7

Nueva Orleans

―¿Qué es toda esta celebración? ―quiso saber Harry.

La ciudad estaba de fiesta, con gente disfrazada por todas las calles.

―Es el Mardi Gras, Harry, el carnaval de la ciudad ―explicó Hermione.

―Pues tanto jolgorio hará más difícil que encontremos a Lestrange. ¿Dónde está el aquelarre de la ciudad? ―quiso saber él.

―Yo puedo guiaros hasta él ―una mujer apareció ante ellos.

Hermione no daba crédito a lo que veía.

―¿Laura? ¿Qué haces aquí, en Nueva Orleans?

―Ya habrá tiempo para las respuestas, Hermione, pero debéis venir conmigo. Este no es lugar seguro. Ningún sitio lo es ya.

Abandonaron las calles y se adentraron en un motel cercano. Llegaron a una habitación donde una vieja conocida les esperaba.

―Cass… ―saludó Harry.

―Harry Potter, qué bueno volver a verte. Y con vida.

Cass se acercó para saludar a la anciana.

―¿Qué hace aquí? ¿Qué hacen aquí todo?

Con Cass y Laura había otros dos jóvenes, los cuales debían ser miembros del aquelarre de Salem.

―Nuevas decisiones por parte de la directiva ―comentó Cass mientras se acariciaba el cuello.

―¿Qué quieres decir? ―quiso saber Ron.

―David ha estado a punto de matarla. Averiguó que Cass habló con Harry acerca de sus planes con Lestrange y decidió castigarla por ello. Si llegamos a entrar un minuto más tarde… ―relató Laura.

―Pero no lo hicisteis, querida.

―Entonces, ¿sois fugitivos? ―preguntó Harry.

Cass sonrió mientras sujetaba con fuerza su bastón. A pesar de ser una paria, mantenía su clase y estilo como dama propia de los años 20.

―Técnicamente sí, querido, pero en la práctica, todos sabemos que David me robó el puesto cuando yo aún no había estirado la pata.

Harry sonrió.

―¿Y qué planeas hacer? ―quiso saber.

―Vamos a ir a ver a Alice Laurie, líder del aquelarre de Nueva Orleans. Es una vieja amiga y podrá ayudarnos, aunque no descarto que Lestrange ya haya ido a verla. Pero para Laurie, yo soy una igual, una auténtica líder de aquelarre. Nos acogerá en su casa, pero iremos mañana. Ahora mismo no quiero molestarla. Bueno… ¿qué tal os ha ido?

Harry, Ron y Hermione se miraron.

―Creemos que Van Garrett va más allá de sus planes para hacerse inmortal. Fuimos al aquelarre de Columbia, sólo para despistar a posibles perseguidores… Al final, el líder del aquelarre, John Hawkes, fue asesinado por uno de los hombres de Van Garrett, un hombre bajito y rubio.

―William ―comentó uno de los hombres que acompañaban a Cass y a Laura.

―¿Ese es su nombre? ―preguntó Ron.

―Es uno de los matones de Van Garrett. Apuesto a que iba con Frank, un hombre alto y negro. Siempre van juntos a todas partes, yo creo que hasta duermen juntos ―bromeó el otro.

Cass le interrumpió.

―No estamos aquí para juzgar los gustos de una persona, caballeros. Por si no os habéis dado cuenta, un líder de aquelarre ha sido asesinado. El líder de un Aquelarre Mayor. Aunque John Hawkes no era un gran líder, era un prodigioso brujo… Y ahora sí que tenemos un problema.

―¿Por qué? ¿Qué supone la muerte de un líder de aquelarre? ―quiso saber Harry.

―Muerte, no. Asesinato, sí. Y lo que es peor, un asesinato ordenado por otro líder. David Van Garrett ha traspasado la delgada línea que separa a cada aquelarre y ha… comenzado una guerra.

―¿Una guerra? ―preguntó Hermione.

