Los personajes son de la magnífica Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.
Capítulo diez.
Sumidos en un silencio profundo se oyó un quejido.
Isabella se volvió hacia el bebé y lo observó detenidamente. Era precioso. Su piel era cremosa y clara, sus pequeños ojos se abrían con interés mientras despertaba. A alguien le recordaba. Su cabello era lacio y suave, aun que escaso y de color caoba claro. Le acarició suavemente la mejilla con su dedo índice y el pequeño le sonrió. Su corazón se encogió. Acomodó sus piernas y lo dejó frente a ella sobre sus rodillas. El niño no perdía su interés en lo que veía. Había estado dormido desde que había nacido y la primera persona que veía era a ella. Giró su cabecita en un quejido y centró su atención en Edward. Quien seguía con la mirada al frente. Sumido en el camino sin salir de su mente.
-Te está mirando- susurró.
Sus palabras sacaron a Edward de su nube de pensamientos. Miró primero a Bella, estaba hipnotizada con el bebé y sonreía. Era la tierna imagen que acariciaba su corazón. Miró al niño, altercándolo con la carretera. Era delicado, nunca le habían llamado la atención los niños, le agradaban, se llevaban bien con ellos pero éste... Este tenía algo que le pertenecía.
-Anthony…
-¿Qué?
-Tiene cara de Anthony.
-¿Lo dices en serio?
-Si ¿Te agrada?
-Claro- susurró sin poder ocultar la sonrisa.
-¿Por qué te sorprende? Me parece un buen nombre- susurró.
-Por nada…
Edward no dejó de sonreír e imaginar un mundo paralelo. En el que ella fuera solamente de él y ese bebé les perteneciera a ambos. Pero los paralelismos suceden por algo, por algo que los convierte en inalcanzable. Sin embargo, él trataría de ocasionar un quiebre entre la realidad y la fantasía.
Soñar es gratis, se burló de si mismo.
Isabella mantenía su cabeza concentrada mientras trataba de pensar e idear un plan. La sola idea de que alguien hubiera casi desechado a su hijo, le parecía inconcebible.
-¿Alguna vez pensaste en tener hijos?
Isabella salió de su estupor y no pudo enfrentar su mirada.
-Claro, que mujer no lo desea…
Edward podía amarla sin conocerla, pero tenía un presentimiento. Su reacción habái sido de melancolía mezclada con una posición de defensa. Supo que detrás de esa vaga afirmación, había un pasado que podía explicarlo todo.
Ella se volteó para verlo.
-¿Qué hay de ti?
-Creo que nunca había pensado en eso…
Le agradaba esa conversación suave y desinteresada, librada de peleas y odio. Esto era sencillo y amistoso. Podía sumirse conversaciones como esas de por vida.
Diez minutos más tarde, la ruta parecía eterna y Anthony estaba poniéndose molesto. El cielo estaba cubierto de nubes y amenazaba con llover.
-Creo que deberíamos detenernos en un supermercado, tiene hambre.
-Claro.
Como si fuera posible, pensó.
Se encontraban en medio de la nada, camino a más nada. No tenía idea de dónde se encontraban pero esperaba encontrar un pueblo lo más rápido posible.
Se sentía culpable al depender monetariamente de Edward, pero era el único que poseía la tarjeta de crédito en estos momentos.
-¿Puedes sostenerlo? Voy por lo que necesitamos.
-Claro.
El uso del plural le era absolutamente deleitable. La observó detalladamente mientras se iba con decisión tras dejarle el bebé y se sintió extraño. No sabía por qué pero era una escena a la que no estaba acostumbrado, ni siquiera cerca de haberla imaginado.
Distraídamente caminó por el pasillo con Anthony mirándolo todo.
-Así que estamos tú y yo ¿Qué tal Anthony?
El bebé lo observaba con interés. Edward hacía caras y reía tiernamente. Jamás habái sentido ese sentido de pertenencia que genera tener un bebé. Por más que no fuera suyo, era como si lo fuera. Una muchacha que pasaba por allí quedó prendida de aquel gesto.
-Oh, es divino.
-¿Verdad que si? Di hola, Anthony.
-¿Anthony? Le va perfecto.
-Claro, sobretodo si soy yo quien lo eligió.
Isabella tomó el bebé en sus brazos y la muchacha se quedó terriblemente afectada.
-No puedo dejarte al bebé a solas sin que trates de ligar- miró a la que le pareció una niña- Cariño, creo que tu madre se encuentra en el otro pasillo.
Le dio la espalda y se encaminó hacia la caja. Estaba más que rabiosa. Se negó a admitir que eran los celos los que la carcomían por dentro.
-Señorita, tengo lo que me pidió.
-Gracias- con una sonrisa se fue detrás del encargado.
Mientras el encargado indicaba las formas de pago de la tarjeta, completaba con sus datos y asentía atentamente.
-¿Qué demonios fue todo eso?
-Dame la tarjeta, no tenemos tiempo.
Seguía preguntándose ¿Tiempo para qué? Era más que obvio que la tarde ya había pasado y tendrían que quedarse a dormir en un motel más cercano que encontraran.
Bella fue hasta el servicio de pago y le entregó la opción. Apenas notó que el encargado no dejaba de mirarla. Pero no era necesario que lo notara. Edward ya lo había hecho por ella.
-Gracias, fue muy amable.
-De nada, esperamos verla pronto.
-Claro.
Edward tomó la tarjeta que le entregaba y detrás del recibo vio su número grabado. Lo rompió en mil pedazos mientras Bella enarcaba la ceja.
-Tenemos un bebé ¿En qué demonios piensas?
Tomó las bolsas y guió a Isabella hacia la salida mientras la oía parlotear en forma de queja y de su manera descortés.
-Lo único que faltaba…
Gruñó molesto. La lluvia era torrencialmente fuerte. Edward la ayudó a cubrir al bebé y a correr hacia el auto. Guardó las cosas en el asiento trasero y entró. Prendió la calefacción y se obligó a conducir al primer motel que encontrara fuera cual fuera la objeción.
Sería una noche fatídica.
