Los personajes son de la espléndida Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.


Capítulo doce.

Todo el día lloviendo de manera torrencial.

-No se detendrá nunca…

-Opino lo mismo…

Se carcajeaba sin darle demasiada importancia al clima de afuera mientras jugaba con el bebé en la cama. Isabella estaba histérica de un lado hacia el otro en la habitación. Hasta que ella tuvo que volver a alimentarlo y juntaron dos sillones para que estuviera más a salvo. Esa mullida e improvisada cuna lo dejó felizmente adormecido.

Ella estaba mirándolo, casi sin poder creerlo. Él temeroso pero decidido se acercó a ella por detrás y la abrazó con fuerza. Era justo lo que necesitaba, pero no se animaba a pedirlo. A veces el orgullo pesaba demasiado.

-¿Por qué?

-No lo sé…- susurró y la envolvió con sus brazos aún más seguro- Solo sé que tuvo la suerte de encontrarte a ti, eres su madre ahora Bella. Si alguien no lo quiso, lo que es cruel y terrible, pero nadie puede quitártelo.

Edward acomodó su cabeza por encima de su pequeño hombro y admiró la delicadeza del bebé. El aroma de su perfume lo envolvió por completo. Era algo enloquecedor.

-No podría soportar que lo alejaran de mí cuando esta dejando huellas profundas en mi corazón.

Las lágrimas llenaron sus ojos y la giró entre sus brazos, enfretándola a él. Volvió a abrazarla, sintiendo su dolor y su angustia como propia. No podía soportar que Isabella sufriera, lo que sentía por ella no tenía explicación. Era loco y descabellado, profundo y espontáneo. Pero aún así, simplemente lo sentía. Y siempre había sido fiel a sus sentimientos. No habría de cambiar ahora.

No iba a presionarla, pero necesitaba saber la verdad. Conjeturaba que todo aquello que sentía descontroladamente era producto de recuerdos que no valía la pena recordar y un pasado pisado, pero necesitaba saberlo. Por que quería conocerla.

Acarició su cabello y ella lo abrazó. Sus brazos se envolvieron alrededor de su cintura y su cabeza se amoldó en su pecho. Se sentía protegida y segura entre el círculo de sus brazos que la envolvían. Bella se dejó llevar. Las lágrimas silenciosas se convirtieron en un sollozo suave y en un profundo dolor en Edward.

Apenas podía descifrar lo que pasaba por su mente, por su corazón y por su cuerpo, solo sabía que estaba siendo demasiado impulsiva. Como nunca lo había sido antes.

Logró calmarla luego de haber derramado lágrimas por unos largos veinte minutos. Él, sin perder la paciencia dejó que aliviara el peso de su alma. Bella e sentó en una silla mientras él se acercaba con un té. Ella le sonrió a duras penas y supo que todo estaba perdido. Sus defensas estaban débiles. Su barrera de indiferencia tenía una grieta tan grande que pronto caería y así, el pasado volvía. Volvía pero dolía menos con Edward allí. Su coraza de valentía y superación sobre memorias que se había esforzado en sepultar para siempre, estaban ahí, a un milímetro de volverse añicos.

-Me casé hace seis años, era joven, ingenua y creía que lo hacía por amor. Jacob, mi ex esposo era casi diez años mayor, quería sentar cabeza y formar una familia. Fue de maravillas al principio. Pero todo empeoró cuando supe que no podía tener hijos. Fue un desastre. Me centré en la empresa, pasaba la mayor parte del tiempo ahí. Mi dolor era tan profundo y él era tan indiferente que busqué refugio en el trabajo, ni siquiera mi familia. Sentía que no podían entederme. Preferí el aislamiento a verles en la cara la lástima que sentían por mí.

Hizo una pausa, recordando con dolor viejas épocas. Edward seguía allí, inmutable. Frente a ella mientras le sostenía la mano con fuerza. Bella retomó fuerzas y continuó hablando.

-Jacob me aborrecía y dos años después supe que me engañaba. Íba a dejarme por una niña que llevaba tres meses de embarazo, pero esa noche discutíamos mientras él conducía. El accidente fue terrible y murió. Apenas salí ilesa. Luego de eso mi empresa fue en crecimiento. No había día que no pasara por lo menos dieciocho horas trabajando. Rosalie me sacó de la depresión, le debo demasiado como para negarme a sus caprichos a veces… No puedo entender cómo alguien es capaz de deshacerse de su hijo cuando…

Sus ojos se llenaron de lágrimas y Edward se acercó para tomarla en sus brazos. Toda su alma se iba en esa profunda confesión. Angustia retenida y reprimida se dejaba ir por esa paz inspirada por él. Se sentía liberada.

-Me siento inútil, cuando la función para la que fuiste creada no puede darse. Es decepcionante…

-Anthony tiene la suerte de haberte encontrado. Piensa en la segunda oportunidad que tuviste. Serás una gran madre, Bella. Cuidarás bien de él, lo he visto. Confío en ti. Confía en ti. Nadie va a quitártelo, vamos a luchar por él.

-Prométemelo, que no permitirás que me lo saquen.

-Lo prometo.

La tomó por la cintura y la levantó de la silla. La sentó a horcajadas sobre sus piernas y ella escondió su rostro lloroso en su cuello.

Permanecieron un buen tiempo en ese estado de conexión. Edward sentía que enlazaban sus vidas, le hacía promesas sin palabras y no quería alejarla de él. Notó que su cuerpo se ablandaba, se había dormido.

Se levantó despacio y la dejó sobre la cama, era ligera y fácil de manipular. Dormía profundamente. Cuando quiso soltarla ella se aferró a él. Sonrió y se recostó abrazándola. Miró por la ventana, la lluvia no había parado ni un minuto. ¿Por qué habría de hacerlo ahora?

Tal vez no había nada en palabras ni situaciones con un rótulo. Pero para él, aquella confesión significaba que Bella confiaba en él. Por lo menos lo suficiente como para haberle abierto su corazón y develado una parte de su historia. Cada vez contaba con más detalles sobre su vida, y cada vez se aferraba más a ella. Ahora, difícil sería dejarla ir.

Despertaron por el suave llanto de Anthony. Bella se levantó enrojecida y acalorada. Edward la abrazaba y sus cuerpos parecían estar hechos el uno para el otro.

Se recostó de espaldas con el bebé en sus brazos. Edward se colocó de lado mientras la miraba con una sonrisa.

Sus ojos lo decían todo, las palabras sobraban.