9

Resurrección

Harry, Ron y Hermione contemplaban el desfile de líderes que llegaban a cada momento. Hacía tan sólo unas horas que habían dejado atrás Nueva Orleans y se encontraban en Nueva York, en la sede del aquelarre, en un edificio del Upper East Side de Nueva York, donde habían sido recibidos por la líder del aquelarre, Samantha Broom, una mujer que los recibió con un vestido de alta costura.

―¿Creéis que esto funcionará? ―preguntó Ron. Miraba a todos los líderes, uno a uno, impotente porque no podía hacer nada para colaborar.

―Los Cincuenta Mayores se reúnen. Esto es algo que no pasa a menudo ―comentó Hermione. Al contrario que Ron, ella observaba atentamente a cada líder que llegaba y trataba de ayudar a Laura en todo lo que necesitase.

―¿Sí? Pues yo me siento que no servimos demasiado ahora mismo. Deberíamos estar en Salem, deteniendo a Lestrange. No en este… desfile de moda ―confesó Ron.

―Ya oíste a Laura, Ron. Una reunión de los Cincuenta Mayores no es tarea fácil. Y Lestrange necesita a Van Garrett para realizar el hechizo de resurrección. Hagamos lo que hagamos, todos juntos iremos a verles a ambos.

Laura por fin apareció, como líder de facto del aquelarre de Salem. Varios miembros del aquelarre lo habían abandonado en secreto para unirse a ella, tras la muerte de Cass Monroe.

―Chicos, lamento teneros aquí, sin que podáis hacer nada, pero vamos a contrarreloj. ¿Habéis practicado al menos vuestras habilidades?

Harry alzó una mano y atrajo para sí una lámpara de un mueble cercano.

―Cuidado, señor. Esa lámpara vale más de mil doscientos dólares ―Samantha Broom había aparecido de la nada. Tenía esa innata habilidad para saber cuándo manos ajenas tocaban sus muebles caros. Harry, Ron y Hermione creían que ese era su principal poder.

―Lo siento ―se disculpó Harry, mal disimulando una sonrisa ―. Bueno, como puedes ver, cada vez domino mejor la telequinesia.

―Buen trabajo, Harry. ¿Y tú, Ron?

Ron cogió una hoja de papel y la hizo arder. Acto seguido, apagó las llamas con otro movimiento de su mano.

―Fácil.

―Impresionante. No olvides recoger esas cenizas. Tengo entendido que esa alfombra es carísima.

Todos rieron.

―Lo tendré en cuenta ―aseguró Ron.

―¿Qué sabemos de Lestrange? ―quiso saber Harry.

―Los miembros del aquelarre que se han reunido conmigo aseguran haberle visto llegar. Seguramente David esté preparando la manera de llevarle a Inglaterra.

―¿No necesitaría un traslador? ―preguntó Harry, extrañado.

―Van Garrett es líder de aquelarre, no necesita venir a la oficina que hay aquí, en Nueva York, para que le den uno. Crearé uno él mismo y se irá con Lestrange.

―¿Qué vais a hacer los líderes de aquelarre para apartar a Van Garrett del poder? ―quiso saber Hermione.

Laura miró alrededor suyo.

―Se supone que esto es confidencial, pero los Cincuenta Mayores vamos a efectuar un ritual de toma de poderes. Los Cincuenta deben estar cerca de su objetivo para efectuar el ritual y así poder quitarle los poderes a Van Garrett. Una vez hecho eso, Van Garrett será desterrado del aquelarre.

―¿Cuándo tendrá lugar el ritual? ―preguntó Harry.

―En cuanto los últimos líderes del oeste lleguen. Todos están al tanto de los asesinatos de dos líderes mayores, así que no tardarán mucho en llegar.

―Vale… Está bien. Lo siento, Laura, es que debemos darnos prisa.

―Harry, no te preocupes. Les pararemos los pies. Disculpad, tengo que volver con los demás líderes.

Laura se retiró. Harry, Ron y Hermione permanecieron donde estaban. Harry se acercó a un espejo y se miró la garganta. Había una blanca y delgada línea que lo atravesaba, único vestigio de la herida que se hizo. Aunque Cass le resucitó y sanó, no pudo evitar borrar todo vestigio de lo ocurrido.

―¿Estás bien? ―preguntó Hermione mientras le observaba cómo se pasaba una mano por la cicatriz.

―Sí, es sólo que… Lestrange me pilló desprevenido. En fin, esto de morir es… extraño.

