Los personajes son de la increíble Stephenie Meyer y la historia es completamente mía.
Capítulo 2
Perezosamente caminó hacia la puerta de su departamento y no le sorprendió encontrar a su hermana allí.
Rosalie era mayor que ella. Tenía un hermano gemelo, Jasper que salía con su mejor amiga, Alice. Eran grandes amigas, unidas de sangre pero no de apellido. Rose y su hermano eran hijos del primer matrimonio de su madre y que luego de separarse se había casado con el padre de Bella. Éste había muerto y su madre nuevamente formaba familia con Phil, un jugador de béisbol de ligas menores. La vida amorosa de su madre tenía tanto pasado que estaba segura de que no quería enterarse de algunos detalles, se cpmfprmaba con lo que había alcanzado a presenciar.
-Son las nueve de la noche ¿Qué demonios haces aquí?
-Supe que saliste de vacaciones…
La sonrisa cómplice de su hermana la hizo estremecerse y se hizo a un lado para dejarla pasar. Se derrumbó frente a la televisión y la miró molesta. Esperando el ataque de Rosalie.
-¿No ha sido un buen día, cierto Bella?
-En lo absoluto.
-Suéltalo.
Rosalie se quitó lo zapatos y apagó la televisión para poder escucharla mientras tomaba asiento en el sofá. Brevemente le relató la desgracia de cruzarse dos veces con un hombre molesto y odioso. Lo odiaba.
-Bien, la ciudad está consumiéndote. Ven con migo.
-Esperaba que no hablaras en serio.
-Sé que no lo hago muy a menudo, pero esto, te aseguro que es de verdad. ¡Ven con migo!
-No, ni lo pienses.
Se levantó del sofá y caminó hacia la cocina en ademán de parecer segura en su decisión. Rose insistía en llevarla al campamento de retiro espiritual y relajación para cambiar de aires, era de solo una semana. Una completa semana que la volvería loca. Si había algo que detestaba con pasión era la gente pasiva y sonriente. Bella estaba segura de que si la gente fuera más enérgica y segura de sí misma, no necesitaría de ninguna guía espiritual.
-Vamos, te hará bien.
Bella tomó el vino del aparador y se sirvió una copa. Caminó hacia la ventana y negó con la cabeza.
-No Rose, esas cosas no son para mí…
-Solo mírate. Estás en pijamas la primera noche de tus vacaciones ¿Sabes que haría yo si fuera tú?
-No, por que somos diferentes ¡Gran cosa! ¿No lo crees? Ve con Jasper, él amará eso.
-No quiere, trabaja y Alice estudia.
Bella abucheó.
-Aburridos...
-Lo sé.
-¿Creés que debería comprarme el vestido negro que vimos la otra noche?
-No lo creo, es algo ostentoso, no es de tu estilo...
Rose se mantuvo cayada mientras caía en la cuenta. Había tratado de distraerla y si tenía suerte, la habría dado unas cuantas copas de alcohol hasta que pensara en un plan. Pero había sido lenta y había fallado. Detestaba eso. Más detestaba ir a ese lugar.
-Isabella Marie Swan no cambies de tema, vendrás con migo.
La sentencia de su hermana mayor la hizo sentir pequeña. Siempre se había sentido así a su lado, aunque Rosalie no hiciera nada para lograrlo. Su sola presencia imponía más miradas de las que estaba dispuesta a admitir. La belleza descomunal de Rose resaltaba, su cabellera rubia y sus grandes ojos azules. Tal cual era su madre. Su cuerpo de modelo de pasarela era de mil demonios y despertaba deseo. Bella siempre había sido todo lo contrario, aunque se negaba a aceptar que la edad le sentaba a la maravilla, Rose se lo había repetido hasta el cansancio. Bella era de tez demasiado blanca, sus ojos eran de un extraño color ámbar y chocolate. Tenía una belleza angelical y los labios llenos que completaban una sonrisa mágica cargada de encanto. Su espíritu era dulce y encantador pero su cuerpo era lujurioso. Sus curvas eran pronunciadas en contraste con su pequeña cintura. Todo eso, era irrelevante para ella. Se había encargado de mantenerlo a salvo de ojos pecadores, se sentía cómoda y segura de esa manera. No era para nada como era su hermana.
Lo que podría considerarse un defecto, era su carácter. Solía ser desafiante y sarcástica. Algo que su hermano le había repetido hasta el cansancio que debía modificar.
-Espero que ya tengas tus maletas, vendré por ti en la mañana.
Con todo su glamour salió de la habitación, se había enfadado. Pero tenía a Bella sin cuidado, sus enfados no duraban demasiado.
A la mañana siguiente Rosalie entró cantarina en la sala de Bella mientras traía consigo a Jasper, quién las llevaría al autobús.
-Hola, Jazz
-Bels- su sonrisa la desanimó.
-¿Será terrible, cierto?
Ambos conocían lo alocada que podía ser Rosalie, lo extravagante que era y lo testaruda que era por sobre todas las cosas. Jasper ocultó una sonrisa ante la mirada asesina de su gemela.
Rose había estado trabajando para un modisto que no había cumplido con lo que debía para con ella y había tratado de dar con el abogado más importante de Nueva York, luego se enteró de que solo trataba temas fiscales de otra índole. Pero no importaba como fuera, se había convertido en su meta. Según Bella, que le tenía la estima por el suelo era un mujeriego y que su hermana estuviera perdidamente enamorada de él era una pérdida de tiempo. Además el seguirlo a donde quiera que fuera, se hubiera convertido en su pasatiempo, aún así si eso incluía seguirlo hasta un estúpido retiro espiritual, era aún más descabellado.
-Si no te doy señales de vida a ti o Alice, búscame…- Rosalie la empujaba hacia la salida con la maleta en las manos- ¡Por favor!- rogó.
-Isabella, no actúes como una niña de cinco años.
-Quiero serlo. Quiero ser mala y patalear como una niña. No quiero ir, es injusto que me obligues. ¡Odio la naturaleza!
Estaba casi sollozando teatralmente. Jasper reía sin cadena y Rosalie comenzaba a fastidiarse. Rose insistía en ir por que allí estaría el abogado más sexy que había conocido nunca. Jamás dejaría pasar esa oportunidad, ni aunque Isabella hiciera un berrinche como nunca en su vida lo había hecho. Deseaba encontrárselo de nuevo y esta era su ocasión. No dejaría que su hermana menor lo arruinara.
-Adiós mundo cruel- susurró subiendo lastimeramente escalón por escalón al autobús.
Jasper las despidió y Rosalie entró tras Bella. Si las miraban nadie podría decir que eran hermanas. Rosalie Hale y Bella Swan no tenían el mismo estilo ni el parecido. Pero su amor las había llevado a ser unidas y estar siempre juntas. Alice era algo menor que ellas y sus estudios le impidieron viajar. Además no le parecía correcto poder viajar sin su novio que trabajaba.
Isabella suspiró hondo y se hundió en el asiento logrando dormirse hasta llegar a destino. En ese momento, detestaba a su hermana.
