12
Los Merodeadores
Las primeras horas de la mañana transcurrieron rápidas. Los chicos trataron de olvidar el incidente en el Sauce Boxeador. Por fortuna, no se habían encontrado con Severus en todo el día.
Cuando por fin llegó la hora del almuerzo, las chicas se volvieron a encontrar con ellos y debieron aclarar su desaparición repentina. Inventaron un pretexto, dijeron que intentaron recorrer el bosque prohibido por una apuesta. Explicaron que casi fueron golpeados por el sauce y también la reprimenda que Albus le dio a cada uno. Remus se veía mejor, había tomado su tónico para las cicatrices y su cara ya había recuperado el tono rosado que normalmente tenía en las mejillas.
—Debieron haber utilizado un encantamiento inmovilizador —dijo Dian a Sirius—. Es más que obvio, así hubiesen escapado fácilmente del sauce.
—Dian —gruñó Lily en desaprobación.
—¿Qué? —dijo Dian, despreocupada—. No lo volverán a hacer, ¿verdad?
Una parvada de lechuzas entró en el Gran Comedor. Una lechuza se posó al lado de Sirius. El muchacho revisó el sobre.
—¡Un vociferador! —exclamó Sirius, aterrado—. ¡Mi madre lo ha enviado!
Todos en el Gran Comedor observaron con curiosidad, mientras que Sirius sostenía la carta como si fuera un plato caliente. Dian se alejó de él.
—¡Ábrelo, antes de que sea tarde! —exclamó ella, apurada.
Sirius obedeció y en seguida el sobre se posó delante de él, mientras se abría con una voz muy molesta y enfadada. Era su madre:
—¡Insolente muchacho! ¡Mi linaje echado a la basura por tu culpa! ¡Eres una vergüenza para la familia! ¡Ya verás cuando llegues a casa! ¡No te pareces en nada a tu hermano! ¡Tendrás tu merecido, escoria!
El sobre dejó de gritar y ardió en llamas, mientras que todos en el Gran Comedor volvían a sus asuntos, después de todo, no les importaban los problemas de otros. Sin embargo, Sirius estaba muy avergonzado con sus amigos. Cuando el sobre dejó de arder quedaron las cenizas.
—Vaya si llegan rápido las noticias —dijo James, mirando su carta—. Mi padre también está molesto, pero menos mal que no envió un vociferador.
—Eso es porque no se parece a la bruja de mi madre —dijo Sirius, muy molesto—. Siempre me está comparando con el inútil de Regulus, que no hace nada más que holgazanear y gastarse galeones en tonterías.
—Creí que era la única que tenía problemas con mi hermana —dijo Lily, sonriendo amargamente.
—Tendré que irme de casa —dijo Sirius, dando una mordida a su desayuno, como si nada.
—¿Qué? —exclamaron todos al unísono.
—No hay remedio —dijo Sirius encogiéndose de hombros.
De pronto, otro par de lechuzas bajó hasta la mesa donde estaban. Dejaron dos cartas, una para Dian y otra para Remus.
—¿Yo por qué recibo carta? —se preguntó Dian, intrigada.
Separó los bordes del sobre y lo abrió. Eran las firmas de sus padres. Pero ella estaba segura de que no había hecho nada malo, hacía mucho que había dejado de meterse en problemas con James y Sirius.
—Son mis padres, ya están enterados de nuestro primer partido de quidditch. Nos desean suerte para el siguiente y… dicen que han reservado una dotación de dulces en Hogsmeade, tengo que recogerlos la próxima semana —dijo Dian, con una amplia sonrisa.
—¡Excelente! —exclamó James.
—Siempre lo pensé: algo bueno debía salir de esta amistad, Roosevelt —guiñó Sirius.
Dian sintió una punzada en el corazón. Se sentía feliz. Sus padres pocas veces escribían o se enteraban de sus cosas.
Remus abrió su propia carta, estaba membretada con el sello de Hogwarts.
—¿Por qué recibes una nota del colegio? —preguntó James, extrañado.
