8

El clan vudú

A la mañana siguiente, Harry, Ron y Hermione, acompañados de Cass, Laura y algunos representantes del aquelarre de Nueva Orleans, asistían al entierro de Alice Laurie. Al rato, todos volvían a la mansión.

―Ha sido imprudente salir a plena luz del día. Los cazadores de brujas no descansan, Cass ―reprochó Laura.

―Estábamos en un cementerio, Laura, es lugar sagrado para ellos.

―No lo entiendo, Cass, ¿cazadores de brujas? Pensé que habían dejado de existir.

Cass rió.

―Por desgracia, la carencia de un fuerte sistema de gobierno es que somos nosotros quienes debemos sacarnos las castañas del fuego, Harry. Los cazadores de brujas son una ancestral orden de caballeros con sedes en todo el mundo, especialmente en sitios donde no hay un órgano de gobierno fuerte. Su único objetivo es erradicar la brujería de la faz de la Tierra de una vez por todas y para siempre. Vuestro Ministerio cuenta con métodos para detener a los cazadores de brujas, pero aquí… aquí han aprendido a valerse por sí mismos, sin nadie que les persiga por sus actividades… ilícitas.

En la mansión, se sentaron en los sofás del salón. Varios brujos y brujas patrullaban los alrededores de la casa, día y noche. Cass, por su parte, había asumido el liderazgo en funciones del aquelarre mientras el Consejo de brujos y brujas de Nueva Orleans decidía cuál sería el nuevo líder.

―¿Consejos? ―quiso saber Ron.

―Son nuestros jueces. Cada aquelarre mayor cuenta con un consejo de brujas y brujos, con jurisdicción en todo un estado. Ellos se encargan de impartir justicia: interrogatorios, investigaciones, celebración de juicios… Normalmente están para los peores casos, como por ejemplo la muerte de un miembro de la comunidad ―explicó Laura.

―¿Y cuál es la pena por matar a un brujo de la comunidad? ―quiso saber Harry, curioso.

Laura miró a Harry.

―La quema en la hoguera.

Hermione tragó saliva.

―¿Quema en la hoguera? ¿No les parece una práctica un tanto… medieval? ―preguntó Harry, incrédulo.

―Al contrario. Era una práctica medieval. Los muggles la utilizaban como castigo hacia nosotros, pero la adoptamos debido a que el fuego purifica, libera nuestra alma del hueso y la carne, dejándola libre. Es un proceso doloroso, pero un proceso que nos libera de las ataduras de este mundo ―comentó Cass con voz firme, como si no quisiese que se cuestionasen los métodos a los que estaba acostumbrada ―. Por supuesto, señor Potter, no es que estemos quemando a brujos y brujas cada dos por tres.

―¿Cuándo fue la última vez? ―preguntó Harry, por curiosidad.

―Hace tres años ―contestó Laura ―. Una bruja de un pequeño aquelarre de Connecticut. Mató a su madre, también bruja. Fue juzgada por su consejo, con toda la legalidad posible, con una defensa y también con una acusación. Y fue condenada. La quemaron al día siguiente de su juicio.

―Es de locos… ―soltó Harry.

―No se atreva a juzgar nuestras prácticas, señor Potter. Usted está aquí, en un país extranjero para usted, con unas prácticas extranjeras. No es asunto suyo cómo resolvemos las cosas aquí ―contestó Cass, visiblemente furiosa.

―Nosotros no quemamos en la hoguera a nuestros acusados. Les juzgamos y les mandamos a prisión.

―¡Ustedes tienen una organización burocrática, señor Potter! ¡Un Ministerio! ―gritó Cass, llena de ira mientras sujetaba su bastón con fuerza.

―Cass, por favor…

―¡Cállate, Laura! ―volvió a gritar Cass. Laura se calló mientras bajaba la mirada.

―¡Nosotros somos racionales! ―contrarrestó Harry.

―¿Racionales? Durante años estuvieron mandando a condenados a una prisión controlada por dementores. Sí, sabemos cómo operan. Durante años, dejaron que esas criaturas "besaran" a sus custodios, robándoles el alma. Dígame, señor Potter, ¿quién son ahora los más racionales?

―El Ministerio ya no utiliza dementores en Azkaban.

―Claro, porque por primera vez en años ya han usado la cabeza. Y por fin han dejado de usar a esas criaturas, por fin han recapacitado y perseguido a asesinos y torturadores, gente que les hizo vivir con miedo durante años.

