9
El quidditch

A la mañana siguiente, Hogwarts estaba enloquecido por el partido que se llevaría a cabo en pocos minutos. El colegio ya había sido desocupado por los huéspedes y el aire volvía a la normalidad.

—Perfecta, la noche estuvo maravillosa—decía James a Sirius en el gran comedor—. Sólo queda la victoria contra Slytherin.

—Que así sea, Potter —dijo Sirius masticando una manzana—. Quiero ver sus feas caras enojadas.

—No les verán ni el polvo –dijo Peter entusiasmado, tenía un ojo morado por el golpe de Frank.

James se quedó callado, recordó de pronto la promesa que le había hecho a Lily. Así que se dedicó a comer en silencio hasta que el asunto hubiese pasado.

—Creo que ese ojo te saltará de pronto —dijo Sirius a Peter.

—Longbotton tiene mucha fuerza —respondió Peter de mala gana.

—¿Quién lo diría? —exclamó Sirius—. El pequeño Peter golpeado por salir con chicas.

Remus se aproximó a la mesa de Gryffindor, muy sonriente, como si hubiese tenido un gran sueño.

—¡Ah! —exclamó Sirius—. Alguien se levantó con el efecto primavera...

—Algo parecido —respondió Remus sonrojado—. James, ¿no tendrías que estar en el campo? Falta media hora para el juego.

—Sí —respondió James y apresuró su taza de jugo—. ¿Has visto a Dian?

—No —respondió Remus, confundido.

—En el campo, Potter —dijo la voz femenina de Lily, que llegaba sonriente a la mesa.

—¡Otra víctima de la estación! —dijo Sirius con ironía—. Qué linda la primavera, ¿no es así, Evans?

—¿Por qué lo dices? —preguntó confundida.

—Ehm… nos vemos después chicos —dijo James levantándose de la silla rápidamente.

—¡Suerte! —sonrió Lily y James pudo ver sus lindos ojos verdes bajo el brillo del día.

—Gracias —se alegró James mientras salía corriendo hacia el campo.

Lily se sentó al lado de Remus, mientras los chicos la miraban de reojo sonriendo, incluso Peter.

—¿Qué les sucede? –preguntó Lily mirándolos de forma extraña.

—Nada —respondió Sirius—. ¿Ahora te sientas con nosotros?

Lily estuvo a punto de replicar algo, pero el reloj del gran comedor tocó la campanada que anunciaba el comienzo del juego.

En el campo de quidditch había banderas de Gryffindor y Slytherin, aunque la mayoría pensaba que la casa verde se llevaría el triunfo, pues era el mejor equipo que había existido en los últimos años y sus jugadores eran unos oponentes muy fuertes. Gryffindor tenía pocas esperanzas, todo mundo sabía que sus reservas eran nuevas y que quizá les faltaría experiencia.

—¡James! —gritó Oswald Wood—. ¡Has llegado tarde!

—Lo siento, es que desayunaba y… —comenzó a disculparse James.

—Ya, déjalo así —respondió Oswald, estaba muy nervioso y su cara tenía un tono pálido—. Nada debe salir mal.

James se sentó en una banca del vestidor al lado de Dian. La chica ataba sus botas, tenía su escoba al lado. Había recogido su ondulado cabello para que no le estorbara en la cara, unos pequeños mechones rizados salían de las orejas, parecía muy confiada y notó el nerviosismo de James.

—Tranquilo, Potter. Todo saldrá bien.

—¿Has visto a los jugadores de Slytherin? —dijo James con preocupación—. ¡Son enormes!

—He visto elfos domésticos más grandes —dijo Dian dándole una palmadita en el hombro.

—¿Cómo es que tú no estás nerviosa? Todos los jugadores de Slytherin son hombres —preguntó James con admiración—. ¿No tienes miedo?

— ¡Vaya! —respondió Dian impaciente—. Dime que tú no crees en eso de los roles de chico y chica.

—Bueno, no lo tomes de esa manera.

—Ya sé que son altos, enormes, gordos y feos a diferencia de la bella señorita que soy yo —dijo recalcando las palabras—. Pero no hay nada de qué temer. Somos hábiles, inteligentes, sus brutos cerebros no serán capaces de leer nuestras jugadas.

