Los personajes son de la magnífica Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.
Capítulo diecisiete.
Yacía inerte a vistas de los demás.
Estaba sumida en una nebulosa de algo que no la mantenía segura. Dudaba de qué debía hacer o de cómo hacerlo.
Había estado devanándose los sesos acerca de qué había pasado, hasta que lo había recordado vagamente.
El accidente había sido demasiado rápido. Pero lo había sabido, simplemente por que ya lo había vivido. Exactamente tres años atrás Jacob había optado estúpidamente por conducir luego de haber bebido demasiado alcohol. Eran las peores épocas de su matrimonio. Así como fueron las últimas.
Mientras conducía, mantenían una acalorada pelea. Jacob no quería bajar la velocidad o detenerse. Un auto descarrilado venía frente a ellos en dirección opuesta y la velocidad de Jacob no le había podido permitir esquivarlo. La colisión casi los mata a ambos. Él murió al instante. Bella fue quién salió ilesa con algunas lastimaduras superficiales, pero nada grave.
Pero parecía que la historia no iba a repetirse otra vez.
Por lo menos esperaba que no fuera de esa manera. Solo recordaba el impacto de su cabeza con el vidrio y cuando se abalanzaba sobre le pequeño bebé para protegerlo. No podía permitir que nada le sucediera. A Edward tampoco, pero ahora que se detenía a analizarlo y recordaba haber oído la bolsa de aire al inflarse. Pero no estaba segura.
Edward… ¿Qué había sido de él? ¡Necesitaba saberlo! Así como de Anthony.
El pequeño bebé que en tan pocos días ya significaba tanto para ella. Era el pequeño que no había podido tener, pero aún así, era lo que más la unía a Edward.
Sabía que había sido injusta al tratar de apartarlo anteriormente. Quienquiera que pudiera opinar al respecto, podría decir que no dejaba que nadie entrara en su vida. Y tendría razón, pero así lo había prometido.
Se había prometido a sí misma nunca dejar que el amor la dejara enceguecida nuevamente. No era temor a volver a amar, era temor a tener que reparar los daños luego.
Pero por más que su mente le dejara en claro a su corazón que nada sucedía. Éste sabía la verdad. Por que mientras más activa estaba la inteligencia en ponerle trabas a la situación, el corazón no dejaba de reclamarle por lo que realmente pasaba por él.
Finalmente, había terminado por conocer a Edward. A no dudar de él, a ver su perseverancia y aunque no le dijese nada, más que dejarle indirectamente en claro que estaba interesado en ella. Bella no podía negar que prefería los actos que las palabras. Y lo que él había hecho, era hacerle ver cuánto valía la pena quererlo.
O amarlo, como era el caso correcto.
Por que no había dejado de pensar en lo que había descubierto, o en lo que admitía luego de haberlo negado. Se había enamorado de Edward. Lo aceptó cuando decidió ponerle al bebé su segundo nombre. Recordaba haberlo leído en el archivo que aún conservaba en su oficina.
Con respecto a eso, hablando de temas laborales, antes de saber que se trataba de él. Antes de haber conectado rostro con nombre, ya había aceptado darles lo que pedían. Era un trato justo y equilibrado. Sabía que podían salir adelante con ese trato, solo que lo había dejado en espera para hacerlo sufrir. Ahora se arrepentía y consideraba eso algo egoísta.
Edward era simplemente lo que hubiera deseado desde un principio. Solo que las cosas de la vida jamás se dan como uno quiere, las cosas buenas se hacen de esperar y llegan cuando menos te las esperas.
-Bella…
No estaba segura de si estaba alucinando o si oía realmente su voz.
-…Bella, por favor despierta…
Era lejana y confusa, ella estaba demasiado lejos de él en ese momento. Tal vez ella estuviera yéndose, pero su voz la traía de regreso.
-…no se que haría sin ti, no quiero que te vayas. Por favor, Anthony te necesita…
La mención del nombre del bebé la puso alerta. ¡Estaba bien, había podido hacerlo! Trató de reaccionar pero no podía conectar su cuerpo con lo que el cerebro dictaba. Pero difícilmente podía hablar de su cerebro, esa parte retrógrada que se negaba a reaccionar.
-… y yo, no quiero perderte. Vuelve con nosotros…
La voz rasposa de Edward estaba cada vez más cerca, podía oírla con claridad ahora. Pero seguía detonando ese dolor, esa pizca de culpa que le retorcía hasta la más mínima célula del cuerpo. El cual parecía no querer cooperar con ella. Necesitaba despertar en ese momento.
-…Bella, mi amor, por favor…
Las máquinas que estaban conectadas a su cuerpo comenzaron a zumbar. El ritmo cardíaco se había acelerado. Edward se desesperó. Había estado una semana completa tratando de hacer reaccionar a Bella. La habían sacado del coma farmacológico pero instantáneamente había caído en uno natural. Señal de que su cerebro seguía dañado.
Los médicos temían por las consecuencias.
Edward presionó el botón de emergencia con desesperación.
-Bella, estoy aquí ¿Puedes oírme? Yo se que puedes hacerlo, cariño. Vamos, estamos aquí esperándote. Abre los ojos y regresa con nosotros.
Dos médicos corrieron hacia las máquinas y un tercero se acercó a él.
-Necesito que salga.
-No, pero…
-Señor, llamaré a seguridad. Esta es una situación delicada.
Asintió y salió sin querer hacerlo. Desesperado tomó asiento en las sillas frente a la habitación. Cinco minutos después comenzó a recorrer el pasillo de ida y vuelta.
Solo quería que Bella despertara.
