14
La bandera de Gryffindor

—¡Potter!

La quaffle atravesó el aire, muy cerca de James, y éste no la atrapó. Dian se la había lanzado. Ella estaba sonriente, elevada unos metros más que el chico de gafas, quien por poco las pierde. James consiguió salvar la pelota y se elevó a la misma altura de Dian.

—Ya sé, ya sé —dijo James—. Sólo porque tu novio es mi mejor amigo no te daré ventaja.

—Nada de eso —dijo Dian, sonriendo y aferrándose al palo de su escoba—, conseguiré por lo menos quince goles. Sirius tiene que ganar sus apuestas.

—Vaya —se asombró James—, ¿acaso ya lo has perdonado?

—Vale, ¿qué debía hacer?

Con una mano, Dian le arrebató la quaffle a James y él aun riendo la siguió. Wood daba órdenes al aire, sentía que el fin del mundo se acercaba. La práctica marchó bien.

—¿Tienen que saberlo todo? —preguntó Remus, esquivando las miradas curiosas.

—De cualquier forma Dian nos lo dirá —sonrió Lily.

—¡Vamos, Lupin! –exclamó Sirius, exasperado—. ¡Tanto drama para que mañana no juegue, ¿qué sucede contigo?

—Todavía te quedan las apuestas de James —dijo Remus.

—Qué consuelo —dijo Sirius con los ojos en blanco. Las chicas salieron de la sala común, para buscar a Dian.

—¿Sabes, Remus?, aunque Dian me atemorice creo que es buena pareja para ti —dijo Peter de repente.

—Gracias, Peter —sonrió Remus, sonrojado y sacó una tableta de chocolate.

—Oye, Lunático —dijo Sirius, más tranquilo—. Me da gusto que por fin hayas conseguido algo con Dian. Y yo lamento… que te haya utilizado como dijo Evans…

—No fue nada —dijo Remus, encogiéndose en hombros comiendo chocolate—, pero sin ti nada de esto hubiese pasado. Y no te preocupes mañana el partido no será tan malo.

En el campo ya habían terminado con el entrenamiento. Wood quiso volver a dar un discurso, pero todos se encontraban tan cansados que fue imposible retenerlos por un minuto. Dian y James regresaron al castillo, aunque éste parecía muy callado y pensativo.

—¿Qué sucede? —preguntó Dian.

—¿Hmm?

—¿Te sientes bien? —dijo Dian, confundida.

—Sí claro… sólo que… cometí un tremendo error.

—Oh, ya me lo habían dicho.

—Vale, fue un tonto juego, pero Evans se lo tomó muy apecho.

—No te culpo, cualquier quisiera gastarla un poco con Quejicus —sonrió Dian, divertida.

—Tienes que ayudarme —dijo James, preocupado.

—¿Qué le haremos al narigudo?

—No, se trata de otra cosa.

—¿Hmm?

—Bueno, es una situación un tanto complicada y eres la indicada para ayudarme.

—¿De qué se trata?

—De Lily.

—¡Oh! —exclamó Dian con una sonrisa maliciosa—. Ya entendí.

—Ehm… —James se sonrojó y se aclaró la garganta—. T-tú la conoces muy bien, ¿me ayudarías?

—Mira, Potter, no te compliques más la vida —dijo Dian, impaciente—. Ambos se gustan, ¿no? Entonces no esperes más y díselo. En dos días más nos iremos todos a casa.

—Tienes razón, debo idear algo.

—¿Por qué no se lo dices a Sirius? —preguntó Dian—. Siempre ha sido tu derecha, seguro tendrá un plan lo suficientemente descabellado.

James sonrió, tenía lo que restaba de la noche para planear algo y salió corriendo rumbo a la Sala Común de Gryffindor, mientras Dian fue al Gran Comedor, estaba muerta de hambre. James tuvo que encontrar el momento adecuado para planear algo realmente bueno. Encontró a Remus jugando ajedrez con Peter, apostaban una ración completa de chocolate del Expreso de Hogwarts. Sirius estaba en un rincón de la sala, discutiendo con unos chicos de primero que seguían indignados por la supuesta renuncia de Dian al equipo.