Oswald Wood no paraba de dar vueltas en el vestidor, hasta que la profesora Hooch apareció y les indicó que era hora de comenzar el juego y el desfile de los equipos estaba por iniciar.

—Bien muchachos, tranquilos, concentrados…—decía Oswald mientras se mordía las uñas.

—Es una fortuna que hayas llegado tarde, te perdiste su gran discurso —dijo Dian a James con ironía.

—Vaya, creo que tengo manos sudorosas —decía James mientras se colocaba los guantes de goma.

Se abrieron las puertas para salir al campo, todo Hogwarts ovacionaba y muchos blandían banderas con serpientes, sólo los Gryffindor apoyaban a su casa. La profesora McGonagall estaba muy nerviosa, al lado de Dumbledore, quien sólo se dedicaba a sonreír.

La profesora Hooch dio la indicación a Wood para que su equipo se acercara al centro del campo. Todos gritaban y James pudo divisar a lo lejos la larga cabellera roja de Lily. Sirius, Remus y Peter permanecían quietos pero con una gran sonrisa, Alice llevaba una gigantesca bandera de Gryffindor, pesaba tanto que Hagrid tuvo que ayudarla para colgarla en el palco, pues él también estaba con los leones.

—Que sea un juego limpio —dijo la profesora Hooch, mirando muy especialmente a Slytherin—. Capitanes, dense la mano —Wood obedeció mientras el capitán Slytherin se aseguraba de tener su mano suficientemente apretada.

—Suerte, James—le dijo Dian y le revolvió el pelo.

—¿Todo bien, John? —preguntó James al otro cazador Gryffindor.

—Perfecto, James.

La profesora Hooch dio el pitazo de salida y los jugadores ascendieron en las escobas, Dian sobresalió de todos, su velocidad para subir y bajar de altura era increíble y todos los espectadores exclamaron largamente cuando la vieron.

—Creo que esta vez veremos algo singular —dijo Hagrid, entusiasmado.

Frank Longbotton era el locutor designado de Gryffindor para narrar el partido, el muchacho estaba muy cerca del palco donde se encontraban Sirius, Remus, Peter, Lily, Alice y Hagrid.

—"¡Ahí va la nueva cazadora de Gryffindor! —exclamaba Frank—. Por ahora Slytherin tiene la quaffle, el capitán la maneja muy bien, ese cazador está listo para anotar, va a buena velocidad… ¡Momento! ¡La chica Gryffindor le ha cortado la aceleración! ¡Bloquea! ¡Dios, qué velocidad! —todos los espectadores ovacionaron a Dian quien había robado la quaffle con un giro increíble—. Y ahora es Gryffindor quien presiona, la chica lanza la pelota a John, ¡él la toma! ¡Allá va el otro cazador Gryffindor! ¡John la lanza, el chico la toma, la pasa a la chica! ¡Ella da giros, sube, baja! ¡La lanza hacia John nuevamente! ¡El otro chico bloquea a un cazador Slytherin! ¡John se acerca, la chica Gryffindor se la pide! ¡John la lanza! ¡La chica la recibe y la vuelve a lanzar! ¡GOOOOOLLLL! ¡ELLA ANOTA!"

Gryffindor ovacionaba, McGonagall aplaudía con furor, mientras que en la banca Slytherin no lo podían creer. Dian estrechó la palma de su mano con James y John. Remus y Sirius hacían hechizos a la bandera de Gryffindor para que ésta rugiera como un verdadero león. Lily había conseguido avivar más los colores dorados.

Dian daba giros, bloqueaba la quaffle, la robaba, la lanzaba y hacía jugadas individuales. Slytherin no le veía el polvo, era mucho más ligera que ellos y más astuta. James se colaba entre las posiciones de los golpeadores Slytherin que le lanzaban las bludgers constantemente, pero ninguna le había golpeado. Kaleb aguardaba a poca distancia de los aros, esperando a que le lanzaran la pelota. El buscador pasaba volando confiadamente por todo el campo, pues esta vez presentía que no había peligro en la cancha. Los golpeadores Gryffindor bateaban, mientras que Wood, con más gracia y rapidez, atrapaba las quaffles que trataban de colarse por los aros.

