo Remus intrigado.
—¿Crees que ya hayan hecho las paces? —preguntó Peter.
—No lo creo —dijo Remus—. De ser así, James ya nos hubiese dicho algo sobre Sirius.
—Que cosas tan raras —dijo Peter—. Oye Remus, ¿te importa si me adelanto al comedor?, tengo que buscar a mi pareja.
…
En la lechucería, Sirius cumplía con su castigo.
— ¿Te diviertes, Black? —dijo Peeves, el poltergeist, maliciosamente, atravesando de pronto un muro.
—¡Claro! Limpiar la suciedad de las lechuzas nunca había sido tan divertido. Sobre todo en la compañía de un buen amigo.
Sirius estaba completamente limpio, había puesto a la varita a trabajar mientras él sólo se limitaba a dar giros con su muñeca. Los desperdicios de las lechuzas se recogían mágicamente. Peeves esperaba encontrar a Sirius fregando el piso con sus propias manos, pero al contrario, vio con desagradable sorpresa que el chico estaba usando magia.
—¡Estás haciendo trampa, Black! —exclamó Peeves furioso.
—¿En serio? —preguntó Sirius poniendo una falsa cara de incredulidad—. No me había dado cuenta
—¡Te acusaré con McGonagall! —gritó Peeves y se dio la vuelta enardecido.
—¿Cuándo se lo dirás? —dijo Sirius con su varita extendida.
Peeves no alcanzó a salir de la lechucería, desconcertado, voló en vueltas sin saber adónde ir. Sirius sonreía y con su varita hizo que aparecieran unas cuerdas mágicas que ataran a Peeves. El poltergeist soltaba chillidos y bramaba enfurecido. Cuando estaba atado a la jaula de una lechuza, Sirius se acercó tranquilamente.
—¡ME LAS PAGARÁS, MOCOSO…!
—Shhh —lo calló Sirius—. ¿Escuchas eso?
Un ruido se produjo en la lechucería, como si hubiese una fuga de gas. Sirius cerró todas las ventanas con un hechizo e hizo que la puerta se abriera de nuevo, mientras caminaba lentamente hacia ella. Peeves vociferaba y trataba de desatarse. El sonido de fuga se escuchó más fuerte, entonces su pequeño cerebro de poltergeist lo comprendió y miró aterrado hacia el techo, de donde colgaban bombas fétidas que Sirius controlaba con la varita.
—¡Que disfrutes del espectáculo! —dijo Sirius sonriendo y cerró la puerta.
Los gritos de Peeves no se escucharon más. Sirius corrió a la sala común de Gryffindor. Ya no había nadie, se sentía molesto con James, pero si Dian había hecho las cosas bien entonces no había nada de qué preocuparse. Estaba dispuesto a arreglar los problemas.
Entró en la habitación de los chicos, se vistió con su traje de gala. Se peinó y miró al espejo y casi no se reconoció: así arreglado se veía muy distinto al chico desorientado que había entrado en primer año. Recordó las peleas viejas con James, por equipos de quidditch o por deberes escolares. Las cosas se tornaban diferentes, ahora era por una chica.
…
En el Gran Comedor estaban todos con sus respectivas parejas, algunos bailando, otros comiendo y quienes no llevaban acompañante estaban sentados a la mesa pensando a quién invitar, sonaba la música por todo el castillo. James y Lily hablaban animadamente en una mesa, estaban solos y era curioso observarlos. A Lily ya no parecía fastidiarle tanto James, llegó a pensar que quizá él era algo desagradable y terco sólo cuando Sirius estaba cerca.
En la puerta del comedor aparecieron Dian y Remus, ella lo tomaba del brazo, los dos estaban nerviosos. Dian llevaba un vestido largo, negro con ligeros toques púrpura, lucía muy guapa. Su cabello rizado estaba recogido hacia atrás, y llevaba un maquillaje muy ligero. Todos los chicos que estaban cercanos a ella se quedaron boquiabiertos. Remus se veía también muy apuesto y diferente, muy distinto al mismo chico retraído de casi siempre.
James, sorprendido, hizo una seña a la pareja para que se acercara.
—Hola —saludó Remus, tímidamente.
—¡Remus! —exclamó James—. ¿Con que esa era la sorpresa, eh? —Dian estaba algo ruborizada y Lily lo notó.
—Se tardaron demasiado —dijo Lily sonriendo divertida por la expresión de Dian.
—¿Ah, sí? —dijo Dian cabizbaja.
—¿Han visto a Peter? —preguntó James.
—Sí, estaba con una chica Hufflepuff —dijo Remus.
Conversaron por un largo tiempo, hasta que en la pista la banda que estaba tocando, dejó de tocar la selección especial de McGonagall y comenzó con música verdadera. Los chicos sacaron a Lily y Dian a bailar, de hecho todo mundo lo hacía, incluso los mismos profesores se levantaron de sus asientos. Lily había estado todo el día molesta por Sirius, no hablaba con James al respecto, temiendo que la charla se tornara una discusión, así que en esos momentos dejó de pensar en ellos. Estaba contenta y se divertía mucho con los comentarios ocurrentes de James. Él había hecho que Lily se sintiera mejor, y ella le estaba muy agradecida. Con Remus y Dian ocurría algo similar, sólo que ella era quien tomaba la iniciativa, él desaprobaba las ideas excéntricas que muchas veces la muchacha tenía, pero esta noche le parecían divertidas. La pista de baile estaba repleta de estudiantes con y sin pareja. Todo mundo bailaba sin freno, hasta que el grupo musical comenzó a tocar otra canción, un tono más lento y suave.