―No tiene derecho a juzgarnos ―dijo Harry.

―Entonces usted tampoco, señor Potter ―alzó una mano y Harry salió despedido hacia atrás, chocando contra una pared plagada de cuadros.

De repente, tras eso, Cass sintió un fuerte dolor en el pecho.

―Cass, ¿qué te ocurre? ―quiso saber Laura.

―Llévame… arriba.

Al rato, Laura salía de la habitación donde Cass descansaba.

―¿Qué le ocurre? ―preguntó Hermione.

―Su corazón. Lo cierto es que Cass lleva con problemas del corazón desde hace unos años. Por eso David la echó del liderazgo del aquelarre, porque consideró que ya no tenía fuerzas para liderarlo. Necesita descansar, nada más. Aún es fuerte, aunque no tanto como antes ―explicó Laura. Se dirigió entonces a Harry ―. Sé que no le gustan nuestros métodos, señor Potter, pero eso es ahora el menos de nuestros problemas. Como dijo Cass, cada uno debe ocuparse de lo suyo. Busque a Lestrange y deténgalo. Nosotros nos haremos cargo de Van Garrett. Cuando le detengamos, los cazadores de brujas nos dejarán en paz.

―Está bien. ¿A dónde vamos? ―quiso saber Harry.

―Vamos a ir a ver al clan vudú.

Al rato, Harry, Ron y Hermione, acompañados de Laura, llegaban a los barrios bajos de la ciudad.

―¿El clan vudú vive aquí? ―preguntó Ron, sin dar crédito ―. Creí que, no sé, dado que tanto les gusta el dinero, vivirían como reyes.

―Aunque el clan vudú pide grandes sumas de dinero por sus rituales, Ron, no hacen alarde de su patrimonio. Les gusta la vida sencilla, tanto como mantenerse cerca de los suyos. Es por aquí.

Llegaron hasta una casa pequeña, bastante simple. Tras llamar a la puerta y que una especie de matones les dejasen entrar, fueron recibidos por un hombre.

―¿En qué puedo ayudaros?

―Soy Laura Higgs.

―Y yo soy Pierre Chavanel, líder del clan. ¿De dónde venís?

―Venimos del aquelarre de la ciudad.

Pierre evaluó a cada uno de ellos.

―No me suena haberos visto antes por allí.

―Eso es porque no somos miembros del aquelarre. Somos invitados. Yo vengo del aquelarre de Salem, y ellos son magos ingleses.

―Salem. Es curioso, porque ya he recibido la visita de alguien de allí ―Harry, Ron y Hermione se miraron. Eso quería decir que Lestrange ya estaba allí ― ¿Y qué queréis? ¿Dónde está Alice Laurie? Ella siempre viene a verme.

Laura bajó la mirada.

―Alice ha sido asesinada. Por cazadores de brujas.

―¿Cazadores de brujas? ―Pierre rió por lo bajo ―. Cuando los cazadores de brujas vienen, vosotros tenéis que esconder la cabeza. Lamento, no obstante, la muerte de Alice. ¿Puedo saber qué habéis hecho para atraer cazadores de brujas? Si ellos están aquí, nadie está a salvo.

―Creemos que David Van Garrett, líder del aquelarre de Salem, ha sido quien los ha enviado.

Pierre volvió a reír.

―Un brujo haciendo pactos con cazadores de brujas. Qué irónico. Me parece que el tal Van Garrett está jugando con fuego.

―Van Garrett ya ha asesinado a dos líderes de aquelarre ―anunció Laura.

―Los problemas de los brujos no son asunto de los clanes vudú ―sentenció Pierre.

―No, no lo son. Y no hemos venido a relataros nuestros problemas. Venimos por otro asunto ―comentó Laura.

―Hablad pues, os escucho.

Laura miró a Harry, para que lo relatase mejor.

―Venimos siguiendo a un mago inglés. Llegó a Estados Unidos con la firme decisión de buscar la manera de resucitar a su maestro. Decidnos, ¿Rodolphus Lestrange ha estado aquí y le habéis proporcionado algún modo de resurrección?

Pierre se atusó la barba.

―Sí, lo he hecho.

―¿Cómo que lo ha hecho? ―preguntó Harry con indignación ― ¿Tiene idea de que nos ha condenado a todos?

Pierre Chavanel se levantó, irguiéndose todo lo que pudo.