—"Así el marcador va a 150 Gryffindor, 0 Slytherin —decía Frank con júbilo—. ¡La chica Gryffindor lleva la quaffle! ¡Es muy peligrosa, miren esas vueltas! ¡Vaya, increíble subida! ¡Aparece el chico Gryffindor con gafas y ella le lanza la quaffle! ¡John va velozmente en su espera! ¡Oh! ¡Slytherin viene al ataque, los tres cazadores juntos! ¡Una bludger pasa rozando al chico de gafas! ¡Estuvo cerca! ¡La chica Gryffindor ha desaparecido! ¡El chico de gafas casi cae de la escoba! ¡John busca a la chica! ¡Y AHÍ ESTÁ! ¡ELLA… ELLA! ¡VA AL ARO! ¡ANOTAAAA! ¡GOOOOLLLL GRYFFINDOR!"

De pronto las banderas de Slytherin parecían bobas y absurdas, pues nadie más las blandía. Remus y Sirius habían conseguido hacer rugir a la bandera y ahora los gruñidos de ésta se acompañaban de las exclamaciones de los alumnos, hasta de los mismos profesores. Hagrid también estaba muy emocionado y sacudía la bandera para que reluciera en lo alto. Frank continuaba con su narración:

—"Vaya, la chica Gryffindor vuela …"—Alice interrumpió a Frank.

—Se llama Dian Roosevelt, y el chico de gafas James Potter —dijo Alice corrigiendo a Frank.

—Oh, claro —dijo Frank ruborizado—. Perdona.

Alice le sonrió y Frank se sonrojó todavía más.

—"Así que Dian Roosevelt ha anotado otro gol para Gryffindor, mientras que su compañero James Potter esquiva perfectamente todas las bludgers —continuó Frank entusiasmado—. ¡Y aquí van de nuevo, no hay quién los pare! ¡VAMOS GRYFFINDOR! ¡Ya casi lo tienen! ¡Oh! ¡ANOTA POTTER! ¡GOOOOOLLLL! ¡Miren, Slytherin va enfurecido con la quaffle en las manos! ¡Gordon, el cazador Slytherin, va rápidamente a un aro Gryffindor! ¡Wood sale! ¡WOOD LA TIENE! ¡La lanza, la quaffle la gana un Slytherin y ahí van otra vez! ¡PELIGRO! ¡GORDON ESTÁ MUY CERCA! ¡Y… Y…! ¡DIOS! ¡DIAN ROOSEVELT! ¡QUÉ JUGADA! —todos gritaban—. ¡LA ROBÓ INCREIBLEMENTE, PASÓ POR LOS BRAZOS DE GORDON! ¡ÉL NI LA VIO! ¡LA PASA A POTTER, POTTER VA! ¡JOHN LLEGA, DIAN RECIBE! ¡ROOSEVELT A POTTER! ¡Y ÉL ANOTAAA! ¡GOOOL! ¡PERFECTO!... —Frank hizo una mueca de entusiasmo—. ¡NO PUEDE SER! ¡ESTO ES INCREIBLE! ¡EL BUSCADOR DE GRYFFINDOR TIENE LA SNITCH EN LA MANO! ¡SE ACABA EL PARTIDO! ¡GRYFFINDOR GANAAAA!".

Todo mundo ovacionaba con júbilo, mientras que Slytherin estaba furioso, los jugadores gruñían y veían a Dian con cierto recelo. Wood parecía que iba a llorar.

—"Gryffindor ha terminado con el invicto de Slytherin" —sonrió Frank viendo las caras de decepción de la casa de las serpientes.

—¡Increíble jugada! —decía Lily abrazando a Dian una vez que ella descendió de la escoba.

—¡James! ¡Eso estuvo fabuloso! —gritaba Peter dando pequeños saltos.

—¡Vamos, hora de ir a festejar! —propuso Wood que llevaba una corona que le habían hecho unos chicos Gryffindor.

—¡Vamos, James! —gritó Sirius.

Todos salieron corriendo, mientras que Lily le dio un beso fugaz a James en la mejilla. Comenzaba a caer la noche y se predecía la luna llena.