―¿Qué hay más allá de ello? De morir, digo ―quiso saber Ron.

Harry miró a Ron mientras sonreía.

―No hay nada, Ron. Es todo negrura. Lo cierto es que no lo recuerdo bien, pero en fin, tampoco quiero preocuparme por ello. Estoy aquí y es lo que importa.

De repente, un grupo de cuatro personas entraron.

―Bueno, ha sido un viaje largo, pero ya estamos aquí ―dijo un hombre alto y que debía rondar los sesenta años.

―Sí, espero que el ritual no lleve demasiado tiempo ―confesó una mujer, también alta y anciana.

―Eh, ¿hola? ―saludó Hermione.

La mujer se quedó mirando a Hermione con una sonrisa.

―¿Sí, querida? ¿Eres miembro del aquelarre?

―No. Soy una invitada. Los demás líderes están ya aquí. Por aquí, por favor.

Acompañaron a los cuatro líderes con el resto. Laura les miró.

―Perfecto, ahora que estamos todos, el ritual puede empezar.

Minutos después, todos se encontraban en una mansión cercana a la mansión del aquelarre de Salem.

―¿No creéis que deberíamos ir a por Lestrange? En fin, ellos se encargarán de Van Garrett, pero eso no hará que detengan a Lestrange ¿Y si Van Garrett le ha explicado cómo realizar el hechizo de resurrección? ―expuso Ron.

Harry miró a los líderes de aquelarre, ataviados con capas negras. Por un momento le recordaron a los mortífagos, aunque sus caras afables decían lo contrario.

―Será mejor que nos retiremos, los líderes querrán estar solos.

Salieron de la mansión y esperaron fuera. Delante de ellos, la mansión del aquelarre de Salem permanecía en calma, sin luces encendidas. Harry observaba atentamente la mansión. Instintivamente, se pasó la mano por el cuello, por la cicatriz que lo atravesaba.

―¿Harry? ―preguntó Ron.

―Vamos a entrar.

―Harry, espera… los líderes ― dijo Hermione.

―Hasta ahora, Hermione, Lestrange no ha hecho más que escaparse. Pero no esta vez.

Harry puso dirección a la mansión, seguido de Ron. A Hermione no le quedó más remedio que ir detrás. Tras llegar a la puerta, Harry la abrió en sigilo, con la varita en alto.

―Debe estar en el despacho de Van Garrett. Vamos, no hagáis ruido.

Se fueron acercando al despacho. A medida que caminaban, oían voces.

―¿Ya está listo? ―era Lestrange quien hablaba.

―No tengas tanta prisa, aún tengo que recalibrarlo.

―Sólo es un traslador ¿Tan difícil te resulta? ¿No eres un líder de aquelarre?

―Disculpa, pero yo no tengo que viajar usualmente a otros países, ¿de acuerdo? Estará listo en un momento.

Harry aprovechó el momento. En vez de alzar su varita, fue su mano lo que alzó. La puerta se abrió de par en par, entrando tras ella.

―Disculpad si interrumpo, pero tengo un asunto pendiente.

―¡Potter! Si estabas muerto…

Harry alzó su mano otra vez. Van Garrett cayó hacia atrás, impulsado por la fuerza de Harry.

―Cierto, estaba muerto. Pero una buena amiga me trajo de vuelta. Pero esta vez no te daré la oportunidad de matarme una vez más, Lestrange.

―Ya lo veremos ―se concentró en ejercer el control mental sobre Harry, pero este fue más rápido.

―¡Impedimenta!

Rodolphus no pudo ejercer su habilidad. Sacó su varita y lanzó varias maldiciones a Harry, Ron y Hermione, pero estos las esquivaron. Van Garrett, por su parte, se levantó y alzó una mano, pero no pudo hacer nada.

―¿Qué está pasando? ¿Qué les pasa a mis poderes?

A través de la puerta aparecieron varios líderes de aquelarre.

―Has llegado demasiado lejos, David ―fue Laura quien habló.

―No… No, ahora no.

De repente, el traslador, una copa de cristal, empezó a brillar. Rodolphus ejecutó varios hechizos de protección y corrió hacia Van Garrett.

―¡Accio copa!

La copa voló hacia ellos. En ese momento, Harry corrió hasta ellos y saltó. Justo en el momento en que Lestrange cogió la copa, Harry tocó a Van Garrett en un hombro. Al instante, los tres desaparecieron.

Tras la sensación de viajar a través de un vórtice, los tres aparecieron en un cementerio.

