Epílogo

El juez del Wizengamot golpeó su estrado con su mazo de madera. Dos aurores se llevaron a Lestrange de la sala. Harry vio cómo se marchaba. Ron y Hermione ya habían vuelto a Inglaterra, acompañados por Laura para que testificase en el juicio.

Poco a poco, la sala se fue vaciando. Finalmente, sólo quedaron los cuatro.

―Bueno, todo ha acabado. Lestrange irá a prisión ―comentó Laura ―. Aún no puedo creer que sólo tuviese intención de resucitar a su difunta esposa.

―Pues créelo ―contestó Harry ―. Quién iba a decir que hasta un mortífago como Rodolphus Lestrange podía amar. En fin, ¿cómo van las cosas en los Estados Unidos, Laura?

Laura sonrió.

―Los Cincuenta Mayores han vuelto a sus respectivos aquelarres. Y el aquelarre de Salem me ha aceptado como su líder. Es cierto que nuestro Consejo quería juzgar a Van Garrett, pero su destino final ha sido algo peor.

―¿Y qué pasa con sus seguidores? Melissa, Linda…

―Todos serán ajusticiados. Y el Consejo decidirá sus destinos.

―¿Te refieres a que todos arderán en la hoguera.

Laura alzó una mano, pero no para efectuar magia alguna, sino para detener a Harry.

―No discutamos eso, Harry. Los Cincuenta Mayores aprovechamos para discutir nuestras… ortodoxas prácticas. Y no todos serán condenados. Ni siquiera a la hoguera, tranquilo. William ha sido el único que ha cometido asesinato, pero el resto son cómplices o culpables de otros delitos. Recibirán juicios justos y sus respectivas penas.

Harry sonrió, complacido.

―Me alegra oír eso, Laura. Hay un traslador para Nueva York en la Oficina de Trasladores del Ministerio, pero puedes quedarte el tiempo que quieras.

―Te lo agradezco, Harry, pero el aquelarre está patas arriba. En cuanto pueda organizarlo todo, vendré a visitaros. O vosotros podréis venir cuando queráis.

Laura se despidió de todos. A los pocos minutos, tomaba un traslador, de vuelta a casa. Harry, Ron y Hermione caminaban por un pasillo del Ministerio.

―Todo ha acabado, pues ―confesó Ron.

―Sí. Ya le he dejado a Tigh el informe del caso. Y me ha confesado que el Ministerio ha accedido finalmente a financiarnos este año, después de saber del éxito de la misión. Incluso se ha interesado por esa forma de ejercer la magia que tienen los estadounidenses.

―Reconozco que esa forma no está nada mal. Y muy seguramente perfeccione mi habilidad ―contestó Ron.

―Por supuesto, pero no quemes la casa en el intento, ¿quieres? ―pidió Hermione. Todos rieron ―. He de volver a mi oficina. Os veré luego.

Se despidió y se marchó. Harry y Ron siguieron caminando.

―Entonces, ¿Lestrange resucitó a su esposa? ¿Nunca trató de devolver a la vida a su señor?

―No, Bellatrix era su objetivo en todo momento. Desde que descubrió los planes de Rabastan. No puedo dejar de pensar que quizás ahora no estaríamos aquí si Rabastan fuese quien hubiese huido aquella noche. No puedo evitar pensar si ahora estaríamos planificando defensas contra Voldemort.

Ron pasó un brazo por su hombro.

―No te preocupes, amigo. Todo ha acabado bien. Aunque Bellatrix volvió a la vida, no logró permanecer en el mundo apenas unos minutos. Van Garrett también ha muerto, Rodolphus está en prisión, los aquelarres de Estados Unidos descansan tranquilos, intentando volver a la normalidad… Créeme, no hace falta que te preocupes de nada más.

Harry sonrió mientras pasaba su brazo por el hombro de Ron, igual que él.

―Es cierto, no hace falta preocuparse de nada.

Llegaron a la Oficina de Aurores y la abrió con un movimiento de su mano, gracias a su telequinesia. Sí, no hacía falta preocuparse absolutamente de nada. Todo volvía a la normalidad.