—Ehm… ¿quieres seguir bailando? —preguntó James sonrojado mirando a Lily.
—Si tú quieres…
—Creo que está bien —dijo James tomándola por la cintura.
Remus y Dian intercambiaron miradas, pero al final se encontraban bailando exactamente como las otras parejas. Lo que Dian no sabía era que los ojos de Donovan la miraban muy atentamente desde el instante en que apareció en la puerta del comedor acompañada de Remus. Cuando la pieza de música terminó, nuevamente el grupo tocó una melodía acelerada, pero James y Lily decidieron descansar un momento. Remus y Dian fueron por bebidas.
De pronto, un chico de sexto año de Gryffindor se acercó hacia donde estaban ellos, enfurecido y con paso firme, Remus lo reconoció de inmediato, era Frank Longbottom, un prefecto. Frank siguió de largo, caminó entre todos los estudiantes que le abrían el paso y lo miraban desaprobatoriamente, pero a Frank no le importaba y llegó hasta su objetivo: Peter Pettigrew.
—¡TÚ! —gritó Frank abriendo los ojos, enfurecido.
Peter estaba desconcertado, se encontraba al lado de su pareja, una chica Hufflepuff que al parecer tenía algo que ver con Frank.
—¿Yo? —titubeó Peter. Todos miraban.
—¡Frank, tú y yo no tenemos nada que ver! —gritó la chica Hufflepuff.
—¿Prefieres venir con este… este… este… animal… rata… rastrera, que conmigo?
James se quedó frío, por un momento pensó que Peter había sido descubierto. Remus sospechó lo mismo y ambos se miraron nerviosos. Peter estaba pálido mientras que Frank estaba rojo de cólera.
—¡FRANK, ESTÁS HACIENDO UN ESCÁNDALO! —exclamó la chica al borde de las lágrimas.
Frank se lanzó sobre el temeroso Peter, el griterío comenzó. Los profesores se dieron cuenta y de inmediato se acercaron, la profesora McGonagall en primer lugar impidió que los estudiantes cerraran el paso. Como pudo Flitwick entró por un hueco y llegó hasta donde Frank estaba golpeando a Peter, éste último no hacía nada por defenderse. De pronto, Sirius apareció de la nada y tomó a Peter por los hombros, mientras que Remus sostenía a Frank de igual manera, aunque él hacía intento por lanzarse de nuevo sobre Peter. Rápidamente, Frank sacó su varita, Remus no tuvo oportunidad de detenerlo, pero un hechizo alcanzó la mano de Frank y su varita salió volando con un expelliarmus hecho por Dian. La profesora McGonagall, con su gran moño desarreglado, exclamó eufórica a todos los presentes.
—¡Inaudito! ¡Completamente inaudito!
Albus Dumbledore apareció en la escena y todos los estudiantes guardaron absoluto silencio. Remus sostenía firmemente a Frank aunque él ya no hacía intento por escaparse. Dian sujetaba la varita de Frank y Sirius seguía frente a Peter.
—Profesora McGonagall, estoy seguro de que hay una razón que justifique este comportamiento.
—¡Pues que comiencen a hablar! —exclamó la profesora hacia Frank.
—Escuchamos —dijo amablemente Albus.
Pero Frank no tenía nada qué decir, mucho menos Peter. James no estaba muy cercano a ellos pues Lily había impedido que él se lanzara sobre Frank al momento en que comenzaron los golpes.
— Y-yo lo lamento mucho, pero no pude evitarlo —se disculpó Frank sonrojado y cabizbajo.
—Ha cometido una grave falta para esta institución que…
—No, profesora —interrumpió Albus—. Este fue un gran espectáculo para el baile.
—Lo mismo digo, profesor. Debemos pensar en el castigo que… ¿qué?
—No, no, no me entiende, profesora. Digo que sin pelea, esto no sería baile. ¡Así que a divertirse y olvidar lo sucedido!
Las luces se apagaron y el grupo de músicos comenzó a tocar de nuevo. Nadie daba crédito a lo sucedido. McGonagall miró de reojo a Frank y arqueó las cejas en signo de desaprobación, los estudiantes comenzaron a bailar en la pista, de nuevo.
—¡Vaya, Black, aparición estelar de la noche! —exclamó Dian golpeándolo suavemente en la espalda.
—Quería impresionarte, ¿te gustó? —dijo Sirius con una expresión de cortesía.
Frank también estaba muy avergonzado y salió corriendo hacia el vestíbulo. Peter temblaba, pero la chica Hufflepuff lo animó cariñosamente, lo cual a Dian le parecía repugnante. Estuvieron de acuerdo en que era momento de dejar a Sirius y a James solos.
—¿Qué hay? —dijo Sirius cabizbajo.
—Nada, ¿y qué tal tú? —preguntó James forzadamente.
—Nada
—Qué bien.
Hubo silencio.
—James —dijo Sirius alzando la voz—, dejémonos de tonterías. Lamento haberme enfadado contigo.
—Sirius, soy yo quien debe disculparse. ¿Amigos?
—¿Tú qué crees?