―¿Hemos… llegado? ―quiso saber Van Garrett.

―Sí ¿Estás bien…? ¡Petrificus Totalus! ―gritó Lestrange. Harry había aparecido con ellos, pero Lestrange fue más rápido y le paralizó ―. Qué bueno que al final hayas venido, Potter. Al menos podrás observar la culminación de mi plan. Bueno, del plan de mi hermano Rabastan, el cual yo he mejorado.

―No olvides nuestro trato ―comentó David mientras se levantaba a duras penas.

―No te preocupes, no lo he olvidado. ¿Estás bien? ¿Qué te había pasado?

―Los Cincuenta Mayores se reunieron y efectuaron un ritual de toma de poderes, por eso no pude hacer magia ―explicó Van Garrett.

―¿Entonces no tienes poderes? ¿Eso es lo que quieres decir? Te recuerdo que te necesito en esto ―Rodolphus sonaba preocupado.

―No te preocupes… ―movió una mano y una piedra voló hasta ella ―. Los Cincuenta no acabaron el ritual, sólo me debilitaron. De haber finalizado el ritual, yo sería… menos que un muggle. Pasemos a lo siguiente… ¿Tienes el hechizo?

Rodolphus sacó un papel doblado y se lo tendió a Van Garrett. Este lo tomó.

―¿Cuál es la tumba?

―Esa de allí.

Van Garrett caminó hasta una tumba solitaria. En la lápida no había ninguna inscripción ni nombre, sólo una Marca Tenebrosa, aunque Van Garrett no tenía ni idea de qué significaba. Sobre la losa que cubría la tumba, no había nada inscrito.

―¿No tiene nombre? ―se extrañó Van Garrett.

―Es Lord Voldemort de quien hablamos. Se enterró bajo una tumba anónima para evitar a futuros seguidores o para impedir remembranzas de fanáticos. No te preocupes, él está enterrado aquí. Tras su muerte en Hogwarts, el cuerpo fue enterrado aquí por ese ―señaló a Harry.

―No me preocupa.

Van Garrett sonrió y abrió el papel. Efectuó una serie de movimientos con las manos sobre la tumba mientras entonaba un cántico en una lengua extraña. Harry observaba la escena, impotente, aunque había algo raro en todo aquello, algo que le sonaba distinto.

Van Garrett, por su parte, siguió entonando su cántico. El cielo se oscurecía y varios truenos estallaron. Finalmente, se detuvo.

―¿Ya está? ―quiso saber Lestrange ― ¿Ha funcionado?

De repente, algo, o alguien, golpeó en el interior de la tumba.

―Pues claro que ha funcionado.

Alzó una mano y arrancó la pesada losa, abriendo la tumba. Un fuerte olor salió de ella. Van Garrett miró dentro, pero Lestrange fue más rápido y le apartó, bajando a la tumba. Estaba muy oscuro, de modo que no veía nada. Finalmente, Lestrange salió, llevando a alguien consigo. Pero no era quien Van Garrett estaba esperando. No era un Señor Oscuro lo que Lestrange sacaba de la tumba.

Era una mujer.

―¿Qué significa esto?

Harry lo vio entonces. Y por supuesto, reconoció a la persona que iba con Lestrange. Aquel no era el cementerio donde Lord Voldemort había sido enterrado, pues Harry nunca había estado allí. A Voldemort lo enterró en el cementerio de Pequeño Hangleton, junto a sus padres, aunque, como había dicho Lestrange, procuró no dejar inscripción alguna en la lápida. Sin embargo, Harry sabía algo, y es que los mortífagos que murieron en la batalla de Hogwarts fueron enterrados también, algunos por el Ministerio, otros por familiares aún vivos, como la persona que Lestrange ayudaba a salir de la tumba. Y había mortífagos cuya fama era tan legendaria como la del propio Voldemort. Por eso se decidió que se enterrarían anónimamente, para evitar futuras visitas de fanáticos de las Artes Oscuras.

La mujer que iba con Rodolphus Lestrange era su mujer, Bellatrix Lestrange. Tenía la cara demacrada, más demacrada aún de cuando vivió sus últimos años como lugarteniente del Señor Tenebroso. Quizás era por haberse pasado los últimos diecinueve años en una tumba, quizás era porque el hechizo de resurrección no te devolvía a tu estado original. Quizás es que quedaba algún vestigio, como la cicatriz que atravesaba el cuello de Harry. Quién sabía… Pero lo que Harry sí sabía es que a Van Garrett no le gustaba lo que estaba viendo.

