8
Los rumores

Sirius se disculpó con Lily, explicó el castigo de McGonagall, aunque Dian ya le había confesado que el plan falló, así que no le quedó nada más que decir las cosas tal y como sucedieron. El baile marchó con absoluta normalidad, pese a que McGonagall casi vuelve a castigar a Sirius por estar en el baile y no en la lechucería. Después de la pelea de Peter Pettigrew y Frank Longbotton, nada estrepitoso sucedió. James bailaba con Lily en la pista, el grupo seguía tocando canciones desenfrenadas y ruidosas. Incluso Hagrid estaba ahí y llevaba más de dos copitas de ron, que sólo era servido para los profesores y los representantes del comité de quidditch. Sirius y Alice fueron presentados por Dian y él por cortesía la invitó a bailar. Peter seguía con la chica Hufflepuff, causante de los problemas, mientras que Remus y Dian se encontraban sentados conversando.

—¿Estás divirtiéndote? —preguntó Remus.

—Sí, claro —respondió Dian—. Hubiese sido increíble que Frank le rompiera la cara a Peter —sonrió maliciosa—. Aún tengo la varita de Frank.

—Iré a devolvérsela —dijo Remus y Dian le extendió la varita.

Remus salió del Gran Comedor. Dian observaba a quienes estaban en la pista, vio a Alice bailando con Sirius y a todas las chicas que había alrededor de él e imaginó que en ese momento estarían furiosas.

—Hola.

Dian giró y se encontró con el rostro de Donovan. Trató de ignorarlo, pero él se había acercado hasta su mesa y, no conforme, se sentó a su lado. Su cabellera estaba algo despeinada y sus ojos celestes miraban fijamente a Dian, quien no le prestaba atención.

—Ah, eres tú—dijo Dian, de mala gana.

—Quería verte antes de irme —sonrió Donovan Juk, parecía que su nariz había vuelto a la normalidad.

—No creo que yo quiera verte —dijo Dian con los brazos cruzados.

—¿Qué pasa?

—No quiero saber nada de ti.

—¿Por qué dices eso?

—¿Ese hechizo que te lancé te afectó el cerebro? —preguntó ella impaciente—. Sabes de lo que hablo.

—Pero, ¿qué dices? —exclamó Donovan acercándose más a ella—. Creí que me pedirías disculpas, mínimamente.

—No quiero verte más—dijo Dian furiosa—. Te lancé ese hechizo por algo y entérate, de una vez, que ya no me interesas.

—Dian, ¿qué te sucede? —dijo Donovan con una mirada lastimosa—. Tú y yo somos amigos. Sé que ha habido diferencias, pero para mí tu amistad es importante.

—Y el quidditch… —dijo ella, sonriendo entristecida—. ¿Por qué no te ahorras todo esto y dices que quieres mi ayuda o la de mi padre?

—¿Qué? —exclamó Donovan indignado.

—Sé perfectamente que necesitas estar conmigo para llegar a ser alguien en el quidditch.

—¡Por supuesto que no! Tú y yo hemos sido muy buenos amigos —dijo Donovan intentando sonar gentil—. ¿Acaso has olvidado lo que sucedió entre nosotros?

—Ah, vaya, ahora significa algo.

—¿Ha sido tu amigo ése quien te ha metido todas estas ideas? —preguntó él, rabioso—. ¿Lo prefieres a él?

—Déjame en paz.

Dian se dio media vuelta y salió a los jardines. Donovan se quedó frío. Lo había arruinado todo, salió a prisa tras ella pero no pudo alcanzarla. Dumbledore observó a Donovan salir desde lejos, Ludo Bagman estaba jovial a su lado contemplando la pista de baile.

—¿Qué tal va Donovan Juk, Bagman? —preguntó Dumbledore de pronto.

—¡Ah! —exclamó Ludo—. Un muchacho de problemas. Tiene dificultad a la hora de vuelo, está entre los posibles elegidos por la selección, un verdadero milagro.

—¿Quién lo recomendó? —preguntó Dumbledore, admirado.

—Víktor Roosevelt —dijo Bagman—. Un gran hombre, ya sabes el presidente de la Confederación de Quidditch. Siempre nos recomienda a muchachos que son excepcionales, pero esta vez no. Donovan no es malo del todo, pero tiene problemas de actitud.

—Cuando estaba en Hogwarts era muy buen jugador.

—A veces los muchachos cambian completamente —dijo Ludo—. Donovan fue el único que puso peros cuando nos invitaste al baile. No quería venir, por alguna razón.

Remus regresó al Gran Comedor y no vio a Dian por ningún lado. Se acercó a Sirius, quien charlaba con Alice.

—Iré al baño de chicas, si quieres puedo buscarla —dijo Alice a Remus.

Remus asintió y Sirius lo acompañó al vestíbulo, mientras le contaba lo sucedido con Peeves.

—A estas alturas ya debe estar desmayado con el olor de las bombas fétidas —decía Sirius divertido.

—¿Y tú qué tal estás con Alice?

—Ah –exclamó Sirius despreocupado—, es una agradable chica.

—¿Agradable? —sonrió Remus, suspicaz.

