15
Las puertas del vagón
El expreso de Hogwarts salió de la estación de Hogsmeade el sábado temprano. En uno de los compartimentos, donde estaba reunido el equipo de quidditch de Gryffindor, había fiesta. La señora del carrito tuvo que llenar tres veces sus provisiones con la varita pues todo mundo compraba bocadillos, bebidas y dulces para celebrar la victoria de la copa de quidditch. Los Ravenclaw se unieron al festejo de Gryffindor, ellos habían ganado la copa de las casas ese año. Los estudiantes, de las cuatro casas, iban y venían de los compartimentos y había alboroto en los pasillos. Ningún profesor estaba a la vista, así que eran prácticamente libres hasta que el tren hiciera parada en Kingcross.
Sirius había ganado todas las apuestas, entraba y salía de los vagones, feliz. Tenía una buena razón para estarlo, además del triunfo de Gryffindor por primera vez en su vida se sentía libre. Contrario a los demás, él no regresaba a casa de sus padres. Sabía lo que le esperaba si lo hacía, volvería a la misma atmósfera mortecina, aburrida y petulante de siempre. Sus padres jamás lo comprendieron y estaba seguro que nunca se molestarían en hacerlo, entonces, ¿para qué regresar? James propuso que se quedara con él y su familia durante un tiempo, finalmente sólo se trataba de un verano y sería lo mismo que seguir en Hogwarts. Sirius aceptó, casi sin pensarlo. Sin embargo, en el tren tuvo cuidado de no toparse con su hermano Regulus, quien seguramente intentaría convencerlo de que se había vuelto loco.
Wood, el capitán ahora graduado, seguía festejando entre risas con los demás jugadores. Sirius entró en el vagón donde se suponía estaba James, pero en lugar encontró una escena particularmente incómoda.
—¡Oh, no, no hagan eso delante de mí! —exclamó Sirius, con un gesto de desaprobación.
Remus y Dian se besaban en uno de los rincones del vagón, despreocupados, desde que formalizaron lo suyo no habían parado de hacerlo, sin embargo, Sirius no se acostumbraba.
—Te recuerdo que tú fuiste la mitad de culpable de esto —sonrió Dian, socarrona.
—Hay niños aquí, ¿saben? Compórtense —dijo Sirius, sentándose al lado de ellos—. Además, ¿qué le hiciste a mi amigo, el mejor portado de todos, Roosevelt?
Remus y Dian sonrieron. Al vagón llegaron James y Lily, tomados de la mano. Sirius hizo un gesto de negación.
—¡Ah, no! Nada de besos, ustedes lo tienen prohibido —sentenció Sirius a la pareja.
James y Lily se miraron uno al otro, divertidos. Enseguida se les unió Peter Pettigrew, llevaba algunos bocadillos que compartió con todos. Las risas y los gritos de entusiasmo de los otros vagones se escuchaban de fondo.
—Menos mal que llegaste, Peter —dijo Sirius, con los brazos cruzados—. Comenzaba a ahogarme con tanta miel.
—No se ofendan, pero sí que es raro —dijo Peter, vacilante—. Es decir, hace una semana Lily ni siquiera soportaba a James, Remus se la pasaba pegado a los libros y Dian en el quidditch. Sí que todo cambia muy rápido.
—Así es la vida, Colagusano, acostúmbrate —dijo James, pasando un brazo alrededor de Lily.
—¿Colagusano? —preguntó la pelirroja, con curiosidad—. ¿Por qué le dices así?
—Eh… es su nuevo apodo que usamos —respondió James, fingiendo indiferencia.
—Qué buen gusto —intervino Dian con ironía—. ¿Y a ti cómo te decían, Remus?
—Lunático.
—Pero tú puedes llamarlo "amorcito", si lo prefieres —dijo Sirius con una sonrisa socarrona.
—Oh, ¿y a ti cómo te llaman, Black?, ¿Peeves? —preguntó Dian, sonriendo también burlona.
—Yo soy Canuto y James es Cornamenta —respondió Sirius, resuelto—. Si se preguntan por qué, es por esto.
Sirius sacó el mapa del Merodeador y lo mostró a las chicas. Dian lo tomó entre sus manos con una mirada incrédula, luego miró a Remus de soslayo.
—¿Es Hogwarts?, ¿estas son artes oscuras?, ¿cómo lo hicieron?, ¿por qué no me lo dijeron antes? —preguntó la chica rizada, confundida y también celosa.
—Porque es único y exclusivo de los Merodeadores —respondió Sirius—. Sólo porque ustedes son las novias de mis mejores amigos (y también mis mejores amigas) pueden saberlo, pero nadie más debe enterarse.
