Los personajes son de la magnífica Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.
Capítulo once.
Las demostraciones de celos habían sido una muestra clara de que sentían algo el uno por el otro. Isabella se negaba a admitirlo, pero Edward, remaba sin bajar los brazos.
Isabella cubrió el bebé y salieron rápidamente hacia el motel. Era uno simple, casi familiar para su buena suerte. La estructura era de unos cuatro pisos, de color blanco con un cartel en neón verde que resaltaba el nombre en otro idioma.
Se arrimaron con el único bolso de Edward y la comida en mano hacia el mostrador. Una señora de aspecto fingido les sonrió irónicamente. Aquella mujer era hermana del demonio mismo.
-¿Qué se les ofrece?
Isabella sintió la necesidad de gritarle cuál era el motivo obvio por el que se encontraban en un hotel. Estaban mojados, necesitaban una cama y alimentar a Anthony que en cualquier momento comenzaría a llorar. Y era lo que menos deseaba en ese momento.
-Dos habitaciones.
Edward la miró con el ceño fruncido, pero más allá de su ensoñación. Ella tenía razón. No eran nada más que desconocidos y ese bebé no era más que un niño que habían encontrado. No se hacía ilusiones de nada, siempre tan fría.
-Lo único que tengo es una habitación matrimonial, si no la quieren, pueden irse…
La vena cava superior del cuello se le hincó de furia y cuando estuvo a punto de gritarle, Edward le tomó la mano que estaba formada en un puño.
-La tomamos.
La señora se distrajo en el ordenador y él se acercó a ella.
-Cálmate, no tenemos donde dormir y cualquier cosa nos viene bien.
Su voz fue fría, dura e insensible. Él también le hubiera gritado por su atrevimiento pero estaba cansado y solo quería una cama bajo su cuerpo. Isabella soltó su agarre y tomó la llave dándole la espalda. Edward pagó la cuenta y la siguió escaleras arriba.
-Genial…
La habitación quedaba en el tercer piso y todo a escaleras. Llegaron exhaustos. Era pequeña y de un monoambiente, poseía una sala central y por detrás podía verse una barra que funcionaba como una improvisada cocina. A un costado la cama doble.
Bella tomó las bolsas que Edward había dejado en un sillón y encendió la cocina para calentar la leche. Se movía de aquí para allá, claramente sabía que debía hacer. Él se acercó, tomó el bebé en sus brazos y ella sonrió a medias en forma de agradecimiento. Se volvió a lo que hacía mientras él la observaba desde el sofá con el niño en brazos.
Cada vez, se convencía más. Era preciosa. Ese mini short ajustaba su trasero y dejaba sus largas piernas a la vistas. Cremosas y torneadas. Fue subiendo, la camiseta que llevaba debajo de la camisa se ajustaba a su figura moldeada y curvada. Sus senos eran de un tamaño a la medida, ni grandes ni pequeños. Perfectos. Se recogió el cabello y desde su punto tenía acceso libre a su cuello. La deseaba y no podía evitarlo.
Miró al pequeño en sus brazos que bostezaba y se removía. Trató de calmarlo pero su insistencia lo puso nervioso. Miró a Bella y ella se acercó despacio. Se agachó a su altura y le sonrió al pequeño. El niño inmediatamente se calmó mientras Edward lo mecía lentamente.
-¿Cómo lo haces?
-¿Calmarlo?- sonrió- Él sabe que le daré de comer, por eso me ama.
Edward sonrió y la observó interactuar con el pequeño. Permaneció en silencio, miles de cosas pasaban por su mente en ese momento.
Isabella se acercó con el biberón y se miraron. Edward le pasó el bebé y le dejó su lugar. Se sentó en el suelo frente a ella y la miró.
-Es hermoso…
La voz dolida de Bella lo despertó. La ira lo arremetió de repente.
-Te prometo que vamos a encontrar a sus padres.
-Lo sé- susurró.- Pero no estoy convencida de que lo quieran de vuelta.
Susurró para sí misma, aún así, Edward la había oído y estaba seguro de ello también. Se miraron por unos instantes. Anthony terminó el biberón y ella se lo pasó a él.
-¿Qué hago ahora?
Ella rió y lo acomodó sobre su hombro. Apoyó la pequeña cabecita sobre una mantita y le acarició el cabello.
-Con cuidado vas a mecerlo hasta que haga una pequeña erupción. Cuando comience a bostezar, solo dormirá.
-¿A dónde vas tú?
-Voy a ducharme. Siento que voy a congelarme.
Él asintió preocupado. Debería de haber sido más cuidadoso pero ella había superpuesto los cuidados del pequeño por sobre ella misma. La vio desaparecer tras la puerta del baño y caminó por la habitación meciendo al niño.
Bella salió despacio, el silencio la había relajado. Nunca se había imaginado en esta situación, su vida familiar se limitaba a enviar regalos y felicitaciones para los cumpleaños pero nada más. Ahora parecía manejar una. Edward que estaba aún desorbitado y Anthony que parecía sacar lo mejor de ella.
Cuando lo había visto a los ojos, esos pequeños ojos, había sentido adoración. Ese bebé le devolvía las esperanzas perdidas. Los recuerdos se borraban y ya no parecían tan dolorosos como lo eran ayer. Esas pequeñas esmeraldas verdes le recordaban a alguien, a Edward. Tan fuerte y luchador como era, de temperamento suave y decidido.
Eso que tanto le molestaba. Que supiera en qué lugar se encontraba y siguiera el camino basándose en lo que quería en ese momento.
Estaba dormido de lado con el pequeño entre sus brazos. El niño se aferraba al brazo protector y era una imagen enternecedora. Encendió la calefacción y en punta de pies caminó hacia la cama. Muy despacio le quitó los zapatos y lo cubrió con una manta, la misma con la que se cubrió ella.
Edward despertó en un desastre de sábanas, cobijas, piernas y bebé. Abrió sus ojos y tenía el rostro de Bella muy cerca del suyo. Anthony estaba despierto entre ambos cuerpos y sonreía. Se movió y notó que tenía entre sus piernas, las de ella. Volvió a mirar al bebé y le acarició el rostro. El niño tomó su dedo y lo chupeteó. ¿Hambre?, pensó. Necesitaba que Bella despertara, él no tenía idea de lo que ella había hecho para prepararla.
Se levantó de la cama protegiendo con almohadas al bebé que lo miraba caminar por la habitación con interés. Bella seguía plácidamente dormida, hermosa.
Hirvió el agua, miró las instrucciones del envase del polvo de leche y lo preparó según decía. Lo metió en el biberón y esperó a que enfriara en un pote de agua fría.
Bella se removió en la cama. Cuando estiró el brazo, el bebé no estaba. Se sentó en la cama y vio a Edward en el sofá frente a ella jugando con Anthony. Lo tenía en sus rodillas y lo hacía reír. La dulce melodía de la risa infantil llenaba alegremente el espacio. Su corazón se ablandó cuando levantó su mirada y la traspasó con fuerza. Hizo el desastre de mantas a un lado y caminó despacio hacia ellos.
-Hola- susurró.
-Hola, dile hola Anthony.
El bebé la miró con interés y ella sonrió. Se acercó a su lado y le acarició el rostro. Edward lo acomodó y se lo dio. Ella instintivamente se sentó en la alfombra donde estaba y lo tomó en sus brazos. Era muy pequeño. Tragó el nudo que se había formado en su garganta y Edward presionó su hombro.
-Estará todo bien, Bella
Ella asintió y bajó su mirada. No podía entender semejante acto de crueldad ante tal símbolo de ternura y delicadeza.