—Bien, tengo que hablar con ustedes, es muy importante —dijo James, apresurado, con la voz baja.

—¿Ocurre algo? —preguntó Peter, temeroso.

—No, no es nada de qué preocuparse —dijo James, pensativo—. De cualquier manera, nos vemos en el dormitorio dentro de cinco minutos. Avísenle a Sirius.

—Pero, ¿para qué…?

Remus no terminó de formular la pregunta, pues James salió disparado hacia las habitaciones. Así que Peter y Remus tuvieron que finalizar el juego, pero no antes de que Remus le hiciera jaque mate a Peter.

En el Gran Comedor, Lily se abalanzaba a gritos sobre su amiga, la abrazaba con júbilo mientras la chica trataba de pasarse una tostada con la que se había atragantado.

—Lo sé… cof… Lily… sí, es fabuloso… cof, pero trata de no matarme —le dijo Dian, mientras recuperaba el habla.

—¿Y cómo fue el beso? —preguntó Alice curiosa, Dian parecía tener el mismo color que la mermelada.

—¿Cómo te lo dijo? —preguntó Lily, divertida.

—¿Él te besó o tú lo besaste? —preguntó Alice, emocionada. Dian comía casi sin masticar.

—Bueno… verán –comenzó Dian, bastante apenada—, no sé cómo ocurrió… sólo… pasó… y ya.

Esas conversaciones la ponían muy nerviosa y sin saber qué decir, y ahora que la ocasión era un poco más importante, se sentía muy avergonzada de hablar sobre ese tipo de asuntos personales. Cuando las chicas dejaron de bromear y tomaron la cena, subieron a sus recámaras. Después de la 'plática' que Dian había tenido con Remus no se habían vuelto a ver. Ahora no sabía cómo reaccionar con él y con todos los demás viéndolos, ese pensamiento hizo que sus mejillas se volvieran a ruborizar.

Llegaron a la sala común, pero estaba vacía, para el alivio de Dian. Aunque ahora no sabía si quería ver a Remus o no. Así que no hubo más remedio que ir a dormir. Se cambiaron por los pijamas y se metieron en sus camas con dosel. Dian estaba muerta de cansancio, aunque emocionada. Lily y Alice conversaban como cada noche.

—Lily, ¿es cierto lo que sucedió con Severus Snape? —preguntó Alice, vacilante.

Lily intentó no mostrarse afectada y aparentó que no sucedía nada importante.

—Ah, sí. Algo así.

—¿Sabes?, dicen que Severus tiene un club secreto con otros chicos Slytherin.

—¿En serio? —preguntó Lily, intrigada y decepcionada al ya no saber nada de la vida de su antiguo amigo—. ¿Club?, ¿de qué?

—De artes oscuras.

Los vítores explotaban por el campo de quidditch. Las banderas de ambos equipos se blandían por todo el estadio. Los Hufflepuff habían organizado algunas porras, mientras que los Gryffindor ya habían encantado banderas que rugían de verdad. Los profesores estaban reunidos en la tribuna más alta. Dumbledore hablaba animadamente con Hagrid, quien había sido invitado a contemplar el partido desde el lugar de los profesores. La profesora McGonagall estaba orgullosa de que su equipo hubiese llegado hasta esas alturas, hacían tres años que Gryffindor no calificaba a las finales, los nuevos cazadores habían levantado mucho al equipo. Lily y Alice llegaron al estadio desde muy temprano, acompañando a Dian que ya estaba en los vestidores, pero no había rastro de los muchachos. El equipo de Gryffindor estaba preparándose, continuaban tranquilos, aunque Oswald Wood tenía un aspecto entre pálido y mortecino. Dian hablaba con John, el otro cazador, éste decía tener jugadas muy buenas para hacer que la quaffle tomara una altura favorable entre pase y pase. Pero Dian no podía concentrarse del todo, pensaba en Remus, no lo había visto un día antes en la sala común y tampoco en el desayuno. James llegó corriendo al vestidor.