―Cuidado con lo que dices. Yo rezo a un dios, chico, el dios del dinero. Y la mujer que iba con él, esa mujer me pagó una buena cantidad por el conjuro, más de lo que yo había pedido. Con una cantidad así, ¿cómo negarme? Después de darles el conjuro, la mujer mencionó volver a su aquelarre lo antes posible. Pero siguen en la ciudad, pues mandé hombre a vigilarles. Y ahora, si no tenéis nada más que decir, os aconsejo que os marchéis. Los cazadores de brujas andarán al acecho.

Los cuatro se marcharon, viendo que no podían sacar nada más en claro. Volvieron a la seguridad de la mansión, donde unos visitantes inesperados habían llegado.

―¿Quiénes son? ―quiso saber Harry.

―Líderes de los aquelarres mayores del sur. Fueron convocados por Alice, antes de que fuese asesinada. Nos hemos reunido para tratar el asunto de David y ver si podemos convocar al resto de aquelarres ―comentó Cass, quien al parecer ya se había recuperado.

―¿Y los cazadores de brujas? ―preguntó Hermione mientras veía a cada uno de los líderes, a cada cual más variopinto. Algunos tenían un estilo para vestir similar al de Cass. Otros no debían haber vestido ropa muggle en su vida, de modo que combinaron prendas como les había dado la gana.

―En cuanto detengamos a David, detendremos a los cazadores, aunque pienso que ellos no se pararán ante nada. De todos modos, no es la primera vez que lidiamos con cazadores de brujas ―explicó Cass.

Cass miró entonces a Harry. Aún tenían presente lo que había ocurrido hacía unas horas, pero era mejor enterrar el hacha de guerra y ocuparse de lo que realmente importaba.

―¿Qué habéis averiguado? ―quiso saber Cass.

―El líder del clan vudú, Pierre Chavanel, le ha dado alguna fórmula para la resurrección a Lestrange. Esa mujer que va a con él le ha pagado una buena cantidad, según Chavanel. No ha podido resistirse. Pero como nos ha dicho, Lestrange y su acompañante siguen en la ciudad ―relató Harry a la anciana.

―Entonces debéis encontrarle antes de que vuelva a Salem. Yo he de seguir debatiendo con los líderes y ver qué opciones tenemos de convocar al resto de aquelarres. Marchad ahora, Laura irá con vosotros.

Los cuatro abandonaron de nuevo la mansión y fueron a la ciudad. Había muchos sitios donde esconderse, pero Laura tenía la forma infalible de dar con Lestrange.

―¿Cómo les encontrarás? ―quiso saber Ron.

―Tenemos hechizos de seguimiento, de unión entre hermanos brujos, entre miembros de la comunidad. Si me concentro en Linda, podré dar con ella y encontrarla.

Se encontraban en una pequeña habitación de un motel de la ciudad. Mientras Harry, Ron y Hermione esperaban, Laura estaba en el centro de la habitación, con los ojos cerrados y entonando un cántico por lo bajo. Finalmente, abrió los ojos.

―Ya la tengo ―afirmó.

Harry, Ron y Hermione posaron una mano en Laura. Al instante, los cuatro se desaparecieron.


―Concéntrate ―ordenó Linda.

―No es fácil.

―Nadie ha dicho que sea fácil, Rodolphus, nadie. La magia fluye libremente por nuestros cuerpos, es difícil controlarla. Pero cuando lo hacemos… Entonces es cuando se muestran nuestros poderes. Concéntrate.

Rodolphus miró la bola de papel estrujado que había sobra una mesa entre ellos dos. Alzó una mano en dirección a ella y se concentró. Finalmente, esta empezó a arder.

―Lo hice… ―confesó él.

―Lo has hecho muy bien. Ya sabes que Potter y los suyos también habrán desarrollado sus poderes.

―¿No deberíamos irnos ya? ―propuso Rodolphus ― Potter y los suyos siguen en la ciudad. Ya han debido de ir a ver al clan vudú.

―Cierto, quizás habría sido mejor que os marchaseis ya… Aunque sólo habríais retrasado lo inevitable ―fue Harry quien habló. Junto con Hermione, Laura y Ron aparecieron en la habitación en la que se escondían Rodolphus y Linda.

