5
Viaje al sur
―¿Los Angeles? ―preguntó Harry. Trató de sonar lo menos incrédulo posible.
―Es una opción. Pero hay otros aquelarres más cercanos: Ohio, Nebraska, Colorado, Utah…
Lo que se decía, un tour por el interior del país.
―Gracias por su ayuda, señor Van Garrett ―confesó Harry.
―Es lo menos que puedo hacer, señor Potter. Quizás debí haber detenido a Lestrange a tiempo, mis disculpas ―contestó Van Garrett.
―No hay nada de qué disculparse. Esto no es asunto suyo, es cosa del Ministerio mágico inglés. En fin, partimos ya.
Le tendió la mano, la cual Van Garrett estrechó.
―Un placer conocerle, señor Potter. Y buena suerte.
Minutos después, Harry, Ron y Hermione se despedían de todos.
―Adiós, señor Potter. Espero que volvamos a encontrarnos muy pronto ―se despidió Cass Monroe.
―Yo también lo espero, Cass. Yo también lo espero.
Tras abandonar la mansión, se desaparecieron delante de ella. Desde una de las ventanas, un hombre observó la escena. Otros dos hombres ataviados con capas negras estaban detrás de él. Uno era rubio y bajito. El otro moreno y alto.
―Seguidles ―ordenó Van Garrett.
Por su parte, Harry, Ron y Hermione se aparecieron en mitad de una carretera, cerca de una cafetería solitaria.
―Oh, genial, tengo hambre ―confesó Ron.
―Desayunaste hace una hora ―se quejó Hermione.
―Parece mentira que estemos casados, Hermione.
Entraron en la cafetería. Una camarera de unos cincuenta años les atendió.
―¿Qué va a ser? ―preguntó ella.
―Yo quiero la hamburguesa con patatas, una coca-cola y el batido de fresa ―pidió Ron ―. ¿Y vosotros?
―Un café para mí ―pidió Hermione mientras miraba a Ron con compasión.
―Otro para mí.
―Me encanta este país ―comentó Ron para sí.
Al rato, les trajeron lo que habían pedido.
―Bueno, ¿cuál es nuestro primer destino? ¿Ohio? ―quiso saber Ron mientras bebía de su batido de fresa.
―No vamos a hacer un tour por todos los aquelarres del país ―soltó Harry.
―¿No? Pero Van Garrett nos ha dado toda esa información, Harry… ―contestó Hermione.
―Hermione, despierta. Ya oíste a Laura y a Cass. Van Garrett está hundiendo el aquelarre. No busca ayudarnos… Busca otro tipo de ayuda. Y ahora lo que quiere es mantenernos alejados del objetivo principal.
Ron y Hermione se miraron, extrañados.
―¿Qué propones?
Harry miró por toda la cafetería. Sólo había algunos clientes más: una mujer con su hijo, un hombre solitario y dos hombres, uno rubio bajito y el otro moreno y alto.
―Cass Monroe habló ayer conmigo a solas y me dijo la verdad. David Van Garrett dejó que Lestrange se fuese, no porque no fuese asunto suyo… sino porque quiere algo. Y por ello, le mandó al único aquelarre del país donde sabría que le ayudarían.
―¿Cuál? ―preguntó Ron.
―Nueva Orleans. Tienen contactos con la magia vudú, de fuerte presencia en la ciudad. Van Garrett ha enviado a Lestrange allí porque ha hecho un pacto con él. Es un hombre poderoso y… quiere más poder. Pero, ¿para qué tener poder si algún día lo perderás todo?
―El día que muera ―terminó Hermione.
Harry asintió con la cabeza.
―Van Garrett quiere la inmortalidad. ¿Y quién mejor que Voldemort para orientarle en ese asunto?
―¿A dónde vamos, pues? ¿A Nueva Orleans? ―preguntó Ron.
Harry miró a los clientes de la cafetería.
―Aún no. Vamos a seguir con el plan de Van Garrett e iremos a Ohio.
Horas después, se encontraban en el aquelarre de Columbia, el más importante del Estado de Ohio. Allí, un hombre largirucho y con gafas de culo de vaso les sonreía. Ron se acercó a Harry para decirle algo en voz baja. Hermione también les escuchaba.
―¿Y este tío es uno de los cincuenta brujos estadounidenses más poderosos del país? ―quiso saber él, incrédulo.
