Los personajes son de la magnífica Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.
Capítulo dieciocho.
-¿Cómo se encuentra?
-Igual que los días anteriores, pero que su cuerpo haya reaccionado de una manera diferente, es buena señal.
-¿Qué puede significar?
El doctor lo meditó un segundo.
-De cero a cien. Hay muchas maneras en las que puede responder a los impulsos emocionales o motores. No puedo darle esperanzas, solo paciencia.
Asintió mientras veía a los otros doctores salir cabizbajos de la habitación. La profesionalidad en esos momentos se iba al garete. La esperanza de ver un paciente despertar era satisfactoria, cuando no ocurría, era entristecedor.
Volvió a sentarse frente a la habitación. En ella había un cristal cubierto por una cortina blanca y pulcra. Sintió un escalofrío.
Y pensar que ni siquiera tuve la oportunidad de decirle que la amo.
-¿Edward?
Se giró despacio y se encontró con Rosalie.
Ella había corrido hacia el hospital cuando se había enterado. Maldecía el momento en el que se había alejado de su hermana, pero ya nada podía hacer. Ahora tenía a un posible cuñado y un sobrino. Lo tomaría hasta que ella despertara. Por que ya no sabía a qué dios implorarle para que Bella abriera los ojos.
Se turnaban con Edward para cuidarla y era su turno ahora. Él debía regresar a casa con Anthony.
-Esme está con él ahora, Emmet ha preparado lo que le pediste.
Asintió y se levantó.
-Gracias Rosalie.
Comenzó a irse despacio, a paso lento.
-¡Edward!
Se giró sobre sus talones para mirar a su cuñada. La rubia lucía espectacular, como siempre pero el brillo en sus ojos estaba apagado.
-No te culpes.
Asintió y descendió las escaleras rápidamente. Mientras más rápido llegara a casa podría estar más tiempo con el pequeño.
Condujo con cuidado, pero cada vez que se subía al auto no podía evitar sentir un escalofrío al recordarlo. No tenía idea de cuánto tiempo sería suficiente para olvidarlo.
Tal vez cuando tuviera a Bella a su lado de nuevo.
-Hijo…
-¿Dónde está?
Esme tragó en seco ante la rudeza de su hijo. Pero señaló la habitación del piso superior con su índice y lo vio girar con velocidad hacia allí. Sabía que estaba sumido en una profunda tristeza que no podía manejar, pero tampoco sabía cómo hacer para ayudarlo a superarla.
Dos en dos subió los escalones que lo dirigían a la habitación que habían acomodado para el bebé. Claramente, Rosalie y Alice se habían encargado de ello. Apenas conocía al hermano de Bella y su novia. Creía haberlo cruzado casualmente, pero no de que los hubieran presentado formalmente. Últimamente se había apartado de la familia. Todos, excepto Anthony.
Se acercó despacio a la cuna en la que se entretenía con los pequeños animalitos que giraban sobre su cabeza. Edward no pudo evitar una sonrisa y lo tomó en sus brazos. El pequeño lo reconoció de inmediato. Lo acomodó entre sus brazos y acarició su cabecita.
Era tan pequeño, tan frágil y necesitaba tanto a Bella. Como él.
-Lo siento…
Le susurró mientras besaba su frente.
-Te prometo que la traeré de vuelta.
La culpa seguía siendo una carga para él. Era una promesa vaga, casi sin sentido. Pero tenía la firme idea de que no podían quitarle lo que más amaba en esa vida. Por que el dolor se volvía demasiado real al pensar en la posibilidad de que Bella, podría no volver nunca más. Suaves golpes lo hicieron voltearse y encontró a Emmet detrás de la puerta.
-Necesito hablar con tigo.
-Dime.
Emmet, profesionalmente metido en su papel se mantuvo serio y cerró la puerta. Dándole al espacio infantil en el que se encontraban, un aire de responsabilidades.
-Edward, no puedo seguir con esto.
Se quedó de piedra al oírlo. Emmet había estado trabajando desde hacía tres días con la búsqueda del origen del bebé y los servicios sociales no estaban cooperando. Le exigían que el bebé debiera estar en un núcleo familiar compuesto de dos padres unidos bajo la sagrada unión de la iglesia y por el Estado. Si estos requisitos no se cumplían, le era imposible adoptar a Anthony.
Necesitaba a Bella más que nunca.
Jamás se perdonaría si le arrebataban de las manos el único lazo que lo ataba a Bella. Ella podría despertar o no, pero perder al bebé sería perder parte de ella así como de sí mismo.
-No estoy capacitado, los abogados a los que me enfrento son demasiado poderosos en su campo. No puedo hacer nada que no sepa.
Se excusó con dolor. Quería más que nada ayudar a su primo, eran como hermanos. Pero sinceramente, no podía hacerlo.
-Te he conseguido un representante. Confío en ella, es una muy buena abogada y sabe de qué va la situación…
Emmet dejó la oración sin terminar cuando Edward levantó la vista.
-Pero necesitamos a Bella.