Rodolphus se apartó a tiempo mientras Linda alzaba un brazo, al mismo tiempo que Laura. Las dos salieron despedidas hacia atrás. Ron alzó una mano mientras con la otra sostenía su varita, sólo por si acaso. Una silla comenzó a arder, justo en el momento en que Rodolphus pasaba cerca. Hermione, por su parte, se concentró y obligó a Linda a detenerse.

―Basta, Lestrange, no puedes hacer nada ―sentenció Harry ―. Dame el hechizo de resurrección que Chavanel te dio y quizás tengamos piedad de ti.

―¿Crees que soy idiota, Potter? Tú nunca aprendes…

Cerró los ojos, como si se concentrase en algo. Pero no alzó una mano para mover algún objeto o al propio Harry, o para quemar algo. En vez de eso, Harry se quedó paralizado. Caminó sin voluntad hacia una mesa y cogió un cuchillo.

―Harry… ¿qué haces? ―Ron no entendía lo que su amigo hacía. Hermione seguía concentrada en detener a Linda, por lo que no veía lo que estaba pasando, mientras que Laura permanecía inconsciente.

Y entonces, Harry tomó con fuerza el cuchillo, mientras con una mirada de horror en su rostro, se rajó el cuello a sí mismo.

―¡No! ―gritó Ron.

Corrió hacia Harry y posó una mano en su cuello, intentando detener el flujo de sangre, el cual estaba descontrolado.

―Hu… Huye ―trató de decir Linda a Rodolphus.

Este miró un último momento a su acompañante y se desapareció.

―¿Qué ha pasado? ―preguntó Hermione, horrorizada al descubrir la escena, tras dejar de efectuar el control mental ― Incarcero ―pronunció, inmovilizando a Linda.

―Rodolphus le ha obligado a cortarse el cuello ―alcanzó a decir Ron mientras sollozaba. Harry temblaba de arriba abajo.

―Tenemos que volver a la mansión ―sentenció Hermione mientras hacía volver en sí a Laura ―. Vámonos.

Minutos después, Ron depositaba el cuerpo sin vida de Harry sobre una mesa. Cass llegó rápidamente.

―¿Qué ha pasado?

―Lestrange ha usado el control mental con él. Le obligó a rajarse el cuello ―dijo él. Tenía rastros de lágrimas en su cara.

―¿Hay algo que podamos hacer? ―preguntó Hermione ―. ¿Un hechizo de resurrección?

―Hay una cosa más fácil ―anunció Cass. Se acercó hasta Harry. Pero antes, miró un momento a Laura ―. Siempre fuiste mi primera opción, Laura. Estoy seguro de que serás una excelente líder de aquelarre.

―¿De qué está hablando? ―quiso saber Ron.

―La magia se manifiesta de muchísimas formas, Ron ―contó Laura, mientras pequeñas lágrimas se escapaban de sus ojos ―. Telequinesia, control mental, transmutación… No todos pueden desarrollar múltiples poderes, y no todos llegan a descubrir sus habilidades más extrañas o profundas. Y sólo hay una persona en el mundo que yo conozca que puede hacer lo que Cass va a hacer ahora. Ella misma.

Cass posó sus manos sobre Harry, mientras se concentraba. Al instante, Harry se despertó, gritando. Cass, por su parte, cayó al suelo. Hermione corrió hacia ella mientras Ron auxiliaba a Harry.

―Está muerta ―confesó Hermione.

―El ejercicio de nuestras habilidades nos agota. Cuanto más mayores somos, más nos cuesta realizarlas. Cass tenía la habilidad de la Resurrección, una habilidad muy poco común. Sabía que, de utilizarla, moriría. Por eso no ha resucitado a nadie en los últimos años. Por eso no ha querido resucitar a Alice.

Harry miró el cuerpo sin vida de Cass.

―¿Ha dado su vida por mí? ―quiso saber Harry.

―Sí, Harry Potter, ha dado su vida por ti. Ahora te recomiendo que termines lo que has venido a hacer. Rodolphus Lestrange vuelve a Salem. Será mejor que tú hagas lo mismo ―contó Laura.

―Pero no será el único ―los líderes de los aquelarres del sur aparecieron. Era una mujer bajita y regordeta, ataviada con un vestido largo, quien hablaba ―. Hemos resuelto reunir a los líderes mayores. Los aquelarres de Columbia y Nueva Orleans ya tienen nuevos líderes. Y estoy seguro de que tú, Laura, representarás al aquelarre de Salem. Vamos a convocar a los Cincuenta Mayores… y detener a David Van Garrett.