—¡Potter! —gritó Wood—. ¡Llegas tarde!

—Lo siento, tenía que…

—No importa —dijo Wood, tajante y se dirigió al equipo—. Escuchen muchachos, mañana todos estaremos a punto de partir en el expreso, quiero desearles unas felices vacaciones, ya que es mi último partido —sus ojos enrojecieron—, espero que haya sido un buen capitán y que… t-todo, lo que pasamos juntos lo r-recuerden por siempre —su voz estaba cortada—. Los estimo mucho, s-son excelentes jugadores, me voy orgulloso de sus formidables jugadas —comenzó a sollozar—. Los extrañaré.

Wood se tapó la cara con la túnica escarlata y John le dio una palmadita en el hombro, en forma de consuelo. James y Dian parecían tristes y esta vez no hicieron ningún comentario gracioso. Los demás jugadores se veían con pesadumbre, también extrañarían a Oswald.

—Bueno —dijo Wood, despejándose la cara—. ¡Vamos por los Hufflepuff! Esa copa tiene que ser nuestra, mañana todos celebraremos en el expreso. ¡ADELANTE!

Se levantaron entusiasmados, James se colocó los guantes. Dian se acercó acomodándose el cabello rizado en una coleta y mirando a James, sonriente.

—Vamos Potter, no estás nervioso, ¿o sí? —sonrió Dian, entusiasmada.

—Chicos —dijo Wood, caminando hacia las puertas del vestidor—, buena suerte. He oído que hay muchas apuestas que están a su favor. Sobre todo las de Sirius Black —rio.

El campo enloqueció cuando los jugadores salieron en sus escobas. Los profesores aplaudían con júbilo y la voz de Frank Longbotton se escuchó por todo el estadio y Alice, que estaba a unas cuantas tribunas de ahí, sonreía felizmente al lado de Lily que animaba a Dian con una bandera. Los chicos del club de admiradores de Dian también brincaban ansiosos con un cartel que decía La quaffle volará con la Ráfaga de Oro, habían hecho que salieran destellos luminosos, ella se ruborizó avergonzada.

Al estadio llegaron apresurados Remus, Sirius y Peter, mientras cargaban una bandera escarlata que parecía ser de Gryffindor; se colocaron sobre una tribuna alta, detrás de los profesores. La profesora McGonagall los miró de soslayo, pero ellos parecían no estar haciendo nada más que disfrutar del partido. Lily y Alice frente a ellos los saludaron con las manos. Ellos respondieron con sonrisas nerviosas. La profesora Hooch dio el pitazo para que el partido comenzara, los jugadores se elevaron ante la estupefacción de Sirius: Dian Roosevelt estaba ahí.

—¡Dian va a jugar! —exclamó emocionado, pudo haber besado a Remus en ese momento.

James arrancó aplausos cuando le robó la quaffle a un Hufflepuff. Dian aprovechó para volar velozmente al lado de la tribuna de los chicos.

—¡Pon atención, Black! —gritó Dian al pasar persiguiendo a un cazador Hufflepuff.

—¡Te debo una! —exclamó Sirius, aliviado.

James se acercó a los aros, lanzó la quaffle a John, el otro cazador Gryffindor y éste se la devolvió con un pase maravilloso, lo que James aprovechó para anotar. En la banca de Gryffindor enloquecieron.

—¡Vamos, vamos, James ha anotado! —exclamó Sirius, apresurado.

—Extiéndela, Colagusano —ordenó Remus.

Peter extendió una parte de la bandera que parecía tener una letra L. Lily y Alice estaban en las gradas justo frente a ellos. Peter estuvo a punto de caer al enredarse con la tela.

—¿Y a esos qué les pasa? –preguntó Alice, divertida

—Tratando de llamar la atención —dijo Lily, algo despectiva, pero también había aplaudido con la anotación de James.

