Los personajes son de la magnífica Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.
Capítulo veintiuno.
Los doctores habían estado de acuerdo en suministrarle sedantes para que pudiera descansar. Lentamente había ido quedándose dormida con su mano entrelazada a la de Edward, mientras él le había relataba el lento transcurrir de esos días. Los mínimos avances del pequeño y las diferentes formas en que la había extrañado.
Apenas cabía dentro de sí mismo de la felicidad. Que Bella despertara ya era algo importante y lo hacía demasiado excitante, pero ahora, solo quedaba conocer las secuelas en el joven cuerpo. Por más que no quisiera admitirlo, sabía que tarde o temprano tendrían que saberlo. Deseaba que ella estuviera de maravillas y saliera adelante, era lo que más quería. Pero le habían advertido que los golpes severos en la cabeza, a la larga, tienen consecuencias. Aquellas palabras le habían herido el corazón y la culpa lo carcomía lentamente. Agonizante.
Se dejó caer en una de las sillas de la sala de espera. Apoyó los codos sobre sus rodillas y hundió el rostro en sus manos. Talló su rostro para poder despertarse y recordó que había sido demasiado egoísta. La familia de Bella también tenía derecho a saber lo que sucedía allí, si él no hubiera estado ahí, otro se hubiera encargado de avisarle de inmediato. Era demasiado injusto. Sacó rápidamente el teléfono de su bolsillo y tecleó de memoria el número de Rosalie. Visto y considerando que eran más de las diez de la noche, Rose no tuvo más remedio que atender de inmediato totalmente alarmada.
-¿Edward? ¿Qué sucede, dónde estás?
-En el hospital, Rose.
-¿Todavía?
Al otro lado del teléfono, la rubia sintió una extraña corriente que recorrió su columna vertebral, se acercó a su novio y presionó su hombro con fuerza. Emmet a su lado, esperó impaciente.
-Rose… ha despertado.
-¿¡Qué?!
-Si, ha estado despierta y sus enormes esfuerzos la han dejado exhausta. Pero ha despertado.
-¡Oh, por Dios! ¡Enseguida voy para allá!
-De acuerdo, te espero.
Fue por un café y regresó para quedarse junto a Bella. Se quedó frente a ella mientras la suave luz de un velador amarillento le iluminaba dulcemente el rostro angelical. Los colores parecían haberle devuelto la vida. Estaba más rosada y sus mejillas tenían ese delicioso rubor que adoraba en ella. Sus labios menos mortecinos y parecía emanar luz de nuevo.
Acarició su brazo desnudo con el deslizar de su dedo índice. Era hermosa, tan delicada y tan pura.
Rosalie no tardó en llegar. Hubiera deseado que el auto de Emmet tuviera luces rojas y azules como las patrullas y una sirena ensordecedora para lograr que los autos se abrieran a su paso. Estaba más que ansiosa y desesperada. No había podido tranquilizarse ni un segundo desde que había sabido que su hermana estaba despierta.
Rose jamás había imaginado que algo como esto le pasaría de nuevo. Bella había sufrido mucho ya y de todas formas, era su hermana pequeña, su compañera y mejor amiga. Eran muy unidas y le dolía tener que verla de esa forma. Su hermana siempre había sido muy fuerte y tan valiente que la envidiaba a veces, pero ahora era cuando más lo notaba. Estaba saliendo adelante sola, por su propia cuenta. Por que nadie podía hacer nada por ella mientras se encontraba dentro de su propia cabeza.
La rubia trataba de mantener tranquilo al bebé pero con sus propios nervios, ya le era imposible y Anthony había terminado por despertarse e incomodarse. Esme no había podido quedarse con él y Carlisle aseguraba que debía estar un tiempo con Edward luego de no haberlo visto en dos días completos. Jasper y su novia no estaban cerca, por lo tanto, cargaba con el pequeño inquieto entre sus brazos.
-Si, pequeño. Mamá ha despertado…
Le susurró con ternura mientras trataba de convencerse a sí misma de que todo estaría bien.
Rosalie volvió a fijar la vista en el pequeño bulto entre sus brazos. Los pediatras le habían escatimado unos dos meses de vida, había sufrido deshidratación y deficiencias, habían podido saberlo por que los niveles normales que lo mantenían con vida estaban recuperándose, parecía haberse recuperado rápida y maravillosamente. Agradeció la felicitación por haber hecho un buen trabajo, el niño en cuestión de semanas recuperó todo lo perdido. Hasta una madre y un padre. Pero Rose podía jurar que había sido tarea de su hermana. Ella siempre había tenido ese tacto instintivo con los niños. Fue una verdadera tragedia enterarse que no pudiera concebir. Al final de cuentas, todo sucede por alguna razón. Jamás perdió la esperanza y en esas vueltas de la vida, un milagro la había sorprendido con Anthony.
En el transcurso de esos días la familia había terminado por enamorarse de Anthony, casi como si hubieran estado esperándolo. Ahora no podía imaginarse el resto de sus días sin ese pequeño. Si bien, la forma de su llegada había sido una locura al completo, todo había cambiado muy aprisa. Esme estaba en casa de unas amigas tomado el té y Carlisle presenciaba el pequeño aniversario del estudio de médicos investigadores al cual pertenecía hacía años, cuando la llamada de emergencia los hizo correr al hospital por Edward. Quién estaba con una supuesta esposa y su hijo. Desconcertados había dudado de si se tratara de su hijo.
Según sus noticias debería de haber vuelto del viaje espiritual junto a su primo pero todavía no había sabido nada de ellos, por lo que habían supuesto que todavía se encontraban allí. Emmet había aparecido junto a Rosalie en la escena para aclarar un par de asuntos, los cuales los dejaban más confusos. Rosalie no estaba segura de que se tratara de su hermana y nadie podía conectar al bebé en la situación.
-Edward…
Estaba sentado en la misma posición que hacía días. Frente a Bella. Se giró y se puso de pie para abrazarla. Estuvieron unos cuantos minutos de esa forma.
-Está con nosotros de vuelta, Rose.
Susurró y el sollozo que Rosalie había oprimido durante días fluyó sin poder detenerlo. Emmet se acercó para acariciarle la espalda y Edward tomó al pequeño Anthony entre sus brazos. El calor familiar de ese pequeño cuerpo lo llenó de satisfacción. Ese pedacito de suyo y de ella, le pertenecía de una manera que no podía explicar. Bella había abierto los ojos y Anthony estaba con él una vez más. Irradiaba felicidad.
-Ven Rose, está dormida. Iremos a buscarte café.
Emmet se llevó a la sollozante rubia y lo dejaron a solas. Lentamente Edward tomó asiento y miró al bebé entre sus brazos. Totalmente despierto y sonrió.
-No es hora de que los niños estén despiertos, Anthony…
El pequeño había estado inquieto ante su ausencia y ahora que finalmente se encontraba en lo seguro bajó las barreras. Sabía que jamás volvería a estar lejos de él nuevamente, una certeza que Edward podía firmar con su alma. El niño comenzó a bostezar y lo mesió hasta llegar a dormirlo.
Ahora, todo estaría mejor.