―Las relaciones entre los aquelarres nunca han sido fáciles. La única "unión" que tenemos entre nosotros es cuando los cincuenta líderes de los aquelarres, los Cincuenta Mayores, se reúnen y debaten temas que puedan suponer futuras amenazas. Si un líder mayor ha atentado contra la vida de otro igual… entonces estamos ante un problema ―explicó Laura.

―Un problema que se traduce en las ansias de expansión de un líder. Los Cincuenta Aquelarres Mayores han vivido siempre en una especie de… equilibrio armónico. Si un líder se dedicase a reclamar el liderazgo de todos los aquelarres, tendríamos a un déspota. Máxime a uno como David Van Garrett ―agarró con fuerza su bastón mientras miraba al vacío ―. Sólo una vez los líderes mayores han tenido que enfrentarse a una situación así.

―¿Cuándo? ―preguntó Ron.

―Al poco de la independencia, cuando los fundadores de la Nación aún no lo eran y consideraban tamaña tarea. Un líder de aquelarre, Cornelius Freeman, consideró que, si los muggles se unían en una nación, así debían hacerlo los brujos, unirse en un solo aquelarre. De los trece líderes de aquel entonces, doce se unieron contra Cornelius y lo despojaron de sus poderes. Se nombró a un nuevo líder en su aquelarre y se prohibió volver a hablar del tema ―explicó Cass.

―¿Qué aquelarre dirigía Freeman? ―quiso saber Harry.

Cass sonrió.

―El de Salem. Uno de los más poderosos aquelarres del país… y uno de los más díscolos. Lo cierto es que Freeman habría conseguido algo grande, la unión total de los brujos de este país, una fuerza con tal poder y presencia en el mundo, que quien sabe si serían todos los magos y brujas del planeta quienes nos debiesen obediencia. Pero nosotros no somos así. Seguimos manteniendo viejas costumbres. Somos fieles a los tiempos de antes de la independencia.

―¿Qué vamos a hacer ahora? ―siguió preguntando Harry.

―Cada uno barrerá para su propia casa. Vosotros os encargaréis de Lestrange e impediréis que resucite a su Señor. Nosotros nos encargaremos de Van Garrett ―Cass se mantuvo en silencio un momento ―. En fin, ¿ha ocurrido algo más?

―Sí, la verdad es que sí. Yo… pude hacer fuego ―confesó Ron.

―Piroquinesis… ―dijo Cass mientras sonreía ―. Tienes la habilidad de conjurar fuego sólo con tu mente, chico ―sacó un cigarrillo, algo que, hasta ahora, Harry no le había visto hacer y, con un leve soplido, lo encendió, sin necesidad de cerillas o mecheros ―. La piroquinesis es una de las manifestaciones mágicas que un brujo puede realizar. Y no es fácil de realizar, consiste en conjurar un elemento, el fuego.

―¿Podría volver a hacerlo? ―preguntó Ron.

―La piroquinesis es impulsiva, Ron Weasley, difícil de controlar. Estoy segura de que la realizaste en un momento de máxima tensión, un momento en el que no pensabas en el cómo, sino en actuar ya ―explicó Cass. Ron asintió con la cabeza ―. Vosotros estáis desarrollando vuestros poderes. O los estáis manifestando, pues siempre han estado ahí, en vuestro interior. Cada brujo y bruja de este país suele especializarse en un poder. Dos como mucho. Tres es sinónimo de liderazgo. Es como vuestra elección de varita. Nosotros elegimos un poder. Telequinesia ―miró a Harry ―. Piroquinesis ―posó su mirada en Ron ―. Y… ¿Qué sorpresa nos depararás tú, Hermione? Desde luego, no creo que sea un poder repentino. ¿Aún no se lo has dicho?

―¿Decirnos qué? ―preguntó Ron a su mujer.

―Yo…

―Tú ya tienes un poder, ¿verdad? De cuando vivías aquí ―comentó Harry.

Hermione asintió con la cabeza.

―El control mental. Puedo controlar a una persona sólo con mi mente ―confesó Hermione.