Las bludgers salieron disparadas directamente hacia Dian, quien las esquivó con una enorme facilidad. Cuando tuvo la quaffle en sus manos, después de varios pases de James, se acercó a la meta y con un rápido movimiento lanzó la quaffle al centro del aro, anotando otros puntos más al marcador de Gryffindor. Su club de admiradores gritaba a todo pulmón y ella miró a la tribuna donde estaba Remus, sonriendo. Lo que siguió después fue la locura total, Hufflepuff también anotaba, pero Gryffindor era incontrolable. Cuando James llevaba más de cuatro goles anotados, los chicos blandieron la bandera. A cada diez centímetros que la estiraban se podía leer una letra reluciente.

—¿Lily? –preguntó Alice, incrédula—, ¿por qué esa bandera lleva tu nombre?

—¿Mi nombre? —se extrañó la pelirroja.

Sirius, Remus y Peter saludaban a Alice y Lily, extendiendo los brazos y más de un estudiante se había dado cuenta, pero los profesores ni siquiera lo notaban, estaban de espaldas a ellos. James intentaba hacer lo mejor, tenía un gran dominio sobre la quaffle. La ayuda de Dian era indispensable, ya que ella confundía a los otros jugadores con movimientos veloces de escoba, incorporándose inmediatamente. Las banderas de Gryffindor rugían por todos lados, los chicos aplaudían y gritaban animadamente, incluso Frank Longbotton gritaba emocionado mientras narraba el partido. Entonces, James consiguió anotar más de diez goles y en la bandera apareció: "Lily, perdóname…". Alice codeó a Lily para que se percatara de lo que ocurría. Peter y Sirius brincaban en las gradas, mientras Remus la sujetaba con firmeza para que no se resbalara. Dian ya se había dado cuenta de lo que ocurría. Cada vez que James anotaba, los chicos extendían parte de la bandera.

—¡Estás loco, Potter! —exclamó Dian, volando a su lado.

—¿Tú crees? —exclamó James siguiéndola.

Lily miraba atónita. Los profesores seguían observando el partido, emocionados y sin darse cuenta. James volaba cada vez más rápido, mientras el buscador no tomara la snitch tenía la oportunidad de anotar otros goles. Sirius casi enloquecía embriagado de felicidad, ya tenía la apuesta ganada: Dian sumó veinte goles y James quince.

Entonces se escuchó un aplauso más, James había anotado otro gol. Había dado un giro a dos cazadores del equipo contrario. En lugar de celebrar, saludó a Lily desde las alturas.

Lily sonrió y devolvió el saludo a James. Para su sorpresa, la señora Hooch dio el pitazo final, y el buscador de Gryffindor se elevaba con la snitch revoloteando en la palma de su mano.

—"¡Gryffindor es el nuevo campeón! —gritó Frank Longbotton con alegría—. ¡Después de muchos años, la copa regresa a los leones!"

La profesora McGonagall estaba de pie junto a Dumbledore, aplaudiendo con ahínco. Los demás profesores aplaudían de la misma manera y las banderas de Gryffindor resonaban por todo el estadio. Dian descendió poco a poco sonriendo, cuando pisó la tierra firme fue al abrazo de James que estaba brincando junto con los otros jugadores. Oswald Wood sollozaba y entonces el estadio estalló en vítores cuando Dumbledore se abrió paso entre todos y les entregó la copa de oro reluciente, con el rótulo 'Gryffindor' muy grande. Sirius y Remus envolvieron rápidamente la bandera y se dirigieron corriendo al estadio.

—¡Los mejores, los mejores…! —sollozaba Wood, mientras levantaba la copa.

James no cabía en su emoción, habían ganado y Lily estaba a escasos metros de él. Sirius, Remus y Peter se unieron a la celebración del equipo Gryffindor. Felicitaron frenéticamente a James y ante la sorpresa de todos Remus abrazó a Dian, pero nadie dijo nada, ni una broma, tendrían que acostumbrarse a eso, así como a James y Lily. Frank Longbotton saludó al equipo, felicitándolos y estrechando las manos de James y Dian.

