Los personajes son de la maravillosa Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.


Capítulo siete.

Rosalie corrió hacia donde estaba su hermana y deseó que las miradas matasen.

-Te odio, no me despertaste.

-Si lo hice.

Contestó mientras masticaba tranquilamente una tostada. Bella la observó lentamente. Parecía una modelo no una simple mujer que venía para relajarse. Rodó los ojos, de seguro podía imaginarse el estado en el que había dejado la pequeña cabaña. Entonces, agregó.

-Es solo que te tardaste tanto que me fui.

-Desconsiderada.

-No, muerta de hambre.

Trató de no hacerlo, pero el humor de Bella era innato. La sonrisa de Bella borró rastros de enojo en Rosalie, mientras que desde la puerta, Edward sintió terribles ganas de ir tras ella y hacerle promesas absurdas. Miró a Emmet, quién parecía caminar hacia un solo objetivo que se encontraba en su mira sin prestarle atención a cualquier cosa que lo rodeara. ¿De verdad se podía ser así de decidido? Edward suspiró esperanzado.

-Hola chicas- dijeron a coro.

Emmet arrastró una silla hasta el lado de Rose y Bella respiró resignada. Edward estaba una vez más, a su lado. Miró a su hermana, tan inmersa en su propio mundo con su pretendiente. Estaba más que claro que algo había pasado entre ellos, se notaba a leguas. ¿Acaso ella podría ser así de decidida algún día? Si, seguro, cuando lo olvides, recuerda el pacto Swan. Casi se gritó mentalmente. Volvió a su desayuno lentamente sin prestarle atención al resto.

-Un centavo por tu pensamiento.

El susurro que solo ella había oído le hizo temblar la espina dorsal. Tragó en seco y se giró, con el comentario mordaz en su boca. Sin saberlo, se encontró con los ojos verdes más preciosos del mundo. La miraban con cierto interés y eso la estremeció. Mantuvieron la vista unos segundos y ella se volteó. No podía ser mala esta vez. Solo esta vez, se prometió.

-Va a ser un largo día…

-¿Por qué lo dices?

-Vamos a tener actividades recreativas, me siento como en preescolar.

Su enfado la hacía ver como una niña pequeña. Edward estaba fascinado. Ella le hacía sentirse nuevamente como un adolescente y podía llegar a imaginar las mariposas en el estómago. Ilógico, claro.

-Vamos, ama la naturaleza.

-No lo creo…

Edward rió y logró que ella sonriera muy a pesar de su enojo. Se sintió en el cielo.

-Bella ¿Vamos? Nos están llamando.

Se levantó de prisa y Edward odió a Rosalie por un breve instante, casi la tenía de su lado ahora. Emmet se unió a su primo y le guiñó un ojo. No le quedó otra que reír despreocupado.

-¿A qué hora partimos?

Isabella buscó en el horario cronológico de las actividades.

-Espero que hayas recogido tus cosas, Rosalie. Salimos antes de medio día y almorzaremos en camino.

-Claro, Bella ¿Qué te hace pensar que no lo he hecho?

Bella decidió creerle, pero la rubia, solo había hecho más desastre esa mañana para tratar de impresionar a Emmet.

Pasaron dos horas caminando en el bosque y meditando mientras recorría los aires de montaña. Edward seguía de cerca de Bella, quién trataba de escabullirse sin éxito. Estaba harta de la naturaleza, del acoso de Edward y de no hacer algo productivo. Rosalie y Emmet compartían miradas y roces furtivos, lo que provocaba risitas clandestinas entre los enamorados.

-Haremos un receso aquí- dijo la coordinadora- Para luego comenzar las actividades y regresar.

Y ella que creía que eso había sido todo. Isabella se dejó caer de espaldas en el césped y respiró hondo. Se cubrió el rostro con las manos y por enésima vez, odió la naturaleza. Edward se sentó a su lado ya que había buscado a Emmett y parecía haber desaparecido junto a Rosalie. No sabía que estarían haciendo, pero no era estúpido como para sacar conclusiones basado de lo que ya suponía. Prefería no imaginar nada al respecto.

-No están.

-Demonios…

Isabella maldijo en voz baja y miró hacia todos lados mientras se sentaba. Detestaba cada minuto de la compañía de Edward, la detestaba.

-¡Chicos! Formemos un círculo de paz…

-Desde este momento, me declaro amiga del infierno y el materialismo. ¿Dónde demonios está Satán cuando lo necesito?

-Dramática.

-Ni que lo digas...

Isabella puso los ojos en blanco mientras Edward se carcajeaba.

-Juro que va a pagármelas.

La ayudó a levantarse, esperó a que tomara agua exageradamente y se acercaron al grupo.

Bella caminó a un lado de Edward. Tal vez, no fuera tan malo, ella estaba siendo inflexible. Pero por favor ¿Este es el momento justo para ponerme en contra de mí misma?, pensó con enojo. Pero tal ves, no le quedaba otra que aliarse a él. La idea le dio un temblor interno. No, gracias, prefiero parecer ermitaña, pensó mientras adelantaba el paso y se colocaba entre dos ancianas.