Los personajes son de la grandiosa Sthepenie Meyer y la historia es completamente mía.

Capítulo veintidós.

La puerta se abrió despacio y esperó a que entrara Rosalie. Pero no sonaba como ella.

Un hombre de mayor edad entró en la habitación. Edward se puso de pie, confuso.

-Lo siento ¿Este es el cuarto de Isabella Swan?

Preguntó antes de que pudiera reaccionar. Edward frunció el ceño y miró al hombre, mediana edad, ojos del color de la miel, piel pálida y cabellos oscuros. De aspecto cansado y perdido. El joven asintió lentamente.

-Si ¿Usted es…?

Acomodó al bebé entre sus brazos. El hombre que acaba de entrar miró el bulto entre sus brazos y abrió la boca sorprendido, pero no pudo decir nada. Soltó el aire retenido en sus pulmones y respiró nuevamente con dificultad. No podía ser cierto. Miró el cuerpo dormido sobre la cama y sí, ésa era su hija.

-Charlie Swan, su padre.

Soltó despacio, casi imperceptible, no lo hubiera oído si no fuera por le silencio sepulcral de la habitación. Edward frunció el ceño. Había creído que estaba muerto. Bella había mencionado que después de la muerte de su padre su madre había vuelto a casarse, con Phil, un jugador de baseball. No estaba seguro de cómo reaccionar, por algún motivo, Bella lo había desterrado de su vida de esa forma. Fingiendo que estaba muerto.

-Oh…

Acomodó el niño en un solo brazo. Se acercó y extendió su mano libre.

-Soy Edward Cullen…

Charlie apretó la mano con seguridad e hizo un paso hacia delante para poder ver a Bella. Yacía tranquilamente en la cama, sintió que un peso se le quitaba del alma y se volvió hacia el muchacho que lo miraba potentemente. Era obvio, pero le interesaba saber quién era con exactitud, aunque no era estúpido como para adivinarlo.

La puerta se abrió antes de que pudiera formular la pregunta que tenía en mente.

-¡Oh, por dios! ¿Qué demonios haces aquí?

Rosalie se había puesto pálida de inmediato y Emmet dejó a un lado la bandeja de comida para ponerse en guardia.

-¿Quién es usted?

-El padre de Bella…

Rosalie susurró. Charlie se puso a la defensiva. No era para nada como lo recordaba. Estaba tirado al abandono, abatido y parecía que llevaba tiempo sin afeitarse.

-Rose…

-No te atrevas a llamarme así, no tienes derecho. Lárgate en este instante antes de que llame a seguridad.

-Espera…

Edward había dejado al bebé en la cuna y se adelantó un paso.

-Ya la oíste.

De lejos Edward era mucho más alto y más fornido, por sobre todo, más joven. No es que Charlie osara desobedecerlo, pero no estaba en posición de defenderse. Simplemente, quería dar explicaciones pero estaba seguro de que nadie lo escucharía, no por lo menos en ese momento.

-Solo dile que he venido a verla…

-No, ella no se merece eso.

Emmet abrió la puerta de par en par. La señal era indirecta, pero las miradas, eran demasiado directas. Sin decir más nada, Charlie les dio la espalda y se retiró de la habitación.

-¿Qué fue eso, Rose?

-No me corresponde a mí contarte esa historia, Edward.

Edward le dio la espalda y se acercó a Anthony que estaba removiéndose molesto.

-Ve a casa, Ed. Cuidaremos de ella en la noche.

Estaba molesto. Hubiera deseado que Rosalie le explicara que demonios había sucedido allí dentro, por que estaba segura de que ella sí se lo contaría a su primo. Asintió mientras tomaba al bebé completamente dormido y lo envolvía en las mantas.

-Gracias, solo… llámame cualquier por cualquier cosa, estaré lo antes posible.

En la soledad de la noche, conduciendo con su pequeño hijo detrás lo hacía todo más difícil. Amaba a Bella, de eso estaba más que seguro. Pero sentía que cada vez más se distanciaba de ella. Había murales entre ellos y eran demasiado difíciles de saltar o romper. Ella ni siquiera estaba en condiciones de contarle desde el día de su nacimiento hasta los últimos días.

Lo único que restaba, era tener paciencia, la cual rogaba que no se le agotara.

Anthony había comenzado a quejarse y a revolverse en su cuna. No podía encontrar la manera de hacerlo dormir. Llevaba más de quince minutos caminando de aquí para allá con el niño en brazos sin poder hacerlo dormir.

Sus nervios colapsaron cuando comenzó a llorar.

Lo dejó en la cuna y preparó su leche. Desde la cocina podía oírlo llorar a todo pulmón. Se sentía terriblemente mal al no poder calmarlo. Incompetente, Bella hubiera sabido que hacer.

Bueno, entonces… por qué no comenzar a pensar como ella.

Notó que hacía demasiado calor en la habitación y el pequeño llevaba ropa de abrigo de más. Ventiló la habitación abriendo un poco las ventanas y encendiendo al mínimo los ventiladores de techo. Le quitó los abrigos y entró la posición para hacerlo beber el preparado.

Anthony había tardado diez minutos en dormirse.

No era cuestión de ciencia, era pura práctica. Se recostó a su lado en la cama y del otro lado creó una muralla con almohadas. Acarició suavemente su mejilla sonrosada y no pudo evitar sonreír. En muchos sentidos le recordaba a Bella. Era una copia fiel de ella.

El pequeño sabía lo que quería y había luchado por ello hasta hacerse entender. Era valiente y de brioso temperamento para su cortísima edad.

Luchar por él, valdría la pena. Tanto que no era ni cuestionable.

Se dejó llevar por el cansancio.

Ya todo estaba retomando el curso normal. Bella había despertado, el juicio por Anthony estaba en plena sentencia y él, al fin encontraba una familia propia.