Los personajes son de la genial Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.


Capítulo dieciséis.

Llevaba veinte minutos frente al cuerpo yaciente. Los ojos le picaban, se sentía culpable y no podía soltar su mano. Su piel estaba más pálida de lo normal y sus labios estaban resecos.

El frágil cuerpo de Bella estaba repleto de cables a máquinas que se ocupaban de mantenerla respirando y funcionando. Tenía la cabeza vendada y los hombros al descubierto. El derecho totalmente dañado superficialmente por los vidrios del cristal. Su pierna estaba al descubierto, desde medio muslo hasta antes del tobillo llevaba un enyesado pesado. Su rodilla había sido presionada por la puerta luego del impacto y se había dislocado. Era lo más leve en comparación con su cabeza.

Debería haberme detenido cuando ella lo dijo.

No podía dejar de echarse la culpa.

Escuchó la puerta entreabrirse y no se molestó en girarse.

-Señor Cullen, el bebé ha despertado.

Se giró y se quedó mirándola.

-¿Dónde está?

-En la sala de neonatología.

Rápidamente fue transportado hacia el lugar. Esme iba detrás de él sin poder contactar a su marido que se encontraba en pleno viaje. Necesitaba un punto de apoyo, ya que Edward era demasiado inestable en este momento.

Lo dejaron frente a la vitrina donde se encontraban montones de bebés. Pero fácilmente su vista rebuscó entre los pequeños rostros y lo encontró. Sollozaba a todo pulmón y se removía inquietamente.

El niño desde que había despertado no había parado de llorar. Fácilmente lo habían atribuido a que sus padres estaban en terapia intensiva y los bebés solían ser muy perceptivos por cuestión de mera supervivencia. Sobre todo con el núcleo maternal.

La encargada lo tomó entre sus brazos. Edward se puso de pie haciendo un gran esfuerzo y se acercó despacio. Estiró los brazos y lo tomó.

-Ey Anthony, soy yo… estará todo bien ahora.

Susurró acariciando su rostro mientras lo mecía entre sus brazos. El pequeño pudo sentir el calor familiar y la voz que reconocía. Fue dejando de llorar hasta que lo reconoció.

Una sonrisa se dibujó en el rostro de Edward.

-No habíamos podido tranquilizarlo, suerte que está usted bien señor.

Le habló una dulce mujer encargada de los pequeñuelos, pero él apenas pudo escucharla. Solo agradecía que Anthony estuviera bien. Bella hubiera sabido que contestar en ese momento.

Esme se había quedado sin palabras. El cuadro era tremendamente enternecedor. Su único hijo le ofrecía una figura paternal que no se hubiera imaginado por ahora. Pero allí estaba. Meciendo al pequeño entre sus brazos como si lo conociera desde su nacimiento y susurrándole para tranquilizarlo como si supiera que era exactamente eso lo que necesitaba.

Exhausto se dejó caer despacio en la silla de ruedas. Llevaba al niño dormido entre sus brazos mientras lo dirigían al cuarto.

Le habían preparado una cuna alta para que pudiera dejar a un lado de la cama solo por esta noche. En la mañana le darían el alta. Se sentó en la cama y se acomodó con el pequeño dormido entre sus brazos. Levantó la vista y se encontró con su madre. La borde del llanto de emoción.

-Ven, voy a presentarte a tu nieto.

Solo eso necesitó para dejar escapar un sollozo. Se acercó toda temblorosa y se sentó a su lado enfrentándolo para poder ver al pequeño.

-Se llama Anthony, aún no tiene mi apellido pero lo tendrá. No es nuestro hijo pero lo será…

Procedió a contarle la historia mientras le dejaba cargar al pequeño.

-Suena terrible…

-Lo es. Bella había estado a punto de colapsar, ella no puede tener hijos y frente a esta situación fue muy vulnerable pero logramos salir adelante.

-Edward, esto es una situación complicada.

-Lo sé, madre. Necesito a Emmet en esto.

-No es su campo el tribunal familiar.

-Pero confío en él. Madre, no puedo dejar que nos saquen a este bebé ¿Me entiendes? Es todo para ella y ahora... para mí también. Es todo lo que me queda de ella.

Claro que podía entenderlo. Conocía ese instinto de progenitor.

-Vamos a apoyarte en esto, hijo.

-¡Edward!

Levantó la vista para ver entrar sin aliento a Carlisle Cullen. Su padre.

-¿Cómo estás? ¿Qué sucedió? ¡Esme! ¿Cómo te encuentras?

-Está todo en orden, Carlisle, por favor… haz silencio.

Se acercó despacio y enarcó una ceja.

-¿De qué se trata esto?

-Papá, te presento a Anthony.