—¡Fabuloso Potter, fabuloso! —dijo la profesora McGonagall seguida de Hagrid y el profesor Dumbledore para felicitarlos—. ¡Bien hecho, señorita Roosevelt!

—Gracias, profesora —contestaron los dos al unísono.

—¡Increíbles, estuvieron increíbles! –exclamó Hagrid moviéndoles el cabello.

—¡Felicitaciones! —exclamó Dumbledore—. ¡Felices vacaciones y no se tarden para el banquete! —les guiñó un ojo.

Sirius se aproximó con más galeones que knuts y sickles. Abrazó a Dian, levantándola un poco del suelo, aplastando el pie de Remus que gimió en señal de dolor.

—¡Eres la mejor jugadora que he visto en mi vida! —exclamó Sirius.

—Espero que hayas aprendido la lección —dijo Dian, suspicaz.

—¡Claro que sí! —respondió Sirius despreocupadamente—. Es más, pensaba invitarles a todos deliciosos bocadillos mañana en el expreso.

—¿Con chocolate? –preguntó Remus, ilusionado.

—¡Por supuesto, no hay otra forma, Lunático!

—¿Lunático? —se extrañó Dian.

—Mi nuevo apodo.

—Eres malo para los apodos, Sirius –dijo Dian.

James había recibió felicitaciones de alumnos que incluso no conocía, él sólo quería encontrarse con Lily quien lo saludó tímidamente desde un extremo del campo. James se acercó con las manos temblorosas y el corazón latiéndole rápidamente. Pero Peter se cruzó en su camino.

—¡James resultó! —exclamó Peter—. ¡Lily lo vio!

—Sí, ehm… gracias —dijo James apresurado.

—¡Volaste increíble!

—Gracias, Colagusano… pero…

—¡Vamos a celebrar! —dijo Peter estrechando el hombro de James.

—En realidad yo… —James hizo una mueca y miró hacia el lugar donde estaba Lily, Peter miró y se dio cuenta de lo que ocurría.

—Ah… —dijo Peter, modestamente y sonrió a James que se dirigía hacia Lily.

Cuando James tenía a Lily muy cerca, sintió unas profundas ganas de hacer algo muy loco, demasiado loco y estúpido, entonces Lily habló:

—Fue lindo el detalle.

—Ehm… era para ti —dijo James, pensando que era un tonto por no saber qué decir.

—Sí…

—Sé que suena una locura —comenzó a decir James, revolviéndose el pelo como solía hacerlo—, es decir tú y yo... Sé que te desagradé mucho tiempo, pero realmente no era mi intención. No soy tan idiota, ¿sabes? Y cambiaré, de verdad. Cambiaré por ti. Haría cualquier cosa si fuese necesario —resopló, mirando a través de los ojos verdes de Lily—. Yo… lamento tanto ser un cretino, que te haya amenazado con lanzarte una maldición y ser un lerdo, bocazas, inútil, engreído…

James paró de hablar, los labios de Lily se encontraron con los suyos, entonces comprendió que aquel impulso que había sentido por hacer algo muy loco era aquello, se moría de ganas por besar a Lily y ahora que sus labios estaban unidos lo entendía. Abrió los ojos y vio a la chica, sonriéndole.

Lily rio divertida, pues James parecía estar fuera del mundo. Entonces, por fin, él la tomó de la mano y se dirigieron al castillo, los ojos esmeraldas de Lily reflejaban exactamente lo que sentía por él. ¿Por qué perdonaba a Potter? Y aún inmersos en ellos mismos, James y Lily no se percataron de la presencia de Severus Snape. El Slytherin los miraba desde lejos, había presenciado el partido. Las palabras que Lily le había dicho el día anterior aún resonaban en sus oídos, aferrándose a su memoria como una punzada mortal y aguda: "Tú escogiste tu camino y yo el mío". Y supo que se sentiría miserable para el resto de su vida por esa elección.

Se escucharon truenos de fuegos artificiales provenientes de la sala común de Gryffindor y James y Lily vieron un rayo romperse en el cielo.