―Un poder realmente grande y complicado que Hermione desarrolló durante su estancia aquí. Sería lo que para vosotros es la maldición Imperius.

―Y a ver si lo adivino… El control mental no está prohibido en este país ―comentó Harry.

―Nosotros no tenemos un fuerte órgano gubernamental que nos controle, señor Potter ―dejó caer Cass ―. Pero en fin, volviendo al tema de los poderes… Me gustaría decir que ustedes son los únicos que los están desarrollando, pero no es así.

―¿Qué quieres decir, Cass? ―quiso saber Hermione.

―Con Rodolphus Lestrange viaja una bruja. Linda Grant. Hace la doble función de vigilante de Lestrange y, a la vez, le entrena en el desarrollo de poderes. Si él va a enfrentarse a vosotros, al menos que lo haga a vuestro nivel.

―¿No crees que deberíamos ir a ver a la líder del aquelarre de esta ciudad ya? ―propuso Harry.

Cass miró al joven. Minutos después, todos estaban frente a la puerta de la mansión. No fue el mayordomo quien abrió, sino la propia Alice Lauire.

―Cass Monroe.

―Alice Laurie.

Las dos mujeres se saludaron y abrazaron.

―Temía por ti. Desde que ese mago inglés, acompañado de una miembro de tu aquelarre se pasaron por aquí…

―Tengo entendido, pues, que Rodolphus Lestrange ya ha estado aquí ―comentó Harry.

Alice Laurie miró a Harry, extrañada.

―¿Y usted es?

―Alice, te presento a Harry Potter, mago inglés. Y a sus acompañantes, Ronald Weasley y su esposa, Hermione.

―Sed bienvenidos, pues. Ahora mismo estáis bajo la protección de mi aquelarre.

Entraron todos en la mansión.

―Señorita Laurie… ―llamó Harry.

―Laurie ―pronunció ella con acento francés ―. Alice Laurie ―completó ―. Tengo ascendencia francesa, señor Potter. ¿Qué desea?

―Quisiera saber todo lo que Lestrange le haya pedido.

Alice sonrió irónica.

―El muy ingrato venía buscando una manera de resucitar a un muerto. Bien, eso es confidencial. Les eché de aquí y no han vuelto a llamar a mi puerta, aunque no descarto la idea de que hayan… suspiró ― ido a ver al clan vudú.

Todos se miraron.

―Pero… ¿en qué consiste esa magia vudú? ―preguntó Harry, extrañado.

―Será mejor que pasemos al salón ―invitó Alice.

Minutos después, todos estaban instalados.

―La magia vudú es una corriente mágica distinta a la nuestra, pero eso no quiere decir que nuestra magia no haya bebido de ella. A decir verdad, nuestra magia es una mezcolanza de todas las ramas mágicas que se han desarrollado en esta región: vudú, europea, amerindia… ―narró Alice ―. La magia vudú viene de África, introducida en Norteamérica debido a la esclavitud. Los estados del Sur eran esclavistas, de modo que con los esclavos negros llegaban practicantes de vudú. Se establecieron en esos estados, se mezclaron con nosotros. Aprendimos de ellos y ellos de nosotros. Hay un clan vudú aquí, en Nueva Orleans. Mantenemos contacto con ellos y tenemos un prolífico intercambio de servicios.

―Un momento, ¿habla de magia vudú, esa gente que se dedica a resucitar a los muertos? ¿Los de los zombies? ―preguntó Ron.

―Discúlpele, soy hija de muggles y desde que estamos casados ha descubierto un mundo nuevo y excitante para él ―comentó Hermione.

Todos rieron.

―Los zombies son otra forma de llamar a lo que vosotros denomináis inferis. Los zombies son muertos reanimados por un practicante de vudú, pero no dejan de ser cadáveres. No vuelven a la vida. Vuestros magos oscuros hacen lo mismo, sólo que por otros medios.

―Entonces, si los practicantes de vudú se dedican a reanimar cuerpos como nuestros magos oscuros lo hacen… ¿para qué ha ido Lestrange a verles?