—Nada de eso, Lupin —dijo Sirius con indiferencia—. Sólo ha estado toda la noche hablando de Peter.

—¡Remus, te he estado buscando por todas partes! —exclamó Dian detrás de ellos.

—Yo también te buscaba —dijo él, sorprendido.

—Vaya, Dian, suenas como la madre de Remus —dijo Sirius divertido—. Tranquilízate.

—No lo metas en problemas, ¿quieres, Black? —dijo Dian, desaprobatoria.

—¿Yo? —sonrió Sirius, divertido—. ¿Sabes? No actúas como su madre, sino como su esposa.

Dian se sonrojó y lo miró fulminante. Remus también se ruborizó y Sirius al verles las caras se partía de risa.

—¿Qué les pasa? —exclamó Sirius—. Vienen al baile juntos y…

Sirius guardó silencio de inmediato, detrás de unos arbustos vio a Snape espiándolos, en cuanto éste se sintió sorprendido salió huyendo.

—Cobarde —masculló Sirius—. ¿Por qué nos espía?

—No nos espía a nosotros, busca a Lily —dijo Dian, con un gesto de repulsión—. Da un poco de lástima.

—Escuché que está juntándose con otros y tienen algo así como un club secreto, el cual, por cierto no parece ser del todo bueno —dijo Remus.

—Pobre, Quejicus. Debe estar desesperado —dijo Sirius.

—Tu hermano está en ese club, Sirius —dijo Remus, dubitativo.

Sirius no supo qué decir, se quedó callado repentinamente y luego sólo se encogió de hombros, aparentemente con indiferencia.

Remus pensaba miles de cosas sobre Dian. ¿Estaría contenta de haber ido con él al baile?, ¿habría visto a Donovan Juk, sentado en la mesa de los jugadores de quidditch? En el Gran Comedor, todos los alumnos bailaban la última pieza. Cuando terminó, Albus Dumbledore se levantó de su lugar y dirigió un brevísimo discurso como siempre sabía hacer:

—¡A dormir! —exclamó.

Todos los alumnos emitieron sonidos de inconformidad.

—¡Muchachos, muchachos! —decía Albus mientras se hacía el silencio nuevamente—. Es hora de que vayamos a dormir. Mañana dos equipos de quidditch se enfrentarán y deben estar descansados. Gryffindor contra Slytherin a las diez de la mañana, no lo olviden —sonrió Albus abiertamente cuando murmullos entusiastas comenzaron—. Gracias a nuestros invitados de quidditch. Esperemos que haya más oportunidades como esta para que visiten nuestro colegio.

Ludo Bagman también estaba contento, sus jugadores de quidditch habían tenido una velada fabulosa, a excepción de uno.

—Mañana al salir el sol, nuestros invitados partirán—continuó Albus—. Así que despidámoslos con un fuerte aplauso.

El Gran Comedor se llenó de vítores y Dian tomó a Remus por la mano.

—Vámonos, el baile ya terminó.

—Gracias por aceptar ir al baile conmigo—decía James a Lily, con nerviosismo.

—No agradezcas nada, Potter.

Estaban en los jardines de Hogwarts mientras que dentro del castillo todo mundo se preparaba para ir a dormir.

—¿Q-que te pareció… el baile? —preguntó James, con la voz un poco débil.

—Me gustó venir contigo —dijo ella, sonriente.

—A mí también —respondió él, temeroso.

Lily quería preguntárselo, quería pedirle una sola cosa. Ahora que había descubierto que Potter no era tan desagradable, sólo tenía que tomar confianza.

—¿Quisieras volver a salir conmigo? —preguntó James, alborotándose el cabello nerviosamente—. Cuando haya otra oportunidad.

—Bueno, creo que lo pensaré—respondió Lily. Eso era algo que James no se esperaba, no estaba acostumbrado a que las chicas lo pensaran, supuso que ella aceptaría—. Sólo quisiera pedirte un favor.

—El que quieras —sonrió él.

—Deja en paz a Severus.

A James se le congeló la sangre. ¿Dejar en paz a Quejicus? Eso era descabellado, imposible. Algo tan poco probable como el que un gigante se apareciera por Hogwarts, o que los elfos domésticos fuesen libres. James miró los ojos intensamente verdes de Lily y resopló.

—Está bien.

—¿De verdad?

—Todo sea por ti —respondió él, distraídamente—. Eh… es decir, por salir una segunda vez —dijo apresurado—. Pero, dime, ¿acaso tú…? ¿Hay algo entre ustedes?

—Nada más que una buena amistad. Nos conocemos desde antes de venir a Hogwarts y siempre ha sido muy solitario.

James asintió, resignado. Lily le dio un beso en la mejilla, tomándolo por sorpresa, él estaba completamente sonrojado, no pudo evitar sentirse la persona más dichosa de todo el universo.

—Hasta pronto, Dumbledore. Espero que todo siga así. Que continúe la tranquilidad y la calma. Los rumores que corren... francamente me ponen los pelos de punta.

—Esperemos que sólo sean rumores, Ludo —dijo Albus, con parsimonia.

—Ojalá Albus, que el cielo te escuche.