Los personajes son de la magnífica Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.
Capítulo trece.
-¿Por qué Anthony?
Isabella sonrió negó con la cabeza. Se encogió de hombros y se levantó de la cama.
-No lo sé, tiene cara de Anthony ¿No crees?
-No.
Empequeñeció sus ojos y ella rió.
-Voy a saberlo, algún día.
-No tengo idea de qué hablas…
Nunca había visto nada más perfecto, una imagen que lo fascinara desde la primera impresión, como ella. Edward la vio pasearse con por toda habitación con el bebé en sus brazos tratando de calmarlo. Lo cargaba como una mujer que ha sido preparada durante toda su vida para tal tarea. Lo volvía loco. Estaba usando solamente su camisa, que apenas le cubría los muslos y llevaba los dos primeros botones desprendidos. Su largo cabello estaba recogido en un moño desordenado que la convertía en la madre más hermosa del mundo.
Entonces mientras ella delicadamente ponía el agua a hervir y se movía desenvueltamente entre los escasos utensilios de cocina, lo supo.
Bella tomó el biberón y se derramó unas gotas en al mano para calcular la temperatura. Sabía que estaba perfectamente y sonrió mientras se lo colocaba a Anthony en su boca. El pequeño se aferraba al recipiente como si de ello dependiera su vida. Y en realidad, de ella dependía. Ese pequeño saco de huesos indefensos no era nada más que un ser desprotegido que se cruzó en su camino para lograr una misión. Bella siempre había deseado tener una familia. Por más que esto que tenía ahora, fuera una falsa simulación de familia, estaba dispuesta a aprovecharla.
-Quiero esto…
-¿Qué cosa?
Bella frunció el ceño y se giró para verlo.
-Esto Bella…
Señaló con sus manos a ellos tres. Pero antes de que pudiera responderle más sobre el asunto algo llamó su atención.
Había dejado de llover.
Una desilusión caía frente a ella, así como ganaba una nueva esperanza.
-¡Edward, ha dejado de llover!
Edward se apresuró a levantarse y asomarse por la venta.
-Vendito sea, larguémonos de aquí Bella.
Edward tomó al bebé mientras ella acomodaba sus pertenencias apresuradamente en el bolso y se colocaba el abrigo. Tomó una manta y envolvió a Anthony. Edward la ayudó a salir de la habitación dejando atrás lo que ambos habían surcado como destino.
-Creo que tengo las llaves en el bolsillo de la chaqueta.
Bella subió al auto mientras esperaba que Edward pagara la cuenta.
Inconcientemente, se permitió pensar. Nunca dejaba que su abstracción tomara el control de su mente y lo que debía pasar por allí. Pero esta vez, solo la dejó fluir.
Edward había hecho más de lo que ella estaría dispuesta a esperar de cualquier hombre. Según ella la especie masculina era símbolo de extremo machismo, inseguridad y separación del núcleo familiar hasta que les tocaba despertar mediante una experiencia traumática. Pero Edward, parecía ser diferente. Había estado allí para ella cuando lo había necesitado. No se había negado a otorgarle lo que podía ofrecerle mientras se encontrara con él. Jamás había sido tacaño ni egoísta. Siempre se había mostrado sincero y honesto. La había ayudado en lo que había podido y había estado dispuesto a aprender. La había protegido y le había ofrecido seguridad, sin pensarlo dos veces. Su pirámide de valores era admirable y su moral era intachable. No le había impuesto lo que debía hacer, sino, simplemente la dejaba ser y hacer. La había aceptado tal cual era. Algo que solía ser difícil y cuando pasaba, ella era realmente considerada.
Ahora, lo difícil era tomarlo en cuenta.
Sin embargo, más allá de lo bueno y toda esa aura de perfección que lo rodeaba, no se dejaba engañar y seguía manteniendo el que "parecía" ser diferente.
-¿En qué piensas?
Edward llevaba más de quince minutos observándola. Estaba callada y distraída. Algo que no daba en la tecla de su personalidad enérgica. Bella negó con la cabeza volviendo a la normalidad y se encogió de hombros. No estaba segura de si contestarle que estaba agotada, o más bien, agobiada. Sabía que cosas difíciles se le venían encima y tenía que estar preparada. Como siempre lo había estado par todo en su vida. Millones de asuntos giraban alrededor de dos variables. El bebé y Edward.
-Nada, solo que… estamos regresando a casa.
"A casa" le retumbó como un lento eco en su cavidad craneal. Edward asintió sin tener palabras con las que responderle, el solo hecho de volver a al realidad le daba náuseas. Simplemente, deseaba que las cosas fueran algo más diferente o que se hubieran dado de otra manera.
Edward tomó la avenida principal y Bella tuvo un extraño dejavu.
-Creo que deberíamos detenernos.
Esa seguridad de haber pasado por ese lugar tiempo atrás y de que algo malo estaba por pasar era un tanto confuso. Comenzó a marearse, la cabeza parecía bombearle con fuerza y Anthony, demasiado perceptivo para con ella, se removía inquieto entre sus brazos.
-No, estamos…
-Hazlo.
Su voz sonaba aterrorizada. El palpitar de su corazón era iba a tal velocidad que podía oírlo en sus oídos. El bebé había despertado de su sueño profundo para alterarse y Edward no quería dar el brazo a torcer. Estaba cansado y solo deseaba pisar el acelerador para llegar más rápido.
-¿Te sientes bien?
-No, tienes que detenerte.
-No puedo hacerlo, estamos a mitad del camino, el mal clima viene persiguiéndonos y…
Las enormes luces los cegaron.
-¡Edward, cuidado!
La reacción fue instantánea.
Edward maniobró con el volante y dirigió el coche hacia la banquina. A centímetros de un precipicio, estrellándose contra la vaya de metal. El camión patinó mientras venía por el carril de en frente y trató de estabilizarse, pero sin suerte, se estrelló contra una fila de autos que avanzaban a gran velocidad, algo no tan fuera de lo común en una curva demasiado cerrada en ruta de doble carril. La primera colisión destrozó el coche y al conductor que venía en él.
En el choque, la bolsa de aire dio de lleno en la cara de Edward. Mientras que la del copiloto había fallado.
Bella había dado con la cabeza en el vidrio de la derecha haciéndolo añicos. Alcanzó a cubrir el pequeño cuerpo para evitar que los cristales cayeran sobre sus ojos y comenzó a sentir el líquido caliente que se deslizaba por su mejilla. Se aferró al pequeño y rogó para no le sucediera nada.
Sus pulsaciones bajaron instantáneamente, comenzó a verlo todo de negro y se sumió en un limbo.
En la sacudida, Edward había rebotado con la bolsa de aire y su cabeza había impactado con el apoya cabezas del asiento.
Desorientado podía oír gritos desesperados, el dolor de cabeza lo mareaba y sentía náuseas. No podía enfocarse y no sentía sus extremidades.
Unos profundos golpes lo sobresaltaron, se sentía atontado. Enfocó su vista y giró a su izquierda, donde los golpes provenían. Borrosamente identificó a un hombre queriendo abrir su puerta pero no podía. Estaba atascada.
La cabeza comenzó a pesarle junto a los párpados y se dejó llevar por el impulso similar al sueño. Cerró los ojos y todo su cuerpo se desvaneció.