―Porque como he dicho, señor Weasley, hay un prolífico intercambio de servicios entre ambas comunidades. Y los practicantes de vudú rezan a muchos dioses, incluido al dios del dinero.

Al rato, todos descansaban. Habían decidido ir a visitar al clan vudú al día siguiente, pues Lestrange hacía poco que había ido a ver a Alice, y no creían que dispusiese del dinero necesario para pagar un conjuro de resurrección. No sabían de cuánto dinero dispondría Linda Grant, pero los conjuros de resurrección no eran baratos. Y de por sí, los jefes del clan no lo entregarían así como así.

En el salón, Alice y Cass tomaban un té.

―¿Es cierto lo que dices?

―Sí ―confirmó Cass ―. John Hawkes ha muerto, asesinado por orden de David Van Garrett. Eso quiere decir una cosa.

―Ninguno de nosotros está a salvo.

―Exacto. De hecho, David ya ha tratado de asesinarme. Por suerte, mis chicos estaban cerca.

Alice bebió un sorbo de té.

―¿El Aquelarre de Columbia ya tiene un nuevo líder?

―Si lo tiene, aún no lo ha hecho público. Ya sabes que la elección de un nuevo líder siempre es tarea difícil, especialmente si tu líder anterior ha muerto.

―¿Qué vamos a hacer ahora? ¿Avisar a los demás líderes?

Cass asintió.

―Es lo que debemos hacer, querida. Debemos reunir a los Cincuenta Mayores y tomar una decisión con respecto a David Van Garrett, antes de que tengamos que lidiar con un nuevo Cornelius Freeman. Yo tomaré el papel de la líder del aquelarre de Salem, y Laura será mi representante.

―¿Planeas volver al liderazgo cuando Van Garrett caiga? ―quiso saber Alice.

―Yo no cantaría victoria tan pronto, pero tampoco tengo previsto ponerme la corona una última vez. Ya soy vieja, Alice. Y hay otros bien preparados.

―Hace días que avisé a los líderes del sur: Texas, Mississipi, Alabama, Georgia, Florida… No me gusta cómo se están desarrollando los acontecimientos.

―Creo que has hecho bien, querida, además de que…

Pero no pudo decir nada más, porque todo ocurrió demasiado rápido. Un cristal estalló y lo siguiente que vio Cass fue una bala impactando en el pecho de Alice. Cass gritó. Desde el piso de arriba se oyeron pasos apresurados. Más cristales se rompieron y balas entraron en el salón. Por suerte, Harry llegó a tiempo. No sabría explicar cómo lo hizo, pero alzó sus brazos y una bala que estuvo a punto de impactar en Cass salió despedida hacia otro lado. Echó a Cass al suelo y la protegió con su cuerpo. Al rato, los disparos cesaron. Ron se acercó con cautela a la ventana, desde donde se suponía que habían disparado.

―Se han ido… ―anunció.

―¿Estás bien? ―Harry ayudó a Cass a levantarse.

―Sí… Sí… Pero Alice…

Uno de los hombres de Cass se acercó y le tomó el pulso.

―Está muerta, Cass.

La anciana derramó unas pocas lágrimas. Sólo ella, de entre todos los presentes, conocía la gravedad del asunto. Otra líder de aquelarre, otra líder mayor, había muerto, asesinada. David estaba yendo demasiado lejos. Porque sí, estaba convencida de que había sido cosa de David.

―¿Cass?

Laura llamó a Cass. Llevaba en la mano una bala que no había llegado a impactar.

―¿Qué ocurre, Laura? ―Cass se enjugó las lágrimas.

―Esta bala… Está bendecida.

Cass tendió una mano para cogerla. En cuanto la bala tocó la mano de Cass, esta la apartó, como si la propia bala le quemase la palma.

―¿Qué ocurre? ―quiso saber Harry ― Cass, ¿qué pasa?

―Cazadores de brujas. Eso es lo que pasa, Harry Potter.