―Las apariencias a veces engañan, ¿no crees? ―comentó Hermione.
―Es… Es un verdadero honor tener a Harry Potter entre nosotros, señor Potter ―comentó el líder del aquelarre, John Hawkes.
―Esto… Gracias.
―¿Y a qué han venido? ―quiso saber Hawkes.
―Pues estamos… ―empezó Ron.
―Estamos haciendo un tour por los aquelarres del país. Para ampliar nuestros conocimientos ―soltó Hermione.
Hawkes sonrió.
―Bueno, sepan entonces que este aquelarre está a su completo servicio.
―Gracias, señor Hawkes ―agradeció Hermione, sonriendo.
Al rato, estaban en una sala de la mansión.
―¿Cuánto rato estaremos aquí? Este aquelarre no es tan divertido como el de Salem ―se quejó Ron ―. Hawkes me da mal rollo.
―No estaremos mucho tiempo, ¿vale? Pero alguien nos sigue. Cass me avisó de ello.
Oyeron un grito.
―Ese ha sido Hawkes ―dijo Hermione.
Salieron corriendo, en dirección al despacho de Hawkes. Cuando entraron, Harry reconoció al hombre bajito y rubio y al alto y moreno. El alto tenía a Hawkes agarrado por la cabeza, quien temblaba. Cuando vieron entrar a Harry y los demás, el hombre alto le rompió el cuello. Harry, Ron y Hermione quedaron horrorizados mientras el cuerpo de Hawkes caía al suelo, sin vida.
―¿Quién cojones sois vosotros? ―preguntó Ron, furioso.
Los dos hombres no dijeron nada, simplemente sonrieron desafiantes. Harry sacó su varita, pero el hombre rubio fue más rápido. Con un simple movimiento de su mano, la varita de Harry se le escapó de entre los dedos. Ron y Hermione también sacaron sus varitas, pero el hombre alto alzó sus manos y la pareja salió despedida hacia atrás, estampándose contra la pared. Los dos hombres siguieron riendo.
Harry estaba furioso.
Concentración, pensó.
Alzó una mano y el hombre rubio retrocedió unos pasos, pero no salió despedido hacia atrás como Ron y Hermione. Aún así, miró sorprendido a Harry, pues acababa de realizar una demostración de magia sin varita.
El hombre alto caminó hasta él, alzando un brazo, pero Ron se puso de pie justo a tiempo, alzando también un brazo instintivamente. De inmediato, el brazo levantado de aquel hombre comenzó a arder. De alguna manera, Ron acababa de realizar una demostración de piroquinesis.
El hombre rubio se quedó paralizado.
―¡Desmaius! ―gritó Hermione, que había recuperado su varita. El hombre alto cayó aturdido. El hombre rubio, por su parte, se desapareció. Harry vio que apareció en la calle, miró hacia la ventana y volvió a desaparecer.
Tras eso, Harry se acercó hasta el cadáver de Hawkes, que tenía los ojos abiertos. Se los cerró y miró a sus amigos.
―¿Qué acaba de pasar?
―¿Esos eran hombres de Van Garrett? ―quiso saber Ron.
―Lo más seguro. Enviados por él para seguirnos, pero… Parece como si tuvieran una segunda misión ―explicó Hermione.
―¿Liquidar a los líderes de otros aquelarres? ¿Acaso Van Garrett sueña con el control total de todos los aquelarres del país? ―expuso Ron.
―Bueno… Si planea ser inmortal… ―dejó caer Harry.
Oyeron ruidos de pasos que se aproximaban.
―Será mejor salir de aquí. Me gustaría quedarme y explicar lo que ha pasado, pero estoy segura de que hallarán la forma de inculpar a ese. Larguémonos ―comentó Hermione.
Los tres se desaparecieron. Aparecieron en un callejón de la ciudad de Columbia.
―¿Y a dónde vamos ahora? ¿Al siguiente aquelarre de la lista? ¿Confiaremos en que ese hombre de Van Garrett nos siga? ―preguntó Ron.
―El espía de Van Garrett habrá ido a informar a Van Garrett de lo sucedido. En fin, un espía capturado y un mago inglés que sabe realizar la piroquinesis… Es motivo para preocuparse, ¿no crees?
―¿Y a dónde sugieres que vayamos, Harry? ―quiso saber Hermione ―. ¿A Nueva Orleans?
