Los personajes son de la fantástica Stephenie Meyer y la historia es completamente mía.


Capítulo tres.

-Vamos, Edward, no seas tan así…

Estaba intentado acumular su mal humor para no golpear a Emmet, lo cual no estaba dando resultados. Sentía que en cualquier momento lo haría.

Su primo conocía más que nada su debilidad por las cervezas bien frías. Por eso, sentía morir su orgullo. Estaba aplicando la ley del hielo. Emmet había usado su inconciencia para extorsionarlo. Edward había cedido a asistir al campamento junto a él. Había sido un juego sucio, cuando uno de los dos estaba pasado de alcohol incapacitado para tomar desiciones coherentes, no era justo. Sin embargo, su moralización estaba por encima.

Emmet rió con ganas mientras conducía, Edward se había dedicado a dormir el último tramo, o a intentarlo por lo menos. Era un viaje sencillo de un par de horas pero estaba agotado física y mentalmente, le dolía el orgullo. Además, iba en contra de su moral faltar a su palabra. Una promesa, era después de todo, algo que debía cumplir no importaba cual fuera la circunstancia que en que la había hecho.

-No puedo creer que esté haciendo esto.

Edward bajaba de su volvo y abría para sacar el equipaje. Emmet sonreía de oreja a oreja y respiraba el aire puro. No era amante de esas cosas, desde luego, pero se lo había recomendado un colega y estaba decidido a hacer un alto en su carrera. Las cosas estaban poniéndose feas y duras, tenía que tener fuerza para enfrentar al mundo de los criminales. Estaba más que seguro de muchos a quienes había enfrentado estarían buscándolo para darle caza. La sociedad de la cárcel no era un opción. Aún así, no era de lejos la única razón que tenía para estar allí.

-Ya dime que tienes una razón para estar aquí. Que quieres meditar, a esa no me lo creo.

-Habrá chicas lindas…

Edward puso sus ojos en blanco. Había salido de una relación de seis años, todavía estaba dolido y su amigo no perdía la oportunidad para hacerlo relacionarse con las mujeres.

-Esta vez no es por ti, hay una modelo de infarto que vendrá y la quiero.

Edward pensó en dos cosas. La modelo no debería de ser cualquier mujer, las características que presentaba una modelo de pasarela seguro no incluían "asistir a campamentos de metodología de meditación para alinear tu vida". Además de pensar en que, cuando Emmet decía que quería para él a alguien y se estaba tomando ciertas molestias, era para dar un paso al costado y comenzar a correr a la primera oportunidad.

Mientras se distraía jugando al Brain Training esperaba que su hermana dejara de buscar al que había descripto como más sexy de todo Hollywood. Se acomodó la camisa a cuadros que llevaba puesta, se miró las zapatillas que tanto adoraba y suspiró. Esta sería una experiencia que jamás olvidaría. Por que jamás olvidaba las cosas que detestaba. Volvió a mirarse las zapatillas. Con el asesoramiento de Rosalie ir a acampar no había servido, tuvieron que usar los conocimientos de Bella. Cosa que ambas detestaban.

-Vamos, Edward. Será genial.

-Si tú lo dices...

Edward comenzó a alejarse despacio. Podría verle el lado positivo a la situación. Algo bueno tendría que haber en todo aquello.

-¡Edward!- giró- ¡Piensa rápido!

-¡No Emmet!

El bolso dio de lleno en la cabeza de la muchacha que pasaba detrás de él. Cayó inerte en medio del prado donde cerca de veinticuatro personas corrieron a socorrerla. Una de ellas, su hermana.

-¡Bella! Por favor despierta- acarició su rostro.

Edward y Emmet corrieron hacia la muchacha. Emmet quedó prendido de la rubia que sollozaba por la muchacha. Edward había quedado petrificado.

Isabella comenzó a removerse. Lo último que recordaba era estar buscando señal distraídamente hasta que algo pesado se estrelló contra su cabeza. Todo se volvió negro y lejano.

Lentamente volvía en si, le dolía la cabeza y oía voces que parecían retumbar molestamente dentro de su capacidad craneal. Deseó apartarlas y volver a dormirse pero la insistencia por que despertara era mucha. Alguien le presionó debajo de los ojos y el impulso instintivo la hizo abrir los ojos de golpe. El sol impactó en sus ojos y volvió a cerrarlos. La nueva insistencia volvió a provocar lo mismo.

-Gracias al cielo que estás bien…

Oía la voz apenada de Rosalie que lloriqueaba, mientras se dejaba consolar por un grandullón que le acariciaba el cabello y la atraía a su pecho. Isabella trató de enderezarse pero todo pareció girar. Estaba conmocionada y mareada. Necesitaba dormir o despertarse bien. Alguien le sostuvo la cabeza y la ayudó a levantarse. Mantenía la vista gacha para no marearse y no podía saber quién la aferraba con fuerza para no dejarla caer. Deseaba dejarse caer y dormir plácidamente, pero algo le hacía pensar que no se lo permitirían. Cuando el mareo pasó levantó la vista lentamente para encontrárselo a centímetros de su rostro.

-Cuanto lo siento, de verdad…

Primero, sintió el profundo dolor de cabeza y el mareo. Pero al caer en la cuenta de quién se trataba, la ira y la furia le repusieron las energías de momento a otro. Se soltó de su agarre bruscamente y lo fulminó con la mirada.

-No me vuelvas a tocar.

Amenazó en un susurró y le dio la espalda.

-¡Bella! Espera…

Isabella estaba furiosa y dispuesta a tomar sus maletas para largarse de ese maldito lugar. Sonrió discretamente a las personas de su alrededor, se apartó del círculo que la rodeaba y se encaminó a la cabaña.

Ingresó fuertemente decidida a irse. El cambio de aire, las emociones almacenadas y su potente latido en la cabeza le debilitaron cada uno de sus músculos.

-Demonios...

Alcanzó a murmurar y sin nadie que la sostuviera cayó de espaldas al suelo firme.

El grito de Rosalie resonó en el lugar, estaba impactada ¿Qué demonios se suponía que haría ahora? Corrió por ayuda. Se sentía tan inútil. En eso envidiaba a su hermana, Bella siempre sabía que hacer, en cambio ella siempre necesitaba a alguien más. Solo que... ¿Quién demonios estaría dispuesta a yudarla?