Los personajes son de la fantástica Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.
Capítulo seis.
Estaba frustrada. Detestaba a ese arrogante que parecía querer seducirla. Estaba furiosa, más que furiosa. Entró en su cabaña, totalmente molesta. La ropa de Rose estaba por todos lados, no sabía para qué se tomaba tantas molestias si al día siguiente partirían a la segunda parte, cinco mil kilómetros más allá para llegar al templo de la sabiduría en los montes en medio de las llanuras de Manhattan.
Todo era estúpido, todo le parecía estúpido en ese momento.
Edward llegó a un lago, tan perfecto y tan tranquilo que se quedó tieso. Imágenes borrosas atacaban su memoria, recuerdos que una mente frágil de niño había optado por olvidar hacía mucho tiempo atrás. Frunció el ceño, se dio media vuelta y salió lo más rápido que pudo del lugar.
-¿Por qué te fuiste de esa manera?
Isabella fingió seguir leyendo e ignorar a su hermana.
-De acuerdo ¿Pacto de hielo? Eres patética. ¿Que tienes? ¿Diez años?
-Esa es mí manera de hacerte entender que dejes de meterte en mí vida Rosalie Hale. ¿Acaso vas a negarme la intensión con la que los invitaste?
-Sigo siendo mayor que tú y no me llames por mi nombre completo. Das miedo. No voy a negarla pero vas a aceptar que te gusta.
Bella se carcajeó irónicamente y regresó a su libro sin decir una palabra.
-Sería desagradable que solo me invitaran a mí y a ti te dejaran de lado.
Refunfuñó Rose.
-¿Que tienes, Rosalie? ¿Diez años? Por favor, molestarme sería si lo hiciera alguien que me importara a mí. Pero para ir a verte melosa con alguien más. Gracias, paso.
-Eres una niña…
Isabella tomó su botella de agua y caminó hacia la estación principal.
-Deseo participar de la sesión de la tarde.
La mujer amable, de la cual no recordaba el nombre, la dejó entrar en la cabaña y la guió hasta un lugar. Esta repleto de gente y solo quedaba un lugar disponible.
-Vamos, cariño. Siéntate allí.
Señalando el lugar vació trató de moverla de su lugar empujándola suavemente, pero estaba pretrificada.
-Puedo regresar más tarde…- le susurró.
-Nada de eso. Quédate y medita con nosotros.
Edward trataba de enfocarse. Creía estar volviéndose loco cuando su perfume lo envolvió. Se giró para asegurarse de que estaba alucinando, pero la vio refunfuñando como niña para irse. La mujer la guió hacia le lugar vació, a un lado de Edward. Molesta guardó silencio y ni lo miró. Se sintió incómodo. Generalmente obtenía lo que quería de las mujeres pero de ésta, no podía sacar ni una mirada. Pero su error había estado en comenzar mal desde le principio. Suspiró lentamente y trató de hallar una solución.
Tres horas después sintió un leve rose en su brazo. Se despertó rápidamente y miró a un lado. Solo quedaban Edward y ella.
-¿Qué pasó con los demás?
-Acaban de irse, te quedaste dormida.
Bufó molesta y se enderezó. Se sentía patética.
Se encontraron por mera casualidad con Rosalie y Emmet quienes los miraron levantando la ceja. Fastidiada los dejó atrás. ¿Hasta cuando su hermana trataría de hacer conexiones? ¿Es que no entendía que él era solo una molestia? No deseaba estar con otro hombre, en lo posible, nunca más pero haría lo posible por encontrar al indicado. Pero estaba segura de que él, no era ese indicado. Además, no quería una relación con nadie. No luego de que se vive una experiencia traumática. Estar sola era su mejor condición. Esa relación con uno mismo, lo que siempre importa, es uno mismo. Al demonio con todos los demás y toda esa charlatanería barata de que encontrar el amor de tu vida va a salvarte. ¿Salvarte de qué? ¿De profundo dolor cuando las cosas no se dan como uno imaginó? No, ella prefería quedarse fuera de eso. Sabía perfectamente que aquello, era vil mentira.
A la hora de la cena Rosalie tuvo que insistir unas veinte veces en que la acompañara para poder enfrentarse a Emmet. No le había contado los avances aún. Pero Bella sabía de antemano que era una treta. ¡Por favor!, deseó gritarle ¿Desde cuando Rosalie Hale no puede dirigirse a un hombre? No fingas.
Isabella se negaba a entablar conversación y jugueteaba con su teléfono. El Brain Training. Era su juego preferido. Vagamente oía las animadas conversaciones de quienes la rodeaban, eran como un gran murmullo gigante y solo deseaba levantarse de aquella mesa e irse. Estaba a dos segundos de hacerlo.
-Creo que está faltándote el cinco.
-Creo que deberías cerrar tu boca.
Soltó sin levantar la vista. Edward tomó asiento a su lado.
-Vamos, lo siento. Quiero hacer las pases.
-Camina de aquí a la puerta. Esos pases serían geniales.
Rió a carcajadas y Bella levantó la vista.
-Lo digo en serio.
-¿Lo intentamos juntos?
-Ni lo sueñes.
-Testaruda.
-Lo he escuchado antes.
-Me pregunto por qué será...
-Sería divertido dejarte descubrirlo, pero voy a decírtelo. Lo he oído en más de diez ocasiones. Las que más recuerdo fueron cuando peleé en tercer grado y reté a la maestra a que lo que estaba diciendo estaba mal y adivina, gané. La segunda vez, fue cuando trataba de sacarme de encima a un idiota y lo convertía en misión imposible. Adivina que, eres tú.
Se levantó y caminó hacia la salida lateral. Edward estaba cada vez más prendido a Bella. No bromeaba cuando quería decirle de pasear juntos, sobre todo para aprovechar el parque nocturno.
Pero ella, era de las difíciles.