―Efectivamente, Hermione, allí es donde tenemos que ir. Pero no podemos obviar lo que ha pasado hoy. Un líder de aquelarre ha sido asesinado por los hombres de otro líder. Aunque desconozco las leyes y tradiciones de los aquelarres de este país… Para mí eso significa un auténtico desafío. Debemos alertar a las personas que pueden ayudarnos. A las personas que pueden mover ficha.
―¿A quiénes te refieres? ―quiso saber Hermione.
―A Cass y a Laura. Ellas podrán vigilar todo lo que David Van Garrett haga. Así como a los hombres que nos envíe. No podemos perder más tiempo, Lestrange ya debe de estar en contacto con el aquelarre de Nueva Orleans. Pongámonos, pues en marcha.
Mientras tanto, de vuelta a Salem, un hombre bajito y de pelo rubio era recibido.
―¿Cómo? Repite eso ―David Van Garrett no daba crédito a lo que oía.
―Frank ha sido apresado por los brujos del aquelarre de Columbia. Ahora mismo deben estar haciéndole Dios sabe qué.
―¿Y Potter y los demás?
―Potter realizó una demostración de telequinesis. No fue demasiado fuerte, aunque bastante más que mover una simple cucharilla. Pero eso no es todo. El otro, Ron Weasley… Realizó la piroquinesis y le quemó un brazo a Frank.
Van Garrett miró al hombre rubio.
―Está bien, retírate. Descansa y recupera fuerzas.
―¿Sigo con la búsqueda?
―Potter estará ya en Nueva Orleans. Alguien le ha debido de avisar de ello. Recupérate y reanuda el seguimiento.
El hombre se despidió. Minutos después, Cass Monroe apareció en el despacho de Van Garrett.
―Cass… Me alegro de que hayas podido venir desde tu retiro.
―David, no puedo negarme a una llamada del líder de mi aquelarre. ¿En qué puedo ayudarte? ¿Acaso necesitas mi consejo?
Van Garrett rio por lo bajo.
―Cass, siempre has sido una gran líder para este aquelarre. Y resulta imposible estar a tu altura. Pero cuando uno es líder, confía en que todos los miembros de su aquelarre le sean fiel… Y que no le traicionen.
―Sí, eso es algo que yo también esperé siempre, David. Esperé que mis súbditos fuesen fieles y esperasen a que yo nombrase a mi sucesor. No esperaba, para nada, que alguien se alzase contra mí.
David apoyó las manos sobre los reposabrazos de la silla en la que Cass se había sentado.
―Eras vieja, Cass. Eras débil. Y el aquelarre se estaba viniendo abajo.
―Algo que no ha cambiado en absoluto, ¿no crees, David? Es más, ha ido a peor.
―Yo soy mejor líder que tú, Cass.
La anciana le cruzó la cara con una mano. David esbozó una sonrisa siniestra. Acto seguido, tomó fuertemente el cuello de la mujer y comenzó a apretar.
―¿Acaso crees que soy idiota? ¿Acaso crees que no supe inmediatamente que le contaste la verdad a Potter? Estoy decidido en mis planes, Cass… ¡Y ni tú ni ninguno de tus cachorros logrará apartarme de mi camino!
Van Garrett apretaba más fuerte, mientras Cass notaba cómo la vida se escapaba de sus manos. Sin embargo, tres personas entraron de repente en el despacho, una mujer y dos hombres. La mujer, de color, alzó los brazos y, como consecuencia, Van Garrett salió despedido hacia la pared, estrellándose contra un cuadro. Cass empezó a toser, mientras se recuperaba y tomaba aire. Los dos hombres la auxiliaron.
―Esta vez no, David.
―Sabía que estabas metida en esto, Laura. De hecho ―Van Garrett se levantó ―, tú ibas a ser mi segundo objetivo. Traidora…
―Tú eres quien ha traicionado a este aquelarre, David. Tú y tu forma de actuar.
―¡Guardias! ¡Guardias!
Laura volvió con Cass y los dos hombres.
―No te molestes…
Los cuatro desaparecieron del despacho de Van Garrett. Su mujer, Melissa, y dos guardias aparecieron por la puerta.
―¿Qué ha ocurrido? ―quiso saber Melissa.
―¡Que los busquen! ¡Que los encuentren! ¡Quiero que me traigan las cabezas de Cass Monroe y de Laura Higgs! ¡Ahora!