—¡Oh, vaya! —exclamó Lily, también sorprendida—. Pueden meterse en muchos problemas si algún profesor descubre esto. ¡Remus, tú eres prefecto!
—Lo sé —respondió Remus, azorado—. No es tan grave. Además, sólo lo usamos para andar por ahí.
—¡Deben de tener mucho cuidado! —siguió Lily, preocupada.
—Ustedes no nos acusarán, ¿verdad? —preguntó James a Lily con una sonrisa inocente que desarmaría a cualquiera, pero especialmente a ella.
—Por supuesto que no —respondió Lily, besándolo.
—¡Agh! ¡Les dije que no hicieran eso! —exclamó Sirius, cubriéndose los ojos.
—¿Qué hay de ti y todas tus novias, Black? —preguntó Dian, suspicaz.
—Yo no tengo novias, sólo son… chicas —respondió Sirius, despreocupado.
Lily tomaba a James de la mano, mientras Sirius seguía hablando y explicando su cambiante situación sentimental y todos lo escuchaban. Sin embargo, la pelirroja miró furtivamente a través de la compuerta abierta del vagón: del otro lado del pasillo, en el compartimento de enfrente, Severus Snape estaba sentado en un rincón, con una mirada aparentemente incrédula y afligida. Todo mundo se preguntaría qué hacía una chica como Lily con un buscaproblemas como Potter, pero especialmente él. Severus no pudo ocultar su consternación, se levantó de su asiento y cerró la puerta del vagón. Lily quiso hacer algo, pero la mano de James la sostenía y las risas de los demás la distrajeron de pronto.
—¿Tú qué crees, Lily? —preguntó Dian, sonriente.
—¿Yo?, ¿qué creo? —repitió Lily casi mecánicamente.
—Sí, ¿crees que Sirius ha tenido más novias que puntos para Gryffindor? —preguntó James, quien no se había dado cuenta de nada.
—Eso seguro —respondió la pelirroja, divertida.
—Oh, vaya, qué reputación me han hecho —sonrió Sirius, aunque parecía disfrutarlo.
Disfrutaron del resto del viaje mientras la tarde comenzaba a caer cálida. Afuera, el cielo ya se oscurecía. El tren bajó la velocidad. El grupo se asomó por la ventana, el tren se aproximaba a la estación de Kingcross.
—¿Sabes?, voy a extrañarte —musitó Dian para Remus—. Pero no se lo digas a nadie —sonrió.
—Yo también te extrañaré y no es ningún secreto —dijo Remus, dándole un beso en la mejilla.
El tren se detuvo y todos los estudiantes comenzaron a descender. Algunos eran esperados por sus padres en la estación 9 y 3/4. James y Sirius llevaron sus equipajes juntos, hasta que el muchacho de gafas se detuvo, debía despedirse de Lily.
—Ni lo digas, los dejo solos —dijo Sirius, cargando su equipaje con facilidad—. ¡Adiós, Lily! Trata de escribir diario, si no puede darle algo a Potter.
—¡Adiós, Sirius! Lo haré —sonrió Lily, divertida, James se aproximó a ella—. Supongo que nos veremos hasta septiembre.
—Quizá —dijo James, dubitativo—, pero si tú quieres un día podríamos quedar y…
Lily se acercó a él, rodeó su cuello con los brazos y lo besó. James se sorprendió con ese gesto, pero correspondió a su beso, estrechándola muy fuerte.
A unos metros de ahí, Remus y Dian también se despedían con un abrazo y largo beso. El cochero de Dian esperaba en una esquina por la muchacha, pero ésta era incapaz de soltarse de Remus.
—Oh, por Merlín —suspiró Sirius, intentando mirar hacia otra parte.
—El próximo año sí que será raro —musitó Peter a su lado.
Uno a uno, los estudiantes se despedían, en medio del bullicio. La noche avisaba el final del día. James y Sirius se alejaron, mientras James agitaba la mano para despedirse de Lily, quien hacía lo mismo mientras cruzaba el muro del andén hacia el mundo muggle. Dian se marchó con el cochero de su familia y también desapareció entre la multitud. Mientras Remus suspiraba anhelando porque el verano pasara rápido, su padre le sonreía con las manos dentro del bolsillo en una esquina del andén.
Pronto la estación de Kingcross quedó vacía y solitaria. El tren dio marcha de regreso y el silencio reinó de pronto.
…
FIN
NA: Gracias por sus comentarios y seguir leyendo esta saga. La continuación se encuentra en El otoño recorre el valle.
…
˜ Guía de historias ˜
1. Cuando la primavera tiñe al sauce
2. Los muchachos del verano
3. El otoño recorre el valle
4. Sueño eterno
5. Harry Potter y la historia antes de él
