Los personajes son de la genial Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.
Capítulo catorce.
El Oficial Jenkins había llegado con retardo a la escena del incidente. Solía frecuentar estos hechos, estaba acostumbrado y siempre era doloroso tener que afrontar con frialdad las muertes ocasionadas por el exceso de velocidad, por el consumo de alcohol o por sea cual sea lo que provocara los accidentes.
Pero mientras manejaba a toda velocidad con un equipo de ambulancia, un patrullero de policías y otro de control de tránsito había diferenciado fácilmente la situación. Cuando fue informado oficialmente sobre lo que había sucedido se había admirado de su capacidad para identificar los casos. Era algo a lo que estaba acostumbrado, lamentablemente. Detestaba los casos de negligencia.
El conductor del furgón estaba demasiado cansado tras veintitrés horas de viaje y se había adormecido en la recta antes de llegar a la curva, cuando despertó instintivamente maniobró para estabilizar semejante masa metálica pero no logró hacerlo. En al mayoría de los casos, nunca podían hacerlo.
Las consecuencias eran devastadoras.
Tenía cuatro muertos, diez heridos y más de seis autos destrozados. Había sido duro lidiar con aquello. Si bien, habían tenido situaciones peores. Agradecía que no hubiera habido niños, solo uno y se mantuvo a salvo.
Pero las condiciones de sus padres eran críticas.
El padre, identificado como Edward Anthony Cullen, había sufrido un traumatismo de cráneo leve. En la terrible sacudida, era quién había logrado sacarla barata. Había sido transferido al hospital como urgencia inmediata junto a su esposa. La mujer, no identificada hasta el momento, era quién había salido mayormente perjudicada.
Había recibido un golpe directo en la parte superior derecha de la cabeza provocando un TCE, un trauma cráneo encefálico, y una luxación de rodilla derecha. El cuadro había sido de los más complicados de manejar. Ella fue retirada tras haber maniobrado durante tres horas para quitarla con cuidado. La manipulación de la seguridad vital en esos casos era esencial, pero no siempre estaba en poder de las manos de los especialistas, sino del mismísimo Dios.
Lo primero que hizo al despertar, fue quejarse. Le dolía la cabeza, estaba mareado y sentía que no podría abrir los ojos. Sentía el cuerpo entumecido, así mismo como sus ojos. Tardó unos diez minutos en recobrar plena capacidad de movimiento, así fue como descubrió que no tenía esa plenitud. Abrió los ojos y la luz solar le dio en los ojos, obligándolo a cerrarlos.
Parpadeó para acostumbrarse y volvió a centrarse en su cuerpo. Movió las manos, podía sentir uno de sus brazos bajo las agujas y cables que lo rodeaban por completo. Intentó mover las piernas y solo consiguió hacerlo con una. Se levantó de prisa y se mareó. Volvió a caer sobre las almohadas y el potente dolor de cabeza lo hizo gemir.
Mientras trataba de apartar el dolor recordó vagamente lo que había ocurrido.
-¡Bella!
Logró murmurar con voz ronca. Le raspó la garganta y volvió a sentir dolor. Pero era lo que menos le importaba. Estaba en un hospital, solo, recordando lo que había pasado y sin poder moverse completamente. Los ruidos de las máquinas comenzaron a aturdirlo.
La puerta se abrió rápidamente y dos personas vestidas de blanco ingresaron a socorrerlo.
-Señor Cullen, necesito que se calme.
Una doctora de aspecto juvenil le habló con voz suave y firme. Edward no podía escucharle ni hacerle caso, tenía que encontrar a Bella.
-¿Dónde está…?
La voz le salía pastosa y le dolía horrores. Intentó levantarse y la mano firme de la doctora lo volvió a su lugar.
-Si se calma, le prometo decirle. Por favor, necesito que se tranquilice.
-¿¡Dónde está!?
Gritó y el enfermero se acercó tras la doctora.
-Su esposa está bien, señor. Solo necesitamos que se calme y así podremos analizar su situación…
Edward se relajó sobre las almohadas, Bella estaba bien. ¿Pero por qué no estaba con ella entonces? La doctora tomó una linterna y alumbró sus ojos por unos segundos. La cabeza le latió y la luces lo cegaron. Era demasiado insoportable.
-¿Cómo se encuentra?
-Bien.
-¿Le duele algo?
-La cabeza y la garganta.
-¿Recuerda lo que pasó?
-Si… un accidente.
-¿Recuerda con quién iba?
-¿Dónde está Bella?
-¿El nombre de su esposa es Bella?
-¡¿Cómo está Anthony?!
Los ensordecedores ruidos de las máquinas comenzaron a alterarse nuevamente. Los que estaban conectados a su corazón estaban mostrando que sus pulsaciones aumentaban sin discreción. La doctora le hizo una seña y el enfermero inyectó por vía intravenosa un sedante para adormecerlo.
Aún estaba demasiado vulnerable como para conocer la verdad.