―¿Quién diablos es esta mujer? ¿Dónde está tu Lord Tenebroso?

―Has sido un idiota, Van Garrett ―confesó Lestrange, una vez en tierra. Ayudaba a Bellatrix a mantenerse en pie, pues ella parecía muy desorientada.

―¿Me has engañado? ―Van Garrett estaba indignado. Miraba con furia a Lestrange.

―Sí, todo este tiempo. No tenía ninguna intención de resucitar a Lord Voldemort. Está mejor muerto que vivo. En realidad, tenía intención de resucitar a otra persona, desde el principio, desde que Rabastan me confesó su plan.

―Ya veo. Creo que los aurores detuvieron al hermano equivocado. ¿Quién es esta puta?

Rodolphus rió por lo bajo antes de asestar un fuerte puñetazo a Van Garrett.

―Mira, para esto no necesito magia alguna. ¿Ves, David? Aquí, en Inglaterra, hacemos las cosas a nuestra manera. Ella es Bellatrix, mi esposa.

Van Garrett miró a Bellatrix, que seguía desorientada.

―Claro, debí haberlo sabido desde hace mucho tiempo. El poder para resucitar a una persona… ¿Y por qué no hacerlo con tu esposa? Sin embargo, nunca sospeché que llegarías a hacer tal cosa. Rabastan nunca me dio razones para ello.

―¿Qué quieres decir?

―Él me habló de tu esposa. De lo mucho que la quisiste. Pero era de esperar que no hicieseis nada, especialmente si ella ya amaba a otra persona.

―Cállate… ―ordenó Lestrange.

―Rodolphus… Ahora entiendo que no he debido subestimar el amor. Pero ella amó siempre a tu señor, con una devoción increíble. ¿Crees ahora que ella se quedará contigo? ¿Cómo crees que se tomará que su señor está muerto?

―¿Qué…? ¿Qué ha pasado?

Van Garrett se levantó.

―¿Sabes una cosa, Rodolphus? Crees haberme engañado, pero lo cierto es que yo siempre gano. Y aunque es muy bonito lo que has hecho, me agradecerás lo que yo voy a hacer ahora.

De repente, sacó un cuchillo y le cortó el cuello a Bellatrix.

―¡No!

Acto seguido, con el mismo cuchillo, se lo clavó en el corazón. Al instante, Van Garrett dio un empujón con una pierna a Bellatrix, cayendo ésta en su tumba.

―Cenizas a las cenizas… ―comentó Van Garrett.

Se dio la vuelta y se alejó, pero, de inmediato, se detuvo. Su brazo izquierdo estaba ardiendo. Se dio la vuelta, horrorizado, y vio a Lestrange con la mirada fija en él. Al instante, las llamas se extendieron por su cuerpo, devorándolo y consumiéndolo.

Tras eso, tras ver cómo Van Garrett moría, Rodolphus cayó de rodillas al suelo, con la mirada perdida. Harry, por su parte, recuperó la movilidad de sus miembros. Se levantó y alzó su varita.

Incarcero.

Cuerdas invisibles inmovilizaron a Lestrange, pero este no hizo nada por impedirlo.

―Ya me tienes, Potter. Te ha costado, pero ya me tienes.

―Quedas detenido, Rodolphus Lestrange. Serás sometido a un juicio y llevado a Azkaban ―confesó Harry.

―Ahórrate la palabrería.

―Sólo dime una cosa. ¿Por qué Bellatrix? Podrías haber resucitado a tu señor, haber logrado escapar de persecuciones…

―Dime una cosa, Potter. ¿Estás enamorado?

Miró a Harry largamente, pero este no dijo nada. Comprendía entonces a Lestrange. Haber vivido parte de tu vida enamorado de alguien que no te correspondía, debía ser algo muy duro. Quizás confiaba en que, sabiendo que Lord Voldemort estaba muerto, Bellatrix centraría su atención en él ¿Qué habría hecho Bellatrix si supiese que su señor había muerto? Ella, que fue su mortífaga más devota, ¿lo habría aceptado o habría cometido una locura?

Harry miró el cadáver humeante de Van Garrett. Las últimas llamas se apagaban. Recordó las palabras de Cass, acerca de las sentencias a muerte en la hoguera. Los Cincuenta Mayores iban a quitarles sus poderes, pero… ¿Qué harían después? ¿Lo habrían juzgado, atado a un poste y le habrían hecho arder? Prefirió no pensar en ello, sino en el hecho de que, afortunadamente, todo había acabado al fin.