Los personajes son de la grandiosa Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.


Capítulo ocho.

Isabella se escabulló entre unas ancianas para no tener que tomar la mano de Edward. Quién la miraba intensamente desde el otro extremo. Justo en frente de ella. Con astucia, inteligencia y delicadeza desvió su mirada para centrarse en las instrucciones. Las cuales no eran más que absurdas.

-Vamos a comenzar desde aquí- señaló su izquierda- Contaremos uno por uno hasta el cuatro y volveremos a empezar ¿De acuerdo?

Todos fueron numerándose hasta que llegó a Isabella. El número cuatro solía ser de su suerte pero parecía que no lo sería ese día. La ronda de números llegó a Edward.

-Cuatro.

Su sonrisa torcida de anticipación la había resignado. Endemoniado destino, casualidad, consecuencia o lo que fuera. La firmeza de su voz la hizo desviar la mirada. Se sentía molesta, presionada. Odiaba esa sensación.

-Los grupos se reúnen en cruz y cada líder tendrá una actividad. Luego de la puesta en común haremos una meditación para sentir la vibra de la paz y la unión del compañerismo…

Dios apiádate, pensó Bella mientras retrasaba su reunión al grupo. Emmet y Rosalie seguían sin aparecer. Eso le indicaba que su hermana, no perdía el tiempo. Edward apareció a su lado.

-Hola de nuevo.

-Desearía decirte adiós.

-No todos los deseos se cumple.

-Lo sé perfectamente…

El desafío en la voz femenina era excitante y se obligó a pensar en frío para evitar la subida de temperatura. Vamos, Edward. Esto puede ser pan comido, pensó para sí mismo. Isabella se dio la vuelta para "admirar" el paisaje.

-Formemos grupos de a dos para buscar las pistas- indicó una mujer de cabello castaño.

-Claro ¿Qué te parece si estamos juntas?- constató una mujer en edad avanzada.

Los restantes parecían conocerse y se reunieron, miraron a Edward.

-Estoy esperándola.

Indicó despreocupado y la mujer miró a Isabella que parecía distraída, era notorio que no deseaba ir hacia allí.

-¿La conoces?

Esa pregunta le tocó una fibra sensible. Deseaba conocerla, pero ella parecía tener un velo borroso frente a ella y él deseaba traspasarlo. Nada le gustaría más que poder llegar a conocerla.

-Claro.

-Suerte, no parece una muchacha fácil.

-No lo es.

Rió y el resto del grupo se subdividió las tareas. Los grupos de seis personas se dividieron en dos parejas y por llegar tarde, se odió. Su compañero era quién menos lo deseaba. Edward sonrió y movió el sobre entre sus manos. Bella rodó los ojos y bufó.

-De acuerdo ¿Cuál es la actividad?

Edward le resumió brevemente que debían encontrar tres pistas, tres sobres que dentro formaban una frase sobre la cual deberían elaborar un mensaje personal. Esto iba a consumirla, se negaba a participar en los actos humanísticos. Por años las había evitado y ahora no sería diferente. Prefería pensar en frío, calcular y organizarlo todo. Eso era lo que ella solía hacer, no salirse del margen. Nunca.

Comenzaron a caminar. En realidad, Isabella caminaba, muy segura de sus pasos y Edward la seguía por detrás, no muy seguro de a donde iban.

-Esto es ridículo, nos perdimos.

Edward se dejó caer sobre un tronco, un par de caminatas en círculos después.

-No, estoy segura de donde estamos.

Había trazado el mapa en la cabeza. Se sentó frente a él, tomó una rama como lápiz y corrió las hojas para poder dibujar en la tierra. Hizo una cruz y le indicó que de ahí habían salido, trazó el camino por el cual habían caminado. Sorprendido y no muy seguro de que estuviera en lo cierto, decidió seguirla. Si fuera por él, lo haría por el bosque entero.

Luego de haber caminado sin descanso en búsqueda de nada Isabella se sentó con el rostro entre sus manos. Había dejado de seguir el rastro en el que caminaban. Edward se había encargado de distraerla y ella no podía concentrarse. Se odió por ser débil. Estaba furiosa y frustrada, más de lo que podía decirlo en voz alta.

Tan molesta y descontrolada se encontraba por dentro que pasó al rededor de cinco minutos sin moverse. Tal vez su "chi" la ayudara en ese momento. Edward dudaba de si debía acercársele o no.

-¿Te encuentras bien?

-¿Te parece que puedo encontrarme bien cuando nos he perdido? Dejé de seguir el rastro y ahora… no sé donde nos encontramos.

-Vamos a encontrarlo.

-Si, claro.

Comenzó a caminar por donde creía haber llegado, pero no estaba segura. Ya nada le parecía conocido. Edward se adelantó.

-Vamos a seguir perdidos…

-¿Y que quieres? ¿Qué nos quedemos aquí a esperar señales de humo? Por favor, eso tampoco nos enseñará el camino de regreso. Debemos salir.

-Ponerte molesta, no va a solucionarlo tampoco.

Sabía eso, pero por primera vez en su vida se sentía inútil. Esa sensación de no saber que hacer, de desesperación. Odiaba eso, siempre había sido independiente, se había mantenido en lo seguro y siempre había sabido todas las respuestas. Ahora, todo se salía de la órbita y la desorientaba, estaba perdida.

-Tampoco va a hacerlo que nos quedemos aquí.

Le dio la espalda y volvió a caminar. Miró su reloj, tenían una hora para regresar antes de que se fueran, no tenía idea de qué pasaría si ellos no llegaban.

-Bella, detente…

-No, si perdemos el tiempo no vamos a llegar a tiempo. No hemos encontrado nada y nos perdimos. Tenemos que llegar…

Su histeria era notable, Edward le tomó ambas muñecas y ella lo miró penetrantemente. Tragó en seco y habló despacio.

-Vamos a llegar…

No pudo escuchar el resto de lo que Edward le decía. Algo más intenso llamó su atención, desvió la vista y trató de seguir la dirección del sonido mentalmente.

-¿Lo oyes?- susurró.

Se soltó de su agarre y comenzó a caminar. Edward la seguía de cerca, tratando de entender qué demonios le sucedía ahora.