—No lo sé —respondió Remus, confundido.
Abrió la carta y la leyó rápidamente.
—Imposible —musitó Remus, mientras sacaba del sobre un pedazo metálico de lo que parecía ser una medalla.
—¡La insignia de prefecto! —exclamó Dian, sorprendida.
—"Estimado Remus John Lupin —leyó Remus en voz alta—: por modificaciones en la dirección, le informamos que usted es el nuevo prefecto de su casa Gryffindor. Como comprenderá será el único tercer prefecto. Esperamos que cumpla con las obligaciones que se le ameritan y aspire para el premio anual —dijo Remus con entusiasmo—. Atentamente: La comitiva de Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería".
—¡Felicidades, Remus! —dijo Lily con amabilidad.
Sirius, James y Dian estaban mudos y se miraron entre sí.
—¿Qué les pasa? —preguntó Lily, intrigada.
—Ahora es un prefecto. Estamos en problemas —dijo Sirius.
…
Por la tarde, los cuatro amigos fueron a unos de sus escondites preferidos dentro del colegio, cerca del campo de quidditch. Sirius estaba acostado sobre el césped reposando de un día largo de clases. James se encontraba hojeando un libro sin ninguna intención de leerlo. Remus comía una barra de chocolate, siempre que se sentía débil después de su transformación el chocolate le venía muy bien. Peter sólo permanecía sentado, esperando a que los demás hicieran algo mejor.
—Dumbledore quiere que los vigile —dijo Remus, terminando su barra—. Es obvio.
—Tienes razón —dijo Sirius, incorporándose—. Después de lo sucedido querrá que tengas autoridad sobre nosotros.
—Pero más que eso —dijo James, sin despegar la vista del pergamino—, también sobre Severus. Así Remus podrá impedirle cometer sus ataques de frustración existencial hacia nosotros.
—Sí, pero quizá nos estén vigilando —dijo Sirius, pensativo.
—Conocemos el castillo mejor que nadie, sabemos todos los secretos que hay en él —dijo James—, debe haber una manera de salir a escondidas.
—Todos los escondites son buenos, menos el de la bruja —dijo Peter—, me cuesta trabajo entrar por ahí.
La cabeza de James trabajó rápidamente, mientras que los muchachos seguían pensando en una salida por la cual todos pudieran escapar.
—¡Hagamos un mapa! —exclamó James.
—¿Un mapa? —preguntó Peter, extrañado.
—Como los de navegación —dijo Remus, comprendiendo la idea de James.
—¡Sí! Así podremos saber dónde estamos cada vez que nos separen.
James sacó un pergamino, pluma y tinta y comenzó a dibujar.
—Un momento —dijo Remus, pensando—. Creo que necesitaremos más que dibujos, James. Esto requiere de artes oscuras —sonrió.
En lo que restó de la hora los cuatro trabajaron en el mapa, aunque Remus hacía los conjuros de magia negra, mientras que James dibujaba y Sirius mencionaba todas las salidas que ya habían probado. Peter observaba cómo se iba desarrollando el mapa.
—Tendremos que firmarlo con nuestros nombres, ¿no? —dijo Peter, ansioso.
—Pero no pueden descubrirnos —dijo Sirius, pensativo.
—Sí, cualquiera podría ver el mapa y ver nuestros nombres en él —dijo Remus.
—Ya está: Canuto, Cornamenta, Colagusano y… Lunático —dijo Sirius, resuelto.
Los tres se quedaron mirándolo.
—Sí, ya lo tenía pensado —admitió Sirius, sonriente.
Siguieron trabajando en el mapa. Ya casi oscurecía y el tiempo se les había ido en risas y chistes de Sirius. Ya casi lo tenían terminado.
—Sólo necesitamos ponerle un poco de protección —dijo Remus.
Y antes de que anocheciera conjuraron más hechizos de artes oscuras, para que nadie pudiera leer el mapa. Los Merodeadores eran los dueños de Hogwarts desde ese momento.
