Los personajes son de la magnífica Sthepenie Meyer y la historias es completamente mía.
Capítulo Cuatro.
-Disculpa las circunstancias, soy Rosalie Hale, la hermana de Bella.
-Un placer, Rosalie. Soy Edward Cullen.
La profunda y dulce voz de Edward resonó en los oídos Rosalie, frunció el ceño y lo miró fijamente. Edward no pudo saberlo, apenas podía apartar la mirada de el cuerpo inerte de Isabella. Estaba arrepentido, después de un fatídico día. Tenía que soportar las niñadas de su primo y verla simular dormir plácidamente en la pequeña cama de cabaña. Más bien parecía estar desmayada y no dormida.
-Creo que he oído de ti.
-Puede ser.
Contestó sin real atención, su mente giraba en un polo y no era precisamente alrededor de lo que decía la rubia modelo que se encontraba a su lado.
-¡Claro! Eeres el que le gritó a mi hermana toda la mañana.
Edward frunció el ceño y se volvió para mirarla.
-Si, le gritaste que debería dejar de conducir. Le gritaste idiota en medio de la calle y luego descubrió que eras el ejecutivo que daba la reunión que se había negado a asistir…
-Demonios…
-Si, creo que si. Será difícil seguir adelante.
Edward gimió notablemente.
-¿Tan grave podría ser?
Rosalie se carcajeó y le palmeó el hombro.
-Se nota, no conoces a mi hermana.
Edward salió de la cabaña. Se largaría en ese instante si no fuera por que Emmet parecía más prendido que nunca. Interactuaba con los demás y lo hacía participar en sus conversaciones. Estaba odiándolo. En su puta vida había querido relacionarse más de la cuenta con la gente y justo ahora iba a ponerse amigable.
Tuvieron que pasar siglos para que Isabella lograra despertarse y volver en sí. Rosalie estaba acomodando costosamente el contenido de las maletas en el armario pequeño. Quejándose en voz alta, de que no entraban.
-Bella ¿Cómo te sientes?
Corrió para sentarse a un lado. Bella se cubrió los ojos y puso cara de espanto. Despacio se incorporó y con lentitud miró hacia el cielo raso.
-Creo que estoy muriendo, Rosalie... ¡Oh Por Dios! ¡Dime que es esa luz que veo! ¿Será el más allá?
Comentó dramáticamente con voz ronca. Rosalie ponía su mejor cara de jugadora de poker.
-¿Será que necesitamos volver a casa?
La rubia negó con la cabeza y se levantó de inmediato de su lado. Caminó hacia el ropero a continuar con su anterior tarea.
-No. Ni lo intentes.
-¡Desconsiderada, tu perfecto pretendiente casi me mata!
-Fue un accidente, además Él vino a pedir perdón por lo que pasó.
Remarcando la indirecta de que Edward había venido a verla.
-¿A quién le importa? Él no fue quién lo hizo, debemos irnos Rose. Me iré sin ti de todas formas.
-No, no lo harás.
-Ay, por favor. ¿Desde cuando eres así, Rose?
Se sentó en la cama y miró como se ordenaba el cabello con el peine. Tan tranquila, como nunca la había visto.
-Desde que alguien me importa, Bella. Haz esto por mí.
Bella parpadeó y abrió la boca para contestar con una evasiva. Pero no tendría sentido, su hermana no cambiaría de opinión y lo que lograría era una pelea sin sentido.
-Nos diste un gran susto.
-¿Nos?
Parpadeó simulando estar fuera de contexto.
-Si, ya sabes… el ejecutivo…
Rosalie había estado devanándose los sesos pensando que si su hermana deseaba irse, por que no estaba bien, lo haría. Pero rogaba que ella quisiera quedarse después de aquello. Por ahora, parecía haber logrado su cometido.
-Él se ha encargado de arruinar mis últimos dos días… ¿Qué demonios hace aquí? ¿Acaso crees que el destino es justo?
-Lo se, eso mismo me pregunté. Pero al parecer es amigo de Emmet.
Sus ojos brillaron y Bella sintió perdida su batalla.
-¿Eso quiere decir que por más herida que esté no nos iremos?
-Estarás bien, Bella. Eres de acero y lo sabes.
Siempre le decía lo mismo. Bella de niña había resultado ser siempre la que ponía el orden y la voz en alto por sus dos hermanos que se comportaban como críos. Era la madura y la que había estudiado una profesión fuerte. Jasper era psicólogo y de personalidad tranquila. Rosalie era modelo y totalmente alocada. Bella era economista y demandante, todo siempre era a favor de ella.
-De acuerdo.
Volvió a caer de espaldas sobre la cama y Rosalie continuó peleando con el pequeño armario.
-¿Crees que se encuentre bien?
-¿Tú preocupándote por alguien que no conoces? Eres el de siempre.
-Vamos, Emmet. Le lanzaste un bolso y no te disculpaste.
-Lo hiciste por mí, además, estaba ocupado consolando a su amiga.
-No son amigas, son hermanas.
-¡Estas de broma!- Edward lo fulminó con la mirada- No es que Bella sea fea pero mí Rosalie es…- gimió y Edward le lanzó una almohada- ¡De acuerdo!
-Déjate de tonterías…
-¿Tonterías?
Rió alto y le lanzó la almohada.
-He visto cómo la miras...
Edward lo fulminó con la mirada.
-Vamos, Edward. No soy estúpido.
Agregó.
-¿Lo dices en serio? Todo una vida de creencias cae como avalancha frete a mí.
Emmett dejó caer su sonrisa y Edward se congeló en su lugar. En su favor, se encontraba cerca de la salida.
-Contaré hasta tres para que empieces a correr, Eddie. Agradece que te doy ventaja.
La campana del campamento los llamó a medio día para meditar antes de ir a almorzar.
Isabella ingresó en el salón en silencio por delante de su hermana. Rosalie rápidamente se dirigió a Emmet y simuló no haberlo visto. La fingida "sorpresa" de encontrarse era tan patética a la vista de Bella que se giró hacia el otro pasillo. Ella y su orgullo se fueron al garete cuando no le quedaba más remedio que tomar asiento al lado de Edward. Respiró hondo y lo hizo. Si tenía suerte, cosa que dudaba, él apenas lo notaría.
Su indiferencia lo hería. Quería disculparse, tenía que hacerlo. Hacerse cargo de los problemas de Emmett, era más que una costumbre, era un hecho. Trató de mantenerse quieto y silencioso pero en la templada habitación sentía el calor emanar de la cercanía del cuerpo de Bella. Cuando llevaba tiempo meditando con los ojos cerrados los abrió y giró la cabeza de lado. Ella se mantenía perfectamente quieta y centrada. Su piel era de un blanco pacífico y sus rasgos eran delicados. Respiraba despacio y siguió observándola.
Nunca había visto a una mujer tan hermosa que le atrajera físicamente como lo hacía ella. Nunca.
